domingo, 26 de enero de 2020

Jorge Nájar -Le pont au change

Jorge Nájar, Pucallpa, Perú, 11 de julio 1946


Le pont au change

Qué hago aquí desnudo temblando
de frío / de calor
frente a las murallas de Lutecia
después de haber cruzado tantas llanuras
a pie a mano / riendo llorando.
Qué hago aquí con una ganas locas
de escribir una postal a mis amigos
y decirles el sol del mediodía
resplandece sobre el Sena
mientas un paraíso de alcohol
invade mi visión penetra en mi vida.
Y Le Pont au Change se desmorona
y caigo / y caigo
en brazos de la locura de la gendarmería
que exige el oro y el moro el sudor y el semen
y yo sonrío y fumo sin nada
salvo el fondo de una visión
en la que vuelo con las patas ardiendo
de tanto caminar con la boca abierta
observando el avance de las aguas
que devoran mi paraíso corroen
mi conciencia nuestros ritmos latinos
cuyos resplandores no dejan dormir
a los tunantes a los prósperos
tristes que ni las bestias soportan
Y tú / y yo
amigo César
estamos aquí a punto de creer
que en estos pantanos alguna vez
haya alumbrado faro más luminoso
que la candela natural el fuego
que nos protege y nos pone radiantes
frente a este pálido fulgor
que de lejos quema centenas de ojos
y de cerca sólo es artificio.
Oh Dios
no quiero cambiar mi luz en falsía
ni permanecer encendiendo faroles
en el invierno / en el verano
no quiero contar garbanzos toda la vida
sueño con un gorro multicolor
con el aire una colina en mis cabellos
un castillo embarcarme para no volver
a tropezar con vacía de barbero
suponiendo yelmo de Mambre
otra vida y no la pestilencia
que dejan las carrozas mientras resuena
el galope de los bárbaros que bajan
por la colina de Sainte Genevieve
Y me voy con ellos alucinado
mezclándolo todo el infierno
el cielo la tierra sin un sol
en los bolsillos la vida en blanco
mis pobres alas desplumadas quemadas
después de haber cruzado tantas llanuras
a pie a mano / riendo llorando
qué hago aquí desnudo temblando?
(Finibus terrae)

miércoles, 22 de enero de 2020

Margarida Vale de Gato -Crisálidas

Margarida Vale de Gato, Portugal, 12 de enero 1973
Versión Mijail Lamas


Crisálidas

“Tu belleza”, repetías, yo presa en la inmovilidad de los ojos en trance
pensaba “igual a mí”, como una vez en una película un muchacho
y un perro entregados a la catástrofe por esa especie de venganza
de los seres que se aman, el odio ­–somos
tan nuevos para esto crecemos tan de prisa, sabemos tanto
esta gran tristeza de que me mires y digas
“es tan bonita” y mientas por omisión, mi
rostro volatizado por el alcohol, entre el difuso recorte
de los párpados y tus labios que beso, dices “sin
convicción”, veo la imagen flotando en el agua de dos travestis
la mirada frustrada insolente y me cubres los ojos con tus
labios calientes.

Aseguro una mano en la tuya y la otra en el vaso, una de ellas
se derramará, sonrío para mí, tu cuarta mano
abre delicadamente los labios náufragos
somos tan nuevos, yo seré tan bella, sonrío para tus
dedos, mano ágil, inquieto el lance, nocturno de Lizst, si
me mueves se desmoronará, pero entreabro los labios nuevos
en busca de la pureza como polvo quebrado de vidrio
cortante en las piedras bajo la lluvia, procuro
caminar descalza equilibro un pie frente al otro, exhibo
una agilidad con lo que te hago creer que soy una artista de circo
te deslumbro cuando finjo domar la vida como leones
pero es puro ilusionismo, las sombras de la noche
vienen detrás de los biombos son dobles
y opuestas en el episodio de nuestro amor.

