lunes, 30 de mayo de 2016

Peter Handke -Cuando el niño era niño

Peter Handke, Griffen, Austria, 6 de diciembre 1942
Traducción Sandra Santana


Cuando el niño era niño

Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño no sabía que era niño,
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.

Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada,
no tenía ninguna costumbre,
se sentaba en cuclillas,
tenía un remolino en el cabello,
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

Cuando el niño era niño era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y por qué no tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allí?
¿Cuando empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo y oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal y gente que realmente son malos?
¿Cómo puede ser que yo, el que soy,
no fuera antes de devenir,
y que un día yo, el que yo soy,
no sea más ese que soy?

Cuando el niño era niño le costaba tragar las espinacas,
los chícharos, el arroz con leche y la coliflor al vapor,
y ahora come todo, no sólo por necesidad.
Cuando el niño era niño alguna vez despertó en una cama extraña,
y ahora lo hace seguido.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, sólo en ocasiones, con suerte.
Imaginaba claramente el paraíso,
y ahora, como mucho, lo adivina.
No podía pensar en  la nada,
y hoy se estremece ante ella.
Cuando el niño era niño jugaba entusiasmado,
y ahora se concentra como antes
sólo si se trata de su trabajo.

Cuando el niño era niño las manzanas y el pan
le bastaban de alimento,  y todavía es así.
Cuando el niño era niño las moras le caían en la mano,
como sólo caen las moras,  y asi es todavía;
las nueces frescas le ponían áspera la lengua,
y así es todavía;
encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta,
y en cada ciudad el anhelo de una ciudad aun más grande…
y siempre es así todavía.
En la copa del árbol tiraba de las cerezas
con igual deleite lo hace hoy todavía;
se asustaba de los extraños como todavía se asusta;
esperaba las primeras nieves y todavía las espera.
Cuando el niño era niño
lanzó un palo como una lanza contra el árbol,
y hoy vibra así todavía.


sábado, 28 de mayo de 2016

Gustavo Tisocco -No le da de comer a los pájaros

Gustavo Tisocco, Mocoretá, Corrientes, 25 de octubre 1969


No le da de comer a los pájaros.

Sólo al borde de la jaula
les lee versos.

Al final
serán poemas
los prisioneros.

jueves, 26 de mayo de 2016

Teresa Wilms Montt -El crepúsculo

 Teresa Wilms Montt, Chile, 8 septiembre 1893-París, 24 diciembre 1921


El crepúsculo

¡Reza, alma mía, reza!...¡Reza con la tarde moribunda, con la campana del claustro lejano que desparrama por los aires su quejido de metal!
¡Reza con la oveja descarriada y con los árboles fervorosos, que inclinan hacia el lago sus copas sombrías!
¡Reza, alma mía, con el pájaro sin nido y con la pupila ciega del pozo abandonado!
¡Reza; reza con el camello inclinado en las arenas del desierto y con el león herido en las selvas; reza con los campos devastados y las espigas sin grano!
¡Reza con el duelo del abismo y con la hoja desprendida!
¡Reza con la carreta sin ruedas, abandonada en la mitad del camino, y con la derruida cabaña que, como alma del paisaje, quedó aguardando al hombre!
¡Reza; reza, alma mía, con el huérfano y con el viejo mendigo; reza con las flores que recogen sus pétalos para morir, y con el sol que llorando oro va a esconderse en la montaña!
¡Reza, que en el horizonte se ciñe un anuncio de sangre y las nubes cargadas de odio van a encontrarse con la desgracia; reza y arrodillate, alma mía, pide para que la paz reine entre los hombres y los elementos; que todos unidos por un mismo esfuerzo vayan serenos hacia el fin de las cosas y renazcan con mayor vigor y sabiduría!
¡Reza con los seres anónimos que dan sus energías y bondades sin pedir retribución ni honores, con el tembloroso anciano que inclina hacia la tierra su cabeza llevando en ella un espíritu primaveral!
¡Reza; reza, alma mía, con la pobre enamorada que para siempre vio dormirse en sus brazos al amado, reza con ella, que tuvo la feroz realidad de sentir impotente el poder de sus besos y de su amor para volver al calor de la vida!
¡Reza con los corazones desgarrados que aúllan de dolor a las sombras y tienen que reír con la luz del sol!
¡Reza; reza, alma mía, toca el polvo con tus sienes pensativas, conjura los malos augurios, alivia las amarguras y da tu esencia por las nobles y buenas causas!
¡Reza, que es la hora de los presagios, de las apariciones tétricas; la hora en que nace el destino de los hombres!
¡Reza contrita, alma mía; que llega el dolor!
Se va el sol, y de alas de mariposas muertas nacen flores para las tumbas.
Se va el sol. Desconsolada llega la noche, trayendo en su regazo el cadáver del día, pálido, frío, exangüe. . . Sañuda, la felina loba acecha a los corderillos, afilándose los dientes en la corteza de los añosos árboles, martirizando las hojas con sus feroces garras.
Se va el sol, y una música alejada de vientos y de cascadas lo acompaña hasta la montaña.
Los insectos rumorosos corren de un lado a otro, escondiéndose entre las malezas, evitando el último rayo del astro de oro.
Se va el sol. Las penas rondan el mundo con caras hambrientas buscando corazones para devorar.
Se va el sol, y la sonrisa del moribundo se está grabando en la indeleble piedra de la inmortalidad.
Se va el sol y el alma mía tiembla de pavor en las tinieblas.

