viernes, 30 de noviembre de 2018

David Diop -El que todo lo ha perdido

David Diop, Burdeos, 9 de julio 1927 – Dákar, 29 de agosto 1960
Traducción María Renata Segura


El que todo lo ha perdido

El sol brillaba en mi cabaña
y mis mujeres eran hermosas y ágiles
como las palmeras bajo la brisa nocturna.
Mis hijos se metían en el gran río
de profundidades de muerte
y mis piraguas luchaban con los cocodrilos.
La luna, maternal, acompañaba nuestras danzas
El ritmo frenético y pesado del tantán,
tantán de la alegría, tantán de la despreocupación
en medio de la hoguera de libertad.
Luego, un día, el Silencio...
Los rayos del sol parecieron apagarse
en mi cabaña desprovista de sentido.
Mis mujeres comprimieron su enrojecida boca
contra los finos y duros labios de los conquistadores de ojos de acero
y mis hijos dejaron su apacible desnudez
por el uniforme de hierro y sangre.
También la voz de ustedes se ha apagado.
Los hierros de la esclavitud desgarraron mi corazón,
tantanes de mis noches, tantanes de mis ancestros.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Rita Kratsman -Cuerpos con música de fondo

Rita Kratsman, Bs As, 16 de junio 1940


Del libro Cuerpos con música de fondo

ritmo y percusión, coral al aire libre, nadie
proviene de una mansión suburbana
¿qué querés hacer que no hiciste hasta ahora?
este crepúsculo no desaparece por la niebla
la fiesta sigue y se hunde entre los tilos, tilitos
¡carissimi, cuidado con la belleza
en una carreta de asnos!ni tan alto ni tan bajo
que Ícaro indócil haga uso de sus dones
hacia la luz de la verdad
de modo que los pájaros desplieguen su cortejo a cielo abierto
confiriéndole un tono nuevo a la poesía
¡todo el poder a los pájaros!
aun considerando la ósmosis personal
es lo que el ágora te deja, además de bombos exaltados
por crestas de plata bajando del cielo
proponemos que esta música
sea premiada al término de la noche

*

veredas que suben y bajan
cada hierba entre las baldosas podría contar
una vida, techos bajos de zinc
donde las letras desaparecen con el termómetro
el único rumor que circunda da cuenta
de alguien baldeando algún patio
chasquido rítmico de una escoba gastada
la tarde se encarga del reverbero caliente y
de la vieja con sus entristecidas coronarias
en una silla de paja que
parece estar diciendo estoy rendida y no lo vi todo
pero son las 2 PM y está que arde para seguir afuera
una locomotora raspa las vías
aumentando el escozor de su piel, en tanto
unos pájaros que entran
y salen de la construcción vecina
imitan el ritmo de un poema de Ferlinghetti
con sus oiseaux de madera en
las sogas del lavado

*

el esmog cuelga sobre el Riachuelo: acquamorta
remanente de una ciudad productiva
una nave cualquiera alimentaría el sueño
de una tierra de trópicos
si te largás a nadar es bueno que sepas que nadie
se aleja ni vuelve
la niebla puede unificarse con tu ojo aunque
igual verías lo que hay que ver
el peso de un cuerpo en el fangal
estaría amortiguado por el ritmo alborotado
de la calle más cercana y en la palabra sujeta
a ese efecto se lee miedo
¿alcanzará el héroe a construir un refugio seguro?
Dedalus discutía con Bloom
acerca de cómo morir y enterrar a los muertos
ningún pez se animaría a remontar ese curso
y el agua, pasando por los bordes sucios
ahora








lunes, 26 de noviembre de 2018

Francisco Luis Bernárdez -El Ruiseñor

Francisco Luis Bernárdez, Bs As, 5 de octubre 1900-Bs As, 24 de octubre 1978


El Ruiseñor

Todas las noches de aquel tiempo, la voz lejana y misteriosa me llamaba.
Cuando las cosas se dormían, el dulce canto en el silencio despertaba.
Para escuchar lo que decía, yo interrumpía mis deseos y mis páginas.
Y con las manos distraídas cerraba el libro y me apoyaba en la ventana.
La voz llegaba de tan lejos, que en vez de oírla parecía recordarla
Y era tan pura y tan hermosa, que percibirla parecía profanarla.
Pero aquel canto me atraía, y hubo una noche en que sentí que me arrastraba
Y que hacia el bosque en que vivía, con una fuerza irresistible me acercaba
A cada estrella de aquel cielo, la tierra fiel con una flor le contestaba
Mayo reinaba dulcemente, yo ya tenía corazón, y era en España.

