miércoles, 24 de enero de 2018

Jaime Lepé -Alicia ya no vive aquí

Jaime Lepé, Santiago de Chile, 2 de marzo 1958 


Alicia ya no vive aquí
                                                                         a Pedro Lemebel y Andrés Paves

Los dos hablaban ronco.
Ninguno decía yes
pero la francesa la manejaban a pedir de lengua
Sanguijuelas
Hirudo medicinalis sobre carne viva
Boas constrictoras laburando.

En sus últimos días
se adueñaron de mi ex barrio
desde que la Ley Pinochet
me expatriara Ande arriba
con un pasaporte falso
del tal Sísifo el sifilítico
partí al destierro
implosionado de mitos liscérgicos
y mis preciosas piedras de contrabando

Dos que traigo de muy atrás
sobrevivientes del diluvio universal
previo al casting de esclavas sexuales
en galeras atlantes o lemures.
Nos perdimos entre la noche y el pleamar
les volví a reunir
resucitadas bajo el cielo plenilunado
entre las liosas manos de abuela Wasca
Aya aya llalla yay yay
la luz de agua como huasquea!!
a guascazo limpio a veces ama abuelita Ayahuasca.

Aún me sorprendo telefoneándoles, yendo hacia sus casas. Ahí en mi calle con olor a novela, justo frente a la cómoda de mi nana Alicia, desde donde a mediados de los 60´s una amiga de mi madre y su hija robaron una muñeca que la miraba en El Corcovado cuando mamá compró, una negra vestida de rica que al darle vuelta su pollera, cabeza abajo sonreía una negra pobre
Negra rica. Negra pobre

Mariquita linda adiós marrón glasé
Mariquitas bien feas salseadas de marismas a la marinera

_La pobre es más rica, decían al verla
_Pero la rica fue pobre, replicaban al pasar
_Y alguna vez algo más rica y menos jalera,
cuchichean aún las maracas igualadas por la derecha.

Las dos hicieron la yeca
una tenía 4 casas
mientras a la otra
muerta de viva
fueron a lanzarla de contrabando en un país fronterizo justo a ella la hoyuda nadie le ayuda con el hoyo a yacer oye.

Ágramáticas a la dramática neoliberal
vistieron en sus destinos las asimetrías
de su despiadado país.
Entre el menos aquí y el más allá
la desnuda atascó con su cuerpo
con el cajón
con la carroza
el tránsito encrucijó con puro poder mental
obsesionada de no quedar sola en un nicho
que al expirar
inmediatamente se enteró que era a medida para un talle muy menor que lo suyo
Insultó
Rezó hechizos mastanahuas
Apostó hasta el último rictus
en desesperado intento de cerrar las rejas del infierno y el cielo
Para que el cortejo fúnebre nunca llegara a destino.

La otra,
varios días después
ya viva de puro muerta
en un estilo similar a su prima la finada
se negaba a entrar al cajón
como perra fruncida que la echan a dormir al patio
de cuclillas sobre la losa de la autopsia
travestida de esfinge entubada
aún sin voz
al cocainómano de la funeraria entretenía con acertijos:

El féretro ¿de terciopelo o caoba?
¿Negro o rosa?
Velatorio ¿en el Museo de Bellas Artes o el Palacio de la Moneda?
Yo soy la estrella en este entierro
por lo que personalmente
inspeccionaré los pormenores
de mi supuesto sepelio.

Los dos son entrañables
esa foto no se borra
Los dos se ríen
revolotean
giria que yiran cambiándome de lugar estas letras.
La negra rica
la negra pobre
La negra mordida
la negra masticada
Los dos
una por otra
al llamado, tras la puerta, fingiendo la voz en tiempo de negra respondieron a la muerte:
"Alicia ya no vive aquí"