sábado, 30 de julio de 2016

Walter Adet -Trapo negro

Walter Adet, Salta, 3 de diciembre 1931 – Salta, 9 de octubre 1992


Trapo negro

                                                                      A Roberto Maehashi

Trapo negro ese saco deslomándose,
como la piel del diablo desollado tras el tapial
del cementerio;

tirado allí, leñoso,
quedó de un pordiosero

y yo entro en él a manotazos
con ojos huecos.

Voy a los costurones del mendigo
donde la luz es de hueso molido
y me hundo en él a preguntarle cuándo
se le quedó el camino,
por qué estoy en su manto desfondado
mientras la noche siembra
sus carbones de olvido.

Desde que al verlo así, crucificado,
me tendí con los brazos abiertos y de espaldas
en sus remiendos,
me arrodillé enfundándolos y trasminó mi piel
la cruz del hombre, su calvario de hilos ahuesados.

Por eso es que lo siento caminar en mis pasos,
siempre cada vez más yéndose a menos.
Ahora que yo soy él desde la noche
en la que bajo su ropa
me vestí con su cuerpo.
Trapo
negro,
¡bolsa de la limosna!
como manto de perro.


jueves, 28 de julio de 2016

Teresa Elizabeth Obregoso -En el arca...

Teresa Elizabeth Obregoso, Lima, Perú, 28 de enero 1978


En el arca del origen, antes de la explosión, la piedra de los doce ángulos era un número. Su nombre, sonido puro de colores, se sumergía en las aguas de una cultura fría. En el quipu, la materia era libre y la alegría una constelación. La suma de los nudos a través del tiempo tras el tiempo. Paracas: funerario, un manto indefinido. La suave melodía de las llamas, trasmutada en ritmos africanos y formas geométricas, se podía escuchar. Una especie de cansancio revestía a todas las huacas, que como pájaros del vacío olvidaban su música. Prisionera entre luces que se apagan y se encienden: ¿era posible no amar lo que había desaparecido?


martes, 26 de julio de 2016

Nora Alicia Perusin -Cada cosa en su lugar

Nora Alicia Perusin, Buenos Aires, 20 de septiembre 1955


Cada cosa en su lugar

La mancha en el papel
el olor en las sábanas
el agotamiento en la noche
las cabezas atadas al espejo
las llagas en la sal
los cadáveres en el río.

La mancha en el papel
ya nada te recuerda
así es el olvido
primero es la voz
después es algún gesto,
entonces se deja de nombrar
nombrarte

El olor en las sábanas
después de haberse amado
el color de tus ojos
después de haberme amado
el color de los míos
después

el  agotamiento en la noche
será siempre una necesidad
la noche es mi mano  
un surco que pregunta
la mano indica su jugada   se despide
y vuelve a preguntar.

Las cabezas atadas al espejo
siempre hay algo detrás
de la otra línea
el pelo astillado
el paso del tiempo que delata
si fuera así, esa que veo
y no
me mentiría acaso
un poco?

Las llagas en la sal
“no hay nada que comience
por ser una herida”
una hendidura inútil de la carne
señala su rara simetría de sangre
que mana del tatuaje impudorosa.

Los cadáveres en el río
traen la anchura entre la caída y la costa
del nudo que los amarra,
traen sus bocas selladas más no el olvido
traen sus ojos de peces más no el silencio
traen sus voces sus nombres
traen traen
traen.

domingo, 24 de julio de 2016

Diego Alfaro Palma -Salmón

Diego Alfaro Palma, Limache, Chile, 10 de enero 1984


Salmón

En el trayecto que va
de la farmacia a la comida china
no temas olvidar
quién fuiste
aquella vez en un río del sur
la corriente helada entre las piernas
los restos de alerce varados
o esas tres toninas que te siguieron el paso
porque más terrible aún
sería volver a ese lugar
sin reconocer las señas
de quien has llegado a ser
cuántos mares bogaste
para desovar estas orillas.

viernes, 22 de julio de 2016

Gabriela Yocco -en el vasto...

