lunes, 18 de junio de 2018

Jorge Fondebrider -Del otro lado de la medianera hay unos hijos de puta

Jorge Fondebrider, Bs As, 25 de diciembre 1956


Del otro lado de la medianera hay unos hijos de puta

El altruismo apenas se limita a no matar si de otros pisos
nos llegan prepotentes en el sueño
la percusión o el bajo del cuarteto,
como remedo exiguo de una alegría ajena, incomprensible,
más bien imbécil.

No siempre uno elige cómo vive.
Obligados, compartimos un código de monos y medusas
para el que alcanzan las meras terminales nerviosas disponibles.
La noche nos impone su condena.
                                                       Escucho:

“¿Tomamos un vinito? ¡A ver esa zambita!
Mirá que somos familieros. ¡Fernet y cocacola!”
El alma provinciana llegó al Centro y trajo hasta esta calle
sus costumbres, su tedio y la portatil.
Falta decir que va de jogging, mocasines y a veces medias blancas
para cumplir con saña
la pura periferia del sentido.

                                                    Escucho,
hundido en la negrura de la suerte,
¿qué importa lo que dicen los demás, el código civil,
la ley que no es justicia?
Hay cada vez menos espacio.

Vale decir, éste es un mundo donde es fácil esperar
que la vida transcurra entre bostezos,
sin guardar un equilibrio entre pasión y pensamiento;
un mundo en que no existe realidad salvo en la tele.

La tele está muy fuerte
y pienso que no siempre uno elige cómo vive.
Más bien, uno se arregla como puede.
Y a veces no se puede
vivir
cuando del otro lado de la medianera
hay unos hijos de puta.

sábado, 16 de junio de 2018

Marcelo Guajardo Thomas -Víctor Sarmiento comprende el tedio

Marcelo Guajardo Thomas, Santiago de Chile, 20 de septiembre 1977


Víctor Sarmiento comprende el tedio

                                                             To say: I have lost the consolation of faith
                                                             though not the ambition to worship,
                                                             to stand where the crossing happens.
                                                                                                        Forrest Gander

De esta forma, en mi clavícula y mi lengua
la obstinada voluntad de la vigilia

Víctor Sarmiento comprende el tedio
aun cuando este se confunde con el sueño,
en el cruce hambriento de la costumbre y la horca de los días.

Amanece           el roce de los labios sobre la espalda
el resplandor ilumina las ciruelas maduras

En la primera luz, los ojos le parecen órganos inservibles,
los precursores de una manía terca, un hecho aterrador y detenido.

En la cálida matriz del semejante, el hartazgo cede su lugar al sueño

Migra el silencio desde una casa en llamas hasta el vacío de
          la semejanza
el aguijón que busca una coordenada, en donde el hueso se precipita
          y desaparece

todo es hueso y coordenadas, repite, y en la memoria un griterío
          interminable
acercándose como un pedazo de pan que marcha sobre las brasas

Cava la raíz del geranio más allá de la vista
reconoce el gesto familiar del placer, con el hombro ahuecado
en donde el pelo húmedo y recogido deja caer el agua sobre su pecho

Víctor Sarmiento comprende el tedio
le es normal como las evidencias de su cuerpo al tacto
o el silbido del aire que sale irremediable por su garganta

Una celda aun mayor que la rabia, es la prisión cálida del tedio

En la proximidad del cuerpo, un instante
la carne blanda de la ira, cuyos gajos cuelga, oblicuos y estáticos,
antes de los preciosos segundos que preceden a su mano acariciando
el inicio de una espalda inmóvil sobre la cama

El grito de las yemas, el placer sosegado avanza
desde el cuello hasta la cervical como un lento mamífero

El abrevadero que de noche tiembla con la proximidad de
          los caballos

Con el miedo entrelazado           un rostro
así, el retorno de esta plaga
la horca que mece los segundos
en el borde donde el agua golpea

en su lengua
otra lengua afilada

siguió con los labios
la línea del abdomen

sedado


Víctor Sarmiento comprende el tedio
al punto de oír, cortando la transparencia
una pequeña voz rugiendo
como si de pronto el cardo encendido tuviera su propia lengua
y el animal hubiese comprendido la simetría del fango

La quemadura de la silueta aparece en fragmentos
la repetición del instante rompe la piel del sueño
                       éste, sin embargo, prevalece

Los martillos repartidos entre los geranios
la sangre mancha la piel del oso polar               engulle

Aquí la soga y la máscara
en la gruta deshabitada
en donde el agua escurre
como un animal devastado

Veía el redoble de las hojas
urdidas al tallo, contemplaba el prolijo recurso
de las orugas, en su capullo colgadas,           esperando
que sus cuerpos cambiaran hasta la cima de la esperanza

Sin embargo, le era imposible comprender la fe

La fe eclipsa el paso congelado de los segundos
mezclada con la esperanza, suele ser un mortífero tipo de explosivo

Era, desde luego, un retorno a la atroz semejanza
con la mano extendida sobre su faz,       en cuclillas y en silencio
frente a la conmovedora persistencia de los objetos

Aquello que habla de sí con las manos atadas
una lengua súbita que recoge el aire de la aversión
con el sol fulminado, los rostros dentro de los espejos
semejantes al estallido arrancado de la vigilia

¿Qué queda entonces?

La suma de los fragmentos que cambian de forma
la insistencia de los geranios que encuentran agua en la materia
          revuelta

Víctor Sarmiento comprende el tedio
como si fuera un escenario cuya fortaleza radica en la silueta de
          los objetos,
un marsupial que suspendido por los hilos de un titiritero flota
          sobre el agua negra

Pegado al sueño de los cuerpos
la imagen         el desperfecto               la aversión
una clase de tacto pronunciado y bélico
un cráneo que el silencio esculpe pegado a la certeza

El sol aparece entre los árboles
la mantis caza en el follaje del jazmín

Así, el intervalo, en medio del azar y las partículas,
en donde el aspa le corta la garganta al sonido
cuatro veintiséis         la proximidad de un cuerpo
la rebelión del agua en el hueco de la piscina
otra respiración que lo alimenta saciando un hambre tan distinta

el clavo del hartazgo       su boca cortada
sobre el prado y rozando el cuerpo estático del mirlo

Del otro lado, el tapiz del oído, y las puntas de los dedos
sobre la piel húmeda sucede el cruce del líquido y la desesperación
en las direcciones que dibujan las trizaduras del cemento
inundado de agua clorada, donde la oreja cautiva
emite un insoportable chillido, en aquella profundidad
                    la rótula ha perdido el habla

Víctor Sarmiento comprende el tedio
de la misma forma que comprende la hilera militar de las hormigas
que llevan los trozos del mirlo hasta una profundidad austera

Perplejo y desnudo el hueso se hunde en el jardín

Sumergido           ciego       inmóvil
escucha el chillido metálico de los codos que se estrellan en el fondo

Los cuerpos ovillados de los niños rompen la superficie
sobre el agua los redondos caballos de hule esperan el abandono


El oxígeno horada con una cuchara el interior de los caballos de hule
el sol atraviesa el follaje de los helechos y se dispersa en millones
          de nervaduras
La boca hacia arriba             la comisura
una gota de sangre que se desliza hasta la clavícula

Bajo la piel y cavando la marcha del hastío
pronuncia una vacuidad que no se repele

