lunes, 24 de julio de 2017

Nicolás Antonioli

Nicolás Antonioli, Florida, Buenos Aires, 19 de enero 1985



12

Bustriazo donde te hiciste esa herida?
La tiniebla se desviste con el horror de llegar a la verdad
Güemes habla de la patria secreta
De los días en que nos excedía la tortura
Hablo de la sumisa forma en que los pueblos
Se revuelven las tripas por nada
Qué hacer para salvarnos en un acto de heroica perpetuidad
Abolir las partes serviles del poema
No todo habla de la muerte del poeta
La gente tiene virtudes afrodisíacas
En los bondis que van hasta el velorio
Del hombre
En la ambigüedad de Olga Orozco
Que se traslada al plano de la realidad
María Meleck Vivanco se cruza una herida
Frente al espejo para volver a la raíz del poema
De lado a lado corre la sangre de la palabra nunca

15

                                                             “regalaréte lengua ansiosa
                                                              hasta agoniarte y fallecérteme”
                                                                        Juan Carlos Bustriazo Ortíz

Así haz de entibiada luz
Corónate de ademanes y ejecutorias del miasma
Encarceladas en la humareda del solsticio de Abra Pampa
Como un claror de madre yerta o de cosmogonía
De pelambres o sistémica elucubración
Devuélvenos Battistón  la poesía y oh psiquiatría
La imaginación poética
En la duramadre de mis más turbadas noches de insomnio
Mujer yarará que oscura sigmundeas en lo penumbroso
SÍ, LA LOCURA ES BERMEJA

19

Es un buen número
La superstición
Escribo en Jujuy a orillas del Río Grande
Siendo las 11 horas del día menos pensado
Sin saber de lo que hablo cuando digo que los testigos
De todo dolor morirían en el absurdo e impensable ejercicio
De saber que aún no hemos escrito
Aún no hay libro de promesas
No hay humanidad
Aún no hay lectura crítica ni nación
Nada está terminado aún
Ni nació un Tolstoi en el altiplano
Ni tanto ni tan poco
Se diría que la literhartura está en su etapa larvaria
Por contraposición
Toda aproximación es ficción o mentira sobre la mentira
Sobre la mentira
LA LOCURA ES LA MANÍACA COMPULSIÓN
DE DECIR LA VERDAD OCULTA DE LAS COSAS OCULTAS

20

Si es así como dicen
Decláreseme en estado de locura permanente
Como antes de la llegada del eremita
En esencia decir la verdad no es de poeta
Sino de mujer siniestra que boga en su maridaje
A qué extraña fuerza pertenece el orgasmo?
Con qué enfrentar al hombre y al eco del hombre
Poseída en la crónica de un cuerpo mutilado por decir sólo la verdad
Con los verbos necesarios para enfrentar al cobarde
Que husmea en la maraña de quejidos
O grititos del vientre
Entonces con qué enfrentar al hombre y al eco del hombre

sábado, 22 de julio de 2017

Fabián Casas -Los ciclos

Fabián Casas, Boedo, 7 de abril 1965


Los ciclos 

Estuve charlando con tu verdugo.
Un hombre pulcro, amable.
Me dijo que, por ser yo,
podía elegir la forma en que te irías.
Los esquimales, explicó, cuando llegan a viejos
se pierden por los caminos
para que se los coma el oso.
Otros prefieren terapia intensiva,
médicos corriendo alrededor, caños, oxígeno
e incluso un cura a los pies de la cama
haciendo señas como una azafata.

"¿Es inevitable?", le pregunté.
"No hubiera venido hasta acá con esta lluvia", me replicó.
Después habló del ciclo de los hombres, los aniversarios,
la dialéctica estéril del fútbol, la infancia
y sus galpones inmensos con olor a neumáticos.

"Pero", dijo sonriendo,
"las ambulancias terminan devorándose todo".
Así que firmé los papeles
y le pregunté cuándo iba a suceder...
¡Ahora!, dijo.
Ahora
tengo en mis brazos tu envase retornable.
Y trato de no llorar,
de no hacer ruido,
para que desde lo alto
puedas hallar
la mano alzada de tu halconero.

jueves, 20 de julio de 2017

Julio Carabelli -Amarga rutina

Julio Carabelli, Bs As, 8 de octubre 1940 – Tucumán, 6 de diciembre 2014


Amarga rutina

Ella apagó su cigarrillo
diciendo:
-esto es una peste-
-una mierda- dije yo
y estiré mi mano bajo la mesa tratando
-todo es igual- dijo doblando el diario
-una calamidad- le aseguré sin poder
le quedaba un sorbo de cerveza
un sorbo
y llamé a la muchacha que nos atendía
la llamé para pedirle otra botella
porque de pronto
al no poder tocarle las rodillas
sentí sed
una sed infinita como un océano de sed
aunque sean duras
aunque sean duras las rodillas
son la entrada
la puerta a zonas más delicadas
zonas a las que la piel va conduciendo
con la suavidad
y puedo imaginar sus poros abriéndose
como esa botella
una botella abierta por una mano femenina
una botella abierta así deja de ser una botella
pero no pude explicarle eso
no pude
porque había bebido mucho y lo único
era tocar sus piernas
su rodilla de vidrio
su puerta de exiguo jadeo que se abrió
como una palabra
y a la mañana siguiente
al dejarle unos pesos sobre la mesa vi
cómo bailaba en sus hermosos ojos
toda la tristeza del universo
esa tristeza que
le había impedido
rasurarse el bigote como todos los días.

martes, 18 de julio de 2017

Alessandro Canzian -Olga

Alessandro Canzian, Pordenone, Italia, 18 de febrero 1977
Traducción Antonio Nazzaro


Olga

La muchacha de nombre Olga
es una muchacha que no conozco
ni nunca me enamoré de ella.
Pero si me la imagino la pienso
con la piel blanca como los cabellos
de mí padre, y el seno grande
-pero la memoria no deja ver-
y con el útero profundo
como la oscuridad dentro de un hombre.

La muchacha de nombre Olga
camina cada noche a mi puerta.
A medianoche, once y algo,
con los tacones bien pisados
para hacerse recordar. Sé que alguien
se ha quejado. Luego la otra
noche la oí gritar
colgada a las manos de su pareja.

Ayer se llamaba Olga, mañana, Carla.
Su nombre no tiene importancia
en el trascurso del cuento. Su
dolor es igual a su placer, Olga
sabe que el bien y el mal son pares
más allá de tapetito que divide desde el exterior
el tejido suave de la vida.
Se ruega de tocar para entrar.

La muchacha Olga es una muchacha
que viste siempre con mucha cura,
refinada, hasta en las fisuras.
Habla correctamente cuatro idiomas
o cinco, nunca la escuché.
Viaja a menudo por trabajo.
Es desde las crujías del muro
que conozco su fe, nocturna,
cuando ruega a Dios con las rodillas.

La muchacha Olga me la imagino
el lunes con un vestido amplio,
coloreado, muy llamativo.
El martes con algo más adherente
a su piel, y así siguiendo
adelante en el vacío de la semana
cada vez más fajada a sus piernas.
Los cabellos recogidos, porque le caen.

La muchacha de nombre Olga
se corta las uñas cada martes
por la mañana, casi fuera un rito,
una cosa importante para el mundo.
Y tiene una mano entre las piernas
para respirar el aliento de Dios
cada vez que se duerme.
La muchacha de nombre Olga
está enamorada de forma abominable.


domingo, 16 de julio de 2017

María Meleck Vivanco -Canciones para Ruanda

María Meleck Vivanco, San Javier, 23 de junio 1921 – Maldonado, 8 de noviembre 2010    


Canciones para Ruanda



1.   Solitario escorpión de amarillo purísimo
     Con erecciones que delatan la guerra


Bajo las puras rosas  Las palabras más áridas resisten
Bermellones y negras fulguran casuarinas  Languidecientes
brotes y viento atribulado
Atadas están al carruaje del sol y a la desolación del mundo
Acompañan postales con dinamita y gritos de locura
Pronto desaparecen todos los ruidos del amor  Mezclados
con amuletos consumaciones y presagios  Amor que se
complace con herejías y reniega del hombre
Piratas como dioses sellan la última puerta  Como mudos
sonámbulos de otro lagar oscuro  De otro violín de
infortunada melodía
Texturas para un cielo que contrasta el furor  Doble corona
De infaustas mariposas  Paneles que se cierran por adentro
Huestes que ardieron antes y yacen apagadas recubiertas de
sal  En cautiverio  Solamente nube rizada de pólvora y ángel
desvelado
Oh aldeas enterradas y lábiles como el fino temblor
Espacios de inocencia  Nieve de la tristeza que encanece
jardines  Llamador insistente en la desierta alcoba
abandonada
Aquietad remolinos Tened piedad en esta angustia larga
Resistid el escombro de inauditos recuerdos