Gabriela Yocco, Córdoba, 19 de septiembre 1968


en el vasto territorio de la soledad se erigen países y océanos y torres ásperas
como un lamento viejo
en el vasto país de mi soledad se alzan los muros de un sueño
o el prisma infinito de la pesadilla o
ese sabor salobre de la ausencia

en el vasto país de mi soledad
hay cientos de espejos que sólo reflejan los rostro idos idos
como si reflejar pudieran el sentido del viento

hoy no acuno ningún nombre ninguna sílaba
tal vez sólo mueva en el centro vertiginoso de mi entraña la mirada buena del amigo
su mano en mi espalda su voz en medio del sonido de los vidrios roto

hoy no veo el blanco encalado del cielo ni tampoco puedo ver su gris esmalte de
tormenta
hoy cerré los ojos tan fuerte tan duro que sólo puedo ver el interior del vasto país
de mi soledad
lleno de estrellas que multiplican el mareo y la náusea

hoy las plantas las hojas de los libros me miran con sus ojos inexplicables
en el vasto país de la soledad que comprende largos territorios de arena
y amplias montañas y ríos escabrosos yo me muevo
como un alga o un confín

porque el dolor ha tomado el poder
en la pequeña región de mi cuerpo y su bandera oscura
atrapa cada palabra y la vuelve un sonido infértil

porque la bandera oscura del dolor es señora de mi país y de sus fronteras
como si hubieran atrapado con un lazo oscuro a cada ciervo y su osamenta fatal
como si hubieran puesto a cada ciervo contra un alambre para que muriese lento
-pocas cosas más tristes tal vez que esa muerte lenta mansa de los ciervos atrapados-

hoy no sé de nada más que las dimensiones espesas del mapa de mi soledad
que despliego como si fuese ciega y palpo palpo
sangrando los nudillos

miércoles, 20 de julio de 2016

Javier A. Saleh,(Nunca poemas de amor en séptima persona)

Javier A. Saleh, Boedo, 24 de abril 1976


“Siempre vence Quevedo sobre la verdad”

SEVERA SCHWAB

Epístola de Cicerón a Marco Antonio


Catarsis a metros del balcón 

(Nunca poemas de amor en séptima persona) 

Sé que el fútbol no es cultura. Cultura era quererte
esperarte era el ejemplo de la izquierda que nadie vota,
hoy que tu hijo no tiene mi apellido ni mis ojos
sigue habiendo en la pared la palabra amor
y un mono mirándola rascándose la cabeza.

Ciclotímico paso de la depresión a la depresión
si hasta cada vez que llueve
pienso que sos vos volviendo
y cada vez que sale el sol o está nublado.

Algunos ponen el saco en el respaldo de la silla
yo mojé el pan siempre en el plato.

Me parezco a individualistas como Mitre y Roca
que siempre pregonaron por sus intereses,
como autocrítica, creo que no deberías haberte ido
yo en cambio, dejé de lado los estereotipos,
fui el hombre equivocado en la mujer correcta.

Vos criticabas todo, criticabas mi poesía
hasta al que te daba la bolsita blanca para llevártela
estabas orgullosa de mi pelo largo
como yo estoy orgulloso del clima de mi país.
Pero por equis o menos equis cuestión
las maquinitas de afeitar descartables
me recuerdan a mí en tu portazo final.

Desde niño te enseñan a jugar al "pan y queso”
el que pisaba primero el pie del otro,
se quedaba con el mejor jugador.

Juguemos a lo que juguemos sabemos que va a doler.

Te miro a los ojos sin leer nada incombustible,
al lado tuyo está lo que hubiera sido yo
si no me hubieras recortado en la foto.

Ahora sí, me pareció todo un símbolo de lo que vendría
el hecho de que fueras vos quien me cobijara bajo un paraguas
(en nuestro último abrazo)
como Rucci a Perón cuando vino a la Argentina.