Lavados por la lluvia y el alcohol, espejos anversos nos
ven colgados de cabeza como crisálidas
construyendo capullos de un único hilo de seda y una repentina
vida de mariposa, “es tan bonita”, esta metamorfosis tejida
con saliva y dedos entreabro los labios, mientras
movemos los pies uno frente al otro
rozando colillas rótulos de cerveza vasos de plásticos cuellos
de botellas quebradas contra las piedras breve relámpago de la lluvia
manos tomadas (qué frágiles), y un pie frente a otro, alguien
que canta el fado donde compramos tabaco, tan
gran tristeza no deberías sentir.

Y llueve aún contra las piedras las paredes las ventanas oigo
todo dentro de este cuarto, pensión de putas para amantes exiliados
donde alguien con nombre falso vino a ensayar para nosotros
el acto de nuestro amor
y estoy tan cansada de ser bella y de la imagen mal dibujada
de tus labios que beso, “sin convicción”, dices
en medio de esta ebria lucidez en que tú estás, tus pies
enlazados ahora a los míos mientras alguien debe cantar
el destino a lo lejos, la película de nuestro caso amoroso
proyectada contra las paredes del cuarto donde dormimos este exilio
y un silencio ahora largo como hilo de seda
náufrago abandono
mis pies juntos a los tuyos durante la catástrofe.   

domingo, 19 de enero de 2020

Adam Zagajewski -Bertolt Brecht en la eternidad

Adam Zagajewski, Ucrania, 21 de junio 1945 
Traducción  Xavier Farré


Bertolt Brecht en la eternidad

Tu tumba se encuentra en el centro de Berlín
en ese cementerio esnob, filosófico
donde no se entierra a cualquiera,
donde descansan Hegel y Fichte como anclas herrumbrosas
(sus veleros se hunden en los abismos de los manuales).
Tus equivocaciones extravagantes, tu adoración a la doctrina
están de lado como un hacha y una lanza en las tumbas del neolítico,
igual de útiles, igual de necesarias.
Elegiste la Alemania Oriental pero por si acaso
conservaste también el pasaporte austríaco.
Fuiste un revolucionario precavido - ¿puede un oxímoron
salvar el mundo?
Escribiste el poema "A los por nacer" - también querías que el futuro
cediera a tu persuasión. Pero el futuro ya había pasado.
Esos por nacer ahora dan vueltas indiferentes entre las tumbas,
como en un museo los turistas
que miran principalmente a las leyendas
debajo de los cuadros.
Es abril, un día soleado, frío, las negras sombras se agarran
a las tumbas como si los agentes secretos resultaran ser inmortales.

miércoles, 15 de enero de 2020

Raymond Roussel -La Vista (fragmento)

Raymond Roussel, París, 20 de enero 1877 – Palermo, 14 de julio 1933
Traducción Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán.


La Vista (fragmento)

"A la izquierda, estorbando el paso, está parada
Una pandilla que hace ruido; una mujer alta
Tiene, en su porte, una soberbia majestad
Combinada con un trato frío y prudente;
Por suerte para ella, tiene una gran idea
De sí misma y jamás se siente intimidada.
Es literata y cree saberlo casi todo;
No toma nunca en cuenta a quienes leen poco;
Zanja siempre las charlas literarias; sus cartas,
Carentes de palabras sosas, de tachaduras,
Sólo nacen después de arduos borradores
En que surgen los giros de frase industriosos.
Deseosa de estar siempre al tanto, se rodea
De escribidores que la asesoran y se harta
De novelas; con tal de entender más o menos
La intriga y, cuando hay que intervenir, poder
Meter baza, le basta; sus exigencias no
Son las propias de las grandes inteligencias;
Ahondar es de lo más superfluo para ella;
Lo que quiere es decir todo el tiempo: “He leído…”.
Pone a veces sus manos bisoñas a la obra,
Cree en la benignidad de la Musa, vacila
Y, con la frente gacha, los ojos turbios, pare
Versos durante, al menos, la mitad de la noche.
Cediendo a su manía, ahora mismo, charla
Con un incomprendido que saca pecho y posa,
Hombre insípido, lleno de veneno dulzón
Que les sonríe a todos y, a sus espaldas, ríe.
Lo horripila hasta el mínimo éxito de su prójimo;
Haciendo rechinar los dientes, amontona
Manuscritos que se hunden todos en sus cajones,
Sin que uno solo de ellos alcance a ver la luz.
Odia al género humano, le saca el cuero a todo
El mundo: fulanito sólo escribe por plata;
Mengano, dicho sea de paso, está agotado,
Es cosa demostrable, concluyente, rotunda;
Zutano no es más que un descarado plagiario;
Cuando no ataca a Pedro la arremete con Juan;
En su saña de agriado fracasado, numera
Sus motivos de queja, no se olvida del más
Remoto sinsabor; no hay ninguna laguna
En los repliegues de su rencor insondable.
Propala en cuanto surge cualquier rumor molesto.
Si se le habla de frente, dobla, rastrero, el lomo;
Sólo alza la cabeza y se vuelve arrogante
Cuando hay que hacer leña con el árbol caído.
Si alguien es efusivo, aplaudidor, clemente,
Así sea un poquito, lo aparta de su círculo;
De los suyos exige que tiren a matar."
(…)