Porque en Ruanda aún se abren blanquísimos capullos  Y en
Ruanda todavía los espejos resplandecen



2.   Las banderas de orfandad  Enrojecen la lluvia


La partición de las estrellas  Descubre oscuridad sobre los
mismos cuerpos que luminosos nos herían  Agotados estaban
de escandalosos sueños  Sin conocer del llanto esa orla de
pies inertes  Su filo de flamencos que van minando las
profundas sedas  Las mordidas de besos  Las diminutas lunas
de la mano
Deseo por deseo  El borde de mis labios amaneció vacío
Adormideras del mar  Retengo a mi costado  Escalofrío de
extremaunción convocan las campanas  De norte a sur  Su
oficio de follaje y negra sed se instala en las murallas  La
palabra cabeza funda banderas lejos de su templo  En ingle
alucinada  En rojo ardiendo  En gotas de atormentados niños
cayendo a sobresalto  Aullando a flor de vientre desde una
comisura de relojes
Busco el secreto manuscrito de Ruanda  Su memoria
discriminada al cielo polvoriento
Y el pobre Dios cruzaba la frontera esparciendo como al acaso pétalos   Naturalmente la víspera caían  Abriendo al mundo
de par en par sus ritos para que entrara el mago de la suerte
Y pagar su rescate de azucenas  Desnudo hasta el cabello

Prendido de una nube como si fuera un ángel



3.   Y el valle violento es como un matuasto al sol
           Galopado de turbulencias


Volvía del castigo  Y recordé los tártagos  Donde enredaba música la luciérnaga triste con instrumentos traídos de la guerra
La huída a contraluz  Los corredores que sepulta la tierra gris y el viaje de la aurora  Cuidan mi corazón  Mi vino pálido que noche a noche sorbe la metralla
Yo he intentado morir  Y no he podido  Desciende el viento pero nunca muero   Quema lágrima heroica en carne que supura tanta impiedad  Tanta neblina ansiosa

Dios proteja esta herida dulcemente  Y entorne las ventanas del espejo

       

4.   Como una caracola la muerte estará en otro ruido
      Como un higo de luto  En otros dientes de tímido
      conocimiento blanco


Oscuros umbrales de revelación  Sostienen temerarios la edad
impura  O el cuchillo de plata a la intemperie  O la caravana
que alisa arenas y castiga a los pájaros heridos  (Cuando aparece
el huésped persignarse)
La inocente descubre ceremonias en los huesos de un niño                                                              
Voraz una cascada de nieve derretida  Lava de olvido su alma                                              
Red luminosa fluye en el coro de renacuajos del diluvio  Y
plegaria comulgante en el oído sordo de tristeza sobre tristeza
Ruanda inventa un corazón para olvidar  Suelta lujurias en
los ojos velados que encienden la imaginación  Aquí en su piel
existe una rosa cautiva perversamente lastimada  Es la rosa
esclava de secretas voces  La casa desprovista de manjares y
paciencia   Los fantasmas del ancestro que convocan animales
libidinosos y grifos de ruidos permanentes  Dioses sorprendidos
en el Kivú  Apostados entre mariposas salvajes
Oscuros umbrales de revelación  Cuerpos destruidos de tanto
vagabundeo sin brújula  Con su joroba verdinegra que asoma
en la claraboya de la luna

Deseo comparecer a tu lado Ruanda de incestuosas lágrimas
Efímera  Como tu pulso de felicidad invisible





alpialdelapalabra.blogspot.com

viernes, 14 de julio de 2017

Edimilson de Almeida Pereira -Baúl inglés

Edimilson de Almeida Pereira, Minas Gerais, 18 de noviembre 1963
Traducción Renato Sandoval Bacigalupo


Baúl inglés

Casado, mi viaje empieza.
Dejo a la esposa y algún beneficio
para el recién nacido: pensaré
en él mientras el barco surca
el canal de la mancha. Entiende,
es para el bien de la familia la mudanza.
No amo Birmingham más que Faído,
pero el dinero se planta al otro
extremo del canal de la mancha.
Abriré un hotel distinto y cada
año volveré para saber de los hijos.
(¿Y la esposa? Aparte de lo casero
¿no pide otra merced?)
Entiende, la vida tiene sus suturas.
Conseguí un baúl macizo
donde caben las ansias de quien
se habituó a la montaña y a las
lides de la mañana. (La esposa, además del
delantal, ¿no querrá otro lazo?
¿El fuego que no se aparta y entre
un cariño y otro no se limita
al parto?). Entiende, Birmingham
no está lejos, y este baúl inglés
recibe los saldos que las castañas
de Faído no garantizan. (La esposa
no come, se descabella y las uñas
hieren el viento). Entiende, un hotel
no se abandona así: la lista
de clientes impide otra mudanza.
El amor que me ame entre Faído
y el canal de la mancha. (¿Sedujo la noche
a la esposa? Ella se entregó, qué importa).
Rentas sobran en el banco, clientes en el
hall. El idioma ajeno habla, si me callo.
Calienta la mesa de tanto fruto. Pero
el baúl, ¿por qué se vacía en el lucro?)


miércoles, 12 de julio de 2017

Eleonora Finkelstein -Aylan Kurdi

Eleonora Finkelstein, Mar del Plata, 19 de febrero 1960


Aylan Kurdi

¿Recuerdan a Aylan Kurdi?
¿Les dice algo ese nombre?
El niño sirio.
Boca abajo,
ahogado en la orilla
de una playa turca.
¿Ahora sí?
Ya sé que ha pasado mucho tiempo,
y que las tragedias giran rápido,
como expulsadas
desde una gran máquina centrífuga
instalada en nuestros cerebros
Es natural que no podamos retenerlas.

Bueno, si no recuerdan,
imaginen:
sus sandalias y las medias blancas
dobladas con prolijidad
sobre sus tobillos.
Pero no, un momento,
ese es otro niño que vi mucho después
y estaba vivo
caminando de la mano de alguien
en la misma playa u otra parecida.

El niño muerto llevaba ropa cómoda para el viaje:
camiseta roja, pantalones cortos…
Ahora, si no recuerdan, imaginen:
a su madre que lo viste,
lo calza, lo peina sin saber.
Alguien hoy hace lo mismo y tampoco sabe.
Pero ese es otro niño.
Un niño vivo, por ahora.

Recuerden o imaginen:
a su padre haciéndole promesas
¿Recuerdo o imagino
cómo se abrazaron y se desearon suerte
“y que Alá nos acompañe”?

De nuevo la imagen segura:
boca abajo, sobre la arena.
Sus zapatillas o las del otro niño
no puedo sacármelas de la cabeza.
Así de punta, semienterradas en la arena.
Y todos pensamos que parecía dormido.
La humanidad entera
pensó a coro la misma estupidez:
“pero si parece dormido”.
Como si alguien le hubiera contado un lindo cuento.
(Puede que en eso hayamos tenido razón).

Pero no se trata de angelitos. La sola idea
de angelitos me da náuseas.
El asunto es que hay niños vivos ahora mismo
y niños muertos ahora mismo, también.

Lejos de todo eso están ustedes
y estoy yo –mi película favorita-
No sé que estarán haciendo.
Por mi parte, escribo este poema.
Que no sé la verdad si es un poema
-tengo buenos amigos que me dirían que no lo es.
Por el asunto aquel del ritmo, las imágenes
los ripios, las metáforas, etcétera-. Todas esas cosas
de las que deberíamos ocuparnos los poetas.
Puede que en eso tengan razón,
porque algunas veces yo también
parezco dormida y un poco estúpida.
Pero, para aclarar el punto:
este no es un poema en absoluto
o es un poema realista. Eso quiero.

Veamos, entonces:
Descartando el asunto de Dios,
¿quién nos ha abandonado así, de esta manera?
A él, a ellos, a ustedes,
al vivo, al muerto, al de la foto,
al que no sale en la foto,
a tantos más muertos y a mí.
En un estado intermedio
entre la piedad y la autorreferencia.
Entre la idea del otro y la realidad física de nuestro ombligo.