El animal levanta la cabeza
perplejo por la ausencia de depredadores

Se queda inmóvil sobre el agua, suspendido en el tráfago
las manos empuñadas             la mandíbula empuñada
mientras el espasmo atrapado en el diluido sol
impulsa un pequeño iceberg que tiembla en el reflejo

La extravagancia del miedo es un vestigio,
el trozo de una colmena abandonada bajo los árboles

el intervalo y su aguja             la oreja prisionera en el follaje

Abre la boca
el aire entra de una vez
recoge los trozos del mirlo antes de su desaparición
y los reparte en la tierra mojada

Una manilla circular, donde la cuerda aprieta y levanta
la sombrilla      el resplandor metálico del pica hielo hundido
en la cubeta pulida y la copa de un lado de la sombra del tendedero
que corta la superficie dejando los objetos simétricamente
          organizados

Recuerda la claridad de aquel día. Las secretas flores de los cactus.
Su padre subía una colina polvorienta             marzo
se había secado la hiedra que poblaba las rocas
en el Pucara de la cima el viento roía los cardos dejándolos desnudos

En la vasija de madera donde las ciruelas forman un montón oscuro
          y húmedo
la enorme mosca azul dibuja un trazo incomprensible
tan diferente a las rigurosas figuras anaranjadas de los vasos
          del verano

Primero el estupor como un bien estético             corrosivo
de la otra orilla             la perplejidad
como quién suelta a la tormenta
la vaina de un grano de trigo y la sigue con los ojos
          suena el teléfono del comedor
se inicia el cosquilleo del riego automático que cubre el jardín
          alguien contesta y habla
un cuerpo compacto rompe otra vez la superficie del agua

Avanza hasta la sección política

-Se han quebrado los preciosos equilibrios del gobierno
se espera un cambio de gabinete para los próximos días-

adentro         quebrado         el tallo de la semejanza
un trozo de acero en la pupila que impide al ojo ver su gemelo

Víctor Sarmiento comprende el tedio
acaso su veneno más mortífero y seguro,
que con la aguja del cartílago
destruye mas allá de la aversión

Un cuerpo flota como los manatíes
en medio de los hígados y el miedo
giran los engranajes concéntricos
los tallos de los juncos cruzan la superficie del agua

Escucha el repentino estallido del aspa
las ramas viejas comprimidas en vasijas
arrojados sobre la hierba         martillos
y el agua aproximándose en trazos cortados sobre el aire
el cuerpo dormido en la superficie de hule
las palmas de las manos vueltas hacia el agua
el antebrazo estático           las pulsaciones
de pronto         el golpe metálico de la podredumbre
se arrastra hacia el fuego y la desaparición

Toma una ciruela madura y la lleva hasta su boca
la sombra de las grúas cae en el vértice del jardín
                    un pie desciende a la ceguera

La casa está en silencio
y este silencio es una obstinada brasa

El mecanismo funciona por simple succión,
entre el respiradero y la hoja de metal, el aire escasea
y los trozos salen disparados por el conducto de los desechos

el rugido                la respiración entrecortada

Hubo un tiempo en que la fatiga precedía al descubrimiento
un tiempo en que sus rasgos le daban una extraña tranquilidad
como la frágil cubierta de una larva en simbiosis con la raíz del nogal

El jardinero pasa la cortadora de pasto
donde la hierba crece con más fuerza

La luz se debilita. Anochece.

Víctor Sarmiento en posición fetal sobre su cama
el ligero hundimiento    el arco de la espalda      la luz lateral encendida
su cuerpo encorvado y tibio frente al destello

Un paso y otro más      saciado
ya no espera la quemadura de la vigilia

Los ciervos escarban en los junquillos de los muros
en donde la pesadilla se multiplica

Cruza su rostro el látigo de luz desde la curvatura
donde el tronco hinchado de un animal
encalla en la ribera del río luego de la inundación

             el hambre es la próxima catástrofe


Víctor Sarmiento comprende el tedio

Con la frágil brutalidad del oso polar
flotando en la espesura del pozo transparente            cautivo

Los rayos del sol cayéndole por la espalda
el grito del otro lado del reflejo

No existe nada más tedioso que el hambre
el continuo mecanismo que lleva al oso polar más allá de la superficie
donde una mano sostiene un trozo de carne sobre su mandíbula

Comprende además la combustión del desengaño
como si fuera la brutal persistencia de un espejismo
a tientas en el hueco del sueño          desprovisto

un ojo cortado flota entre los juncos


Víctor Sarmiento comprende el tedio

Dejándolo paralítico en un lugar
en donde los surcos del hastío, inverosímiles
profundos sobre la roca, como una plaga
encuentran un acantilado sin tiempo.

Luego de la saciedad
el bulto cartilaginoso cae
a través de la garganta

Con la piel quemada por el clavo de la persistencia
el sueño y la desaparición emergen en las mismas coordenadas

La quijada de la oscuridad traga los redondos caballos de hule
y el agua contenida que aún tiembla en el gigantesco cántaro

abierta sobre la cama, la edición en inglés de Latin American Trade

-Carlos Slim, el hombre más rico de Latinoamérica,
ha acumulado la mayor colección de Rodin fuera de Europa-
La lenta extremidad del vapor se desplaza por el cielo raso
convierte la luz en un extraño vestigio
                    el agua escurre por la tuberías

En la celda del hastío el oído es un prisionero desnudo

He aquí las horas del rencor

Víctor Sarmiento comprende el tedio
Deseando la resignación de la ceguera
del cuerpo que tropieza en una casa en llamas
a punto de caer y en la boca
una lengua confusa y atónita

La cáscara trizada desde adentro por la inconfundible voluntad

En la humedad de los helechos, la persistencia
con las manos enterradas en el fango una pupila empuña los segundos
del otro lado del sueño un contorno se aproxima y le besa los labios

una caída entonces        la repentina brasa
las pulsaciones             una plaga que se alimenta de la memoria

El agua está en calma
el dispersor corta el grito estático del trazo
ruge el aspa y levanta las partículas del hueso pulverizado



Mas, contiene el aliento, mientras el vapor oculta los objetos
la simetría de la clavícula      el cuello desprendido
las caderas húmedas           el abdomen

Esa silueta basta
para desprender un desgarro y darle nueva vida al silencio

Urdido al vacío el tambor del desamparo

Su amor hambriento en la celda

Recobrada. La podredumbre habló como lo haría la carne

Recuerda, una alegría conmovedora,
la risa             tardes en que había amado tanto

ahora, la aparición de las palabras es una aguja
y el silencio un huésped, que imita su rostro para hablarle de sí mismo

En la niebla, convertidos en fragmentos, los rasgos inmóviles
          de la certeza;

las vasijas y los utensilios de fierro forjado   el abismo
de los aparatos de la cocina, el estudio, los dormitorios
el hueco de la chimenea, los libros de Munch y de Hopper
las piedras de la terraza, el jardín rigurosamente organizado

en el corredor se asoma un ciervo
cegado de pronto por el destello

Llamó a esto el desvergonzado hastío

a menudo el volumen y el silencio
en el humus donde la lombriz           persiste
un asno se pudre entre los geranios

la lluvia, el vapor de las piedras trizadas

           noviembre         el tórax hundido          la oreja

Luego del habla

el grito vencido del interior de la carroña

jueves, 14 de junio de 2018

Erri De Luca -A mi madre

Erri De Luca, Nápoles, 20 de mayo 1950
Traducción  Lucrecia Arcos Alcaraz


A mi madre

Dentro de ti fui albúmina, huevo, pez,
atravesé en tu placenta
las eras infinitas de la tierra,
fuera de ti me cuento en días.