Llegué a la orilla de aquel bosque cuando la noche era más bella y más profunda
Y con el alma en cada paso fui penetrando poco a poco en la espesura
Entre los pinos soñolientos el viento andaba como un niño entre columnas.
Y en voz más baja que un suspiro les preguntaba por el mar y por la lluvia.
Vagos rumores vegetales estremecían la quietud meditabunda.
Y delicados aleteos acariciaban el silencio con ternura.
Pero el silencio iba creciendo, pues esperaba el nacimiento de la música
Y cada vez era más débil aquel susurro de las hojas y las plumas.
Todas las cosas descansaban con esa calma que precede a la hermosura
Y de repente el bosque entero se conmovió con una voz como ninguna

Primero fue como una queja, como un sollozo de cristal, como un gemido
Luego un sonido entrecortado por el murmullo tembloroso de los pinos.
Más tarde un hilo melodioso, luego una pausa y un rumor, después un trino.
Y al fin el canto, el canto, el canto del ruiseñor en el silencio conmovido
Un canto limpio y armonioso, cuyo fervor era el del aire sensitivo.
Y cuyas notas inflamadas resplandecían como gotas de rocío
Más inventivo que el del fuego, su movimiento era el del alma y el del río
Se deslizaba por el tiempo, pero en la paz del corazón estaba fijo.
El canto ardía en el silencio con el misterio de un lucero lejanísimo.
Impenetrable y luminoso como un purísimo diamante, pero vivo.

Cerrada estaba todavía para mi frente silenciosa la Belleza
Y de repente, por el canto del ruiseñor, tuve noción de su grandeza.
El gran amor que lo encendía se desbordaba de su voz con inocencia.
Y algo del bien que yo ignoraba caía en gotas de emoción en mi conciencia
Entonces vi con toda el alma que aquella voz era un destello de la eterna.
Que la pasión que la inflamaba me daba el ser para que yo la comprendiera.
Que aquel amor era la fuente del manso río de mis ojos y mis venas.
Y la raíz que alimentaba la voz del mar y la canción de las estrellas.
Luego salí de mis sentidos y me encontré desamparado en las tinieblas.
Y sin más luz que la del canto me fui perdiendo en un olvido sin fronteras.

Y así, perdido para todos, hallé el sendero de mi vida en aquel canto.
Tuve conciencia de mi rumbo, supe la causa y el objeto de mis pasos.
Vi la razón de haber nacido, de amar la luz, de ser feliz, de haber llorado.
De haber estado pensativo, de ver, de oír, de comprender, de estar soñando.
Al despertar alcé los ojos; y no recuerdo si después junté las manos.
Sólo recuerdo que la dicha me hacía sitio con amor en su regazo.
El alba erraba por el bosque con un dulcísimo rumor de pies descalzos.
Y va se oía el de las cosas entre los trinos cada vez más espaciados
Luego cesó la melodía del ruiseñor y se apagó la de los astros.
Pero en mi frente silenciosa la voz divina ya se había despertado.


sábado, 24 de noviembre de 2018

Viviana Ayilef -Reportes de Trelew

Viviana Ayilef, Trelew, 24 de septiembre 1981


Reportes de Trelew

Aquí la libertad viajaba en taxi
y la morían
en las afueras, a sabiendas

aquí la noche nunca duerme
se mastica los chicos

puebla los paredones

“aborto legal para no morir”
“das neves presidente”
“¿qué pasó con Julián Antillanca, golpeadores?”

las mañanas dan cuenta
de un tajo en la memoria

una marcha se acerca en sus pancartas
un hombre
mira con la sospecha de costado

una mujer
apura al niño que lleva de la mano
…no preguntes

las viejas de las tiendas
balan desde allí dentro
sus repudios

y el único que entiende
de qué se trata esto
es el gordo Jesús
que mira y baja la mirada

porque la muerte no tiene clase.
Y todos los domingos
la alienación comprime la nostalgia
sacamos a pasear las soledades

“¿Dónde está Julio López?”
“Justicia por Pablito”

carteles en fotocopias,
pintadas en aerosoles
ilegales

Y más allá
afiches gigantescos en colores

“monólogos de la vagina”
“chayanne en Trelew”, tan bonito.
“pour la gallery”.