domingo, 12 de enero de 2020

Michael Benítez Ortíz -Los nadaístas

Michael Benítez Ortíz, Bogotá, 15 de mayo 1991


Los nadaístas


“¡Dios bendiga a estos jóvenes
que se están desnudando!”.
Fernando González

I

Gonzalo, borracho,
Con una rata disecada
Colgada al cuello
Se subía en una estatua y gritaba que esa era la razón.
La estatua no decía nada.

II

Amílkar se embriagaba de Ron Medellín Añejo
Pero vomitaba en francés,
Le gustaban las mujeres un poco menos
Que los hombres.
Aprendió karate para defender a sus “amigos”
De las extravagantes puñaleras gringas
Y éstas invitaron,
A la fiesta,
La policía.

III

María de Las Estrellas
La primera novia de Boris
El hijo del “Poeta Maní”...
¡Era la poesía misma!;
En todas sus vidas tuvo muchos
Padres
Pero sigue extrañando —¡cómo la extrañamos!
A sus preferidos:
Un Poeta y una Maga.

IV

Darío siempre estaba borracho
Y como su obra era su vida
Armaba los baretos en sus sagrados
Poemas,
Se angustiaba kilómetros
Y Alberto Escobar
Le traducía.

V

Cachifo escribía novelas
En las barras de los bares
Que ni él mismo entendía:
Por eso
Siempre fue el mejor novelista
De los nadaístas.

VI

Fanny Buitrago
Sólo se masturbaba con el nadaísmo
Porque quería ser la “grupie”
De algún movimiento literario.

VII

Mario Rivero negó el nadaísmo tres veces
Dos en un par de antologías
Y la otra
Antes de que sonara
El tango.

VIII

Jan Arb era experto en coquetería femenina,
Hacía el amor sobre vinos tibios,
Intuía orgasmos metafísicos
En la mirada
Que se le negaba.

IX

Del cielo de Bucaramanga
Bajaba un Gallinazo con guitarra
—¡han visto eso!—
Cantando que quería comer
De la fruta prohibida
Que se llamaba
Marihuana;
Aún no ha muerto de infarto
A go-go.

X

El-MONJE LOCO sigue siendo
EL-MOTOR del nadaísmo,
Que enfría con cerveza,
Con sus 86 años recorridos
Se niega a dejarse chatarrizar.

XI

De X-504
No sé nada
Sólo que se embriaga de poesía
Y que ahora usa como seudónimo:
Jaime Jaramillo Escobar.

XII

A Eduardo Escobar
Tampoco se lo lleva El Tiempo,
Como es un santo que extravió su aureola,
En una borrachera,
Aún sigue buscando a Dios
En el directorio telefónico
Para que se la devuelva.

XIII

Jotamario olvidó que se quería suicidar,
Tanto, que dice que nunca se ha querido suicidar,
Su poesía se ríe de él
Y de nosotros,
Es un profeta en chanclas
Pero con la barba y los condones en su sitio —listos
Para coquetearle a las jovencitas.




miércoles, 8 de enero de 2020

Andi Nachon -W.A.R.Z.S.A.W.A

Andi Nachon, Buenos Aires, 12 de mayo 1970


W.A.R.Z.S.A.W.A.