Dentro de ti pasé de célula a esqueleto,
me hice grande un millón de veces,
fuera de ti el crecimiento fue inmensamente menor.

Me escapé de tu plenitud
sin dejarte vacía porque el vacío
lo traje conmigo.

Vine desnudo, me cubriste,
así aprendí desnudez y pudor,
la leche y su ausencia.

Pusiste en mi boca todas las palabras
a cucharaditas, menos una: mamá.
Ésa la inventa el hijo moviendo los labios
ésa la enseña el hijo.
De ti tome las voces de mi tierra,
las canciones, los insultos, los conjuros,
de ti escuché el primer libro
detrás de la fiebre escarlatina.

Te he ayudado a vomitar, a hornear pizza,
a escribir una carta, a encender un fuego,
a terminar crucigramas, te he derramado vino
y manchado la mesa,
no te he puesto un nieto sobre las piernas,
no te hecho llamar a una prisión,
no todavía,
de ti aprendí el luto y la hora de terminarlo,
me parezco a tu padre, a tu hermano,
no he sido hijo.
De ti heredé los ojos claros
mas no su peso,
A ti te oculté todo.

Prometí quemar tu cuerpo
no dárselo a la tierra. Te daré al fuego
hermano del volcán que orientaba nuestro sueño.
Te esparciré en el aire después del aguacero,
a la hora del arcoíris
que te hacía abrir grandes los ojos.


martes, 12 de junio de 2018

Daniel García Helder -Yace

Daniel García Helder, Rosario, 4 de agosto 1961


Yace
                                    Un bel morir tutta la vita onora.
                                                            Lo the fair dead!
                                           Petrarca super Pound, 1989

No hay, acá no veo, un pedazo de madera
nunca va a enceguecer, ojos de carne
y cáscaras de huevo —acá no veo—;
el viento se basta con el dolor de las hojas
y la puerta del altillo que golpea
mal cerrada; acá no hay
sino ver y desear, no veo
sino morir con deseo.

Pero borrar las opiniones vacías, tus esperanzas
sin apoyo, los prejuicios, titubeos,
los cálculos tentativos y otras materias
igualmente vagas o falaces supondría
dejar la mente en blanco, blanca, una cáscara de huevo,
pobre cosa hundida en un viento de campanario,
la liebre entre los helechos de la luna
acurrucada en una cuenca seca.
Si hay imágenes, ¿por qué hay memoria?
¿Quién levantó para el sol
una carpa en el mar?
La boca de la chica
que yace en el matorral, que yace
en el lecho de la zanja
dormida, y es picada
por las moscas, mordida
en los pies por ratas del agua
yo la vi, vi la boca, los pies
y no pensé, di vuelta a la hoja,
no pensé y volví atrás, cerré los ojos
ante el viento sin vida que pasaba
por encima de la zanja
barriendo el matorral.

La canción de amor
que fluyera detenida
en cada palabra
y que nadie conociera
ni llegase a oír,
esa que el día desnudo
a la noche cantaría
y la noche al otro día,

no, es imposible ahora:
las cuerdas flojas apenas vibran
y hay flores pisadas, pasto pisoteado
formando un camino, los murciélagos
revuelan en la pantalla sin chistar
y atrás de la ruta un poblado y arriba
la luna cuelga en un lazo de niebla.

Ya sin hambre ni sed, a medias oculta
por la maleza, el cuello reclinado
en el zócalo de la zanja
para que así la descubra el día
y con el rocío sea reparada,
los ojos en blanco,
yace.


domingo, 10 de junio de 2018

Itzjak Laor -Recuerdo de tres muertos

Itzjak Laor, Pardes Hanna-Karkur, Israel, 11 de abril 1948 
Traducción Gerardo Lewin


Recuerdo de tres muertos

A Oded, que estuvo conmigo en la milicia
y que cayó en combate, en el valle del Jordán
la noche de año nuevo del 5728, quizá del ´29,
lo recuerdo cada vez menos, no de la fotografía
que conservo por temor a olvidarlo
ni de la imagen de su padre lamentándose por oleadas
junto a la tumba, año tras año en los aniversarios
hasta que dejamos de ir; que no me olvide tampoco
de Amasías el de la granja cooperativa
que fue muerto en el ejército, en el ´82,
aquel primo tuyo, bello como un ángel, a quien conozco
por el retrato junto al televisor en lo de tu madre, en lo de tu abuela
y en la casa de todos tus tíos en Bet Semes;
a quien también conozco por el duelo incesante de su madre
aún después de tantos años ni tampoco de Lina
de Siquem, asesinada en 1976, cuando escapaba de los soldados
y fue acribillada junto a la puerta de su casa. La recuerdo
a pesar de que no estuve allí, no fui testigo ni conozco el lugar
ni a sus padres o a sus vecinos y tampoco sé
con qué rituales despiden a sus muertos
pero me anoté en su momento los detalles
para que no muriera en mí aquello que los muertos lograron,
para que no muriera en mí aquello que lograron los vivos,
y todo aquel que rememora un alma fuera de la suya propia
recuerda vida.




Nota: el año hebreo 5728 corresponde al período
que va de octubre de 1967 a septiembre de 1968.

