miércoles, 20 de diciembre de 2017

William Shakespeare -El fénix y la tórtola

William Shakespeare, Stratford, 26 de abril 1564 – Stratford, 23 de abril 1616
Traducción Lucas Margarit


El fénix y la tórtola

Que el pájaro que cante más alto,
Sobre el solitario árbol de Arabia
Sea el heraldo triste y su trompeta
A cuyo sonido las castas alas obedezcan.

Pero tú, mensajero bullicioso,
Vil procurador del demonio,
Y augur del final de la fiebre,
No te acerques a esta bandada.

Que esta sesión quede vedada
A las aves de alas tiránicas,
Excepto al águila, rey de plumas:
Que protege estrictamente las exequias.

Que el clérigo de blanca sobrepelliz
Quien entone la música fúnebre
Sea el cisne, adivino de la muerte,
Para que así esté presente el réquiem.

Y tú, cuervo de gorgeos agudos
Que creaste castas oscuras
Con el aliento que has dado y tomado,
Irás entre nuestros dolientes en luto.

He aquí el himno que comienza:
Amor y constancia han muerto
Fénix y tórtola volaron
Desde aquí en una llama mutua.

Tanto se amaron, que en el amor de dos
fueron en esencia uno,
Dos seres distintos e indivisos:
Cifra sacrificada por el amor.

Corazones distanciados, no separados;
Era visto a distancia, no el espacio
Y entre la tórtola y su reina,
sucedían maravillas.

El amor entre ellos brillaba tanto
Que la tórtola veía su flanco derecho
Flamear en la mirada atenta del Fénix,
Lo de uno era propio del otro.

Así, la pertenencia era apremiada
pues uno no era el mismo:
nombre doble para una única naturaleza,
no eran llamados ni dos ni uno.

La Razón confundida
Veía que lo dividido crecía unido,
para sí mismos y para ninguno de los dos,
Lo simple era también complejo.

Entonces clamó: “De verdad, ¡este dúo
Parece una sola concordancia!
El amor tiene razón y no tiene razón
Si las partes pueden persistir así.

Con lo cual compuso este treno
Al fénix y a la paloma,
Compañeros supremos y estrellas del amor
Que, como un coro, van hacia una trágica escena.


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