¡Naturaleza! El hermoso rostro de él se vuelve mustio y, como los cirios que se apagan, inclina su lánguida cabeza.
La voz, su alegre voz, se atenúa; ruedan las palabras y un eco cavernoso responde en el misterio.
Sus ojos, que guardan el encanto, la causa de mi vida, se entrecierran sin brillo y como luceros tristes me miran hondo, despidiéndose.
¡Naturaleza! ¿Pretendes, acaso, negar tu apoyo a esa grande alma y dejar que se precipite en el caos como una sombra?
Te cantaré; madre mía, te imploraré; postrada besaré la tierra en prueba de humildad.
Dejaré que los hombres me miren con desprecio; aceptaré la mordedura de las víboras y el azote de sus viscosos miembros sobre mis espaldas.
Recibiré con gusto el castigo de los vientos helados que me penetra hasta la médula y que harán su guarida en mi cerebro.
Pediré a los rayos y a los truenos que sobre mi frente descarguen su furor.
Con llena voz imploraré a1 mar para que me envuelva en sus iracundas olas, y me haga libar hasta las heces su amargor.
Dejaré que el sol se ensañe con mi cuerpo y lo carbonice; seré resignado combustible para las llamas aviesas.
Renunciaré a mi conciencia, y seré bestia. humilde, con los ojos vueltos hacia la tierra, en espera de horrendos martirios.
Seré un ente, una cosa, una brizna; pero deja
que él viva, que él respire, que reciba la bendición augusta de todo lo que tú encierras, ¡Naturaleza excelsa!

martes, 24 de mayo de 2016

Simone Burratti -Avatar

Simone Burratti, Narni, Italia, 6 de julio 1990
Traducción Myra Jara y Carlo Bordini


Avatar
                       No hay cosa más cercana a la soberbia que el exceso de humildad
                                                                                                           P. Almodóvar


S. es una persona baja e insignificante, el clásico personaje con quien no puedes identificarte. Cree firmemente en el individualismo y sobrevive gracias a una forma de socialización parasitaria.

S. te espía de reojo desde la fisura de la puerta, desde el ángulo ciego del espejo, desde proyecciones más sinceras de tu autoconciencia; está ahí, donde lo has olvidado.

S. conoce todas las debilidades una por una y las ha asignado a las sombras que lo siguen, de noche, a lo largo de las calles con los árboles. Las sombras se alargan hacia el norte, se van y después regresan. Todas las sombras parecen perfectamente idénticas.

En los medios públicos, S. desflora a las mujeres con el dorso de la mano.

S. es un hombre que sufre de meteorismo. La palabra meteorismo le gusta, y siente que lo representa plenamente. En el balcón, imagina hincharse tanto que se vuelve más ligero. La panza es dura y oval. El vacío es su fuerza. Estimulado por un movimiento interior se alza hasta la altura en que piensa. Después desaparece en la oscuridad.

S. aparece y desaparece con el esfuerzo abdominal de una luciérnaga.

Cuando S. escribe a mano, el eje y del pulso funciona mejor que su eje x.

S. ha trazado el perímetro de un cuadrado alrededor de sí. Muros invisibles que se alzan virtualmente al infinito, bosquejos de reclusión sugeridos apenas con un gesto de la mano, del eclipse de una mirada, definen el espacio mental dentro del cual S. se mueve: aunque si quisiese, no podría salir de ellos.