Mi vida, sin dudas, es bastante buena.
 Y si bien, lo juro, no escribo esto para complacer a nadie,
(estamos claros que el bienestar
no es algo de lo que jactarse ahora)
 lo escribo porque me siento confundida
y un poco avergonzada, aunque no tengo la culpa,
no tanto por los niños muertos
(¿quién no morirá tarde o temprano?)
sino por nosotros, los que lloramos,
teletransportados por una imagen.
Lejos bien lejos de los cuerpos, los olores
y los nombres propios,
tomando cerveza, comiendo papas fritas.
Llevando una vida normal. O lo que sea.
Con toda la mierda al alcance de la mano,
pero cada vez más difícil,
más difícil de masticar y de tragar.

lunes, 10 de julio de 2017

Elidio La Torre Lagares -santurcesutra

Elidio La Torre Lagares, Adjuntas, Puerto Rico, 23 de febrero 1965


santurcesutra

somos los incomprendidos, los subestimados
los fronterizos que llevamos muertos a pasos
para adoquinar la fatiga (el futuro una vez
estuvo en nuestras manos, hasta que nos salieron
cayos de sostener tanta nada)— y nos dijeron
que no había cabida, que la casa estaba llena
y nos dejaron sin techo para cobijar la
esperanza por ser unos locos, ser tan locas,
(Manuel Ramos Otero, exiliado y sin irse, se
venía en sus rostros, con la horrible ternura del
amor no correspondido pariendo fantasmas
rosados y malcriados) mientras tragábamos
la leche y la herrumbre de la patria avejentada
y en sotana— somos la constancia, la carencia:
los que esperaban el mañana todos los días
en camisetas del Che, entre humo, cervezas,
y conversaciones truncas sobre Sartre y Camus,
comiendo humus isleño y deshojando pretextos—
somos la palabra inmóvil como barro seco,
entre sombras de baba dormida en convenios con
la patria inventada— somos los versos perdidos
de un poema, somos la cizaña que estropeó el
trigo y llevamos la mirada agotada por el
horizonte enrojecido que se desgasta en cada
aliento venido a menos— somos la posibilidad
negada, la antología censurada, mitad
del gusano que se queda en la guayaba— somos los hijos
deformes de la oscuridad, la polifonía nominal
del interior silenciado que paseamos por la Ponce de León,
-allí estaba José María Lima, peregrinando con boca amarga,
alucinándonos, y nos preguntaba «¿Por dónde anda mi nombre?»-
esquinando duro con incertidumbre narcótica—
somos sombras muertas y grises que lamen grafitis
y orinan el aserrín de la promesa podrida—
somos cosas viejas profanadas y maltrechas de juventud
somos así, llenos de ambigüedades, amplios
e incompletos, discontinuos y defectuosos:
y conocemos este sutra porque sabemos
que es así, porque llevamos la legaña del
desvelo, faltos de amor, promiscuos en la igualdad
y en la forja del sueño mirando atardeceres
derretirse en Santurce entre los esqueletos
del país que nunca fuimos




círculodepoesia







sábado, 8 de julio de 2017

Ernesto Goldar -Relevo de prueba

Ernesto Goldar, CABA,15 de octubre 1934 – CABA, 18 de julio 2011 


Relevo de prueba

Venimos de lejos, compañera, y siempre andamos cerca.

Hemos quedado repasando el techo de esta cocina clase
media,
alterada por el almuerzo de los domingos, cuando
rompemos la monotonía con algún fiambre
alemán, una lata de duraznos, helado del
congelador en el verano.

Venimos de lejos esquivando errores,
percibiendo el calor de las inhibiciones,
las reservas mentales,
la pila de palabras que irrevocablemente deben
transferirnos el relato de las trivialidades.

Son muchos los días, compañera, estirados sobre el
permiso de los años,
infinitos también los temas de conversación,
renovadas las motivaciones, los proyectos (tan pálidos los
míos)
que justifiquen levantar este horizonte de tiempo
sistemáticamente duplicado
por la forma de tu voz que tiembla
y el invento que sigo en la mañana para decirte un
invariable apelativo confortante.

No vamos a caer en los recuerdos porque a esta altura
está todo confundido,
menos en las preguntas indiciarias sobre si las cosas
volverían a darse,
aún en la interrogación precisa acerca de cuánto nos
queda todavía.

No hacer memoria entonces,
pensar en los días que se trasmiten como sensaciones,
en el tiempo que aguarda para darnos oportunidades,
conforme a la débil seguridad que otorgan las
palabras usadas siempre como privilegiada
comunicación de dioses.

No sé, compañera, si es amistad lo que se llama amor en
estos casos,
pero sí así fuese, amiga mía, nos faltan innumerables
paseos matinales,
ejercicios de idioma, libros a descubrir, una ventana
incierta que da al río,
alguna callecita para treparla lentamente de la mano
como escolares procelosos.

jueves, 6 de julio de 2017

Carolina Otero -Desastre y Petrarca

Carolina Otero, Valencia, 20 de marzo 1977


Desastre y Petrarca
                                                                                                         Trilce
                                                                                                         César Vallejo


Alguien, clase media, perspectiva mass media,
se pregunta mirando hacia el desastre y a Petrarca
que cómo puede, mientras estallan niños
y ancianos de n nacionalidad
(la pérdida es libre de fronteras
en contra de lo que anhela el yihatrump),
que cómo puede
−brazos de niños, bazos de niños, uñas de niños
que igual visten una camiseta del equipo
de sus padres como la herencia de ONG,
camiseta con una mancha carmín:
oíd, todas las banderas del mundo deberían
avisarnos que llegar aquí era chapotear
en una piscina de hostal con cadáveres:
por ley, todas las banderas deberían
anunciar su franja rojo sámur y arteria,
y ancianos cuyo secreto se diluye
en el aguarrás del Alzheimer:
ojos de ancianos, despojos de ancianos, temblor
que ya nada, salvo esperar, plegados jerséis
en un mueble anoréxico de una sala amarilla con cuadros amateur, polillas−
importan a quién
esos viejos: PUAJ, les escupimos pues gastan nuestro dólar,
y esos niños, PUFFF, ya nacerán otros,
y sus madres, JA, violémoslas que son nuestras cajas precintadas,
y sus casas, BOOOM, a demolerlas, verás qué hermoso filme,
pero dale al botón tú, que yo prefiero mirar
mientras fluye seminal mi baba
.                                                   en el champagne−;
que cómo puede
(ceño en paréntesis, mucho pero mucho pathos)
poner “amor” genuinamente, entre comas,
recrear a Laura de Naves o Avignon,
permitirse un furor amoris tan alto, tan alto, tan
de partido de tenis de clase media y daikiri mass media,
estirando el meñique en la foto:


                                                                                     ¡OMSITETAP!


martes, 4 de julio de 2017

Constantino Mpolás Andreadis -Hasta cuando

Constantino Mpolás Andreadis, Barracas, 23 de abril 1943


Hasta cuando – 16

cummings

tan nueva
como si el tiempo
los tiempos
el río
los ojos del tiempo
es como si la noche
las piedras y los ríos
las flores
los rincones
y vos entre ellos
como ellos
distinta siempre
distante
y tan cercana
tan nueva de lejos
como nueva de cerca
como si tu cuerpo
fuera la tierra
y como si tu cuerpo
fuera el cielo
y yo
tu mitad
el cero del comienzo
el secreto
la luz
de cada día
cada instante
de esa eternidad
que es el día
el día
de tu cuerpo
la noche
de tu cuerpo
esa mitad
tuya y mía
en que el mundo comienza
con nosotros
y nosotros con él
y con nosotros
como una estrella
en el agua de un pozo
es este encuentro
desencuentro
que nos hace posibles
en la mitad del mundo
no en el centro
sino en cada uno de nosotros
en ese lugar
que es todos los lugares y ninguno
en que el mundo
los otros
comienza con nosotros
a ser lo que es
lo que fue y será
lo que ya sin nosotros
y siempre por nosotros
seguirá
se extinguirá
renacerá
comenzará
indiferente
y justo
y cálido
y frío
y transparente
y nuestro