Campo anegado se disuelve fotograma a fotograma
fragmento de imagen, donde agua y tierra
forman un reflejo.

Llueve

cuento un tren cruza planicies mojadas y vos
no estás a mi lado ni detrás
de estos ojos para ver

en cámara lenta. Este tren se
desliza tiemblan
piedras dedos aferrados a un cigarro
warzsawa

dijimos hablando de estepas y viejas polacas
deglutiendo papas


yo a esda gorda
de mejillas coloradas quemándose las manos
quemándose
ojos, que buscan esperan
una clave en esa imagen vos

no ves a través de esta cámara:

los postes se suceden y caen mientras mi tren avanza
mimbrerales de metal donde unas vacas
estáticas quedaron en el lodo, sus ojos
encerrados buscan
qué clave del paisaje.

Barro

se extiende hasta rieles vigas
contienen espacio tiempo
trayecto a cruzar. Afuera

una tormenta se abre a tu mirada
bruma
instalada en límites de álamos
aire que contiene
mi cuerpo y exhala ahora
no estás a mi lado no sé
qué verías desde este tren.

Temblor instalado en cada objeto
manchas de grasa se confunden
sobre vidrio contra niebla
espacio

una lluvia sólo abierta a tu mirada cómo

tye digo ahora
tarde rosada una soga
donde tu camiseta recién lavada se deshoja
viento invernal esa pick up
perdiéndose en un campo mojado.

domingo, 5 de enero de 2020

Francisco Layna -El enamorado y la muerte

Francisco Layna, Madrid, 18 de agosto 1958


El enamorado y la muerte

Mi hermana vino a traerme muérdago y lavanda.
Me rezó, limpió mi nombre, quitó broza y barro.

Yo sé lo que sucede en el interior de una manzana.
Sé que en aquella urraca hay lugar para la espera. Una hora de tranquilidad y calor,
de buen sentimiento.
Una hora para descansar la nuca sobre cualquier tibieza.

Todo esto no es verdad, no tengo hermanas ni reposo bajo ningún manto.
Mi nombre no es de piedra, y en ese barro y esa broza jugué de niño.

A mi hermano le imponían las sombras. Le tiznaba el miedo y salía corriendo por aquellos que robaban los nombres.
A mí me robaron el mío, un domingo débil y plateado, de olor a siempre.

Juré entonces ante los que me escuchaban que había visto a un hombre lamer la pezuña de una vaca, a un niño que huía y mordía renacuajos y bebía la leche de los cactus. Juré que había visto en el mismo sitio felinos que orinaban la comida de los enfermos.
Eran los últimos enfermos.


Ahora ven a mirar conmigo. No queda ropa limpia para los heridos, puedes verlo
y puedes decirlo, si quieres.
No temas: son las alas de una polilla, se ahoga en el polvo de su propia agonía.
Estaremos juntos, quietos aquí, mientras el día se deja llegar.

Nace el gusano. Oigo su intestino, recorre la blanca carne de la fruta. Muerde tú ahora en el aire todo lo que viva.

Yo quiero estar contigo y protegerte de los que se acercan. Tal vez no me creas, y harías bien en desconfiar de mis racimos, pero no es culpa mía. No sé decirte, no sé llegar hasta tus manos, tengo poco tiempo según me dijo la dama blanca.

No queda nadie pero yo asciendo por tus trenzas, me atrevo a robar una hora al sol, besar tus talones.