viernes, 8 de junio de 2018

Daniel Chirom -Pastel de manzana

Daniel Chirom, CABA, 13 de mayo 1955 – CABA, 1 de diciembre 2008


Pastel de manzana

Baba, Baba, tu Rusia de samovar, tus ojos verdes,
esa mirada perdida en las lejanías, presa de la
furia, del olvido, cautiva del destierro, y esas
manos empuñando las tijeras para hacer el corte
preciso y el pequeño monedero y el mismo delantal
siempre limpio y los alfileres prendidos a la
comisura de los labios mientras hablabas en voz
baja, mitad en castellano y mitad en yiddish. Apenas
comprendía lo que decías pero estaba tu porte
alto, tus brazos fuertes y no tenía miedo en las
noches de aquel hospital de paredes blancas donde
transcurrieron varios días de mi infancia. Un niño
de tres años entre sábanas blancas y enfermeras
blancas, tosiendo, asombrado de la penumbra
mientras sostenía un oso en los brazos y bajo la
almohada guardaba las golosinas que no podía comer,
y esa sopa insípida que me servían en un plato
metálico y el pollo sin sabor y el termómetro
bajo las axilas. Pero estaba el postre,
tu pastel de manzana, el manjar del exilio.
Esa torta era mis juegos, mis amigos, el muro que
me guarecía de la intemperie, mientras esperaba el
día de mi fuga, dejar de toser, no vestir más ese
camisón blanco y olvidar los azulejos celestes del
corredor y las caras bondadosas de los médicos con
su rictus de "sólo Dios sabe" y las visitas
complacientes. Y tenía miedo de la bruja de La
Bella Durmiente, esa mujer terrible de ojos negros,
rostro verde y uñas largas me acechaba detrás de
cada recoveco, y antes de dormir tenía que bajar
de la cama y espiar en todos los rincones para
asegurarme de su ausencia- temía combatir con el
dragón - y entonces yacía en el lecho con mi torta
de manzana, flacucho, temeroso, esperando el alba
como quien espera confesarse. En tus ojos veía
los miedos de tierras hostiles, negaciones,
persecuciones y abstenciones y comprendía que
también para ti el único refugio era ese pastel
de manzana, vieja receta venida al Río de la Plata
desde Kiev, la lejana Rusia, la madrecita patria.
Un poco de pan, apenas manzana, azúcar negra y
una horneada. Oh sabores de la infancia, polleras
de aromas ¿ cómo vivir sin la cocina, la sopa verde,
el dulce nuestro de cada día, el café con leche, el
té con el terrón de azúcar pegado a la lengua, la
carne pálida del pollo, las escamas como llovizna
del pescado? pero ¿cómo seguir sin la astucia
culinaria? Sí, dejarse llevar por la lucidez
de la digestión, la tozudez de los intestinos,
los agridulces jugos gástricos.
Recuerdo la humedad de tu cocina, sus paredes de
azulejos rosados, su blanca mesada de mármol, la
heladera gorda de la providencia con el motor cuyo
constante ruido parecía un auto yendo a baja
velocidad en un día de lluvia, la mesa tosca de madera
verde, los platos ajados de loza blanca, los cubiertos
acerados, el vaso alto con naranjada, el pan fresco
partido en rebanadas (nunca el pan negro,
era para los mujiks decía mi Baba), la miel amarilla,
la gelatina de pescado grisácea, la mermelada roja,
la manteca blanca y esos tazones gigantes donde uno
perdía la nariz que luego emergía esmerilada de té con
leche. Ah las hornallas brillando en la penumbra, sus
débiles llamas brindando calor, la escuálida lámpara
colgando del cielo raso, el almanaque de montañas
(¡Que lejos está el pueblo de tu infancia, la estepa
rusa, las cúpulas doradas de la iglesia ortodoxa, la
pequeña sinagoga, el río congelado!). Pero también
está el paisaje de corredores blancos de mi infancia
de hospital poblada por tu mirada. Y no sabía de
Dios, no conocía su palabra: Dios era la escupidera
donde orinaba en las madrugadas, o aquellos
algodones manchados de sangre y esas sábanas
amarilleadas por el sudor y esa pequeña mesita de
luz con su aún más pequeño velador que tú cubrías
con un pañuelo rojo para que me velara el sueño,
y ese techo tan descascarado, tan diferente al cielo
del patio de la casa. La soledad no tiene edad, Rusia
y aquel hospital es la misma geografía, las bellas
palabras están ajadas y nuestros ojos sonámbulos
desesperan por encontrar un manjar donde
esconderse del vacío que nos reclama.
¿Tendrá mi hijo la suerte de apretar contra el paladar
en los días del desasosiego un trozo de torta de
manzana? ¿poseerá la seguridad que brinda el sabor
preciso o deambulará buscando una patria, una
cocina donde hallar un aroma que lo descubra?
Oh Baba, abuela, la mesuzah cuelga de la pared, su voz
calla, hace mucho que no enciendo los candelabros
y tus copas opalinas ya no lucen sobre manteles
bordados blancos y en mi cumpleaños nadie me trae
un pastel de manzana. Estoy solo, mi mundo es el
pretérito de un sabor, la nostalgia por la pérdida del manzano.
En estos días en que las oraciones enmudecen y hay
poco para agradecer, es buena la memoria del paladar,
la gula divina, mirar un plato con torta de manzana
que un niño se devora y luego una mujer se inclina
para llenarlo otra vez.
Pastel de mi carne, pastel de mi saber, ven, sálvame,
necesito tu invariable corazón azucarado.
¡Qué cerca está el hospital de mi infancia!

miércoles, 6 de junio de 2018

Hanni Ossott -Atracción de lo vasto

Hanni Ossott, Caracas, 14 de febrero 1946 - Caracas, 31 de diciembre 2002


Atracción de lo vasto

Ese canto resonante
de Cuerpo
esa expectoración primera
inicialmente contenida
bufido o eructo desarticulado

Ese pujar vocal

Estertor físico del soy que se busca

Y esa primera abolición del ser en la palabra inicial

Ah voz en ahogo
violencia y voluptuosidad cercada
Ah tránsito de ser a mí

Ah gorgojeo
                  rasgadura de garganta
ruido
                  pobladura de lo vasto

Eco
Inserción de lo inmenso en lo breve
Imagen
Consecución
Y esto: lo que puedo decir desde mí mismo
hoy
ahora que he aprendido a articular mi discurso
Esto, para decir:
Oh escena terrible para espectáculo
Oh espantosa contemplación de lo solo
No calma desde esta calma
No suficiente sin sentido desde esta ausencia

Desierto y ruina
                  –y decirlo se torna ridículo–
Ah, mira la contorsión del cuerpo, la siempre en oposición
Pero me contorsiono
y profiero
sólo yo puedo hacerlo
desde lo que me cerca y me abre
Ah canto siempre devuelto
Siempre no nacido todavía o a destiempo
Tajada, sí…

Y muero por lo vasto que cercena
como los dioses mueren por la nada y se levantan
contra ese soy que en extensión cubre

¿Lo signo, lo fijo, lo canto?
lo dilatado ineludible?
Lo canto, lo signo
porque también habita en mí el deseo de su posibilidad
en franca oposición a lo permanente
en rechazo al borde demasiado preciso
y a la costumbre de esta piel
en distancia de mi propio cuerpo
hacia la instauración de lo breve
por atracción a la ausencia
                                 erguido el canto en regreso al soy

lunes, 4 de junio de 2018

Iktami Devaux -Oda a la Santa Trinidad

Iktami Devaux, Buenos Aires, 31 de marzo 1952


Oda a la Santa Trinidad

Vivimos en un mundo
donde el número uno
impone su tiranía
desde hace siglos
La insistencia de la monogamia
asegura que muy pocos encuentran amor
en el imperio de la pareja
El monoteísmo hace cada vez más improbable
lograr una verdadera
evolución espiritual
El monocultivo crea desiertos
donde antes eran vergeles
Yo elijo ir contra la corriente
es por eso
que esta gloriosa tarde de verano
me encuentra en una mesa de patio
sentado junto a mis tres fieles compañeras
Apañado en la rutina
mi atención
se inclina primero hacia la Rubia
porque es liviana
de cascos ligeros
y su burbujeante esencia
no está equipada
para el fastidio de la espera
Mientras tanto
la Colorada
mastica la bronca
de nunca ser la primera
y la Negra sonríe sabia
con la certeza de ser
la última que ríe…
Hace tanto calor
que despacho a la Rubia
mucho antes de lo habitual
Mis dedos sorprenden a la Colorada
más fría que de costumbre
ya que no ha tenido oportunidad
de irradiar
toda la calentura de su enojo
Siento que he saciado
una buena parte de las ganas
que me ahogaban al llegar
Pero hay un rincón
en lo más profundo de mi ser
que sigue insatisfecho
un vacío
un anhelo
que sólo la Negra
sabe mitigar
Observo las jovencitas
que se contonean prácticamente desnudas
y se me escapa un suspiro de alegría
Mis ojos remontan vuelo
Hacia la cumbre del Piltriquitrón
me limpio el bigote
sedosa espuma de Negra
hecha vida en mis labios
y me sorprende el primer eructo
como delicia
de un proceso
tan orgánico
como vital.

Ahhhhhh…esto es vida


sábado, 2 de junio de 2018

Gonzalo Unamuno -Mataron a Urondo...

