domingo, 22 de enero de 2017

Susana Villalba -Taxi Boy

Susana Villalba, Bs As, 12 de abril 1957 


Taxi Boy

Preferís la clásica
Red Ryder, es necesario
que no queden restos,
que el disparo suene
a la palabra Winchester,
con eco en una piedra.
O a Chinatown, el opio
de soltar el arma
como si el muerto fuese quien gatilla
contra su último objetivo.
No es la muerte necesaria
sino el disparo,
ahora lo sabés.
Y no es el caso
un francotirador
sino el que sale a disparar
o entra en un bar
quitando la espoleta a una granada.
Lo que concluye con puntos suspensivos,
ahora sospechás, tuvo otra trama,
ese silencio
presagia una verdad como zarpazo,
la historia que creíste
se defiende
como un animal contra una sombra.
El taxi-boy asesino,
quien creía desear es finalmente
presa
de quien tampoco sabe
a quién quería matar
hasta que lo reclaman.
Lo que elegís es un arma,
Al menos la Ryder tiene algo
de vaquero,
diseño personal con arabescos
en la culata de madera.
Quisieras una mira
para matar lo que no existe
o no sabés qué es
que te mantiene todavía a la espera
de un roce entre las hojas
de tu libro
abandonado.
Perdiste el hilo,
estás mirando por la ventana,
llueve ahora
como debiera llover en una selva,
desde un piso no ves sino que cae
la lluvia y en esa condición
irreparable de caer
existe.
Caer en amor,
quién habrá traducido esa novela,
aquí es como enredarse
o empaparse.
Qué haría un animal
cercado por el agua.
O por el fuego.
Quizá lo hará salir la lluvia,
debajo de una piedra se hace el muerto
como engaña la tortuga
a presa y cazadores por igual
y ya no sabe distinguir
la muerte verdadera.
Pero perdiste el hilo,
estabas leyendo ese catálogo
y habías elegido la Red, precisamente
para una muerte distinguida
desde lejos,
desde el momento de apoyarla
en tu hombro y ya ese acto
tiene la contundencia de palabras
como shot.
Chau
debiste despedirte,
después lo encontrás en una fiesta,
como en el libro, decís
“Ciao, cómo va todo, caro”,
el personaje sufre
un ataque de risa, se cae,
somos tan torpes,
cómo va todo.
Todo no sabés,
disparar por ejemplo
un rifle te hizo caer
y el partido te dio una Beretta,
nunca se sabe y no la quisiste,
además no entendiste que era en serio.
Te gusta la Red porque es atemporal,
el modus operandi determina la víctima.
O el Red,
rifle, escopeta, no sabés
si es una diferencia de palabras,
como todo.
Red Hot, Roy Ryder,
suena a comedia justiciera,
Annie Oakley, como vos,
una chica que toma las riendas
de la nada
en medio de un desierto
de maqueta.
Perdiste el hilo otra vez.
Perdiste el momento del disparo
como el viejo cazador
que vive relatando cuando hubiese
el asta más hermosa;
no quería cazar sino contar la historia
puliendo las palabras cada vez
como quien saca brillo a un Winchester.
Perdiste el tiempo,
tenías que salir aunque lloviera
pero volvés a la novela,
al catálogo,
a mirar por la ventana.
No apuntás a matar
sino a encontrarte con sus ojos.
Una mirada que se fuga
te vuelve un animal desconocido.
Perdiste el hilo de tu historia
y creés disparar
es retomarla.
Pero no importa lo ocurrido
sino lo que relates.