Ya no te amo, un buen título para una novela,
después de todo, ya esta, ya pasó
por ahí no era tu momento histórico
pero ya no te espero
y te extraño
hasta para hacer pis.*


*El poema original terminaba: “y te extraño hasta para ser yo”. Pero esa frase ya estaba en otro libro del propio autor y por temor a autoplagio decidió modificarla.

lunes, 18 de julio de 2016

Alfred Tennyson -Ulises

Alfred Tennyson, Reino Unido, 6 agosto 1809 – Reino Unido, 6 octubre 1892
Traducción Alejandro Crotto


Ulises

Nada se gana con que yo, un ocioso
rey junto al fuego quieto del hogar,
rodeado de estériles peñascos,
emparejado a una mujer ya vieja,
sea el encargado de regir y darle
leyes injustas a este pueblo tosco
que acumula y engorda y que se duerme,
y que no me conoce. Yo no puedo
renunciar a viajar, voy a beberme
hasta la última gota de la vida.
Siempre hondamente disfruté y sufrí,
ya fuera con aquellos que me amaron
o a solas, en la orilla, y también cuando
las consteladas ninfas de la lluvia
con ráfagas violentas agitaban
el mar opaco. Hice mi nombre célebre;
de tanto andar con corazón hambriento
mucho vi y conocí: muchas ciudades
y costumbres, y climas, gobernantes,
y no fui despreciado, sino honrado
en todas ellas, y probé el licor
de la feroz batalla, entre mis pares,
lejos, en las llanuras resonantes
de la ventosa Troya. Pertenezco
a todo lo que he visto, y sin embargo
mi experiencia es un arco en el que brilla
ese mundo al que no he viajado aún
y que se aleja siempre que yo avanzo.
¡Qué tedioso poner punto final,
hacer un alto y oxidarse, opaco,
sin relucir brillante por el uso!
¡Como si simplemente respirar
fuera vivir! Cuando una vida, y otra,
y otra después, sería insuficiente.
Ya de la mía va quedando poco,
pero cada hora nueva queda a salvo
del eterno silencio, y además
siempre trae algo nuevo; mala cosa
sería que ocultara esta alma gris
pero que se consume en el anhelo
de seguir aprendiendo, como quien
una estrella persigue más allá
del último confín del pensamiento.

Este es Telémaco, mi propio hijo;
queda a cargo del cetro y de la isla;
siempre lo quise bien, y es criterioso
para llevar a término la empresa
de hacer de este salvaje pueblo un pueblo
apacible, de a poco, conduciéndolo
a lo que es bueno y útil. Intachable,
abocado a la esfera de lo público,
él no descuidará los dulces ritos
y adorará los Lares de mi casa
cuando yo me haya ido. Que haga él
lo suyo, su trabajo. Yo lo mío.

Ahí está el puerto; esperan, desplegadas,
las velas de la nave. Ahí brilla oscuro
el ancho mar. ¡Tripulación! Ustedes,
almas que se esforzaron, trabajaron
y pensaron conmigo, almas que siempre
recibieron con júbilo los truenos
o los rayos del sol, siempre oponiéndoles
sus corazones y sus frentes libres
–ustedes ya son viejos, como yo.
Pero hay honor en la vejez, y retos;
la muerte cubre todo, pero antes
algún trabajo noble puede hacerse,
algo que no sea indigno de los hombres
que lucharon con dioses. Ya comienzan
a titilar las luces en las rocas,
termina el día, asciende ya la luna,
gime rodeándonos con su honda voz
cambiante el mar… No es nunca tarde, amigos,
para buscar un mundo nuevo, ¡vamos!,
soltemos las amarras, castiguemos
bien dispuestos las ondas murmurantes;
deseo navegar aun más allá
de donde cae el sol, donde se baña
la multitud de estrellas del oeste
hasta que muera. A lo mejor el mar
nos hunde en sus abismos, o tal vez
lleguemos a las Islas Venturosas
y veamos de nuevo al gran Aquiles.
Aunque mucho se ha ido, queda mucho,
y aunque ya no seamos esa fuerza
que en los días pasados sacudió
cielos y tierra, esto que somos, somos:
un mismo ardor de heroicos corazones
menguado por el tiempo y el destino
pero determinado a combatir,
a buscar y encontrar, y no rendirse.