Gonzalo Unamuno, Ciudad de Buenos Aires, 10 de julio 1985


Mataron a Urondo
porque morían más que la muerte
que a él no lo atrapa
y entonces
se mataron
disparándole a Paco
que vive en las flores
como en las balas

miércoles, 30 de mayo de 2018

Dino Campana -La quimera

Dino Campana, Marradi, 20 de agosto 1885 - Florencia, 1 de marzo 1932
Traducción Carlos Vitale


La quimera

No sé si entre rocas tu pálido
Rostro se me apareció, o sonrisa
De lejanías ignoradas
Fuiste, inclinada la ebúrnea
Frente fulgente, oh joven
Hermana de la Gioconda:
Oh de las primaveras
Apagadas por tus míticas palideces
Oh Reina, oh Reina adolescente:
Mas por tu ignoto poema
De voluptuosidad y dolor
Música muchacha exangüe,
Marcado con una línea de sangre
En el círculo de los labios sinuosos,
Reina de la melodía:
Mas por la virgen cabeza
Reclinada, yo, poeta nocturno
Velé las vívidas estrellas en los piélagos del cielo,
Yo por tu dulce misterio
Yo por tu devenir taciturno.
No sé si la pálida llama
De los cabellos fue el vivo
Signo de su palidez,
No sé si fue un dulce vapor,
Dulce sobre mi dolor,
Sonrisa de un rostro nocturno:
Miro las blancas rocas, los mudos manantiales de los vientos
Y la inmovilidad de los firmamentos
Y los henchidos arroyos que van llorando
Y las sombras del trabajo humano encorvadas allá en las gélidas colinas
Y aún por tiernos cielos lejanas y claras sombras fluyentes
Y aún te llamo, te llamo Quimera.

lunes, 28 de mayo de 2018

George Orwell -A veces en los días a mitad del otoño

George Orwell, Motihari, India, 25 de junio 1903- Londres, 21 de enero 1950
Versión Gerardo Gambolini


A veces en los días a mitad del otoño

A veces en los días a mitad del otoño,
los días sin viento en que las golondrinas se han ido
y los olmos secos se alzan en la neblina,
cada árbol un ser, arrobado, solitario,

yo sé, no como en un pensamiento estéril,
sino sin palabras, como saben los huesos,
qué mitigación de mi cerebro, qué letargo,
espera en la oscura tumba a la que voy.

Y veo a la gente agolpándose en la calle,
la gente marcada por la muerte, ellos y yo
sin objetivo, sin raíces, como hojas al viento,
ciegos a la tierra y el cielo,

creyendo en nada, amando nada,
sin gozar ni sufrir, sin escuchar la corriente
de vida preciosa que fluye dentro de nosotros,
sino peleando, afanándose como en un sueño.

Por eso en el trayecto de la vida
salvemos una idea, una fe, un significado
y expresémoslo una vez antes de ir
en silencio hacia la tumba silenciosa...

sábado, 26 de mayo de 2018

Jorge Pimentel -Balada para un Caballo

Jorge Pimentel, Lima, Perú, 11 de septiembre 1944


Balada para un Caballo

Por estas calles camino yo y todos los que humanamente caminan
por esencia me siento un completo animal, un caballo salvaje
que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando
muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra
el cemento de las calles. Troto y todo el mundo trata
de cercarme, me lanzan piedras y me lanzan sogas
por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase
de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres
arman expediciones para darme caza armados de perros policías
y con linternas, y cuando esto sucede mis venas se hinchan
y parto a la carrera a una velocidad jamás igualada
por los hombres, vuelo en el viento y vuelo en el polvo.
Visiones maravillosas aparecen ante mis ojos. Y vuelo
y vuelo. Mis extremidades delanteras ejercen presión
sobre las traseras y paralelamente y a un mismo ritmo
antes de asentase en el polvo retumban en la tierra.
Relincho. Y mi cuerpo va tomando una hermosísima elasticidad
me crecen pelos en el pecho y es un pasto rumoroso
el que se ondea y es una música y es un torbellino
de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo. Atrás
van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre
en estos bosques dormidos que despierto con el sonido
de mis cascos. Piso la mala hierba y riego mis orines
calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.
Descanso a mis anchas, bebo el agua de los ríos, muerdo hierba
tallos, rumio. Mis mandíbulas se ejercitan. Muevo mi larga cola
espantando a los mosquitos. Los guardacaballos vigilan
desde la copa de los árboles. Caen las hojas secas.
Los días se suceden y suelo dar suaves galopes hacia la vida.
En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango todo lo invade.
Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los cerros
que me resguarden de las tormentas. Yo observo la lluvia
desde mi cueva. Cae la lluvia y todo lo moja. Con este tiempo
suelo galopar poco cuidándome de un desgarramiento.
Muchas veces me siento solo y llego hasta los helechos
de los ríos para pensar muy dulce en ti muy triste en ti
y voy galopando bordeando el río añorando alguna yegua
que llegó a correr en pareja conmigo. A veces los niños
que vagan sueltos por las campiñas mientras sus padres
realizan tareas de recolección o labranza me montan a pelo
y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,
aumentándolos. De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.
En el verano el sol se pone rojo y se hace presente con su alegría
y los habitantes de los bosques y campos suelen saludarme
con el sombrero y con la mano. Yo les contesto con un relincho
parándome en dos patas. Y con la luz solar que todo lo invade
suelo dar galopes hacia la vida. Allí
donde mi presencia es esperada me hago realidad.
Allí donde ni un sueño se revela me hago realidad
me hago realidad en esos ojos que están cansados
de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida
se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde
y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones
de mar de cielo de tierra.
Mi figura domina la naturaleza.
Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.
Cae la noche.
Mi sombra se recobra.
Las ramas crujen.
Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.
Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra
se difunde con la noche se propaga se manifiesta.
Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía
aún más aún más ¿hasta dónde crecerás?
¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre.
El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.
Por esta época del año suelen cruzar manadas
de caballos ahuyentados y en busca de nuevos campos.
Recuerdo que logré darles alcance y me contaron
que lograron salvarse de una cacería emprendida
contra ellos para mandarlos a vivir a un potrero
y que luego de ser sometidos al cubo de agua
y a la alfalfa son obligados en los hipódromos
a correr distancias de 1,000, 2,500, 5,000 mts.
y no eres libre de correr sino que te dopan te colocan
descargas eléctricas, te manosean, te latigan
con una fusta despellejándote. Y así durante
un buen tiempo mientras ves acumuladas alforjas
de oro y plata. Hasta que llegue el momento de ser
sometido a la reproducción arrinconándote a una yegua
a la vista y paciencia de todos, sin intimidad
en una mañana de tinieblas y poca luz y luego
te separarán de tu yegua y potranco y pasarás
tus años inmisericorde como padrillo viejo y cuando
manques te dispararán un balazo en la sien. Ya
había galopado un buen trecho con la manada
que huía despavorida y me dijeron que probablemente
para el invierno pasarían por aquí para ir más
al norte. Y se alejaron a la carrera. Yo sabía
lo que le sucede a un caballo en la ciudad. Y
por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces
me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo
me rebelo y persisto y amo terriblemente mis posibilidades
de realizarme en un medio donde la civilización se mata
y permanecen odios, prefiero ser caballo. Mojaré
la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas ganas
inmensas de vivir y me uniré a las manadas para galopar
hacia la vida, para mantenernos unidos y vencer,
para no estar solos, para volvernos verdes-azules-amarillos
anaranjados-rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco
y el campo sin límites.
Seré libre así y al menos mis guardacaballos cuidarán de mí
y de mi yegua
y de mi potranco.

