jueves, 5 de junio de 2014

Fernando Kofman -Los altares


Fernando Kofman, Misiones, 14 de mayo 1947


Los altares
                                                      Para Elba y Santi


El auto penetra en
el mediodía.
Relumbran los acantilados
basálticos.
El auto devora kilómetros
y yo los devoro
con él.

Mi hijo pide que
nos detengamos.
Cerca del curso del
río Chubut,
corren unos ñandúes.
Luego mi hijo
dá un giro
enfrenta unas cuevas
-grandiosas bocas abiertas-
que penetran
en el basalto.

El torbellino del sol
da en la cara de mi
mujer, y ella
nos asegura que
estamos cerca.

Vamos hacia un punto
donde el gran murallón
se derrite ante el
avance del río.

La tarde es una gran
sartén y nosotros
nos freímos en ella.

Por suerte el río
trae el agua helada
y mi hijo se acuesta
por horas
como un cachalote
herido.

A la sombra de unos
sauces, nos contempla
mi mujer.
Parece adivinar por qué
quería llegar a esta región.

Mi hijo insiste en
volver a este escenario
a medianoche.
Cuando la luna llena
le dá al río y a los
murallones
un aire fantasmagórico.

Sólo falta la lechuza
sobrevolando los sauces.
De eso se ocupa el viento.
Los cantos rodados
parecen
cabezas decapitadas
o cráneos
de tiranosaurios rex.

Pero la noche oculta
más sueños,
como los que tuvo
un periodista español
al visitar la muestra
argentina en Frankfurt.

Todos los demonios
del basalto volcánico,
parecen dinosaurios
que nos persiguen.
Son máquinas de
masticar ideas, sueños.

Lo bueno de este hechizo
es ir a mirarlo a los ojos,
ver que el curso del río
en la noche
no es un espejo plateado,
ni las rocas redondas
cabezas decapitadas.

Es un hechizo.
Una instalación de feria.

Como las ilusiones de
cualquier rey,
que supone que el espejo
muestra su apogeo,
cuando los destellos sólo
ocultan su declinación.

Los altares. Pequeño pueblo en el centro de la provincia de Chubut, en el departamento Paso de Indios. Está situado a unos kilómetros donde los murallones de basalto convergen con el curso del río Chubut.

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