domingo, 2 de julio de 2017

Gabriel Jiménez Emán -Oda a los licores en las tabernas

Gabriel Jiménez Emán, Caracas, 21 de junio 1950


Oda a los licores en las tabernas

                                                                                                                  A Orlando Araujo
Luego de una noche parecida a un día despierto
Me dirigí a una de tantas barras
A consultar el oráculo de la existencia
Y éste me dijo lo siguiente sobre mi porvenir en las cálidas barras:
De la cerveza que remoja la memoria en canciones de antes
Es una cerbatana saltando de una a otra hoja húmeda del cuarto de baño
Una dulce agua egipcia para refrescar el alma
Con su espuma densa y seca ha sido nuestra cónyuge desde el bachillerato
Lloviendo sobre cada suspiro y cada congoja
Del whisky como oro en los placeres desconocidos debo decir que nunca
Me ha dejado plantado el muy pícaro siempre me sigue a las alcobas
Tratando de interpretar mi corazón
Salta sobre las sábanas como un animal rubio
Los hielos lo aman licúan sus lágrimas en la mañana
En cambio el transparente vodka me devuelve la memoria
Sobrelleva los recuerdos y los conduce por pasillos brillantes
Desenfunda sus limones y pone a conversar los tonics en patios verdes
Siempre es una promesa que me nombra con sus labios fragantes
La olorosa ginebra le hace competencia en tardes de piscinas
Transparencias turquesas se ahogan en los crepúsculos tratando de salir a flote
Nadando de la cosmopolita Italia viene el Campari a buscarnos
En la adolescencia nos hace probar su amargo sabor de mujer
Entonces nos sentimos más despiertos para compartir la sinuosa tarde
La ancha tarde de los bulevares primorosos
Cuba cubata libre azarosa de rones del trópico
Me hiciste sentir un marino en medio de puertos que decían adiós
Me hiciste oler a barril envejecido de barcos
A trasatlántico asombrado que se pierde en el humo
Mientras las melancólicas gaviotas custodian los caprichos del mar
Y qué decir de los bosques perdidos del anís
Donde la adolescencia se esfumó entre los tocadiscos en plazas y parques
Ahí donde la música salsosa nos sorprendió estudiando biología
Pero era más parecido a la palabra álgebra
El anís turgente blanqueado a veces con el cálido hielo del espíritu
La menta la fragante menta verdiblanca que en el centro de las mesas del gran restorán
Se desliza bajo los manteles y sopla con su aliento de golosinas callejeras
Y el brandy aquel que se derramaba en el páramo en busca de las nieves
Su olor espeso por sí solo me hacía palpitar las sienes y tenía que dejarlo
Qué lástima por ti brandy aunque pude vengarme en España por obra de los carajillos
De los cafés de las cinco de la tarde a orillas de las ramblas
Y dónde están ahora vinos míos arenques misteriosos reclamados por las uvas
En los prados de Francia o Chile
Qué importa son ellos vinos blancos en botellas ámbar ahora descorchadas quienes me permiten recordar
Los queridos diciembres míos donde baño mi nostalgia en vino tinto
En sedoso vino que curte mi lengua y la hace apta para el amor
Para probar la lengua de mujer con aliento de guanábana
El vino afrutado que busca a su hermano el queso en los rincones de las cocinas
Y las migas de pan en los desórdenes de la mañana
Uva amada mía madre de todos los vinos de esta tierra increíble
Yo te amo en tu verde dulce pequeñito o en tu glotón estado de rojo gozoso
En tu rosado paso por la brevedad de la vida
O tú lujoso champán que suenas en las fiestas donde van mujeres
Con jugosos senos orlados de vestidos negros y rubias pelucas
Joya de la espuma champán te pareces a un príncipe solitario te pareces
A los campos fértiles donde los buenos libros explayan su luz
Licores de todos los nombres vosotros me habéis dado de puntapiés en la conciencia
Me habéis castigado duro con vuestro terrible alcohol
Me habéis hundido en gloriosas pesadillas y hecho delirar al borde del viaje
En los ríos en las habitaciones desoladas de los suburbios
En los departamentos alquilados por viudas de ojos tristones
En los penthouses de los hoteles de cinco estrellas cabizbajas
En la soledad de las cocinas donde cavilo mientras trabo amistad con las moscas
Enajenado por el dulce suicidio he dejado mi pistola de píldoras
Al borde de la mesa de noche
Y he vuelto otra vez a la vida He caminado por las aceras como si
Estuviese naciendo
Naciendo ahora estoy al invocarlos compañeros crueles
Que aguardáis en las tabernas tan quietos
Tan míos y puntuales
Como mi nombre

viernes, 30 de junio de 2017

Kornelijus Platelis -Hospital St. Elizabeth

Kornelijus Platelis, Siauliai, Lituania, 22 de enero 1951
Traducción Gerardo Beltrán



Hospital St. Elizabeth

                              para Craig Czury
                              Our dynasty came because of a great sensibility                                                                                       Ezra Pound, Canto 85
                                                                         

Del otro lado del río Anacostia, a la sombra de los árboles,
Santa Isabel rebana una tarta redonda
con un largo y resplandeciente cuchillo, y amablemente lo reparte
entre los asistentes al curso de poesía que esperan en fila.
Sus brazos atados a sus cuerpos hasta los codos,
sus ojos tan redondos como un sol de tarta,
se estiran graciosamente mientras comen: el destino
de la poesía es reparar conciencias y mundos. De pronto
un teléfono suena: llamada para Santa Isabel.
Me da el cuchillo y me pide que siga rebanando.
Mientras la hoja viaja de una mano a otra,
el sol rebota en ella y destella en los ojos
cortando su redondez como el cuchillo
la tarta. El mundo se parte
en una mirada de fragmentos y durante un pestañeo
todavía se mantienen adheridos antes de desmoronarse. Yo

                        Nuestra dinastía llegó
                                   gracias a su gran sensibilidad.
                        Tras todos los pabellones de nuestros palacios
                                   ahora miro por la ventana de John Howard.
                        Desde la sombra de los árboles sin hojas
                                   hasta un tiempo nuevo del otro lado del río.
                        Nuestro pensamiento vagaba en otra parte
                                   cuando se abrieron las puertas.
                        Nuestra dinastía se basaba en una estricta jerarquía
                                   al contemplar la belleza.
                        Las paredes de derritieron hace muchos años
                                   mientras yo escuchaba lugares prohibidos.
                        Nuestra dinastía estableció el orden en la poesía
                                   y se derramó por los bordes de la forma.
                        ¿Voz interior? Cada uno de nosotros tiene muchas
                                   voces interiores. ¿Cuál de ellas queréis escuchar?
                        Nuestra dinastía fue hospitalizada
                                   a causa de su gran destino.
                        El nuevo mundo nos inyectó tranquilizantes
                                   y nuestra conciencia se volvió de madera.
                        Santa Isabel nos tomó bajo su custodia,
                                   y el amor  derritió nuestra voluntad.
                        Los fundadores de los valores equitativos del mundo
                                   comenzaron a curarnos con nuestra propia poesía.
                        La leche inagotable del cántaro de Santa Isabel
                                   minó los fundamentos de la jerarquía.

clavo el filo en la tarta, la realidad
fragmentada se pega, una extraña esperanza se sella
después de haber brillado entre las grietas. Los asistentes
al curso de poesía bajan dócilmente la mirada.
El bálsamo de las palabras se filtra por las paredes de la sala:
pegamento de conciencias y cosas con los brazos vendados,
el sabor a metal en mi boca se transforma en la dulzura de un bizcocho,
enviándonos de vuelta a la armonía, abriendo
el camino de la memoria a ningún lado.










alpialdelapalabra.blogspot.com





miércoles, 28 de junio de 2017

Carlos Salem -Poema sincero

Carlos Salem, Buenos Aires, 12 de abril 1959


Poema sincero

Por una vez, seré sincero y te diré
que yo no quiero que seas feliz sin mi.

Consulté con bukowski, fonollosa y pepe ramos,
y me dijeron que resulta de lo más natural
rogarle a dios de los rencores
que todo te vaya fatal.

Pero como sabes,
no soy mala persona,
y por eso solo te puedo desear:

 Que todos los hombres que te ponen
se crucen de acera para siempre.

 Que dejes de gustarle a las mujeres.

 Y que se te aparezcan la virgen y rajoy
cada vez que estés a punto de correrte.

 Que tengas éxito, fama, fortuna,
y mucha, mucha, mucha soledad.

Que se te escapen el perro, el canario, y la tortuga.

Que tu vida sea una gran nave de Ikea
sin flechas que indiquen la salida.

Y que te pases los años que te quedan
comiendo  insípidas albóndigas suecas
sentada en un sillón de nombre impronunciable.

 Que se quede con tu cara el ministro de hacienda

Que te confundan en los aeropuertos
con la terrorista más buscada
(y por los estragos que causaste en mí,
estarían en lo cierto) .

 Que tu padre gane la lotería,
la primitiva, el euromillón,
y el cupón de la ONCE,
un día después
de desheredarte.

Que en todas tu ruletas salga el cero

Que te quiera  poquito y mal.
Que tus amantes batan
cualquier récord  mundial de velocidad.

Que todos tus hijos te salgan músicos,
actores, o poetas.

Que me sigas sintiendo dentro
en sueños.
Que me olvides para volverme a recordar.
Que imagines lo que pudo haber sido
y no será.
Que llames a mi timbre, arrepentida,
y te equivoques siempre de portal.

Que llames a mi timbre,arrepentida,
y te equivoques siempre de portal.

