miércoles, 22 de mayo de 2019

Ulla Hahn -Poema

Ulla Hahn, Alemania, 30 de abril 1946
Traducción Juan Pablo Abraham


Poema

Es difícil de explicar que un poema
No tiene objeto como un barco
sus contenedores una estación sus flores
Indivisible como un número primo
él huye del tiempo como vos
Y acaba
Cuando vos dejás de escribir deja
De leer cuando vos no
Recordás más lo que acabás de hacer
Solo hay un instante
Durante un momento durante una palabra
Rampa del muelle llama polvo comenta
Que silbaba para una bandada
De pequeños pájaros cantando lejos
Sobre nosotros todo lejos nada tangible
Ni siquiera negro sobre blanco
Como máximo una caja de pintura para niños
Espirando agua presa
En esa tierra anfitriona
Bajo la lengua la confianza
Calma y ciega tocada
Con jeringas dura como una
Brisa como cuando se toca un sombrero
Ahora y se acabó oh
Tenés miedo de terminar con el miedo infinito
Que todo se acabe hasta que se acabe todo
Mientras escribimos
Mientras leemos
No puede existir ningún Todo desde que escribas
Desde que leas a los demás solo
Murieron para ti cuando lo lees
Cuando usted es completamente leído
Acomodado bajo un cielo
Desenfrenado frutos caídos manzanas de septiembre
El crudo y el cocido
El vacío el silenciado el exceso
Manos y pies con zapatos y sin
Hombre y mujer con nostalgia
Y sin sopa con cerveza Aquí
Y ahora diga lo que usted quiera lo que
Usted quiera más que todo de vuelta y
Para siempre Nada acaba
Cuando usted deja de
Ser no es? Inexistir no existe
En el poema no existe y no existe en la vida
Tomar las brasas la madera A nadie
Agradan las cenizas De premisas a nombres
De nombres Pequeños refugios fundados sobre
El abismo toda la música que viene
En el silencio en el oído de Betethoven.

lunes, 20 de mayo de 2019

Héctor Gagliardi -Reyes magos

Héctor Gagliardi, Bs As, 29 de noviembre 1909 – Mar del Plata 19 de enero 1984


Reyes magos

-¡Si vos no te portás bien,
le digo a los Reyes Magos
que te dejen sin regalo
y te quedás sin el tren!...
Es que mi vieja, también,
un poco se aprovechaba…!
porque esa noche llegaban
los tres Reyes de Belén!

La carta la había mandado
sin faltas de ortografía,
así los reyes veían
de que era un chico aplicado.
Hice todos los mandados,
me lavé hasta las orejas,
porque ese día mi vieja
me tenía acorralado.

La luna hacía brillar
el lustre de mis zapatos...
y si ellos fueran chicatos
¿quién les podía avisar?
Por eso al irme a acostar,
puse la almohada a los pies
y me acosté del revés
para poder vigilar...

¡Cuando más lo precisaba
me vengo a quedar dormido!
Me desperté a los maullidos
del gato de la encargada...
Ya entraba la madrugada
de un radiante seis de Enero,
y un trencito, el más diquero,
del umbral me saludaba...

Lo habían dejado de frente
ya listo para marchar...
con él me iba a despertar
a mi madre alegremente
¡Que alegría que uno siente!
-explicarlo yo no puedo-
¡ unas ganas de ser bueno,
de ser bueno hasta la muerte!

Al que dejaron sin nada
fue al hijo de la de al lado...
¡Como se habrían olvidado!
Siempre “muy bueno" sacaba...
Con nosotros no jugaba
porque en seguida tosía,
y los reyes no sabían
que el padre no trabajaba...

Yo comprendí su dolor
cuando me vio con el tren:
se acerco a mirarlo bien
y después lo acarició....
A mi me daba calor
de que me viera jugar
y en caso lo invité a entrar
y él también se divirtió...

¡Cuantos Reyes han pasado
por la puerta de mi vida.
y a mi alma dolorida
cuantas veces la he dejado
como un zapato gastado.
esperando a su Melchor
que le dejara el amor
para un mundo envenenado!

Esta noche por los cielos
llegarán los Reyes Magos;
vendrán trayendo regalos
a los chicos que son buenos,
pero hay otros pibes buenos
en otro lado de la tierra,
que por culpa de una guerra...
¡no han de pasar los camellos!