S. se miente a sí mismo desde el día en que ha aprendido a aceptarse.

No obstante las señales evidentes de un empeoramiento – la curvatura de la espalda, la gradual pérdida de profundidad en los ojos, el olor animalesco liberado con el sudor y con las heces – S. no quiere ser curado.

S. mira los alrededores del compartimento. Se alza, va hacia el baño, tiene la puerta cerrada con la mano. En este momento la masturbación puede parecer tanto una evasión como una batalla por el control del mundo. El tren corre en los andenes. La realidad regresa lentamente en blanco y negro.
Alguien toca.

S. es el ayudante, el gandharva, la kitsune, el jinn, el trickster.

S. es la única persona que podría comprenderme.

S. es la luna de Majora’s Mask, su grande rostro aterrorizado, la gravedad de los eventos que amenaza, ineluctable, al mundo.

S. trata de tocar la sombra fina que de los pies asciende a lo largo del muro. Un fragmento de la pared se desprende y deja el dedo de S. sucio de polvo rojo. Baja la mirada, concentra la percepción en los hombros y la nuca. Siente el cielo sobre sí como una mano inerte y gigantesca.


Perdida toda desenvoltura hacia el sol, S. se encierra en su habitación.

domingo, 22 de mayo de 2016

Eduard Limonov -Sostendría a otro

Eduard Limonov, Dzerzhinsk, Rusia, 2 de febrero 1943 
Versión Boris Mondian


Sostendría a otro

Sostendría  a otra persona en mis pensamientos
sólo por un ratito... y después la soltaría.
Tan raramente uno conoce gente
que se puede sostener durante media hora
en los pensamientos de uno.
La mayor parte del tiempo soy yo mismo
cantando canciones de cuna a mí mismo
-acariciando- golpeándome a mí mismo.
Me alzo para ser besado
y me admiro desde lejos.
Le echaría un vistazo a cada
dulce pequeña camisa que uso
acariciaría cada costura en ella
hasta trataría de ver mi espalda
me estiro y estiro
pero el espejo ayudaría
la coodinación de los dos
vería una marca de nacimiento largamente buscada
la he estado acariciando amorosamente un rato
no, es imposible
para mí ocuparme de los otros
el otro -¡¿y qué?!
Su cara planeando a mi lado, sus brazos aleteando
y algo blanco desapareciendo en alguna parte
Mientras que estoy siempre conmigo mismo.


viernes, 20 de mayo de 2016

Michael Hartnett -Aquel beso de actor


Michael Hartnett, Croom, 18 septiembre 1941 – Dublín, 13 octubre 1999
Versión Gerardo Gambolini


Aquel beso de actor

Besé a mi padre en su cama del hospital.
Las enfermeras arrastraban el paso soñoliento
y los viejos discutían el día entero consigo mismos.
Las siete décadas encerradas en su cabeza
se congelaron en un bloque que goteaba, atemporal,
el pintor perdió su noción de todo salvo el gris.
Aquel beso de actor cayó por un pozo demasiado profundo
para devolver ecos que yo habría valorado —
el ‘29 era el ‘41 el ‘84,
todo uno en su mirada caleidoscópica
(él deseaba para mí su amargura y su sed,
su fría habilidad para cerrar una puerta).
Más tarde, tomando un trago, me di cuenta de que aquel
fue nuestro último beso y, ay, el primero.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Néstor Mux -Sólo fantasmas

Néstor Mux, La Plata, 22 de octubre 1945


Sólo fantasmas

Desde lo más hondo
se van abriendo paso impunemente
hasta instalarse en el centro de nosotros.

Como dulces fieras o ángeles pavorosos
vuelven a recobrar los pedazos de sí,
dejándonos a cambio el oprobio
que les dimos o las maravillas efímeras
que a nuestra vanidad se le antojaron inmortales.

Sólo fantasmas recorriéndonos hasta el final,
para que no olvidemos nunca que nuestras vidas
están construidas también con la memoria,
el estupor y la carne borrosa de esas muertes.

lunes, 16 de mayo de 2016

Edgard Lee Masters -Mrs. Benjamin Pantier

Edgard Lee Masters, Kansas, 23 agosto 1868 – Pensilvania, 5 marzo 1950
Versión Gerardo Gambolini