Y a su costado en la vereda
una mujer acuna un niño
“¡ayudás y ganás!”, se escucha en un parlante;
un viejo ciego pasa sin ser visto;
un taxi cruza en rojo
mientras saluda a los muchachos del silbato

y el día muere
como se mueren las historias
que terminan de noche

un hombre abraza a una mujer
un niño nace
un patrullero arranca velozmente

así es nuestra ciudad
se conmemora el once la Asamblea del Pueblo
oficialmente
en el teatro
donde una mina en bolas, y un boludo
también
se llevan los aplausos

y la memoria sangra y duele nuevamente
y el hijo de un amigo muere asesinado

y aquí estoy yo
sin nada bello que decir

y no hay más novedades,
dieciséis compañeros fusilados.


jueves, 22 de noviembre de 2018

Iván Quezada -La pensión

Iván Quezada, Valparaíso, 18 de enero 1969


La pensión

Estoy en una pensión cubierta de polvo,
habitada por desconocidos que nunca ven el sol
En el vestíbulo una mujer dice:
«todo es una equivocación de la ciencia»
Alguien responde que se habla por arrogancia
Yo mismo explico que nada tiene importancia,
salvo soñar un mundo inexistente
Recuerdouna lluvia de infancia
en que vi palomas bajo unos techos de zinc
Busco a alguien y le pregunto
el significado de las palomas,
la lluvia y los techos
Pero es un burócrata del inconsciente
y me manda consultar a otro lado
Paso de una pieza con gente
a otra abandonada,
sin encontrar la respuesta
Mi vida entera sucede en un soplo,
perdido todo mi tiempo en nada
Deseo despertar,
salir de los cuartos azumagados
e irme de paseo por una ciudad de cristal
Lo consigo cuando me veo
en la casa de mis padres
y voy al patio y descubro
el jardín iluminado con antorchas
La imagen en un parpadeo
se convierte en una añoranza
Y así vuelvo a vivir toda mi vida
Siempre cuando llego al final
regreso al principio,
eterno como un niño que se ríe
de la muerte




martes, 20 de noviembre de 2018

Circe Maia -El ruido del mar

Circe Maia, Montevideo, 29 de junio 1932


El ruido del mar

Hay un tejido, una red luminosa
que tiembla en la arena, por abajo del agua.
Se ve a través del verde transparente
como una temblorosa trama.

Cuando la ola rompe su espuma
quedan burbujas sueltas, chiquitas
sobre la piel del agua:
brillan intensa, nítidamente
en seguida se apagan.

Por la suave curva de las olas
sobre su lento avance
sobre su amplio movimiento seguro
la luz resbala.
Se deslizan los resplandores
por los movedizos toboganes del agua.

Ruido del mar, qué golpe derramado
qué entreverada voz y qué sonido
tan confuso y oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.

Todos los límites
firmes y recortados
todo con su color tan decidido
los colores tocándose
uno al lado del otro, sin mezclarse.

Y parece que cada uno: limpio
y liso azul, rojo tejado
verdor brillante
diera un sonido puro e inaudible
y todos un acorde fuerte y claro.
Pero el ruido del mar no se comprende,
se desploma continuamente, insiste
una y otra vez, con un cansancio
con una voz borrosa y desgranada...