Yo sé lo que sucede en el interior de una manzana, siempre la misma, en el cielo indiferente. Suena su carne cuando te miro, y te digo adiós con una vela, ya sin esperanza alguna.


miércoles, 1 de enero de 2020

Hugo Abalde -música para catedrales

Hugo Abalde, CABA, 17 de febrero 1957


música para  catedrales

en su estable dinamia
           una emoción adquiere geometría
con puertas historiadas, con arcos apuntados,
con nervios diagonales en las cúpulas

           revelan el misterio a miles de iletrados
traslúcidas vidrieras fabricadas
                     con arenas, con sales, con cenizas
coloreadas con óxidos
                     de hierros y de cobres y cobaltos

los arbotantes de
                                la razón analítica y seglar
             sostienen una fe, la elevan con
sus torres con pináculos y agujas
                   y acústica en sus naves y cruceros
de euritmias, armonías, contrapuntos:
diversas voces de
                                una misma dulzura en su liturgia…
pero en las catedrales musicales
                     el mendigo del atrio tiene el rostro
del Jesucristo que sufre en el ábside
ca va
y mientras el canónigo
            montaba a mi vecina
por un queso, por leña o por carbón,
                                          tuve el honor del hambre,
la cortesía de una muerte en vida,
mi carne vestía trapos
                  y mis tripas ladraban:
por el hambre los lobos se hacen perros
y su aullido hizo que
                                        cantase el nacimiento de princesas
o muriese de sed frente a una fuente…

no sé si ya les dije
                                  que mi dama era el hambre, amante fiel:
comía como come el comediante,
a veces carnaval y pascuas casi siempre

los curas de parroquia
                                           eran (son) informantes
de guardianes del orden:
                                               mi daga impactó en el
                               comisario real,
llegó a sus blandas vísceras, confieso:
fue por los estudiantes
                    matados por esbirros
      en la calle del harpa;
                                fue por collin, regnier, estrangulados
en el gibet de montfaucon;
y fue por mí, por mí,
                 porque me confesaron
en húmedas mazmorras de tortura:

voy a freír la lengua del traidor,
                    voy a freír la lengua del traidor
y a comerla sin sal y sin pimienta

cae nieve y mi esqueleto
                  busca un lugar caliente y apacible,
pues se es pobre en verano,
             miserable en invierno:
yo cierro el puño contra
                                el permanente carnaval del rico
                 y la cuaresma eterna de los pobres


como siempre, en mis calles,
se reza en las iglesias,
                   se chilla en los burdeles,
pero quien no era más que un joven tonto,
hoy es un viejo idiota,
                                         irredimible

con sermones, en púlpitos,
miserables elogian la miseria,
                     pierden el tiempo en sus eternidades:
            los diablos tienen garras de arzobispos,
y es por amor a cristo
                                          que odio a los pontífices
                       dispensadores de
mil bulas de indulgencias
a quienes juegan con dados cargados,
a los que duermen en blando edredón:
                  piadosos usureros,
incircuncisos y circuncidados,
la misma mierda con distintas moscas:
                                        los especuladores
del precio de la harina y de la sal,
del vino y de las velas:
los que vendieron pólvora al inglés
mientras carbonizaban
                                            a la virgen d´ Orleans

aquí, en nuestro albergue,
ythier, guillaume, juegan al glic, discuten,
                                 y es la séptima vez, en esta noche,
que mi margot se enjuaga la vagina

                                                    salvé mi piel, al menos, un mes más:
sé que a mi cuello se le va a ceñir
                                                             con una soga gruesa
y que no va a ignorar el peso de mi culo:
sé que mis ojos van a ser vaciados
por el pico de urracas y de cuervos

                                                                                  pero,
                                                       entretanto,
                                   escribo
mientras cae nieve y la campana tañe:

                    antes de que la tinta se congele,
consigno a quien concierna:
no soy sólo un ladrón y un asesino
                      que vive del trabajo de una puta:
yo soy alguien peor,
                                      soy un poeta

domingo, 21 de julio de 2019

José María Alvarez -Nubes doradas

José María Alvarez, Cartagena, España, 31 de mayo 1942 


Nubes doradas

La nostalgia que siento no está ni en el pasado ni en el futuro
                                                                       Fernando Pessoa
-En el coche queda una botella de ginebra.
-¿Por qué no lo dijo antes, en vez de hacerme perder el tiempo hablando tonterías?
                                                                                                           Dashiell Hammett
Le resistencia se organiza en todas las frentes puras
                                                               Tristan Tzara