Señor: yo aprendí a rezar
arrodillado con mi vieja;
si nunca te fui con quejas
hoy me tenés que escuchar:
¿Por qué tienen que pagar
esos pibes inocentes.
de que en el mundo haya gente
que sólo piensa en matar?

Ellos ¿qué saben de guerras?...
¡ellos quieren Reyes Magos!
¡y ellos en vez de regalos
tienen un miedo que aterra!
Si vos pararas la guerra,
pasarían los camellos.
¡Yo te lo pido por ellos!
¡por los pibes de mi tierra!

sábado, 18 de mayo de 2019

Polina Barskova -El mensaje de Ariel

Polina Barskova, San Petesburgo, 4 de febrero 1976 
Traducción Natalia Litvinova


El mensaje de Ariel

Tu padre yace bajo el peso del mar,
es un coral, la dimensión de las olas.
Tu padre gira avivado por el viento marino,
su piel es una corteza
con una hormiga en pánico.
Las claras de sus ojos se volvieron dos perlas orgullosas.
Y las yemas de sus ojos, dos perlas inservibles.
Su calavera - es un coro.
Todo en él suena, tiembla.
Nada en él se marchita
pero se transforma
en algo extraño, espeso, prometedor.
En esa mezcla se sumergen las nereidas
y observan la conversión de tu padre,

ya que nada en él se marchita, pero todo se convierte
en vos, para vos, Ferdinando: ¡tu padre está vivo!

Tu padre duerme.
Tu padre es una bola
roja
que no se despega del puente nuevo.
Tu padre - es la vergüenza.
Es el ardor,
el velo de la ceguera que se derrite cuando lo miro:
su lengua es tan fría como un aguijón que sale de la boca.
Tu padre está vivo, pero se duerme.
Observá al durmiente, Ferdinando.
El hilo de saliva cae por el mentón
igual a una serpiente que baja por la roca,
a la cadena gruesa que se desliza en el bote.

Él suspira, pero no hacia afuera, por dentro:
encierra el sonido sin compartirlo con nosotros:

Él duerme, Ferdinando. El hielo brilla en sus labios.
La respiración es una cosa muy pequeña
rodeada de sueños.

jueves, 16 de mayo de 2019

Leah Goldberg -Entonces ¿qué?

Leah Goldberg, Prusia, 29 de mayo 1911 – Jerusalén, 15 de enero 1970
Traducción Gerardo Lewin


Entonces ¿qué?

Desde hace tiempo
nadie me espera allá.
Y si no existe el mar,
¿qué naves partirán?
La senda breve,
la compañía escasa...
Entonces, ¿qué?
Una semana,
un mes,
un año más.

Una vez muerta,
el mundo seguirá.
Quién amará a quién
y alguien odiará.
La senda breve,
la cuenta impaga.
Entonces, ¿qué?
¿Una semana?
¿Un mes?
¿Un año más?

Cae el rocío y la noche
se congela en mi cara.
En el próximo cruce
idénticos caminos.
Despertaré mañana
y cuando abra los ojos...
¡Dios!
¡Una semana,
un mes,
un año más...!


martes, 14 de mayo de 2019

James Joyce -El Santo Oficio

James Joyce, Rathgar, 2 de febrero 1882 - Zurich, 13 de enero 1941 
Versión Isaías Garde