Y no se sabe
qué es qué quiere o qué pide
el turbio ruido oscuro
cuando todo en derredor está tan claro.


domingo, 18 de noviembre de 2018

Jairo Rojas Rojas -Inmersión

Jairo Rojas Rojas, Mérida, Venezuela, 27 de septiembre 1980


Inmersión

1) Lo primero que vi fue un gran río, abrí su puerta y entré.
2) El Rey del río tejía la raíz del agua para que no se fuera tras las nubes entendí.
3) Fui bienvenido siete veces ni cuatro ni dos.
4) ¡Estamos vivos! ¡estamos vivos! ─dijo─ y escribió nuestros nombres en el agua.
5) Lo reconocí porque en sus ojos vi un rayo que atravesó árboles oscuros.
6) Se le veía cansado, pero al verme con su dedo solar provocó ondulaciones en el
     aire.                     
7) Escuché el latido del agua muy adentro.
8) Sacó su corazón y sobre la arena lo colocó, le cantó. No estaba solo.
9) No sabía si estaba frente a un niño o una madre, frente a un anciano o una
     estrella.     
10) El rey del río se fue quitando todos los rostros para asombro de los míos.

Cuando vi mis manos eran de agua, recordé los viejos manantiales andinos que  corrían por mis venas.

Sentí mi lengua desanudada.
Mi voz fue creciendo al nombrar cada letra de mi familia

Comprendí entonces que el río era un camino o una casa, una invitación o una despedida.
Todos los ríos van al cielo entendí

¿quién eres?, dijo, ¿cuál es tu historia?, ¿dónde está tu casa? dijo.

imagina, dije
cuando aquellos que no pueden hablar
te señalen la intemperie
y una casa enterrada








viernes, 16 de noviembre de 2018

Andrés Uribe Botero -Cazador de sueños...

Andrés Uribe Botero, Colombia, 10 de abril 1982


Cazador de sueños
ten cuidado
en el valle de los gnomos
donde el árbol
se disuelve en la flor,
donde el aire perfumado
te ahoga entre venenos,
donde la ninfa con su
canto te abraza hacia el fondo
del lago.

Cazador de sueños
ten cuidado,
no sucumbas
al sueño que persigues:
mátalo o mátate
pero vuelve
con los ojos abiertos.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Ernesto Rojas -Pozo de Vargas

Ernesto Rojas, Salta, 1 de agosto 1952


Pozo de Vargas

                                                            Tucumán, República Argentina

Sobrevivir, quien sabe si puedo
con la luna en la mano
a pesar de tanta muerte
sobre mis últimas respuestas
y los alaridos de la sed
que no han conocido sus madres
ni sus ríos
en la cima de los encuentros.

Vuelve para crecer desnudo
y subiste trémulo
en su cáliz de roca
en las horas de los ejércitos
que desarmó el tiempo

en los vientos
en la ceniza hueca de los huesos
grito profundo
que araña los ojos
para construir el rostro
que amamos
en los tiempos de guerra
lodo sucio de la sangre.

La tumba -Vargas- la oscuridad
Que me aplasta los brazos.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Fernando Gabriel Caniza -La chispa

Fernando Gabriel Caniza. Buenos Aires, 6 de diciembre 1970


La chispa 

Se quiere paz cuando hay guerra
y en la paz algunos pesados
piden sangre pa’los que
interfieren sus negocios.
Si hay represalia el desconcierto
se apodera de los pasos
el andar de miles
no cambia nada en apariencia
es más bien
poesíacargada de futuro
escenario adecuado
para que una chispa
enciendala hojarasca.

Algunos dicen
en el pasto seco alcanza
una chispa bien dirigida para
que arda la espesura.
Así, con un alma en piedra, se
golpearían nuevas piedras hasta
que apareciera
la potencia transformadora
de la materia en un gran fuego. Otros
quieren esparcir
pequeños focos ardientes
en campo abierto
confían en sus luces
como un destino mágico.

