viernes, 18 de abril de 2014

José Emilio Tallarico -La carta del rumiante


José Emilio Tallarico, Buenos Aires, 7 de mayo de 1950


La carta del rumiante

I
Lento de reflejos,
con el cadáver abroquelado
en el carancho del deber,
rociado por la buena fe
y la farsa, estoy en vela,
estoy con el horizonte en el pecho,
sin tragar saliva, oscuro,
aturdido por las fieras del llanto.

II
Debería ser cauto
como aquellos vecinos solidarios
que endulzan la época,
cuidadoso como el fileteador
a quien encomendaron el epitafio de una diosa
(y de pronto lo descubren volando),
franco para esas romanzas que descienden
con pies de lagartija y que concentran en la luz
su empeño, el clamor de la especie.

III
En una noche como esta grité, ascendí
a los simulacros de la muerte.
Ninguna mariposa me seguía
porque no había faros en aquellos hangares,
en aquellas capillas desteñidas
por culpa del mar.
Entonces vi mi cuerpo, seco, absurdo, aterrado,
y de un volantazo retorné a su insomnio personal,
masticando granito.

IV
Afuera chocan los prodigios:
afectación, sucesos, líricas que se abren o cierran
con un poco de viento en el balcón.

V
Mi tiempo gira.













 










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