sábado, 16 de julio de 2016

Diego Rodriguez Duca -Buitres bañan venados

Diego Rodriguez Duca, Bs As, 7 de agosto 1973


Buitres bañan venados
por qué?
               Esa es su Perversión.

Con detergentes que no irritan
visten venados de pingüinos
                                                   los empetrolan
                                                   llaman a greenpeace
y los bañan,
                      con sumo cuidado,
                      con sumo placer.

Los buitres se regodean
se miran de reojo
susurran los 7 pecados capitales
y picotean a la vieja Elvira
                                              (que los odia)
Eructan con desparpajo,
llaman a un chef para el banquete,
rezan mirando hacia abajo
y retornan en su regocijo,
                                               asqueados.
Los bañan,
                    tanto como eso.
Luego, porque siempre hay un luego para el que espia,  los secan y entalcan,
                                     casi los rozan con las garras
                                     en sus pellejos,
y con risas muchas risas y asomadas carcajadas,
los venados tienen cosquilas y buen humor y claro, serán ciervos con guantes blancos y
bandejas de plata y una vida prestada.

Y los buitres en otro “luego” se van volando
                      sin originalidad
                      sin explicaciones
                      sin titulares en el diario.

“Que asco” piensa Elvira llena de ira y de envidia.

En silencio, a las 3 de la mañana, cuando el cuarzo verde del reloj ya alumbra toda la
habitación, Elvira asoma de la cama, tímida y sigilosa, sin las pantuflas de satén, sin el camisón
y sin sus medias, casi sin nada.
Con carita de zorra y sonrojada, mira a los costados como si se estuviese escondiendo de su
propia soledad,
 juega a caminar en puntitas de pie, (no lo logra, pesa 101 kg)
Abre suave el ropero sin que rechine o que reproche esa madera
               (su intromisión)
y ya erotizadisima, con muchos pulsos y respiraciones,
y petit temblores,
toma ese baldecito
                                  lleno
                                  lleno
y se empetrola
                           toda
                           toda,
cada rinconcito de su grotesco cuerpo,
desnuda,
sucia,
hiriente,
y goza cerdamente pensando en esos buitres de pico erguido y siniestro,
                                    y que sean muchos
                                    y que hablen de ella,
                                    y le tengan bronca,
         mucha bronca.
Y es pingüino sobre ciervo sobre viejagordacalentona,
y esa no es la hora hipócrita,
                               esa es la condición real de su existencia, real como Judas
                             o el parkinson
                                                       o el mar.
Sin dudar acaba en la bañera mas húmeda
                                                             resbaladiza
                                                             enorme
y el universo entero es petróleo sobre piel y orgasmo,
es buitre flagelando un ciervo que parece pingüino siendo señora Elvira.
Es castigo sobre la fantasía de hule y peluca castaño claro, es agua que pelea con petróleo.
Jabones mercerizando vergüenzas póstumas
radios mudas o ausentes
amaneceres que a nadie importan.