El Santo Oficio

Yo mismo me impondré a mí mismo
Este nombre: Catarsis-Purgante.
Yo, que abandoné estilos sórdidos
Para atenerme a la gramática de los poetas,
Difundiendo en la taberna y en el burdel
La ciencia del ingenioso Aristóteles,
No sea que los bardos marren el intento
Debo ser aquí mi propio intérprete:
Por lo cual recibid ahora de mis labios
Sapiencia peripatética.
Para entrar en el cielo, viajar por el infierno,
Ser compasivo o terrible
Se requiere sin la menor duda el amparo
De las indulgencias plenarias.
Ya que cada místico de nacimiento
Es un Dante sin sus prejuicios,
Quien a salvo desde la chimenea, sin dar la cara,
Se expone a una heterodoxia radical,
Como quien halla placer en la mesa
Considerando las incomodidades.
Rigiendo la vida por sentido común
¿Cómo evitar ser vehementes?
Mas no debo ser considerado miembro
De tal compañía de farsantes…
Junto con quien se apresura a mitigar
Las liviandades de sus damas veleidosas
Mientras que ellas lo consuelan cuando gimotea
Con orlas célticas repujadas en oro…
O con quien, sereno todo el día,
En su pieza teatral introduce invectivas…
O con quien su proceder «parece mostrar»
Preferencia por hombres de «buen tono»…
O con quien sirve de andrajoso remiendo
A los millonarios de Hazelpatch
Mas llorando después de la Santa Cuaresma
Confiesa todo su pasado de pagano…
O con quien no se ha de descubrir
Ni ante el whisky ni ante el crucifijo
Si no es para mostrar a todo el mundo cuán mal vestida va
Su eminente nobleza castellana…
O con quien adora a su Mentor querido…
O con quien apura con temor su pinta…
O con quien arrebujado en su lecho
Vio una vez a Jesucristo sin cabeza
Y puso un gran empeño en recuperarnos
Las obras de Esquilo largo tiempo extraviadas.
Mas todos éstos de quienes hablo
Me convierten en la cloaca de su cenáculo.
Para que puedan soñar sus fantasías ideales
Yo evacúo sus inmundas corrientes
Así les puedo prestar tal servicio
Por culpa del cual perdí mi diadema,
Este servicio por el que la Santa Abuela Iglesia
Me dejó cruelmente en la estacada.
Así aligero sus culos timoratos
Cumpliendo con mi oficio de Catarsis.
Mi color escarlata los deja a ellos blancos como la lana:
Gracias a mí purgan sus panzas atestadas.
Para todas estas bien avenidas farsantes
Hago el papel de vicario general
Y a cada doncella turbada y nerviosa
Presto el mismo amable servicio.
Ya que al descubrir sin ninguna sorpresa
Esa hermosura umbría en sus ojos,
El «no me atrevo» de su dulce doncellez
Que responde a mi depravado «quisiera».
Siempre que en público nos encontramos
No parece pensar en tal asunto;
Mas por la noche cuando se acuesta a mi lado
Y percibe mi mano en su entrepierna
Mi dulce bien con su ligero atuendo
Experimenta el tierno ardor que es el deseo.
Pero la Codicia proscribe
Los usos del Leviatán
Y este espíritu sublime por siempre guerrea
Con los incontables siervos de la Codicia
Aunque nunca puedan verse libres
De sus gabelas de desprecio.
A respetable distancia me vuelvo a observar
Los vacilantes andares de esta abigarrada cuadrilla,
De estas almas que odian la reciedumbre del acero
Que la mía adquirió en la escuela del viejo Tomás de Aquino.
Donde ellos se han agachado, han andado a gatas y han rezado,
Yo me yergo, dueño de mi destino, sin temor,
Sin compañeros, sin amigos, en solitario,
Indiferente como una raspa de arenque,
Firme como una cordillera montañosa en donde
Saco a relucir mi cornamenta al aire.
Que así sigan, pues así conviene
Para que se mantenga el equilibrio.
Aunque hasta la tumba forcejeen,
Mi espíritu nunca lo habrán de dominar
Ni lograrán mi alma vincular a las suyas
Hasta que el Mahamanvantara expire:
Y aunque a coces me echen de su puerta
Mi alma los despreciará por los siglos de los siglos.

domingo, 12 de mayo de 2019

María Cecilia Piscitelli -En el borde

María Cecilia Piscitelli, CABA, 15 de julio 1966
 

En el borde

Existe en la tierra
ésta que habitamos
con lo pies
no es la misma
hace agua    borde
en la orilla

borde      agua

marca el pulso
mi mirar zambullido
en tu mirada
el desvío inmediato
al sonido
otra instancia
sin palabras
desmembrada
de memoria
sonora sucesión
de acordes      notas

pasos resumidos

el segundo
evidente
del roce de la piel
implosión
de la tierra

borde        música

el agua
en los pies.




viernes, 10 de mayo de 2019

Amir Or -El crimen perfecto

Amir Or, Tel Aviv, Israel, 1 de julio 1956
Traducción Gerardo Lewin


El crimen perfecto

El crimen perfecto no conoce razones, dijo.
El crimen perfecto pide un objeto perfecto,
como se dio allá, en Auschwitz.
No me refiero a los crematorios, por supuesto,
sino a lo que sucedía después del horario laboral.

Luego calló: contemplaba la espuma y bebía unos sorbos.

El crimen perfecto es igual al amor, dijo.
El crimen perfecto no precisa nada perfecto
excepto el dar, tanto como se pueda.
La vida es eterna,
incluso en el recuerdo del espasmo,
incluso los alaridos que mecieron mi mano,
la orina que como misericordia cayó sobre la carne congelada,
el golpe de los tacos que despertaron otros infinitos.
Incluso el silencio, dijo
contemplando la espuma.