Mrs. Benjamin Pantier

Sé que decían que enlacé su alma
con un lazo que lo fue desangrando hasta la muerte.
y que todos los hombres lo querían
y que muchas mujeres le tuvieron compasión.
Pero suponte que eres realmente una dama,
y que tienes gustos delicados
y detestas el olor del whisky y la cebolla.
y que la “Oda” de Wordsworth fluye en tus oídos
mientras él va repitiendo, de la mañana a la noche,
partes como esa cosa ordinaria:
“¿Oh, por qué será orgulloso el espíritu del hombre?”
Y luego, suponte:
eres una mujer con una buena dote
y el único hombre con quien la ley y la moral
te permiten tener relaciones conyugales
es justamente aquel que te repugna
cada vez que piensas en eso — y piensas en eso
cada vez que lo ves.
Por eso lo eché de casa
a vivir con su perro en un cuarto sombrío
detrás de su oficina.


sábado, 14 de mayo de 2016

Ronald Stuart Thomas -Un matrimonio

Ronald Stuart Thomas, Cardiff, 29 marzo 1913 – Gales, 25 septiembre 2000
Versión Gerardo Gambolini


Un matrimonio 

Nos conocimos
bajo una lluvia
de trinos.
Pasaron cincuenta años,
el momento del amor
en un mundo
esclavo del tiempo.
Ella era joven;
la besé con los ojos
cerrados y los abrí
delante de sus arrugas.
“Ven”, dijo la muerte,
eligiéndola como
compañera para
el último baile. Y ella,
que en vida
había hecho todo
con la gracia de un ave,
abrió entonces su pico
para soltar
un solo suspiro
no más pesado que una pluma.


jueves, 12 de mayo de 2016

Mirta Rosenberg -Una elegía

Mirta Rosenberg, Rosario, 7 de octubre 1951


Una elegía

En la época de mi madre
las mujeres eran probables.
Mi madre se sentaba junto a mi abuela
y las dos eran completamente de carne y hueso.

Yo soy apenas una secuela estable
de aquel exceso de realidad.

Y en la ansiedad del pasado indefinido,
en el aspecto durativo de elegir,
escribo ahora: una elegía.

En la época de mi madre
las mujeres eran perdurables,
completamente hueso y carne.
Mi madre se ponía el collar
de plata y de turquesas
que mi padre le había traído de Suecia
y se sentaba a la mesa como una especie exótica,
para que todo se volviera más grande que la vida,
y cualquier ficción fuera posible.

En la época de mi madre, las mujeres
era un quid: mi madre nos contó
a mi hermano y a mí: "cuando salía de la escuela,
iba a buscar a mi padre al trabajo,
en Santa Fe, y los compañeros le decían es un biscuit,
tu hija es un biscuit, y nunca supe qué querían decir,
qué era un biscuit", un bizcocho estando muy enferma,
una porcelana exquisita todavía para nosotros,
y mi hermano apurándola: "¿Y?"

No sé qué es un biscuit, ¿una especie exótica
algo de todos modos, especial? Igual
andaba delicadamente por la casa, rozando los ochenta
como se roza una herida
con una gasa.

En la época de mi madre
las mujeres eran muy visibles.
Mi madre se miraba en los espejos
y yo no llegaba a abarcar
su imagen con mis ojos. Me excedía,
la intuía a lo lejos como algo que se añora.

Como ahora,
una elegía.

A la criatura adorable
fijada en lo remoto de la foto,
que ya a los ocho año parecía
más grande que la vida: te extraño,
aunque no te conocía. Eso fue antes
que a mí me dieras vida
en un tamaño apenas natural.

Igual,
una elegía.

Y a la otra de la foto que espero
conservar, la mujer bella que sostiene
el libro ante la hija de un año
en el engaño de la lectura:
te quiero por lo que dura, y es suficiente
leer en el presente, aunque se haya apagado
tu estrella.

Por ella,
una elegía.

Ahora soy la fotografía
y vos el líquido revelador. Tu muerte
me convierte en yo: como una ciencia aplicada
soy la causa y el efecto,
el ensayo y el error, este vacío
de la nada que golpea mi corazón
como cáscara vacía.