Con firmeza
insistimos durante añares
la maleza tarda
en ponerse a punto.
Está demostrado:
repartir chisperos no siempre

genera fuego envolvente tampoco
una hoguera bien alimentada,
garantiza
una llama perdurable.




sábado, 10 de noviembre de 2018

Raquel Graciela Fernández -Sylvia

Raquel Graciela Fernández, Avellaneda, 11 de noviembre 1967


Sylvia

                                                                    La ventana

“La luna no tiene porqué entristecerse, 
mirando fijamente desde su capucha de hueso.”
             Sylvia Plath (1932–1963)



La ventana
vomita coágulos de cielo
y el cerebro apaga sus luces,
una a una,
se acabó la fiesta.
Yo aúllo en negro
(el negro es un silencio espeso
como la saliva
de un condenado a vivir).
Yo blasfemo en negro,
y dos niñitos traslúcidos
desayunan sándwiches de huevo,
waffles,
jugo de naranja,
en una habitación sin ventanas
al otro lado del mundo.

Yo,
mutante rubia,
fantasma de pelo rojo,
judía, jabón, jodida,
abrazando las botas de papá,
lamiendo las botas de papá,
ofreciéndole un final chiquito
de cámara de gas,
de Auschwitzdoméstico.

La ventana fue un colirio
aliviando
mi mirada de invierno.
Ahora vomita los colores,
los escupe, los desguaza,
que se vayan,
colores, placebos,
dormirmorir
se hace siempre en negro
que se vayan.

A veces,
saco la cabeza del horno,
recojo mis poemas,
recojo mis gusanos,
en una fiesta de resucitados que dura nada,
que dura apenas una ventana,
un colirio, un jabón,
unos hijos remotos.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Virginia Segret Mouro -Tango nocturno para el bandoneón de Taio

Virginia Segret Mouro, Banfield, 19 de octubre 1953


Tango nocturno para el bandoneón de Taio

Tocame un tango, Taio.
Un tango desconocido.
Una provocación inquietante.

Todo acorde tuyo desgarra
las amapolas desdeñosas de la intemperie.

Tocame un tango, Taio.
Un tango imposible.
Un tango de sudestada en el río.
Una inundación incesante
que encrespe el límite vacilante
entre la piel de la noche
y el tuétano sangrante de los vinos.

Traeme acá tu bandoneón temblón,
que nos va de trinchera
la noche y sus lagartos y vigías.

Llename de aluvión de tango, Taio.
Tu música,
en el embrujo de esta noche
descampadamente azul,
cósmica,
tatuada con sus propias estrellas.

Para esta mirada que deshila
la penumbra insolente,
tango.
Para tanta extrañeza poseída
por el privilegio del secreto,
tango.
Para esta trashumante
acodada al filo del iris de su gato,
el temblor de ese beso.

El temblor de tu fueye adolescente,
Taio.

martes, 6 de noviembre de 2018

Marina Irkalla -Percepción

Marina Irkalla, Piura, Perú, 20 de marzo 1988


Percepción

Fosforece la forma del silencio
y le devuelvo la mirada.
Ante él se descubren todos los objetos antiguos
que presentía en la niñez,
como el tiempo, los gerundios y las cosas.
En la revelación más imprecisa
cada coma encuentra su lugar,
cada punto se sabe exacto,
cada línea esconde una verdad.
La tinta nace en el dedo y se expande
con la claridad de un astro
hacia el nacimiento
del texto encarnado.
Si soplas una vela, se hace el día,
si soplas una vela, cae la noche:
es una sola flama la que teje el mundo.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Marco Antonio Montes de Oca -Balance

Marco Antonio Montes de Oca, México, 3 de agosto 1932 - México, 7 de febrero 2009


Balance

Maté la nube de mis pensamientos,
cedí terreno
a los pensamientos de la nube.

Predije con Apollinaire las nuevas artes,
advertí en un claro del bosque
otras manchas verdeclaras,
ardientes zonas en que pude establecer
una pausa encastillada,
labios que sonríen
en el espejo de la primavera.

Muchas cosas conspiré
con el domingo echado a mis pies,
con el tiempo sirviéndome de suelo
y el espacio, mi leal pareja,
aferrado a mis hombros para no caer.

Muchas veces mil veces
me hundí en sueños más sueños que los sueños,
al imaginarme cómo la golondrina corta,
con la tijera azul de la cola,
ciertas cosas ciertas:
pinos, sauces, tilos
contemplados al trasluz.