jueves, 24 de mayo de 2018

Alfred de Vigny -La muerte del lobo

Alfred de Vigny, Loches, 27 de marzo 1797–París, 17 de septiembre 1863
Traducción Vayu Sakha


La muerte del lobo

Las oscuras nubes cruzaban la enardecida luna,
tal como el humo huye en un incendio
y los bosques se ennegrecían hasta el horizonte.
Marchamos sin hablar por sobre el pasto húmedo,
por entre los espesos matorrales y los altos brezos.
De pronto, bajo abetos parecidos a los de Landas,
vimos las grandes marcas de sus garras,
la de aquellos errantes lobos que estábamos persiguiendo.
Los escuchamos, reteniendo nuestro aliento
y deteniendo nuestros pasos. Ni bosques ni llanuras
lanzaban suspiros en el aire, solo
la veleta matinal gemía al cielo;
y el viento, muy elevado por sobre la tierra,
no rozaba con sus pies sino las torres solitarias.
Y los robles, apoyados en rocas reclinadas,
parecían dormitar y reposar sobre sus codos.
No hubo susurro alguno, hasta que bajó la cabeza
el más viejo de nuestros cazadores abocados al rastreo;
inclinándose se fijó en la arena y de inmediato,
él, que nunca se había equivocado,
dijo en voz baja que las recientes marcas
anunciaban el paso y las poderosas garras
de dos grandes lobos cervarios y de sus dos lobeznos.
Entonces preparamos nuestros puñales,
ocultando nuestros rifles y su resplandeciente brillo.
Avanzamos paso a paso, apartando la espesura.
Tres de los nuestros se detuvieron, y yo, buscando lo que veían,
percibí de pronto dos ojos fulgurantes
y, más allá, a cuatro formas delicadas
que danzaban bajo la luna en medio de los matorrales,
tal como lo hacen cada día -con mucho ruido y ante nuestra vista-
los alegres galgos al regreso de su amo.
Y su ritmo era similar, como similar era su danza,
pero los lobeznos jugaban en silencio,
pues bien sabían que a pocos pasos -tan solo dormitando
bajo muros- reposaba el hombre, su enemigo.
El padre estaba de pie y más allá, contra un árbol,
descansaba su loba, como aquella de mármol
adorada por los romanos, cuyo velludo cuerpo
abrigó a los semidioses Rómulo y Remo.
El lobo se acercó y agazapó con sus patas preparadas,
con sus agudas garras clavándose en la tierra.
Se sabía perdido, pues había sido sorprendido;
su retirada estaba clausurada y todos los caminos ya tomados.
Entonces, en su ardiente hocico
apresó la jadeante garganta del perro más temerario
sin relajar sus colmillos de hierro,
a pesar de nuestros disparos que atravesaron su carne
y de nuestros agudos puñales que, como tenazas,
lo atravesaron penetrando sus amplias entrañas.
Hasta el final mantuvo aprisionada la garganta del perro
que, muerto hacía rato, yacía desplomado a sus pies.
Luego el lobo lo soltó y dirigió su mirada sobre nosotros.
Tenía en su cuerpo los cuchillos clavados hasta la empuñadura
y lo estancaban en el pasto inundado con su sangre;
nuestros rifles lo rodearon en una siniestra media luna.
Nos miró de nuevo y luego se desplomó
con la sangre fluyendo de su boca,
y sin importarle saber cómo moría,
cerró sus grandes ojos y se fue sin un lamento.

II

Reposé mi frente sobre mi rifle ya sin pólvora
y me puse a pensar, sin poder decidirme
a perseguir a la loba y sus hijos, a aquellos tres
que quisieron esperarlo; y creo que,
de no ser por sus dos lobeznos, la oscura y sombría viuda
no le hubiese permitido sufrir solo la gran prueba.
Pero su deber era salvarlos, a fin de
enseñarles a padecer el hambre,
a jamás hacer un pacto con las aldeas,
tal como lo hicieran el hombre y los animales serviles,
los cuales cazan delante de él -para tener donde dormir-
a los originales propietarios de los bosques y colinas.

¡Oh, a pesar del gran nombre de hombres,
siento vergüenza de nosotros, de lo débiles que somos!
¡Cómo se ha de abandonar la vida y todos sus males,
eso lo saben ustedes, sublimes animales!
Al ver lo que se ha sido sobre la tierra y lo que se ha dejado,
solo el silencio es grandioso, lo demás debilidad.
¡Ah, te entiendo bien salvaje nómade!
Tu última mirada penetró hasta mi corazón
diciendo: “Si puedes, haz que tu alma alcance,
a fuerza del estudio y la reflexión,
aquel alto grado de orgullo estoico
al que yo, nacido entre los bosques, llegué antes que otro.
Gemir, llorar e implorar son igualmente vanos,
dedícate con toda energía a tu larga y ardua tarea
dondequiera que el camino o el destino te llamen,
y luego, al igual que yo, sufre y muere sin hablar”.

martes, 22 de mayo de 2018

Juan Luis Panero -A la Mañana Siguiente Cesare Pavese no Pidió el Desayuno

Juan Luis Panero, Madrid, 9 de set 1942 - España, 6 de set 2013        


A la Mañana Siguiente Cesare Pavese no Pidió el Desayuno 

Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por vez primera había afirmado su existencia-
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.

domingo, 20 de mayo de 2018

Alejandro Nicotra -El pan de las abejas

Alejandro Nicotra, Sampacho, Córdoba, 25 de marzo 1931


El pan de las abejas
                                                      (En memoria de Antonio Esteban Agüero)

El pan de las abejas, la miel de todos.
Sopla el tiempo
sobre la galería de tu casa: nadie
sino la luz sorda, vacía,
entre pilares rotos.
Ni tu sombra, ni el rumor del poema. 
(“El agua con racimos y la luz con abejas”…)
Patio sin parras. Seco aljibe.
Ayer,
la madre pasa con un plato de miel.
He visto las colmenas devastadas
y en el aire de marzo,
espacio azul,
el humo que subía desde los panales.
He visto al hombre enmascarado,
los torpes guantes,
y el pueblo de la brisa
y de la flor:
                  gota a gota,
los pequeños
cadáveres.
He visto al sapo gordo
saciado de saqueo.
Sopla el tiempo
desde la fresca sombra de las parras,
los cántaros, las flores. (El temblor
y la luz de las abejas.) Oigo
tu voz.
Un niño pasa con un plato de miel. 
He visto las colmenas devastadas,
el humo por el aire de marzo.
Y he visto,
entre las ruinas y la sombra,
el pan hecho de sol;
                               quiero decir
-lo sabes-: vi tu muerte
y tu vida. (La galería rota
de tu casa, las páginas
doradas.) Y mi vida
y mi muerte,
seguramente iguales.
Un hombre pasa con un plato de miel. 
El pan de las abejas,
la miel de todos.

viernes, 18 de mayo de 2018

Mordechai Geldman -Porno

Mordechai Geldman, Munich, 19 de febrero 1946
Traducción Gerardo Lewin


Porno

En otras circunstancias, me hubiera enamorado de ella.
Tenía una mezcla de beldad francesa
con cierta hermosura oriental de indefinible origen.
La esbeltez de su cuerpo, su rostro y la gracia de su andar
convertían en horribles a las mujeres que hasta ese momento había conocido.
Su encanto persiste y hace de la belleza física
una pregunta cruel. Por momentos, la más cruel de las preguntas.