                                                                                                  (A Jaime Gil de Biedma)
Qué importa ya mi vida.
Cada vez que levanté mi casa, la
destruía. A cualquier país que llego
no amo otro momento
que aquel de divisarlo. Nunca
pude decir dos veces bien venida
a la misma mujer.
Respetarse uno mismo.
Pensar.
Veo crecer los rosales que planté.
Destapo la última botella del último
pedido.
Miro
cómo mi vida
salva cuanto hay de noble.
Por ti, oh Cultura, y por todos
los que vivos o muertos me hacen compañía, bebo.
Más allá del tiempo y de mi cuerpo,
bebo. Lleno
de nuevo el vaso. Dejo
que lentamente el alcohol vaya cortando
los hilos que me unen a esta barbarie.
Y con la última
copa, la del desprecio,
brindo por los que aman como yo.

jueves, 18 de julio de 2019

Berta García Faet -Deseo

Berta García Faet, Valencia, 12 de febrero 1988


Deseo

Y mujeres que sólo se alimentan de pétalos de rosa
                                                   OLIVERIO GIRONDO
and the lovers
pass by, pass by
                                                                      SYLVIA PLATH


Padres, hermanos, amigos, profesores:
soy un ser de deseo.
No es suficiente el contexto
−yo en el salón, en la bañera, en el cine, en el despacho:
ocupada en las tareas que desubican el deseo−
para lograr acallar este hecho sin espacio:
que, especialmente,
soy un ser de deseo.
En el reino de la astenia y sus panfletos,
en el milenio de la saturación y los cuerpos bellísimos
encerrados en patéticos frasquitos de fobias,
sin tocarse,
yo soy un ser de deseo: bocas entreabiertas,
corazón-voluta.
En el mundo de los helados estanques
de unidades inconmensurables y aisladas del contacto
(cuerpos bellísimos agarrados a maderas,
miedosos de rozar un tobillo,
por si al final se enamoran),
os tan-solemne-y-tierna-y-felizmente anuncio
una pulpa de deseo: no puedo salir de Shostakovitch
y me alimento de trompetas y de amores de la infancia
que me encuentro en el metro y de señores-frutas.
Soy un ser de deseo:
1. Sé lo que es una revuelta de hormigas rojas
africanas
por entre las piernas.
2. Sé lo que es llegar a morderse los labios.
3. Sé lo que es decirle, por ejemplo
oh qué interesante
mientras pienso
oh Dios lo que te haría
oh Dios oh Dios en cuanto te descuides
te planto un beso que te mueres de colores;
y,
luego,
impondré mi disciplina −y una cierta dulzura−
en tu cuarto ex-templo-de-ver-castamente-películas;
y,
luego,
montaré una fiesta con los que un día fueron míos,
y os haréis buenos amigos, y volveremos todos
a un cierto París básicamente de cuellos.
Porque,
sobre todo,
soy un ser de deseo;
y si me muevo por el mundo
es para que engorde, que engorde, que engorde
a mis expensas.
Constantemente paso hambre.
Soy un ser de deseo, caminamos juntos
por mi diagonal de cosas:
algún prodigio, alguna ventana.
Y sólo cuando mi deseo
se ha convertido en una inmensa bola
o en un pichón o conejo obeso y planetario,
lleno de estrías por seguir creciendo
hasta llegar al límite abismal de su volumen posible,
sólo entonces,
cuando su tamaño ya nos resulta plenamente asqueroso,
socialmente nocivo, sentimentalmente molesto,
lo mato
y me lo como.