Es cierto: un trabajo bien hecho es muy liberador,
y sin embargo
un crimen perfecto no derrama
ni siquiera una gota.
Como los labios de un niño, me explicó.
Como la arena y la espuma de las olas.

Como oye.
Como bebe y oye.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Alejandro Margulis -El mito de Babel

Alejandro Margulis, Boston, EEUU, 22 de septiembre 1961


El mito de Babel

6

Tengo el cuerpo lleno de niñitos:
gritan, sueñan,
rumian, hacen bulla;
son como los ratones
o duendes de Schreber
pero yo no estoy loco.
Hace tiempo ya que escucho a los niñitos
pero no como voces
sino en silencio
sé que lo que dicen es ruido paradójico,
viento
que conduele su apariencia.
En mí han descubierto su casa los niñitos
astutamente dividieron jerarquías
y patrones:
así ahora alguno es el niño padre y el otro es hijo
y otros cientos de familiares intermedios.
Que somos muchos y vivimos todos juntos
los niñitos
es algo a lo que ya estoy resignado;
a veces me toca a mí ejercer el mando.
Dije cientos pero en realidad ya creo que son miles
los niñitos,
toda una masa a lo Canetti haciéndose la fiesta;
hijos del rigor, podría decirse,
o tal vez sólo esclavos del desierto.
Una multitud en suma que pugna por hacerse oir
los niñitos
y que conoce que su fuerza es ocultarse;
ni ellos ni yo sabemos
cuándo descubrirán sus secretos.

7

Pasan los días y toman decisiones enfermizas los niñitos
arrojan bombas nocturnas
y las pasan filmadas por la tele
aseguran vendas para las heridas
que ellos mismos van causando
quebrando a los ajenos los signos de su fe.
Se conduelen frente a cientos de miles que suspiran
los niñitos
y mienten como bobos junto a la imagen de sus hijos
-también ellos son padres, dije-
masticando palabras increíbles:
lenguas frías, flojedad de los cerrojos.
¿Cuántos cadáveres verdes, cuántos musgos putrefactos
los niñitos
cultivarán fingiendo ante sus madres
que siembran flores en macetas de terror?
Sanguinolentos como vendas,
¿cuántos pétalos reales marchitará el infierno de su estirpe?
Nunca pude
hacerles frente a los niñitos
muchas otras me vencieron con el odio,
me involucraron,
dominaron,
hablaron por mí
gimieron su falsa verdad,
mazapanes sin cabeza.
Moribundos a cientos de miles de kilómetros del suelo
ni ellos mismos recuerdan las canciones de cuna.

lunes, 6 de mayo de 2019

Giorgio Caproni -Aria del tenor

Giorgio Caproni, Livorno, 7 de enero 1912 – Roma, 22 de enero 1990
Traducción Ricardo Herrera


Aria del tenor

                                              Andante, un poco convulso.

Listos a atacarse.
En la ruptura, ahora.

Cada uno detrás del tronco
de un acebo.

Se espiaban.

A pocos pasos.

Nunca
los embargó
una alegría tan ardiente.

Casi
se amaban.

Copulaban.

En el odio que los calcinaba, casi
hubiesen querido abrazarse
antes de disparar.

Puede darse
que haga este tipo de bromas
el amor, cuando es total.

En torno, ningún animal.
Ni una sombra.

Solos.

Empezó a nevar.

Liebres blancas.

Blancos
helechos, entre juníperos
de Árbol de Navidad.

Todo un blanco mental
de blanca infancia.

Un mar
blanco de alegría, entre los acebos
que se hacían negros
en la blancura de los pensamientos.

Se odiaban, enternecidos
hermanos.

Abel
y Caín.

En roles
reversibles.

Imágenes
de un mismo destino
o amor perfecto.

¡Solos!

Un hombre solo en dos.
Dos hombres en uno.
Dos yos enfrentados.

Un solo yo.

Gozaban.

¿Acaso ambos sabían
que el hombre se mata a sí mismo
–el hombre –matando al otro?

Orgasmo del suicidio.

En la lenta instilación
de la hora, iban sorbiendo
la propia muerte.

¡Solos!

Todavía nevaban
liebres de silencio y helechos.

Hacía un año que se acechaban,
en los lugares donde más vivo
era el tumulto.