Que llames
a mi timbre,
arrepentida,
y te equivoques
siempre
de portal.

lunes, 26 de junio de 2017

Calvert Casey -En San Isidro

Calvert Casey, Baltimore, 12 de diciembre 1923 – Roma, 17 de mayo 1969 


En San Isidro

Aquí no llega nadie.
El olor a coito mustio y mercenario
es demasiado fuerte.
Al olor que dejaron al pasar por aquí
mil axilas esclavas,
traídas de Guinea en inmundas bodegas
y arrojadas sobre la Machina
o sobre el muelle de Luz,
vino a unirse el olor nauseabundo
que despedían los primeros chinos que trajeron engañados,
después del viaje de seis meses desde Yangtsé,
el olor a albahaca fresca de las primeras amancebadas,
el olor a agua de Florida
de los chulos franceses y cubanos,
el olor de las cebollas pudriéndose
en los almacenes de víveres,
el olor a desinfectantes ineficaces
y a preservativo usado,
los olores grasientos de las cocinas judías.
Y todos estos olores se unieron en un gran olor
a mango podrido,
a prostituta vieja,
a cistitis centenaria,
a flores blancas
y a muerto.
Y éste es el olor maravilloso
que exhala todo el barrio.
Debió nacer en el viejo sufridero de Paula.
Es un olor a infamia,
a pus y a vómito.
Quien no lo ha sentido no conoce
la medida de la inutilidad del dolor humano.
Son tres siglos de dolor,
Casi cuatro.




sábado, 24 de junio de 2017

Louis-Philippe Hébert -Mi alma

Louis-Philippe Hébert, Quebec, 20 de diciembre 1946
Traducción  Adrien Pellaum


Mi alma

Mi alma es un monstruo agazapado en el vientre de la noche
la oscuridad lo alimenta, a ese monstruo
y también es la oscuridad la que sale de él
está sentado, mi monstruo
sus rodillas son más oscuras que las horas de la media noche
juega con sus pies como un bebé
y duerme como un perro en su tapete

es un monstruo negro que grita
es un embudo
por el lado chico, está meando
por el otro, el lado ancho
se traga todo lo que se le va presentando
cuando tiene hambre tiene hambre cuando se le da la gana
reza
su rezo se alza en la noche
se eleva en la oscuridad
lo oigo, al embudo, y me estremezco

¡cállate, niñote oscuro!
es un niño
entiéndanme, es mío

sus brazos son enormes y cortos
y también sus patas
y cuando se levanta, anda a tientas
cae en la noche
cae en el fango

mi alma es un monstruo agazapado en los corredores de mi panza
busca una puerta, busca una salida
mas como estoy vivo
me sigue deseando
y se hunde en mi cuerpo
con la misma delicadeza con la que me deslizo en la cama

mi alma es un monstruo en la noche agazapado
mi casa es su casa
no hay de otra
puede dormir tranquilo
no lo despierta ningún ruido
soy yo el que tiene que cargarlo
en mí tiene que hacer su nido
poner sus huevos oscuros
su huevos llenos de efluvios
que infestan mi cuerpo de anciano

vamos, monstruo
pon tus huevos de desconsuelo
en mi cuerpo huidizo
monstruo oscuro
ponlos en mi cuerpo finito

mi alma es un monstruo agazapado en el fondo de la noche
para salir de ahí me comerá
mi monstruo me come
como el gusano come su fruta


jueves, 22 de junio de 2017

José María Fonollosa -Avenue of the Americas

José María Fonollosa, Casa Antúnez, 8 de gosto 1922 – Barcelona, 7 de octubre 1991


Avenue of the Americas

No estoy bien preparado todavía.
Educación, familia y religión
son unos callejones sin salida.
Cuesta un enorme esfuerzo escapar de ellos
para llegar al campo libre y fértil.


Más que el entrenamiento ha resultado
duro cambiar la piel a esa palabra
que justifica el acto, lo hace heroico
y hasta lo dignifica: Ejecución.
Tenía mal aspecto su semántica.


Pero también se vencen los vocablos.
Y hace unos cuantos días, en mi tierra,
sin mostrar emoción exteriormente,
he sido ejecutor de una sentencia.
La piedra en la cual he intervenido.


La insoportable espera, el riesgo, el álgido
momento en que aparece aquel que debe
de inmediato morir y no lo sabe,
no me causó ningún remordimiento.
Antes bien, al contrario, me ha gustado.


Que no estoy preparado eso demuestra.
Aún hay en mí reflejos de un pasado
en el que transgredir leyes y normas
resultaba excitante sexualmente.
He de reconocer que he eyaculado.

martes, 20 de junio de 2017

Aimé Cesaire -Las armas milagrosas

Aimé Cesaire, Martinica, 26 de junio 1913 – Martinica, 17 de abril 2008
Traducción José Luis Rivas


Las armas milagrosas

El violento machetazo del placer rojo en plena frente había
    sangre y ese árbol llamando flamboyán flamígero y al que
    nunca le queda tan bien ese nombre como en vísperas de
    ciclón y de ciudades saqueadas la nueva sangre la razón
    roja todas las palabras que en todas las lenguas significan
    morir de sed y sólo cuando el morir tenía el sabor del pan
    y de la tierra y la mar un sabor de antepasado y ese pájaro
    que me grita que no me rinda y la paciencia de los alaridos
    en cada recodo de mi lengua

(la arcada más bella y que es un chorro de sangre
la arcada más bella y que es una ojera lila
la arcada más bella y que se llama noche
y la belleza anarquista de tus brazos en cruz
y la belleza eucarística que llamea de tu sexo en cuyo nombre
    saludaba yo el embalse de mis labios violentos)

había la belleza de los minutos que son joyas con rebaja del
    bazar de la crueldad el sol de los minutos y su lindo hocico
    de lobo que el hambre saca del bosque la cruz roja de los
    minutos que son las murenas camino de los viveros y las
    estaciones y las fragilidades inmensas de la mar que es un
    pájaro loco clavado muerto sobre el portón de las tierras
    cocheras y había hasta el pavor tales como el relato de julio
    de los sapos de la esperanza y de la desesperanza limpios de
    astros por encima de las aguas allá donde la fusión de los
    días que garantiza el bórax justifica las veladoras gestantes
    las fornicaciones de la hierba que no hay que contemplar
    sin cautela las cópulas del agua reflejadas por el espejo de
    los magos los animales marinos para atrapar en la cuenca
    del placer de los asaltos de vocablos con todas las cañoneras  
    humeantes para festejar el nacimiento del heredero
    varón en instancia paralela con la aparición de las praderas
    siderales en la vertiente de la bolsa de los volcanes

escolopendra escolopendra
hasta el párpado de las dunas sobre las ciudades prohibidas
    azotadas por la cólera de Dios
escolopendra escolopendra
hasta el desastre crepitante y grave que arroja las ciudades
    enanas contra la cabeza de los caballos más fogosos cuando
    en plena arena levantan
su tenebrario sobre las fuerzas desconocidas del diluvio
escolopendra escolopendra
cresta cresta cimacio revienta olas en sable en caleta
    en aldea
dormido sobre sus piernas de pilotes y de safenas de agua
    cansada
en un momento se producirá la derrota de los silos olfateados
    de cerca
el azar rostro de pozo de condotiero ecuestre con charcos
    artesianos y las cucharillas de los senderos libertinos a
    modo de armadura
rostro de viento
rostro uterino y lémur con dedos ahuecados en las monedas
    y la nomenclatura química
y la carne invertirá sus grandes hojas de plátano que el viento
    de los tugurios fuera de las estrellas que señalan la marcha
    hacia atrás de las heridas de la noche hacia los desiertos de
    la infancia hará como si leyera
en un momento habrá sangre vertida donde las luciérnagas
tiran de las cadenillas de las lámparas eléctricas para la
    celebración de las compitales
y las chiquilladas del alfabeto de los espasmos que traza las
    grandes cornamentas de la herejía o de la connivencia
habrá el desprendimiento de los trasatlánticos del silencio
    que surcan
día y noche las cataratas de la catástrofe en torno a las sienes
    duchas en trashumaciones
y la mar retraerá sus minúsculos párpados de halcón y tú
    tratarás de asir el instante el gran feudatario recorrerá su
    feudo a la velocidad del oro fino del deseo por las rutas
    de neuronas observa bien si el pajarillo no ha tragado la
    estola de gran rey atónito en la sala pletórica de historias
    adorará sus manos pulquérrimas sus manos levantadas
    en el rincón del desastre entonces la mar calzará otra vez
    sus zapatillas acuérdate de cantar para no apagar la moral
    que es la moneda obsidional de las ciudades privadas de
    agua y de sueño entonces la mar se sentará a la mesa muy
    suavemente y los pájaros cantarán muy suavemente en las
    básculas de la sal la canción de cuna congoleña que la
    soldadesca me ha hecho olvidar pero que la mar muy piadosa
    de las cajas craneanas conserva en sus folios rituales

escolopendra escolopendra

hasta que las correrías a caballo anden de juerga por los
    prados salinos de abismos con el murmullo humano rico
    de prehistoria en los oídos

escolopendra escolopendra

mientras no alcancemos la piedra sin dialecto la hoja sin
    torreón el agua frágil sin fémur el peritoneo seroso de las
    noches del manantial

domingo, 18 de junio de 2017

Enrique Bossero -Ahora que Anita Ekberg está en un geriátrico de Roma

Enrique Bossero, Bs As, 25 de enero 1930 – CABA, 31 de diciembre 2014


Ahora que Anita Ekberg está en un geriátrico de Roma

sin poder bañarse en la Fontana de Trevi
apenas en una bañera instalada al final del pasillo
a la derecha
uno reflexiona que
lo peor de la vida no es su traza inevitable
entre rutas zigzagueantes que conducen siempre a
los tristes jardines
no sabemos si perdurables
lo peor de la vida es esa ironía que despliega toda vez que
esgrime la burla
para socavar nuestra inocencia
nunca perdida a pesar de las flacas convicciones
ironías de tono menor en apariencia
devastadoras de otros momentos de gloria
también existentes
aunque olvidados.
No se puede repetir todos los días las mismas cosas
agitar los mismos gestos entre
ancianos lamentos descoloridos
si no fuera por esta realidad en apariencia
frívola
de la vida mofándose de la vida
tentadora de gruesas carcajadas o agudas impertinencias
dictadas hoy
justamente hoy
cuando Anita Ekberg reside en un geriátrico de la Ciudad Eterna
sin poder bañarse en la fuente de las tres vías
apenas en una bañera enlozada al final del pasillo
a la derecha
eso sí
los martes a las once de la mañana
los viernes a las cinco de la tarde
siempre que no sea feriado
siempre que las chicas no estén ocupadas o no estén
como casi siempre están
de mal humor.