Una elegía,
cada vez con más razón.

martes, 10 de mayo de 2016

Guillaume Apollinaire -La linda colorada

Guillaume Apollinaire, Roma, 25 agosto 1880 – París, 9 septiembre 1918
Traducción Diego Bent 


La linda colorada

Me presento ante todo como un hombre lleno de sentido
Que conoce la vida y la muerte como todo ser vivo puede conocerla
Que ha experimentado los dolores y la alegría del amor
Que ha impuesto algunas veces sus ideas
Que ha conocido múltiples lenguajes
Que ha viajado algo
Que ha hecho la guerra en la artillería y en la infantería
Herido en la cabeza, trepanada bajo cloroformo
Que ha perdido sus mejores amigos en la horrorosa lucha
Conozco lo antiguo y lo nuevo como un solo hombre puede conocerlo
Solo yo podría saber de esas cosas
Y sin inquietarme hoy por hoy por esta guerra
Entre nosotros y por nosotros mis amigos
Yo juzgo esta larga querella de la tradición y de la invención
Del Orden y de la Aventura
Ustedes cuya boca está hecha a imagen de la de Dios
Boca que es el orden mismo
Sean indulgentes cuando nos comparen
Con aquellos que fueron la perfección y el orden
Nosotros que buscamos en todos lados la aventura
Nosotros ya no somos sus enemigos
Queremos darnos vastos y extraños dominios
Donde el misterio en flor se ofrezca a quien lo quiere tomar
Allí hay fuegos nuevos de colores jamás vistos
Mil fantasmas imponderables
A los que hay que otorgar realidad.

Queremos explorar la bondad comarca enorme donde todo calla
También es el tiempo en el que uno puede cazar o hacer recobrar
Piedad de nosotros que combatimos siempre en las fronteras
De lo ilimitado y del porvenir
Piedad por nuestros errores piedad por nuestros pecados
Ahora que llega el verano la estación violenta
Y mi juventud está muerta como la primavera
O Sol es el tiempo de la razón ardiente
Y yo espero
Seguir siempre la forma noble y dulce
Que ella asume para que solamente yo la ame
Ella viene y me atrae como un hierro imantado
tiene la apariencia encantadora
De una adorable colorada
Sus cabellos son de oro se diría
Un bello rayo que durará
Donde esas llamas aparecen
En las rosas-té que se desvanecen
Pero no se rían de mí
Hombres de todo el mundo y sobre todo gente los de acá
Como hay tantas cosas que no me atrevo a decirles
Tantas cosas que ustedes no me dejarán decirles
Tengan piedad de mí

domingo, 8 de mayo de 2016

Thomas Kinsella -Lágrima

Thomas Kinsella, Inchicore, Irlanda, 4 de mayo 1928 
Versión Gerardo Gambolini


Lágrima

Me hicieron entrar a verla.
Un fleco de cuentas de azabache
tintineó en mis oídos
al traspasar la cortina.

Me envolvió una penumbra morada.
Mi corazón se contrajo
ante el olor de órganos en desuso
y un riñón putrefacto.

El negro delantal donde solía
hundir mi cara
estaba doblado al pie de la cama
en la última y tenue luz de la ventana.

(Ve y dile adiós)
y fui empujado
hacia abismos insondables.
Me paré delante de ella.

Miraba el techo fijamente
y se empolvaba una mejilla, distraída,
reclinada contra el espaldar,
descansando hasta el próximo ataque.

Las mantas estiradas
casi hasta su boca,
que las líneas de mal genio
subrayaban todavía. Su cabello gris

suelto igual que el de una joven,
por toda la almohada,
mezclado con las sombras
que le cruzaban la frente

y en la boca y los ojos, como una red,
sujetando su cabeza contra la cama
y cayendo enmarañado hacia la sombra
que carcomía el piso a mis pies.

No me podía mover al principio, ni lo deseaba,
por miedo a que pudiera darse vuelta y me indicara
(la madre de mi padre)
con voz apremiante

—con algún feroz susurro lisonjero—
que me escondiese una última vez
contra ella, y me enterrara
en su fango reseco.

¿Debía besarla? Cuando besara
la humedad que avanzaba
por las paredes floreadas
de aquella fosa.

Pero debía besarla.
Me arrodillé junto al cuerpo en el lecho de muerte
y hundí mi cara en el frío y el olor
de su delantal negro.

Rapé y almizcle, los pliegues contra mis párpados
me transportaron a un sitio abandonado
que olía a ceniza: paredes y techos desconocidos
crujían pareciendo respirar.

Me vi revolviendo cenizas apagadas
buscando algún vestigio
de calor, cuando a lo lejos
en las bóvedas, oí caer

una gota. Y encontré
lo que estaba buscando
— ni fuego, ni calor,
ni alivio alguno,

sino su voz, suave, hablándole a alguien
sobre mi padre: “Dios lo ayude, derramó
grandes lágrimas allí junto a la máquina
por la pobrecita.” Gotas

brillantes sobre la tapa de madera
por mi hermanita. El lamento mío de
cachorro cesó pronto,
con toda temprana conjetura

de la triste monotonía y el tedioso pesar
y permanece amargo en riguroso cautiverio.
¡Cómo lo sentía ahora —
su corazón latiendo en mi boca!

