sábado, 12 de noviembre de 2016

León Rozitchner -Dedicatoria final

León Rozitchner, Chivilcoy, 24 de septiembre 1924 - Bs As, 4 de septiembre 2011


Dedicatoria final

Creo que me duele mucho y por eso no puedo.
Tengo que ir a buscar a mano mis recuerdos
más allá de la pantalla y del teclado,
horadar con mi mano labradora
abriendo un hueco en la tierra de mi cuerpo y mi pasado
para encontrar ese fruto escondido y temido en tu cara/judía
lejos de una patria que no dejaste nunca.

Me duele ese pasado y por eso no podía escribirte.
Hay cosas que nos unen pero no podían ser dichas.
Abro mi computadora donde leo: "Carta a León Sigal",
17 de abril de 1996, pero no hay nada escrito.
Fue después de verte en París que quise hacerlo.
No la escribí nunca.
Está vacío, sólo el ancho espacio en blanco.
Debo escribirla ahora para decirte algo,
de tu pasado pluscuamperfecto a mi futuro imperfecto.
Me atrevo quizás porque estás muerto.

Debo soportar entonces ver de nuevo
lo que más nos unió y nos separaba,
la mujer cuyo amor compartimos
y que se sumergió en el mar,
arrojada viva
desde un avión de la Marina.
Y allí debo ir a buscarte para encontrarte de nuevo.
Aparecés junto a ella al evocarte
y por eso creo que no puedo.
Encontraría su muerte al evocar la tuya.

Yo la quería y te quería.
Lloro por vos
lloro por ella
lloro por mí,
desaparecidos dispersos por el mundo.
Lloró también tu corazón
que se quebró en Francia de dolores escondidos,
quizás como al mío lo cerró un espasmo doloroso
en la esquina de Saint Germain y Saint Jacques,
donde los encontré de pronto una tarde juntos.
Éramos muchos santos juntos.
Lloro por tu corazón que sangraba como el mío
y que no pudimos nunca hablar de ella,
¿qué podíamos decirnos si callábamos tanto?

Yo escribí "Ser judío"
pero sólo vos lo eras.
Tu cara traía guiños y arrugas del pasado
engranados como los relojes que tu padre arregalaba,
en la mirada perdedora y triste de tus ojos claros
mientras disimulabas una lánguida cojera.
Desde ella un niño callado sabiamente espiando nos/sobraba
desde el fondo de tu historia que me era
y me seguirá siendo obscura.

Me pregunto por vos para evocarte
y sólo me responde un "Soy el que soy",
con el que Dios se anuncia en la Biblia judía.
Al pronunciar tu nombre me sorprendo,
se confunde el tuyo con el mío.
León por León
me resuena tu presencia ida
como si del otro lado yo siguiera vivo
mientras me miro muerto en el León que se ha ido.
En algún lugar oscuro somos los dos uno,
León por León,
León por Diana
en ella confundidos.
Sos el que fuiste,
es cierto,
pero elle me confunde
nos confunde
mezclados y separados
por la distancia abierta
de ambas muertes
como si sólo esperara que la mía llegue
para cerrar esta trinidad vaciada.

Nuestro destino fugaz
por un instante
nos unió para siempre
en lo absoluto
sin quererlo,
porque ambos la quisimos.

Diana Guerrero.
Arrojada desde el aire por ese avión de la Armada /Argentina

habrá volado por los cielos como un ángel de seda,
habrá desafiado espléndida al destino siniestro con sus
/alas,
habrá vencido al horror con sus ojos verdes todavía
/abiertos
mientras las ráfagas del viento la arrastraban,
atraída por el mar, rozando con su rostro el fondo de la
/arena,
absorta ante la muerte,
devorada por la muerte,
como lo estoy hoy
al evocar la de ella con la tuya.
Como quizás ambos la evocábamos en silencio
cuando nos veíamos
sin decirnos nada.
Yo digo hoy Kadish en tu tumba llena,
y también en su tumba de agua, líquida y vacía.

Por eso no te escribí antes
por eso quizás no escribo una novela
ni hago versos
porque no sé qué hacer con los recuerdos
de mis padres y de mis amigos muertos.
No sé qué hacer
cuando una muerte
como la tuya
abre la mía
y siento como si hoy fuera
el último día de la vida.
Soy un sobreviviente moribundo
que quiere vencer la muerte con más vida
y rememoro en este instante final
la vida entera,
lo más bello de ella
que lo contiene todo.
Los trozos escogidos más bellos de la vida.

Polvo enamorado sólo fuimos antes,
que se lleva el viento o el mar, como se la llevó a ella,
pececito de colores y hermosa cabellera ondeando en lo
/profundo
del mar de nuestra vida.
Soy quien por tu muerte vuelvo a encontrarla
al encontrarte,
nos estamos yendo juntos,
cada uno por su lado,
uno por uno,
como se va la gente,
unidos para siempre
en el silencio de la nada,
que está plena y vacía
como el Ser de Hegel
que pensábamos los tres
cuando creíamos en la filosofía.

Y hoy León, como quizás vos lo dijiste en lengua
/hebrea,
te digo al evocarte
lo que no pude decirte cuando te veía.
Cada uno dice y también se dice su propio Kadish
/como puede.
Como si fuera el último día de la vida.