viernes, 16 de junio de 2017

Arturo Desimone -Cartas a Karl Marx

Arturo Desimone, Aruba, 18 de septiembre 1984 
Traducción Diego Alfaro Palma


Cartas a Karl Marx


Carta a Marx uno

Marx no te escribo
como Roque Dalton pudo,
llamándote un poeta
por tus asexuadas neoplatónicas baladas
dedicadas a Jenny von Westphalen
Roque al menos era un poeta
que escribió sobre tu gusto
por los brazos rechonchos y las tetas de Jenny

(Por las lecherías de Renania donde el fantasma
del primer atacante a la ética del trabajo como el tú flojo leyendo
Schlegel junto al río

donde los señores feudales aplastaron
los levantamientos campesinos de los primeros
revolucionarios protestantes, traicionados por Lutero
tu laúd no los vengó a ellos tampoco, eran campesinos
no trabajadores industriales
Te viste a ti mismo en el río, la barba aún no tan larga,
no viste la calavera al fondo
en la que la serpiente de agua habitaba)

Roque conocía algo de la carnalidad divina y esplendida
como Rubén Darío, quien no nació tan lejos
de donde Roque fue ejecutado
por sus propios camaradas de armas.
Desearía que hubieras mencionado a la sirvienta
en la bodega pagada por el padre de Friedrich Engels
el apareamiento contrae una especie de dialéctica —
para mí la fertilidad no es puramente material.


Carta a Marx dos

Karl, comenzaste tu último trabajo sobre la estética,
prometiste en tus cartas “que sería lo mejor de todo”
a Engels le dijiste “no has visto nada aún” pero moriste
por la bebida, la sirvienta, cigarrillos luego del primer párrafo.
Brecht lo interpretó para ti, en su especial
y pragmática forma alemana,
Nunca escribir con el estomago vacio,
Comúnmente me levanto y escribo poemas
por la mañana mientras siento hambre.
alternando perder la semilla
y la vitalidad de los fantásticos amantes que vi en las vacaciones en Polonia
después de eso termino este poema,
o me arriesgo a seguirlo, estoy lejos de la panadería
para comprar el almuerzo-
un deslenguado e irracional eslavo soy, olvido comprar pan, los problemas prácticos son Hidras,
no resuelvo el problema hasta
que Marx me diga que necesito ser racional, la revolución de los esclavos no tiene magia o sinos

o cualquier tipo de fantasía científica catalogada por Dvorak.


Carta a Marx tres pidiendo una respuesta sobre su poesía

Marx
Vuelvo de mi almuerzo con estas preguntas, estoy releyendo contra estos
poemas para Jenny que me enviaste pidiendo mi opinión,
perdóname por el lápiz rojo.

alguna vez aprendiste
“Miel et Lac Sub Lingua Tua”

Primer verso en latín de Darío, a los 3 años –
No puede ser hallado en Cicerón,
Es incluso anterior
Los proletarios romanos susurraban estas líneas
en oscuras chozas de barro, no temiendo que las moscas vengan
comiendo las bocas melosas de los hambrientos

Incluso la plebe les quitó la mirada, prohibió sus pies
de ser lavados en las fuentes
fueron capturados como esclavos, en un sueño mis ancestros
de las islas de Sicilia, Tracia
desde los ilimitados bosques de Polonia.

Pero “que pasaría si” la historia es Imaginación burguesa
y yo soy un Hombre de mis Tiempos.


Carta a Marx cuatro

Karl, me pregunto por lo que ahora ves
desde tu bodega de vinos que cruza
el océano del mas allá,
vuelves a este mundo, tratando
lanzar páginas de tu prometida nunca entregada Estética
a las oscuras olas, esperando al viento
al pez que coma las diatribas para traerlas de vuelta,
El último Prometeo que escribió tontas baladas a Jenny,
y que leía Goethe a sus hijas, y los Amores
de Ovidio a su criada, en la bodega de vinos pagada por el padre de Engels

Karl,
descubridor de la importancia de lo material,
me preguntaste cuándo comenzaré el infierno también
quiero lanzar estrellas y columnas shir-ha-shrim al suelo
y crecer, convertirme en un ser humano,
a ratos parezco un animal simbólico,
más inútil a la revolución.

Pero te necesitábamos
a ti
necesitábamos la lámpara para dar vida con un alma al barco de acero de Espartaco
nos diste estúpidos remadores,
tu estética podría haber sorprendido y prevenido:
el pragmatismo de Brecht que interrumpió cualquier de diálogo
con alguna oda a la economía, al materialismo, las cosechas, al proletariado,
y su cansadora oda a la flacidez ruidosa de la vagina de una vieja prostituta
la estética del cavar anterior al espíritu, las rupturas, la perdida de aire

deberías haber prevenido las revoluciones culturales,
deberías haber prevenido la fantasía posterior a la Guerra Fría de hoy
más vampírica que cualquier parasitismo capitalista
el Arte es una Democracia, Annus Domini

Poetas actúan de “obreros intelectuales”
La alemana Geistelijck, relacionada a la psique y a los fantasmas,
inferior al arduo laburo de trabajadores y supervisores,
Craft (del Al, Kraft.)
gracias por esto,
¿Te explicaste a ti mismo?, ¿podría Brodsky haber sido juzgado
por parasitismo? –
El no fetichizó los grados ni el contrato
su único empleador: un misterioso dios anterior a Jesús,
Hijos de judíos errantes ocultaron sus ídolos a dioses como playboys
de la mirada fulminante de las letras en la columna,
El alfabeto semita del rechazo, si me quedo contigo, déjame ser por fuera
un viejo eslavo.

Tal vez el joven Marx hubiera castigado a Brodsky
ante el Tribunal,
tal vez diciendo por él que dios es solo la falsa conciencia del lumpen
metáfora ceniza de
Padre Trabajador,
Pador,
apareándose con Madre Naturaleza,
Maza
en la gran bodega de vinos en la cual la tierra está suspendida
habrás contado en la corte
la historia del cruce de Maza y Pador
como los egipcios Nut y Geb, con el enorme pene verde y las estrellas
lo habrías defendido, como tu hermano parasito,
nunca tuviste un trabajo, pero te pegó – Brodsky nunca fue a la secundaria.
Y yo tampoco.







círculodepoesia.com

miércoles, 14 de junio de 2017

Julián Axat -La física de las arañas

Julián Axat, La Plata, 3 de agosto 1976


La física de las arañas
     ( reescrituras de Lucrecio)


“Aunque la sabiduría de mis labios te ha explicado verdades infinitas, otras muchas me faltan todavía, y tengo yo además que engalanarlas con lindos versos; explicarte los diversos fenómenos del cielo: cantaremos también las tempestades, y las causas y efectos de los rayos, las nubes, los cuerpos celestes, pues todos son efectos naturales que atribuyen los hombres a los dioses, porque no pueden penetrar en las causas”. 
                                                                                            Lucrecio (De rerum natura. Libro IV)


10
las voces. murmullos de insecto que no llegan al oído mueren desvanecidos por los aires, continuando su marcha; o estrellados en algún cuerpo sólido, el sonido repiten rechazadas y muchas veces engañan reflejando la palabra, así como la imagen del espejo multiplica la presencia de la araña dejando imperceptible un rasgo que no copia.


20
 la naturaleza de la araña. este fuego voraz formado de intentos de otros fuegos más vivos y sutiles: ninguna cosa puede resistírsele; por medio de la cueva pasa el rayo con tanta valentía y ligereza como el grito y la voz irrumpen el vacío de la tela frágilmente suspendida desde el techo.


30
el rayo en la madriguera y el clivaje en la copa. destello que atraviesa las peñas y metales; cobre y oro derrite en un momento al arácnido perplejo de terciopelo, y de repente disipa el veneno sin lesión a la copa servida, que hasta hoy sigue intacta.