Desearla, con los otros tipos. Todos:
aquellos que se exhibían en la peli haciéndole cosas frente a mí
y los demás que conmigo la contemplaban, rechinando en sus asientos:
ancianos aferrados a sus deseos últimos;
maricas franeleando;
negros que migraron a Tel Aviv para blanquearse los destinos
y cuya temerosa extranjería aun en la oscuridad se revelaba;
trabajadores árabes: migrantes, sucios, pobres,
masturbándose en los rincones con una pasión desesperada,
ávidos de expulsar al invasor sionista;
silenciosos, púdicos vietnamitas de los restaurantes
y otros - anónimos en las pesadas sombras
atravesadas por un rayo tembloroso
que transportaba a la pantalla su disfrutable imagen,
el eco luminoso de su hipotética existencia.

¿Acaso desearla junto a aquellos todos
era como encontrar en el infierno a Eurídice
paseando pura y blanca y eran sus labios carmín y fresa
en las voraces nieblas del país de la muerte?
Éste es un símil banal: sólo halaga al poeta,
que se pretende así equiparable a Orfeo.

Desearla junto a aquellos todos
era como encontrar, en una playa abandonada,
entre asfaltos y latas de bebidas,
entre algas y vellocinos -

una perla perfecta.




miércoles, 16 de mayo de 2018

Esteban Charpentier -De La Plata

Esteban  Charpentier, Buenos Aires, 15 de septiembre 1958


De La Plata
                    Somos el río que invocaste, Heráclito. Somos el tiempo.
                                                                               Jorge Luis Borges


Mi río pinta con la fuerza de la sangre embarrada
La subterránea indecencia de un dolor eterno
Saborea el ácido de una llaga en pentagramas de plata
Mientras silba su canción de contratiempos
Se viste de luto
De endurecido vuelo
Y en su garganta fermenta
La premura de una palabra ahogada
Sin traiciones
Pobre y de bolsillos fríos
Hunde el puño en la cicatriz que un pájaro suicida
Clavó en su superficie de perla falsa

Fluye como néctar agrio en su entrepierna de olvidos
Azul y ausente
Atormentado en la pesadilla de convertirse en hombre
Coagula pasiones y destierros
Se hace llamar río
Despierta de un Pampero
Su curso segrega un vino de maloliente espanto

Junto a la orilla de un pañuelo gris
Trepa un poema
Que reverbera en un grito de mordaza sucia

Fondo blanco
Cae al final
Se estrella
Ajusticia su despertar libertario
Llora su basura
Abraza un tango
sin tenerle miedo a las palabras.


lunes, 14 de mayo de 2018

Matilde Campilho -Rojo vivo

Matilde Campilho, Lisboa, 20 de diciembre 1982
Traducción Aníbal Cristobo


Rojo vivo

Aléjate de mí
entiende
soy un raging bull
cuando apareces
ostentando
tu aorta transparente
tu válvula semilunar
tu septo palpitante
Cuando apareces
haciendo sonar los cascabeles
rojos de tu clavícula
mientras caminas
sobre el pavimento
de Terrorland
A ver si desocupas
las líneas telefónicas
que desde hace 20 años
van de Girona a Sant Jaum
yo quiero conectarme
Retira tu timbre
hecho de B / F / Am / C#
de la sala del cine
donde casualmente
pasó galopando
John Wayne
galopando y gritando
sudado como el jabalí
que fue ofrecido
a tu familia
en vísperas de
la resurrección
del niño crucificado
cabeza abajo
Retira tu mano
del rostro del derviche argentino
que hace cuatro años decidió
decir los 1500 nombres
de Alá todas las mañanas
si lo dejas en paz
en pocos meses
tendremos 5000 invocaciones
de la palabra santa
en el Boulevard Las Heras
eso puede muy bien ser
la salvación
del glaciar Perito Moreno
puede muy bien ser
un empujón a las partículas
arenosas del Sáhara
y quién sabe
en algún momento
la canción del desierto
sonará más aguda
más prolongada
y quién sabe
en algún momento
llegará a los oídos
del traficante de joyas
de New Jersey
que at last asumirá
su vocación de profeta
Sí las personas cambian
Intenta retirarte
aunque sea temporariamente
de figurar en los comerciales
que pasan en la pausa
de la novela de las ocho
hace mucho tiempo que
nadie la ve
pero qué si sucede
una tragedia cualquiera
el presidente interrumpe
todas las emisiones
y las antenas de 36 MHz
mantienen de todos modos
la publicidad
eso puede ocurrir
todo puede ocurrir
entonces evítalo
Evita enterrar
tus pies
en el arrozal de Vang Vieng
claro que es sumamente delicioso
el ondular líquido
de las plantaciones
rozando nuestro tobillos
el cuerpo tiene memoria
y agua es igual a cuerpo
entonces es delicioso
pero conviene tener en mente
que un objeto extraño
mezclándose con otro
siempre va a perturbar
el curso continuo de la naturaleza
Mantente lejos de la panadería
Mantente lejos del ring de curling
Mantente lejos de la cabina de control
del aeropuerto de Queensland
Mantente lejos de las lonas
de los paneles que anuncian
la nueva marca de tabaco de seda
Mantente lejos de la tabla
de la piscina de siete metros
por ocho en el último día de mayo
Mantente lejos
porque entiende
Eres rojo y negro
tu tórax tiene mayor diámetro
que la concentración
de los hinchas del Flamengo
toda metida en el Maracanã
Eres todo rojo y negro
Mantente lejos
no te acerques
Porque a nadie le gusta
nadie quiere
ver un toro enloquecido
dando cornadas ciegas
en las cajas de madera del colmado
en los letreros del tránsito
en las motos aparcadas
Mantente lejos
a nadie le gusta
saber despierto
y suelto en la ciudad
a un toro bravo
al que un día le enterraron
la espada de oro
en la línea dorsal.

sábado, 12 de mayo de 2018

Norberto Barleand -Un niño se ahoga en una foto

Norberto Barleand, Bs As, 18 de julio 1942


Un niño se ahoga en una foto

                                                                  Alan  Kurdi un niño de 3 años 
                                                 muere ahogado en una playa de Turquía,
             huyendo de la guerra en Siria ( imagen que recorrió el mundo)
                                                                         23 de septiembre de 2015

Un mismo cielo cobija universos
mientras el mundo
gira y gira
al  revés de los sueños,

Un  niño se ahoga en una foto
corre en el mapa de las redes
desde las cómplices catervas
                 donde gestaron su muerte.

Tragedia, Poder.
el tiempo en la orilla de los árboles
y las ruinas que construyen.

Lobos con turbios aullidos,
ocultas acechanzas
en las  pirámides del viento.