Resolló entrecortadamente,
empujó las mantas
y se estremeció con un gesto de cansancio.
Me incorporé

y dejé la habitación
prometiéndome que
la besaría realmente
cuando estuviera realmente muerta.

Mi abuelo alzó apenas la vista del hogar
cuando asomé por la puerta, encogió los hombros
y volvió a clavar en el fuego
la mirada ausente.

Me quedé un momento a su lado,
incómodo, y me fui al taller.
Todavía había luz allí
y sentí que volvía a respirar.

La vejez puede digerir
cualquier cosa: la conmoción
ante las puertas del Cielo — la lucha que afrontamos
durante toda la vida.

Qué largo y duro se hace
hasta llegar al Cielo, a menos que uno,
como la pequeña Agnes,
se desvanezca con lágrimas tempranas.


viernes, 6 de mayo de 2016

Gary Vila Ortíz -If the summer

Gary Vila Ortíz, Rosario, 5 de agosto 1935 – Rosario, 19 de enero 2014


If the summer

si el sol se deslizara
de otra forma
sobre las curvas de la piel

si el sol cambiara
su proceder
con el polvo y el viento
sus hábitos de ceniza

si el sol
quemara sin sonido
las palmas de las manos

si al sol le doliera
el mundo
y su silencio
otra sería la isla del verano
otros los nombres
para recordar
cuando nada quede
sino los epitafios

miércoles, 4 de mayo de 2016

Frank O'Hara -Ave María

Frank O'Hara, Baltimore, 27 de marzo 1926 – Nueva York, 25 de julio 1966
Versión Esteban Moore-Vanesa Malrossa


Ave María

Madres de América
                                 denles permiso a sus niños para que vayan al cine!
sáquenlos de la casa
                 de esta manera ellos no sabrán cuales son las intenciones de mamá
es verdad que el aire fresco reconforta el cuerpo
                                                                                      pero qué del alma
que crece en la oscuridad, en la que se graban en relieve imágenes plateadas
y cuando llegues a la vejez que sin duda habrá de llegar
                                                                                       ellos no te odiarán
no te criticarán
                          ellos no sabrán
                                                     ellos estarán en algún país encantador
que vieron por primera vez en la matiné de los sábados o haciéndose la rabona
quizás ellos incluso te estarán agradecidos
                                                                            por su primera experiencia sexual
que sólo te costó un cuarto de dólar
                                                                     y no perturbó la paz hogareña
ellos sabrán de donde  vienen   los chocolatines
                                                                             y las gratuitas bolsas de pochoclo
tan gratuitas como salir del cine antes del final de la película
con un agradable desconocido cuyo departamento
                                                             está en el Cielo del edificio Tierra
cerca del puente Williamsburg
                                                          ah, sí madres de América han hecho muy felices
                                                                       a sus pendejitos
 porque si nadie se los levanta en las sombras del cinematógrafo
ellos nada sabrán de la diferencia
                                             y si alguien lo hace será  una fiesta
y ellos se habrán entretenido de un modo u otro
en lugar  de aburrirse en el patio
                                                         o en sus habitaciones
                                                                                     odiando a sus madres prematuramente
pues todavía  no han hecho nada horriblemente mezquino
excepto haberlos mantenido apartados de los goces más oscuros
                                       esto último es imperdonable
así que no me culpen si no aceptan mi consejo
                                                                     y la familia se resquebraja
y tus niños se hacen viejos frente a la pantalla del televisor                                  
                                                                                                    mirando
películas que no los dejaba ver cuando eran jóvenes





lunes, 2 de mayo de 2016

Alejandro Güerri -El pez que nada

Alejandro Güerri, Buenos Aires, 28 de junio 1976


El pez que nada

Nunca seré un artista chino
por más que me empeñe en comer
una ración de arroz a diario,
si no medito antes de actuar
y la contemplación se me da
entre ratitos.

Nunca voy a ser artista chino
si no describo el paisaje
con la limpidez de un vidrio
recién desempañado.
Cuando se mide lo que se dice,
la emoción es un verso.

Hay cosas más urgentes que ser
un artista chino: arreglar el lavarropas
que gira adentro del corazón
hasta que aclare. Si la decepción
viene a buscarnos,
estoy con vida.