domingo, 14 de julio de 2019

Abigael Bohórquez -Madre ya he crecido

Abigael Bohórquez, México, 12 de marzo 1936 – México, 28 de noviembre 1995


Madre ya he crecido

Madre,
cuando después del golpe más profundo
y luego que tu entrega
fue una ronca palabra desolada
y fuiste henchida;
cuando subí hasta el centro de tu vida
y fui la inefable señal,
tu paso
se volvió cauteloso
porque iba en ti el misterio,
ay, tu voz se hizo lenta, encubierta,
como tus lágrimas,
y cuando fuiste como la brisa entre las cosas
porque temías despertarme.
Cuando yo fui en tu alcándara la ropa,
cuando me di en tus ojos
y fui en tu soltería violentada
aquel: ¿cómo será?,
cuando fuiste la celda y me embebía
lo mejor de tus húmedos temblores,
cuando en tu juventud escarnecida
fui la certeza, las ánforas colmadas:
tu andar aminoró blando, callado,
se volvió sigiloso como el pavor
y buscaste las cosas en silencio
porque temías despertarme.
Cuando fui disidencia
y gota a gota de tu entraña fuiste forjando mi esqueleto
caminaste con miedo por los cuartos
porque temías despertarme.
Y por mí, que venía,
se ensanchó tu cintura diminuta,
y el seno humedecido
por la espesa camelia de la leche
se enriqueció con el fervor nocturno de rezar.
Para mí que venía,
tu cuerpo maduró de amaneceres,
de esos amaneceres del insomnio
donde fue tu aguardar dolido culto.
Entonces
ya no pudiste ir por las alcobas
porque yo te cansaba desde adentro
y porque,
madre,
rodeada de tus faltas y tu exilio
eras el hálito inerme de la tierra;
adivinaste
la hondura maternal de la mañana
y el sentido del viento,
y hasta del suelo que pisabas, torpe y henchida,
levantaste la hierba para el nido,
porque dentro de ti te duplicabas
tan pequeña, tan sola;
te movías extraña entre las cosas,
y llorabas, pero en silencio, cautelosamente,
porque temías despertarme.
Luego menguó tu cuerpo,
vació la copa su escanciada imagen
y en tu grito
mordido y necesario me tuviste,
pero calladamente, porque temías despertarme;
ya que miraste mi fealdad minúscula,
habituaste a tus brazos con mi peso,
meciste en el impulso de besarme
la formamuerte de mi cuerpo amargo,
y en el vaivén del ritmo señalado
me miraste hacia adentro, estremecida,
y presentiste mi semblante breve,
mi destino poeta,
la dura suerte de sufrir temprano.
Ay, cuando me mecías
cómo cantaba Dios en tu garganta.
Madre, ya he crecido,
en las manos
padezco los estigmas de aquel pueblo,
en la mirada llevo
las normas de humildad que me legaste
y en mis labios tu voz
que tomó rosas de las rosas;
madre, ya he crecido,
no me pidas buscar los huecos de la infancia
para llenarlos de recuerdos,
no me pidas me borren la sien de la locura
con un pañuelo tuyo,
ya he crecido.
Sé que no tengo noches venideras ni esperanza posible,
sé que el poema es vuelo subterráneo
a la espera de luz que lo rescate;
ya he crecido,
pero sé que la herida sigue abriéndose
porque no empaño ya, madre, los espejos,
y nadie querrá ya decir mi nombre,
yo sé que busco las jóvenes cinturas,
los peces de mi signo penetrándose,
que a la azucena tengo encarcelada al doblar de la esquina,
que el sueño me da vueltas,
y que aguardo mi noche bajo el íntimo vidrio
de todas las estrellas;
yo sé que he de buscar el cielo roto
en que cansé tu vientre de raíces
para saber cómo éramos entonces;
tú que fuiste en mi ser estas dos cosas:
el ignorado padre de mi cuerpo
y la serena madre de mi muerte,
no me hagas recordar si ya presientes
mi semblante que esconde su agonía,
mi destino poeta,
mi dura suerte de morir temprano,
cuando se huyan las horas por las huellas del aire,
y se libere el fruto de su cáscara infame,
y el sol de todo un día se apague en las rendijas.
Ahora te peso más y más te canso,
ahora te duele más mi vida
y aún temes despertarme;
au, no termina tu dolor conmigo ni mi dolor contigo.
Han pasado veinte años.
Hoy que ya me conoces
y que sigo pensándote y doliéndote,
es la crudeza de vivir y el miedo de vivir
lo que muy hondo
como un río de bocas me taladra.
Porque yo quiero dormir el sueño blando
en que sumerge su mentón la noche
tras el diluvio cal de as estrellas,
porque yo quiero dormir en las orillas
donde el tumulto reza por un muerto,
para ya no dolerte más,
para que temas despertarme
cuando tu paso huya por los puentes,
y todos se den cuenta que me he muerto,
y no olvides mi nombre casi angustia:
Abigael… Abigael…
para que temas despertarme cuando sepas
que me he dormido para siempre