En el puerto.

En la estación.

En los retorcidos
intestinos de la city.

En vano.

La culpa les había dado una mano.
Ofrecido una ocasión.

Ahora, saboreaban lentamente
el instante.

Llegada por fin
la hora del exterminio.

Listos para atacarse.
En la ruptura.

De pronto,
un sobresalto.

Ninguno
de los dos quería ser el primero
en disparar el arma.

Apretaron
a quemarropa el gatillo.

Los vi caer juntos
bajo la ráfaga.

El aullido
que lanzaron, golpeó mi pecho
como plomo.

Huí.

Me quema en la memoria,
aún, mi vil victoria.


sábado, 4 de mayo de 2019

Ira Cohen -Insomnio en el Boulevard Duke Ellington

Ira Cohen, Nueva York, 3 de febrero 1935 – Nueva York, 25 de abril 2011
Traducción Augusto Munaro


Insomnio en el Boulevard Duke Ellington

Me dormí alrededor de las 4 AM
con la televisión encendida
Van Heflin & Barbara Stanwyck
ingresaron a mi sueño interrumpido
A veces la única salida
es morir, pero felizmente
alguien más escapa,
toma la ruta, y continúa el
viaje
Ya despierto a las siete, voy a la oficina postal,
y envío dos caimanes
a Bruselas,
la lectura de la columna de Gabriel en NEWSDAY
sobre el verdadero significado del armario,
produce nauseas, ordeno un huevo duro
que ya viene descascarado
y lo hago puré en una taza.
¿Acaso mi corazón anhela, también,
su hora de muerte?
¡Por favor tráiganme una orden
de nieve fría!

*

Si pudiera recordar tan solo una fracción
de lo que dije en el teléfono
Si él se pudiera quitar la ropa
y sentar en las aguas del río Ganga
Si ella pudiera ver el perfil de Caliban
en el humo sobre los campos de petróleo
Si tan solo pudiéramos marchar e ir a Madagascar
Si dejaran de matarse unos a otros
y despertar mañana por la mañana
con una nueva visión
Yo metería mi cabeza en una máquina tipográfica
así podrás leer hoy en el diario de mañana:

¡EXTRA! ¡EXTRA!
Lean todo sobre el tema:
¡Los cerebros de los poetas demuestran ser útiles!

P.D. A veces cuando recojo mi pluma
gotea oro por todo el mantel.

jueves, 2 de mayo de 2019

Andrés Sanchez Robayna -Las primeras lluvias

Andrés Sanchez Robayna, Santa Brígida, España, 17 de diciembre 1952


Las primeras lluvias

La tierra de que hablo, hacia noviembre,
conoce el viento. Llega, desde el este,
hasta los arenales como un ave sedienta,
sopla las aguas negras. Esta noche
removió los postigos mal calzados
y agitó la palmera. En los cristales
chillaba como un pájaro perdido.

Dibujará en la grava algún signo remoto,
y veré casi al alba las huellas del fragor
sobre los restos del volcán, el naufragio nocturno.
Será un signo de nuestra vida, un eco,
ya inerte, de la tromba del cielo, que ignoramos,
querré leer en él, y será como unir,
nuevamente, las hojas resecas para un fuego.

¿Qué nos aguarda, puro, en el estruendo,
en el pico del ave enhebrando los mundos
de cuanto conocemos e ignoramos? Seguimos
recogiendo las hojas, y veremos
en la rama quebrada una imagen posible
del estertor del cielo, anoche, entre las nubes
aún grises a esta hora temblorosa.

Nada, ni tan siquiera el viento que rompía,
de madrugada, contra los postigos,
contra la grava, oscuro contra oscuro remoto,
podrá decir el signo, en la ignorancia.
Saber de un no saber, ni siquiera el sentido
de la ignorancia, ahora que las gotas resbalan
sobre el cristal, sobre la transparencia.

martes, 30 de abril de 2019

Alexandr Blok -La desaparecida

Alexandr Blok, San Petersburgo, 28 de noviembre 1880 - 7 de agosto 1921
Traducción Amaya Lacasa y Rafael Ruiz de la Cuesta