Son solo buitres bañando venados.



jueves, 14 de julio de 2016

Raymond Chandler -Verso libre

Raymond Chandler, Chicago, 23 de julio 1888 - California, 26 de marzo 1959
Traducción César Aira y Juan Manuel Ibeas


Verso libre

Sí, amigo, los viejos métodos son muy favorecedores
a cierto tipo de mente,
como un bonete puntiagudo
es favorecedor
a cierto tipo de cara.
Pero descubro que yo necesito
un poco más de libertad
para expresar mi alma inmortal
(si es inmortal, cosa que uno duda
después de leer a Freud).
Sabes, es tan complicado
aprender los metros
y las rimas,
y hay pocos metros
y menos rimas,
y después de todo, cuando se han aprendido,
¿para qué sirven?
Es preciso tener algo que decir
que calce en esa forma seca y cuadrada.
Y yo no tengo.
Realmente en esta civilización que se desintegra
qué puede tener uno que decir
salvo que todo es un tedio infernal
y eso ya todos lo saben.
Pero esa otra clase de poesía
es como mármol.
Cualquiera, creo, puede hacer una cara
con arcilla
aun si solo es grotesca (y lo grotesco tiene su atractivo).
Pero ¿con mármol?
habría que ser escultor para eso,
es decir,
alguien que se ha tomado el trabajo
de aprender su duro oficio.
El grabador del camafeo piensa cuánto tiempo
debe vivir con ese pequeño retrato
antes de terminarlo.
¿No se aburre? Por supuesto, dices,
se aburriría
si no supiera hacerlo bien.
Y yo no sé, como bien sabes.
Aclararía mis ideas incluso
llamándolas
estados de ánimo.
Un pequeño giro de la frase o el pensamiento
en esta dirección o en aquella
para darle un aire de significar mucho
más de lo que dice.
Una pizca de reacción nerviosa
por el ruido del tren
o el exceso de café
o una mala noche, fumando hasta las dos,
¿a quién se le ocurriría emplear la forma para esas cosas?
Y aún así vale la pena ponerlo sobre el papel
en parte porque es divertido
y fácil
y en parte porque
ocasionalmente (sólo ocasionalmente)
a uno le pagan por hacerlo.
Este verso mío es pura inspiración,
es tan fácil como caerse de un árbol,
la única dificultad es saber dónde parar,
pero llego a ese punto vagando
durante tanto tiempo como quiera
y después borrando un verso de cada tres:
los agujeros en el sentido (si los hay)
lo hacen todo más interesante.
y las palabras mismas significan tanto,
esas cositas bonitas.
"Malva", por ejemplo,
cuanto parece querer decir esa palabra simple,
tanto más de lo que uno puede decir.
Me gusta escribir una palabra así
y mirarla con la cabeza inclinada
y darle vueltas
y vueltas y vueltas
hasta marearme un poco
y después sentarme
y charlar un rato
sobre cualquier cosa que me venga
a la cabeza. Al fin recojo todo
con mi don poético, una suerte de pala, sabes,
y lo salpico caprichosamente sobre
unas pocas hojas de papel,
y ahí tienes.
Un poema más o menos. Al menos
lo llamamos así
por conveniencia.
No obstante, viejo amigo, espero que consideres
todo esto confidencial,
estrictamente entre "nous", podría decirse,
porque mucha gente está hablando muy en serio
sobre nuestros intelectuales estadounidenses
revolucionarios
y no querríamos que se difunda
que somos solo intelectuales
en bancarrota,
con el buen sentido de las discordias
de un violín quebrado
tocado por un violinista un tanto indiferente
en la conflagración
de un universo
también indiferente.


martes, 12 de julio de 2016

Osvaldo Ballina -Adriano

Osvaldo Ballina, La Plata, 7 de febrero 1942


Adriano

hice un mundo de mundos
la belleza me llevó de la mano
escuche idiomas entendibles por curiosidad
mis arterias no apresuraron odio ni sueño
los hombres son tan sin razón
-no solo los bárbaros-
que me tomaron por un dios
cosas y seres nunca se entendieron
dudo de que en un futuro sea así
la más efímera felicidad me parece un milagro
los ojos blancos que ignoran frutos que dejo
me son más que prescindibles
y los dioses me otorgaron el privilegio
de escaparle a la vejez

domingo, 10 de julio de 2016

Bartolo Cattafi -Gesto

Bartolo Cattafi, Pozzo Di Gotto, 6 de julio 1922 – Milán 13 de marzo 1979
Versión Gerardo Gambolini   