viernes, 12 de julio de 2019

Jaime Luis Huenún -La calle Mandelstam

Jaime Luis Huenún, Valdivia, Chile, 17 de diciembre 1967


La calle Mandelstam

Sentimos el invierno en el estómago,
y no podemos, como antes, mordisquear
–con vano y fino orgullo–
hierbas, cortezas y piedras
en los ásperos caminos de la diáspora.
La poesía nos dejó
arrugas en los ojos y en la lengua,
un huevo diminuto envuelto en un pañuelo
y el humo del tren que parte
hacia la nieve gris de la Revolución.
Pero envejecer no es nada nuevo
y viajar sólo es un modo
–como lo son tantos otros–
de imaginar bellos paisajes,
mientras altos guardianes nos escoltan
por largos y fríos andenes
hacia la nueva felicidad.

Hemos sobrevivido a la clonación del terror,
hemos sobrevivido a la musa del miedo
que derrite la nieve y entibia los nidos
de los mirlos hambrientos.
Nos quedan sin embargo muchos, largos años
de tranquila miseria, de viajes sin retorno
a una cueva vacía sin fogatas ni sombras.
Sabemos por ahora –y siempre lo supimos–
que en la casa ambulante del poeta proscrito
montan guardia serena en vigilia y en sueño
los dioses tutelares de la ruina y la cruz.

Voy sin prisa por la Calle
de los Falsificadores,
esperando que este tiempo
se libere al fin de mí.
Sigo rumbo por la Vía
de los Locos y Asesinos
manteniendo a duras penas
la distancia y la razón.
Mi destino, ya lo adviertes,
es infame y perdulario,
aunque en esta esquina roja
solo cae lluvia gris.


miércoles, 10 de julio de 2019

Roy Fuller -Para los tiempos que corren

Roy Fuller, Reino Unido, 11 de febrero 1912 – Londres, 27 de septiembre 1991
Versión Gerardo Gambolini


Para los tiempos que corren

Ahora que los bárbaros han llegado hasta Picra
y que toda la música nueva se escribe en la escala de doce tonos,
y que encima yo me acerco a cumplir cuarenta años,
no voy a fingir más.

Dejaré de expresar mi fe en el rosado
futuro del hombre, y aceptaré la evidencia
de un par de guerras espantosas e incontables
revoluciones frustradas.

Dejaré de achacar la idiotez de los esclavos
a sus amos y a su alimentación, y diré claramente
que son enemigos de la cultura,
el progreso y el aseo.

De los grupos progresistas, las revistas trimestrales
consagradas a la poesía atrevida, de las filas
de comités, de las cartas diversas de protesta
me daré de baja en este instante.

Cuando me llamen reaccionario, sonreiré
a salvo en otra dimensión. Cuando digan
“Cinna ha dejado de importar”, sabré lo bien
que reflejo estos tiempos.

La clase gobernante pensará que estoy con ella
y me hará propuestas amistosas, pero yo me recluiré
en el rincón más apartado de Picra y escribiré poemas
sobre el destino fatal de todo el estofado.

Si alguien es feliz en esta época y lugar
es tonto o es corrupto. Mejor abdicar
de un terreno material y espiritual
adecuado para bárbaros tan sólo.

lunes, 8 de julio de 2019

Juan José Saer -Madrigal

Juan José Saer, Serodino, 28 de junio 1937 – París, 11 de junio 2005 


Madrigal

Pastores,
la estrella
no lleva a nada,
su trayectoria
es azar,
aparición fugitiva
en la manada
de siglos fugitivos,
la cruz,
más tarde,
coincidencia;
pastores
el sol relámpago,
el tiempo entero
suspiro, pastores
lo visible
explosión,
espejismo
el firmamento;
pastores
la propia mano
improbable,
el pensamiento
brisa o fiebre
en el anochecer,
la adoración
error o cálculo
en un
establo
vacío.