40
la tela. nace cuando ella empieza a mirar y queda atrapada en el hilo fluido de seda que gira el universo en una delicada película de azares brillantes, el aleteo de una mariposa que se queda pegada y en su último suspiro sopla un viento y declina la tanza que agita los mares y silencia los pájaros.


50
los torbellinos de la araña. en el aire, las turbulencias marítimas, son simples desviaciones en el equilibrio de Afrodita, que nacen de la espuma de las volutas líquidas que juegan y se entretienen de acuerdo a la voluptuosidad incitadora de los cuerpos que se atraen y se afectan.


60
el universo. no hay juego más divertido que ver como dos arañas se pelean y los efectos imperceptibles que van dejando a su lado resultan el típico movimiento de la materia que explica el total funcionamiento del universo.


70
la música. la composición de su cuerpo es luz, calor, natura vista, tocada, sentida en clinamen, llena de emanaciones, efluvio de fragancias y rumores, de amargores, y sabores, cuerpos de seis patas conjuntivos, que se deshacen si falta vino y sueño, pasiones alegres, meteoros y otras formas simulacros de la aventura que se baten y suspenden en el aire. ellas están ahí, solo hay que saber captarlas.


80
origen y fin lenguaje arácnido. enseña a las arañas la naturaleza y las turbas de la lengua, la necesidad o inflexión de nombrar el río en que flotan o pueden ahogarse, pues la sombra de la araña está en cada pupila de sus tantos ojos sin pelos, luciérnaga o chispa alada, en una rama prisma que crepita y es nombrada en otro telar de su infancia.


90
 torbellino. caudal irreversible de araña madre que las cría, direccional al mandato de la comunidad de los astros que las domina insectos. y ellas que gustan frente a esa represa en el río para inventar nuevos lenguajes y telares. archipiélagos liberadores o necesarios donde finalmente pueden tejer y descansar en paz.


100
torbellino. al escupir el piso encuentra la araña informe o nebulosa desparramada. Bataille me comenta que se trata de ponerle un traje a lo que no existe, un traja matemático. eso significa entonces que el universo es algo así como una araña  o un escupitajo.


110
tejiendo nubes. escupe un suave hilo y ella de tacones altos haciendo equilibrio con un sombrero granate, que según dice, hace conspirar a los átomos a favor suyo, y colaboran para mantenerla erguida en su conjuro y que nadie de los presentes aplauda cuando estalle en el piso.


120
vestido tejido durante la noche para usar como respirador artificial. crochet de hilo para alejar el marasmo y así evitar todo resabio de  pasiones tristes. araña y sosías de araña, incansable constructora del recipiente o declive (cuenco de plata) para que la energía celeste irrumpa en un punto y el torbellino del universo conspire a su favor.


130
la metamorfosis. los desvíos del equilibrio natural se presentan como pequeños accidentes en la seda que impiden captar la crisálida monstruosa que se gesta lentamente en silencio.


140
una sinarquía de varias patas conspira en el nombre de los cuerpos, deja atrás -para siempre- otros personajes: cucarachas, asnos y perros. hasta el momento se ha dicho que el hombre es la más ridícula de las transformaciones.  


150
la tensión se desenvuelve en el hocico de la araña, pensamiento que se dirige fuera de sí, que lleva en su matriz vibraciones o alboroto en el nervio de su idea, sobre su torso batalla oral, inquietud de no ceder ante los ovillos que se forman hacia adentro.


160
se produce lluvia porque las nubes se nutren del agua que la fricción da calor a la araña sobre su presa, bicho más pequeño, acumulación de ríos, flujo a su boca, arco iris, pasión, elementos que reciclan una esperanza de mañana.


170
mañana la araña se secará por ausencia de lluvia. ausencia de presa.


180
en cuanto a los terremotos, vienen del hueco, cavernas en el pecho de la araña. madriguera deja ver fuego, hielo allí donde no hay intenciones de encontrar un poro para salir a la superficie.


190
cómo sublimar tanto veneno en otra agua que sin lastimar otro insecto permita el encuentro. tal es la naturaleza posible de la araña.


200
siempre existirá el riesgo de morderse a sí misma (beber su propio veneno) y que nunca haya encontrado el lugar, árbol o pared de piedra, donde sentirse a gusto, donde hallar el poro para fecundarse a sí misma.


210
las peores catástrofes, la caída del cielo, está relacionado con morir y no haber tenido tiempo de desarrollar la suprema virtud, el talento que se vislumbraba en sus átomos (todos lo veían) cuando se arrastraba.

lunes, 12 de junio de 2017

Harry Clifton -Los orígenes del tango

Harry Clifton, Dublín, 10 de julio 1952
Versión Gerardo Gambolini


Los orígenes del tango

Me obsequiaba con su vino tánico, champagne
que envejece amargamente, mientras de un clavicordio
tronaban tangos, y la lluvia de enero
golpeaba desde la costa atlántica cubierta,
al oeste de Bordeaux. Altos ventanales —
siglo dieciocho. Me observaba, sin hablar,
mientras estaba sentado a su mesa, bajo la palma artificial,
donde otros se habían sentado antes que yo,
porque era una mujer de cuarenta largos

jugando sus comodines. “Extraño, pero murió de SIDA”,
dijo de aquel clavicordista exaltado,
y pensé en los argelinos, y los hetero brutales
apagando cigarrillos detrás de la plaza Saint Pierre,
las transas clandestinas, el aburrimiento de los días de licencia en tierra.
“Borges odiaba el tango — trop vulgaire,
le sexe, la nostalgie, la vie des immigrés”,
siguió diciendo. Nada de eso me importaba:
lo único que yo veía era un vasto espacio hispánico,

vidas anteriores, la oscuridad de los orígenes
agolpándose en mí, hace muchísimo tiempo.
“Esta noche me emborracho bien”,
cantaba alguien. Viejos como el pecado original
flotaban Laura Montserrat, María la Vasca —
arquetipos femeninos. Palafreneros, mulateros,
abuelo emigrado de Europa, todavía un empleado
al final del siglo, arriados como ganado
por las academias de baile, detrás del matadero

de Buenos Aires. “Una calle en Barracas al Sur,
una noche de verano...”, cantaba otra persona,
y yo escuché, finalmente, el ruido de los postigos
a la hora de la concepción. La sangre mulata
corría por mis venas como la fiebre amarilla —
¿Lo notaría siquiera? El sur, el oeste,
el frío alto de los Andes, blanco como el pecho de una madre
al que nunca me acerqué... Tiempo desvanecido recuperado —
Se llamó a sí misma Nueva España, América del Sur.

“Escucha esto —Les Blason du Corps Féminin”
leyó de sus Pléiades del siglo dieciséis
en un volumen encuadernado en oro. “¡Escucha! — petit connin
plus riche que les toisons du Colchos...” ¡El vellocino de Jasón
estaba sentado aquí delante de mí! Aquí habíamos fondeado
esa misma tarde, a la luz amarilla de una tormenta
que ennegrecía el horizonte burgués de Bordeaux
con expectativas, cosquilleos eléctricos —
Aquí, donde tantos se habían ido a probar suerte

había finales, principios. ¡Casas viejas! ¿Quiénes eran
las mujeres traicionadas por Europa, que se miraban
en espejos tremendos, tocándose las primeras canas?
Me incliné y tomé sus manos entre las mías
y rogué a Mascarpillo, El Cachafaz,
en el extremo oscuro del linaje transatlántico —
compadritos, lustrabotas espectrales
que escalaron posición, al compás de un clavicordio y vino blanco,
haciendo girar a sus mujeres en redondo, contra el reloj.



sábado, 10 de junio de 2017

Laura Forchetti -21

Laura Forchetti, Bs As, 18 de septiembre 1964


21

señalo alguna cosa
salimos del camino
para verlo

justo antes de la noche
en la orden de reunirse
garzas blancas sobre las ramas
de un árbol oscuro
a orillas del río
veinte o treinta
dispuestas como magnolias

por momentos algo las agita
se desordenan
un barullo
después mansas a esperar
la oscuridad

de este lado del río
la luna
se dobla
un pétalo
un perfume

pablo y las nenas de marta
hacen silencio
se les enfrían las caritas
con el último aire de la tarde

mañana vamos a dibujarlo
el árbol de las garzas
en mitad del otoño

las ramas vacías
se encienden como lámparas
preparando el sueño

observamos desde la otra orilla

el agua se torna más brillante
cuando baja el sol
hace un espejo

nunca vimos tantas
en cuclillas
la frente lastimada
entre las plantas bajas
un escondite

no volver a casa
mirarlas para siempre
encender un fuego
sobre la tierra
las rodillas mojadas

contarnos secretos
como las garzas

que ahora empiezan a hablar
mueven lento las cabezas
se hamacan
con la vista
buscan la luna

que ha quedado a medio camino
casi transparente
sobre el agua.