Gesto

No es verdad que no pasó nada
cuando sacaste la mano del bolsillo
y con el brazo estirado cortaste el aire
de izquierda a derecha
de arriba a abajo
pasó que con el brazo estirado
cortaste el aire
y eso tuvo su peso
el aire no es más como antes
está cortado

Sobre la cabeza de todos
Ataques sorpresivos, sueños, sobresaltos,
maniobras monótonas.
Cuando alguno trae noticias
las metemos en un sobre,
pasamos las líneas de noche,
las vendemos al enemigo.
A su vez, algún enemigo
hace el camino inverso,
habla con los nuestros,
discute sobre el valor
negocia el precio de nuestra cabeza.
No ocurre nada no hay
un juicio por nadie,
sobre la cabeza de todos pende algo.

viernes, 8 de julio de 2016

Vicent Andrés Estellés -Los amantes

Vicent Andrés Estellés, Burjasot, 4 septiembre 1924-Valencia, 27 marzo 1993
Traducción Carlos Vitale
                                                       

Los amantes
                                                                                   La carn vol carn
                                                                                  Ausiàs March

"No había en Valencia dos amantes como nosotros.
Ferozmente nos amábamos de la mañana a la noche.
Lo recuerdo todo mientras tiendes la ropa.
Han pasado años, muchos años; han pasado muchas cosas.
De pronto aún me atrapa aquel viento o el amor
y rodamos por el suelo entre abrazos y besos.
No comprendemos el amor como una costumbre amable,
como una costumbre pacífica de cumplidos y telas
(y que nos perdone el casto señor López-Picó).
Se despierta, de pronto, como un viejo huracán,
y nos tumba a los dos en el suelo, nos junta, nos empuja.
Yo deseaba, a veces, un amor educado
y el tocadiscos en marcha, negligentemente besándote,
ahora un hombro y después el lóbulo de una oreja.
Nuestro amor es un amor brusco y salvaje,
y tenemos la añoranza amarga de la tierra,
de andar a revolcones entre besos y arañazos.
¡Qué queréis que haga! Elemental, ya lo sé.
Ignoramos a Petrarca e ignoramos muchas cosas.
Las Estances de Riba y las Rimas de Bécquer.
Después, tumbados en el suelo de cualquier manera,
comprendemos que somos unos bárbaros, y que esto no puede ser,
que no estamos en la edad, y todo esto y aquello.
No había en Valencia dos amantes como nosotros,
porque amantes como nosotros se han parido muy pocos."

miércoles, 6 de julio de 2016

Sandra Pasquini -Te preguntaste acaso...

Sandra Pasquini, Rosario, 7 de junio 1969


Te preguntaste acaso Claudia ¿por dónde el dolor nos entra al cuerpo?
digo/ si te lo preguntaste quizá alguna vez antes del cáncer o durante
mientras las alucinaciones de la Morfina te llevaban
de un punto fijo a cualquier parte
cuando la lengua te bailaba dormida entre la boca y la habitación
se llenaba de alimañas innombrables
cuando tampoco el venenito amargo te calmaba el hueso
y su hambre por tu pobre  vértebra extenuada
te preguntaste entonces acaso ¿por dónde el dolor nos entra al cuerpo?
porque a mí el dolor por  tu cuerpo me entró temprano
furioso y desbocado por el pecho como un dardo prendido fuego
y desde ahí arrasó sin ninguna piedad como un golpe de mangual
sobre los campos / la casa/ los nombres y todas las mañanas
ahora yo camino con tus pies
me arrastro con su peso buscando lugar entre mi cuerpo
día y noche ando a tientas con el animal oscuro avanzando por mi sangre
lo escucho gruñir y acomodarse
cuando el hambre lo apremia roe un poco el hueso
y entonces el cuarto vuelve a llenarse con los insectos de tu sueño
un río de cobalto anda brotando enloquecido de mis venas
de tanto en tanto cuando desboca amenazante
la pequeña bestia amaina conmovida
entonces yo pobre ignorante con la lengua ardida
como vos me doy de beber licor de adormidera
y no hago otra cosa que recordar y preguntarte
¿por dónde el dolor nos entra al cuerpo?




