martes, 18 de julio de 2017

Alessandro Canzian -Olga

Alessandro Canzian, Pordenone, Italia, 18 de febrero 1977
Traducción Antonio Nazzaro


Olga

La muchacha de nombre Olga
es una muchacha que no conozco
ni nunca me enamoré de ella.
Pero si me la imagino la pienso
con la piel blanca como los cabellos
de mí padre, y el seno grande
-pero la memoria no deja ver-
y con el útero profundo
como la oscuridad dentro de un hombre.

La muchacha de nombre Olga
camina cada noche a mi puerta.
A medianoche, once y algo,
con los tacones bien pisados
para hacerse recordar. Sé que alguien
se ha quejado. Luego la otra
noche la oí gritar
colgada a las manos de su pareja.

Ayer se llamaba Olga, mañana, Carla.
Su nombre no tiene importancia
en el trascurso del cuento. Su
dolor es igual a su placer, Olga
sabe que el bien y el mal son pares
más allá de tapetito que divide desde el exterior
el tejido suave de la vida.
Se ruega de tocar para entrar.

La muchacha Olga es una muchacha
que viste siempre con mucha cura,
refinada, hasta en las fisuras.
Habla correctamente cuatro idiomas
o cinco, nunca la escuché.
Viaja a menudo por trabajo.
Es desde las crujías del muro
que conozco su fe, nocturna,
cuando ruega a Dios con las rodillas.

La muchacha Olga me la imagino
el lunes con un vestido amplio,
coloreado, muy llamativo.
El martes con algo más adherente
a su piel, y así siguiendo
adelante en el vacío de la semana
cada vez más fajada a sus piernas.
Los cabellos recogidos, porque le caen.

La muchacha de nombre Olga
se corta las uñas cada martes
por la mañana, casi fuera un rito,
una cosa importante para el mundo.
Y tiene una mano entre las piernas
para respirar el aliento de Dios
cada vez que se duerme.
La muchacha de nombre Olga
está enamorada de forma abominable.