Confesé a medio mundo
que ésta es mi hora y no es mi hora,
que todo depende y no depende,
que mis pies han bailado
desde antes de saber andar.

No pude permanecer
ni seguir adelante
ni volverme atrás:
la sola solución fue despertar.

viernes, 2 de noviembre de 2018

José Sbarra -No nos une el amor

José Sbarra, Bs As, 15 de julio 1950 – Bs As, 23 de agosto 1996 


No nos une el amor

No, naturalmente, no nos une el amor
sobrevivimos sin amarnos
¿Cómo podríamos amarnos? Nadie ama a un desdichado
salvo que se trate de un hermoso príncipe de cuentos
y su desdicha sea sólo aburrimiento o hartazgo.

Nos cansa pronto escuchar un gemido
y más aún cuando no proviene de un bello infante Abandonado
en una cesta a orillas de un lago de garzas y
flamencos.

No, los desdichados estamos confinados a sobrevivir en
la soledad masticando nuestra humillación como un veneno
que nunca nos mata.

No, naturalmente, no nos une el amor
en todo caso, lo que nos une es un idéntico resentimiento
una misma rebelión, una rebelión
tan desmesurada que acaba por volverse
estéril. No es una rebelión genuinamente política ni
religiosa, es la rebelión
de nuestro origen contra sí mismo
de nuestra sangre contra sí misma
de nuestra nada contra la nada o
de nuestro cielo contra el cielo de los otros.
Es la rebelión de los que sufrimos porque deseamos algo
que no existe.

No, naturalmente, no nos une el amor
nos une el magnetismo de esta casa;
nos une este laboratorio del dolor;
nos une este cuarto que nos aísla del Insulto,
del bostezo indiferente de la calle,
de las lluvias heladas del invierno,
del sol ardiente del verano;
nos une este lugar en el que somos contenidos
y este tiempo que nos mide.

No, naturalmente, no nos une el amor
nos une la misma búsqueda
(o la misma fuga)
Nos unen, en definitiva, los mismos interrogantes,
las mismas ignorancias
y el mismo deseo (una bruta ansiedad)
por conocer al menos el por qué de nuestro sufrimiento.

No, naturalmente, no nos une el amor
nos une, en el mejor de los casos, el terror a la
soledad completa, la incapacidad de amar a otro ser
sin sentirnos inferiores y humillados.
Nos une un orgullo que se alza cuando más desmoronados estamos.
Nos une la incredulidad de que alguien diferente pueda
amarnos.

No nos une el amor
nos une la vergüenza.
Nos une el pudor de saber tan íntimamente cómo es el otro
y de no saber con la misma intimidad quién es el otro.
Nos une un raro temor, algo así como una envidia anticipada por si uno de los dos ingresa al mundo de los seres
dichosos.
Nos unen todas las bajezas visibles y las previsibles.
Nos une el fracaso como un pacto de niños,
firmado con sangre y alfileres.

No, no nos une el amor
ni la esperanza de alguna vez amarnos
nos une nuestro empecinamiento contra las insalvables
distancias que nos separan.
Nos une la inercia de dos esculturas que, comparten una
plaza: cada una sobre su piedra sin poder alejarse un
solo paso
pero también sin poder acercarse un solo paso.
Nos une ese acercamiento incompleto
ese mirarnos cada uno desde su altura
(o desde su miseria)
Nos une un largo silencio cargado de palabras
que pesan demasiado para decirlas así porque sí,
sin garantías de que no estallen en los labios al pronunciarlas.

No, no nos une el amor
que es un puente
lo que nos une es un abismo.
Nos une este lamento
que trazamos las tardes de lluvia como dos gatos
arrinconados por niños armados con piedras.
Nos une este lamento
como una esperanza involuntaria, inconsciente, de que él nos salve.

No, no nos une el amor
quizá sea el infortunio el que nos obliga a aferramos
con tanta vehemencia,
quizá sea este viento por el que nos dejamos arrastrar
o quizá sea esta penumbra que nos desdibuja.

No, no nos une el amor
nos une el acicate de una soledad idéntica y diferente
y no es únicamente el temor a la soledad presente
es también la premonición de encontrarnos solos en el
futuro.