lunes, 4 de julio de 2016

Lawrence Durrell -Verano en Corfú

Lawrence Durrell, India, 27 de febrero 1912 – Francia, 7 de noviembre 1990
Versión Gerardo Gambolini


Verano en Corfú 

Por fin los verdaderos días de verano,
cuando, desde el baile de la fragua roja,
el sol herrero forja
nuevos arietes para la carne,
desde la negra armería
acero para nuevo pedernal.
No escucharé nada que entristezca. La estación
yace abierta como una mujer, acumulando,
secreta, madurez a madurez. El deseo, un higo negro,
es arrancado otra vez del vientre de la razón.
Nuestro verano está grueso, grávido por fin.
Todos vosotros, que conocéis el deseo en estos mares,
reclinad ahora como los frutos
el alma o los avíos para la soledad. Las Hespérides
se abren. Esto es el limbo, el mar en calma.
Sellad el ojo de vuestros cíclopes,
silenciad el tambor del Tiempo.

sábado, 2 de julio de 2016

Eduardo Magoo Nico -Ka clásico

Eduardo Magoo Nico, Lomas de Zamora, Buenos Aires, 22 de marzo 1956


Ka clásico

Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso
Yo eructo desde luego
(La vacuidad engorda)
Rapto
Y parto
Rápidos casamientos
Fatalidad lexicográfica
Amor rubio
Sabia savia de la reversión y del relevo
En el sendero declinante del impulso

Varona
Párpado de metal
(Ningún negocio abierto)
Había renacido en mí
Con otro nombre
(Lo encontré en un poema)
Bajo otro nombre, yo
(Lo perdí en un poema)

Amurado
A gogó
(Aié ají ajó)

De parche en parche bochincheo
Toco el bombo
(Bongó borocotó)
Pero no toco, no
Hago que toco
Con la punta del palito, la latita
(Robo la guita)
Pero no toco

¡Tata, tatita!
¡De tango en tambo, te hiciste!
En bosta y nafta y noria
(Pero yo no toco...)
No

Varona
Parpados de metal
Nobles figuras en rescoldo
Persianas bajas
Pasión morocha

-Déale ché, levantesé
(¡Álzate alma, asume un oportuno vigor!)

Y dejá de canturrear tu cantilena...
¡Ma que Empalme Lobos, ni Empalme SanVicente!
Acá se acabó el biógrafo
¡Mirá el portón!
¡Tenés que pensar en el globito!
En el globito de Huracán...

¡Abrí el ojo!
¿Vés como empieza a levantarse?
Lo primero que hay que hacer
Es inflar una personalidad
(Lo dijo doña Petrona...)

Después viene el relleno:
Pensá en Gato, pensá en Mancha
Pensá en algún otro, que podés ser vos
Pensá en Ramsés, pensá en Pihué, pensá en Mourinho
¡Metéte adentro, te digo!
¡Entrá en la paja!
¡Entrá, aunque te pinche!
Una espina más o menos...
¡Tenés que decir Yo, entendés!
¡Yo! Pelotudo...

¿Yo?
Yo: Eructo
Eructo sin permiso
Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso
Yo eructo, desde luego
(La vacuidad engorda)
Y siempre es demasiado poco
Lo bastante
(La pucha, ningún negocio abierto)

En la vereda, el hembrimacho ondula
Dengoso
Había nacido por mí
A la alegría del color
Al mundo en el que impera, la divinidad mortal
De las cosas triviales... ¡Je! ¡Je!

¿Cómo hacer para abolir lo klásico?