jueves, 8 de junio de 2017

Yusef Komunyakaa -Las cartas de amor de mi padre

Yusef Komunyakaa, Luisiana, EEUU, 29 de abril 1947
Versión Gerardo Gambolini


Las cartas de amor de mi padre

Los viernes abría una lata de Jax
al volver de la fábrica,
& me pedía que le escribiera una carta para mi madre
que enviaba postales de flores del desierto
más altas que hombres. Él rogaba,
prometiendo no volver a golpearla
nunca más. A mí me alegraba en cierto modo
que ella se hubiera ido, & a veces quería
incluir un recordatorio: que la “Polka Dots & Moonbeans”
de Mary Lou Williams
jamás deshinchó los moretones.
Su delantal de carpintero siempre lleno
de clavos viejos, un martillo de orejas
colgando al costado & cables de extensión
enroscados en los pies.
Las palabras salían de debajo
de la presión de mi bolígrafo: Amor,
Cariño, Nena, Por favor.
Nos sentábamos en la silenciosa brutalidad
de voltímetros & terrajas,
perdidos entre las frases...
El reflejo de una cuña de cinco libras
en el suelo de cemento
arrastraba un crepúsculo hacia adentro
por la puerta del cobertizo.
Yo me preguntaba si ella se reía
& las sostenía sobre una hornalla.
Mi padre sólo sabía escribir
su nombre, pero podía mirar los planos
& decir cuántos ladrillos
llevaba cada pared. Ese hombre,
que robaba rosas & jacintos
para su jardín, se paraba ahí
con los ojos cerrados & los puños ovillados,
escribiendo con trabajo una sola palabra,
casi redimido por lo que trataba de decir.


martes, 6 de junio de 2017

Eduardo Dalter -Destinos

Eduardo Dalter, Buenos Aires, 6 de febrero 1947 


Destinos 
(Casi una poética) 
                                                                      Tu destino te sorprenderá
                                                                      cada momento
                                                                                       William Blake

Desde qué orilla abrir, cerrar
        los ojos;
desde cuál punto de qué orilla.
        Cada orilla,
cada punto de orilla adelanta,
        en su cielo
y horizonte, una respuesta
        diferente
que supone cada palabra que
        se imagine
o que se diga. Todo camino
        comienza
a abrirse según donde decida
        afirmar
uno los pies y hacia dónde
        apunte
uno su historia y su mirada.
        Uno eligió
–o eligió por uno el fuerte
        viento–
cada segundo, cada
        rumbo,
cada sendero ahondado o
        vasto
y nada puede salvarse en
        un cruce
ni en un momento solo que
        se abra.
La suerte, o mala suerte,
        siempre
estuvo despierta y estuvo
        echada
como una apacible leona
        al pie del árbol.

domingo, 4 de junio de 2017

Alan Dugan -Recuerdos borrachos de Anne Sexton

Alan Dugan, Brooklyn, 12 de febrero 1923 – Massachusetts, 3 de septiembre 2003
Versión Gerardo Gambolini


Recuerdos borrachos de Anne Sexton

La primera y última vez que vi
a mi ex amante Anne Sexton fue en
una lectura de poesía en protesta contra
alguna guerra inconstitucional en Asia
cuando un académico hijo de puta,
para poner a prueba su fama de borracha
le dio un vaso de cerveza lleno de vino
después de que leímos. Ella se lo bebió
entero, mirándome directo
a los ojos y luego dijo
“No me importa lo que creas,
¿sabes?” como si yo fuera
su ex ¿qué? ¿marido, amante,
qué? Y justo cuando yo
iba a decirle que la amaba, fui, oh,
fui interrumpido por mi bello enemigo
Galway Kinnell, quien le dijo
“Tal como me dijeron, tus ojos,
tienes uno azul y uno verde”
Y ahí estaban, los dos
bellos poetas, mirándose
uno al otro a sus bellos ojos
mientras yo bebía la borra de su vino.



viernes, 2 de junio de 2017

Daniel Samoilovich -Pero es que no se trata ¿no?

Daniel Samoilovich, Bueno Aires, 5 de julio 1949


Pero es que no se trata ¿no?

ni de berdad ni de belieza, ¿no?
sino de seiscientas, setecientas tortugas
de una vez, doscientas
en un solo día.
O sea, un animal enorme, ¿no?,
algo que pesa bastante, más de doscientos
kilos, y a su vez doscientas
en un solo día: arreadas a bordo por
planchones de madera o hombreadas
entre dos o tres, en redes. Vivas, a fin
de que vivan, les damos pasto
de comer y cada día
de los doscientos que siguieron
apaleamos una y la comemos.
Rompiendo antes la caparazón: obvio.
Un animal extremadamente lento, pero apto
para la supervivencia.
Hasta que llegamos nosotros:
      dispuestos a acarrear
doscientas en un solo día.
La caparazón se dispone en hexágonos y cada
hexágono ajusta con los otros, con pentágonos
no hubieran podido, cómo
y cuándo aprendieron geometría.
El caso es que nos llevamos doscientas
en un solo día, escandalosamente fáciles
de cazar, no tenían previsto, se ve, nuestra visita,
tenían hexágonos, tenían su técnica
lento acorazada de vivir, o sea:
Me como el pasto que no se mueve, dado lo cual,
maldita la falta que me hace
andar saltando como una liebre,
y si algo me ataca me meto
para adentro, me duermo una siesta
de dos o tres siglos mientras
el otro se aburre y se va:
por pico duro que tenga los dientes se le van a quebrar
contra este carapacho, y peso lo suficiente
como para que no pueda ni pensar en levantarme
y romperme dejándome caer
desde quinientos metros: que pruebe el plumífero
levantar vuelo conmigo entre sus garras, si
lo que es menos probable todavía,
encontrara de dónde agarrarme. ¿Se entiende?
Peso y falta de ángulos, dureza y retracti
bilidad. Pero
(y "pero" es el verdugo de todo lo que amamos)
¿quién se iba a imaginar la llegada de estos
cretinos implumes, con dedos articulados, el pulgar oponible, etc. ?
No todo
puede preverse en esta vida, el caso
es que nos divertimos bastante sobre esta planeta
en esta pedaza del planeta hasta
que, etc., etc., etc.
En cualquier caso, admitirán que no se trata
de belieza, el estilo que habíamos
elegido era bastante belio, lo hacíamos con bastante
gracia, por lo menos nos parecíamos
graciosas a mismas nosotras y pulvus
nos echábamos que durraban semanas: ni belieza
ni éxtasis faltábannos. Oh, mis amigos, habláis de rrimas
pero no olvidéis que es la cruda
intemperrie el problema: un carrapacho
de acerro hubiéramos debido
      tener para defendernos en forma adecuada
de la intemperie cuando adoptó la forma
de estos duros cretinos:
pero hubiera
sido técnicamente imposible: necesitábamos algo
que pudiera crecer, me refiero
a que el carapacho tenía que empezar siendo
más bien chico, caso contrario
hubiéramos debido nacer enormes, lo cual
plantea nuevas dificultades técnicas,
(estas sí, insalvables): en suma, nuestro talón
aquilino teníamos y he aquí que:
uno, vino a saberse que era necesario
que lo tuviéramos, dos,
duramos hasta que unos cretinos
lo descubrieron. A fin de
comernos; esa es otra; hubiera sido
harto prudente saber a mierda
a fin de que los implumes no tuvieran deseo
de comernos, lo que no entiendo
es cómo se les cruzó por la cabeza
que podríamos, que podrían: es que lo prueban
todo, el agua del pericardio ¡el agua
del pericardio!, auténticos
carniceros buscando como perros
hambrisedientos qué mierda comer.
Gustarles, ese fue el problema,
aparecer ante los ávidos ojuelos
del bípedo como apetecible
menú. ¿Por qué
no se comen entre ellos? Me temo
que también, que incluso. ¿Y no sería posible
ser nomás una idea, algo
indiges-incorrup?
No está mal. No una tortuga ser, sino la mera idea
de una tortuga, ahí sí, ahí seguro
que no se tomaban el trabajo de comernos, oh, sí, mucho
mejor todavía que saber a mierda. O sea: volverse
más fáciles de transportar pero en el mismo grado
y por lo mismo, menos interesantes. No saber
a nada, impalpa-insonda-
bles ser: inodor, incolor, insipid
as, imposibl, impensabl, impasibl
es ser. Con lo que llegamos entonces a
nuestro error capital, inicial:
la tangibili- la palpabili- la inteligibili
dad. El peso, que fue nuestro ingenuo remedio
      contra la pájarocaptura, transformóse
en nuestro problema a la hora de la
implucaptura. Ironía, etcétera.
En todo caso no vengan ahora
con la belieza, con
el amanecer en las islas remotas, la línea
roja del sol sobre
conos de volcanes apagados.