La desaparecida

Por las noches, sobre los restaurantes
el aire caliente es salvaje y sordo
y el duende corruptor de primavera
gobierna sobre el grito del borracho.
A lo lejos, sobre el polvo de callejas,
sobre el tedio de las dachas suburbanas,
la cara azul apenas se distingue,
se oye el llanto de niño.
Y detrás de los pasos a nivel,
ladeando el sombrero de copa,
pasean cada noche entre las zanjas
los graciosos de turno, con las damas.
Sobre el lago los escálamos chirrían
y se escuchan chillidos de mujer,
y en el cielo, acostumbrado a todo,
hace una mueca sin sentido el disco.
Y cada noche suele reflejarse
en mi vaso un único amigo,
calmado y aturdido como yo
por el líquido acre y misterioso.
Cerca de mí, junto a las otras mesas,
aguardan camareros soñolientos;
los borrachos, con ojos de conejo,
«In vino veritas» vocean.
Cada noche, a la hora convenida
(¿o acaso estoy soñando?),
un núbil cuerpo en sedas apresado
se desliza en la ventana turbia.
Moviéndose despacio entre los ebrios,
sin compañía alguna, siempre sola,
respirando perfumes y neblinas
ella se sienta junto a la ventana.
Sus sedas rutilantes, tersas
traen el aroma de leyenda antigua,
y el sombrero de enlutadas plumas,
y la estrecha mano ensortijada.
Y encadenado por la extraña intimidad
yo miro más allá del velo oscuro,
y vislumbro la encantada orilla,
la encantada lejanía veo.
Me han confiado algún misterio oscuro,
me han entregado un sol que me es ajeno,
y todos los meandros de mi alma
están transidos por el vino acerbo.
Y veo en mi mente cómo oscilan
unas plumas de avestruz caídas,
y cómo florecen unos ojos
azules y sin fondo en la lejana orilla.
Yace en mi alma un tesoro enterrado
¡del que sólo yo tengo la llave!
¡Tenías tú razón, monstruo borracho!
Ahora ya lo sé: la verdad está en el vino.

domingo, 28 de abril de 2019

Michel Houellebecq -Los pozos

Michel Houellebecq, Saint-Pierre, La Reunión, 26 de febrero 1956 
Traducción Isaías Garde


Los pozos

El niño tecnológico guía el cuerpo de los hombres,
De las sociedades ciegas
Hasta la orilla de la muerte,
El cuerpo gime y aúlla.

Es un pozo muy profundo
Y es un vacío inmenso,
Muy denso,
Se ven las partículas arremolinarse, borrarse.

El niño nunca se equivoca,
Camina por la calle
Anuncia la muerte
De las almas desaparecidas.

Morimos sin perdón
Y desaparecemos
En la sombra inmensa,
La sombra de ausencia

Donde el vacío separa las partículas heladas,
Nuestros cuerpos
Pedazos de nuestra muerte,
Trayectorias irrisorias de fragmentos desplazados.

Las últimas partículas
Derivan en el silencio
Y el vacío articula
En la noche, su presencia.

viernes, 26 de abril de 2019

James Merrill -El vaso roto

James Merrill, Nueva York, 3 de marzo 1926 – Tucson, 6 de febrero 1995
Traducción Ernesto Hernández Busto


El vaso roto

Decir que alguna vez contuvo margaritas y campánulas
es ignorar, al menos,
su vigoroso brillo, quebrado contra el suelo,
el ancho vaso que parecía contener el sol,
verdes hojas orladas, su resplandor deshecho,
su cristalina integridad dispersa por doquier.
Los espectros, ya libres, hablarán
de helados floreceres en el frío vidrio roto.

Fragmentos de cristal caídos de la unidad al caos,
pero sujeta a cada borde
la marca opalina de la imperfección
cuyos rayos, dispersos, propondrán
más de una red de oblicuas luces
que atraviesen la noche en todas direcciones
y esbocen en la estancia
las convincentes aptitudes del fuego.

Las espléndidas curvas de artificio vidriado
dan fe de su pureza
en unidades lúcidas. Liberadas, ahora,
como el amor que triunfa sobre lo inconstante
y construye armonía con las disonancias
y en nosotros, roto, yace de algún modo, como
si el tiempo fuera un vaso roto,
y nuestra última alegría al saberlo incurable.

Desde el suelo las ruinas irisadas de astillas
cortan el aire en estructuras,
y delimitan, como ojos o brújulas, un rostro
de matemática fijeza, un haz luminoso
en cuyo círculo pueden inscribirse
todas las soledades del amor, un cuarto para el rostro del amor,
los proyectos del amor, reverdecidos,
los monumentos del amor como lápidas en nuestras vidas.