Un niño muere ahogado en una foto,
miramos con asombro,
sin ver.
Pasan Imágenes
y pasan
Imágenes,
la misma,
más imágenes
Pasan y pasan
Ligera,
banal,
vertiginosa.
Transcurre la muerte de un niño
que miramos en el bar,
la cocina,
el cuarto ,
multitud de niños arrasados de su tierra
Refugiados
Perforados por las balas,
el hambre
del adulto
                    y su oscura codicia que mata.

y la foto se cae,
ya no conmueve,

otra imagen circula
ligera,
banal,
vertiginosa

un spot,
un colchón
y la última foto de un político
que baila,
canta,
balbucea,
dice,
silencia
omite
deliberadamente
aquello que nunca
             podrá explicar.


jueves, 10 de mayo de 2018

Francisco Umbral -Voy a poner primero, donde empieza este libro…

Francisco Umbral, Madrid, 11 de mayo 1932 – Madrid, 28 de agosto 2007


Voy a poner primero, donde empieza este libro…

Voy a poner primero, donde empieza este libro,
un cuchillo de tiempo que he visto en la cocina,
voy a poner delante, porque el lector lo use,
un bruñido abrecartas, pulcro de asesinatos.
Quiero abreviar las cosas o dar facilidades,
que las páginas negras, duras por todas partes,
pueda el lector abrirlas como matando un primo.
Voy a poner delante, donde este libro acaba,
un puñal que sujete su dispersión de puta:
crímenes y baladas, cosas que me pasaban
cuando el color del pene era de oro molido.

Hay que echar a puñados, como se coge fruta,
páginas y palabras en las manos de nadie.
Hay que ordenar la tinta como un mar que se peina,
y que el hilo del tiempo, de donde cuelga ropa,
ponga a secar la prosa, las bragas de una chica.
Luego el lector, despacio, con aterido acento,
dice en voz alta cosas, frases que le han quedado,
vive ya del veneno gris de los malos libros,
pero se ha acostumbrado, ha de seguir leyendo:
toma el puñal o copa, abrecartas o libro,
bebe por cualquier parte, huye declamatorio,
vuelve a la librería, recobra su dinero
y en un rapto que repta se suicida cantando.
Ya está todo cumplido, la muerte ordena el mundo,
mi libro iba por libre y hoy se viste de entierro:
hemos matado a un dulce y terco seminarista.
Antologías letales o dagas de cocina,
lentos alejandrinos, prosas como emboscadas,
trampas para muchachas, el corazón o el sexo.
Hay que reunir esfuerzos, libros, antologías,
y hacer con ello fuego, luces de fin de mes
a ver si alguien nos mira, si una preadolescente
comprende que su vulva, rosa de Alejandría,
es el lugar de un crimen, cópula o pie de imprenta.

martes, 8 de mayo de 2018

July Solís -Oración

July Solís, Lima, Perú, 20 de marzo 1988


Oración
                                                                          En la gran oscilación
                                                                          entre creer y no creer,
                                                                          el corazón se trastorna
                                                                                    Fernando Pessoa

Veintidós años de oraciones como una endemoniada
han ramificado mi cuerpo en un antiguo dolor de árbol
una nueva oración será necesaria
o es acaso un golpe en la nariz
una rodilla rasmillada sin bicicleta
lo necesario a estas alturas
bastará
una gota de tu sangre
para calmar mi sed, Señor
qué difícil es cargar tu sombra entre mis hombros
de tu voz en mi susurro rezando
de tu voz en mi susurro rezando
y rezando hasta rasgar mis sesos
y siempre el desasosiego
ya no quiero confesarme
ya no quiero confesarme
tanto tiempo
entre millones de cuadros
multiplicados tus brazos abiertos
hasta cuándo, Señor ¡cerradlos!
para cerrar mi boca
con esta herejía que lleva urgencia de años
¿por qué has de ocultarte en los resquicios de las nubes?
ya deja de sembrar tu canto
y repara este charco
en el que me he convertido
yo solo sé abrir burbujas
que solo quieren devorarte
que solo quieren…
pero no es posible matar al padre sin que el hijo esté ya muerto
y no quiero arrepentirme
y no quiero arrepentirme
tampoco tener miedo
tampoco tener miedo
ni tan poco miedo
ni tan poco miedo
miedo
miedo
miedo

¿Acaso esa es tu revancha?

domingo, 6 de mayo de 2018

Mario De Luca -Manos de madres

Mario De Luca, Buenos Aires, 12 de noviembre 1959


Manos de madres

Ma ¿puedo?
pregunta un chico en
la calle y ella
aunque duda
le suelta la mano

yo cruzo y veo venir
madres que reconozco
con sus hijos:

Mamá Agus deja deslizar sus manos
soltándolos de a poco
shhh!          que no se den cuenta
por un rato
se baja de la cornisa
respira jadeante
en modo off
medita zen
resuena en om
son cinco minutos
la hacen florecer

Mamá Cin con la punta de los dedos
mantiene a las nenas cerca
se inclina
corre a su ritmo
hasta que ella misma
se engancha en el juego y las libera
dispersa en alguna sensación
un pensamiento la transporta
como un relámpago fuera del mundo
regresa justo a tiempo

Mamá Clau
sus manos son
piedra papel o tijera
puños que retienen
la arena del tiempo
palmas que acarician
fotos de niñas sus dedos
las recortan
brotan capullos que tiemblan
cerrar los ojos  y
al soplar
renacen livianas
como hijas del aire

Mamá Celi ya no los lleva de la mano
pero parece
se los banca y admira al mismo tiempo
los incluye en sus proyectos
hoy es como antes y
mañana será igual
ella es un corazón gigante
donde ellos giran en órbita
como amorosos asteroides

Y por fin Mamá Nori
cuando su hijo pregunta
ma ¿podés?
ella dice sí y extiende su mano
tomando esa otra manito inquieta
que la aprieta
la tironea y la arrastra
hacia quién sabe dónde
eso no importa         eso
es abutequiero

viernes, 4 de mayo de 2018

Marcelo Rizzi -De los saberes esenciales


Marcelo Rizzi, Rosario, 25 de enero 1961


De los saberes esenciales

Nada se entiende de la máscara cómica
si se la porta del revés.
El péndulo no ha variado en siglos
su perfecto trayecto de hemiciclos.
Un niño ha arrebato a otro niño
nuevamente el juguete más preciado,
y se han quedado solos en la habitación,
sordos por la explosión, instantáneos
de repente como seres sin pasado.
Puede suceder que pernoctando
en la morada de la palabra perdida
se asista a una especie de caza menor:
la que obtiene su presa en mitad
de la noche, y la libera sin alas
con las primeras horas del día.




Fotografía Héctor Rio

miércoles, 2 de mayo de 2018

Jean Arp -Sophie soñaba Sophie pintaba Sophie danzaba

Jean Arp, Estrasburgo, 16 de septiembre 1886-Basilea, 7 de junio 1966 
Traducción Aldo Pellegrini


Sophie soñaba Sophie pintaba Sophie danzaba

Soñabas con estrellas aladas,
con flores que miman a flores
en los labios del infinito,
con fuentes de luz que se abren,
con eclosiones simétricas,
con sedas que respiran,
con ciencias serenas,
lejos de las casas de los mil dardos
de las prosternaciones de desiertos ingenuos,
entre mil milagros desordenados.
Soñabas con lo que reposa en la inmutable morada
de la claridad.
Pintabas una rosa desvelada,
un ramo de ondas,
un cristal vivo.

Pintabas las conchas
que recogías a la orilla del mar
y que colocabas en la mesa de dibujo
en torno a una concha grande
como un rebaño en torno a su pastor.
pintabas una lágrima entre el rocío,
una lágrima entre perlas.
Pintabas la claridad que hace latir el corazón,
la dulzura que hace mover los labios.
Pintabas la noche que tiende las estrellas,
el sueño claro,
el buen placer de las flores.

Danzabas la aurora que desborda a la tierra.
Danzabas el jardín estremecido al alba.

Danzabas en el paisaje enguantado de la luna
con los gnomos traviesos de la sombra.
Danzabas el desnudo que pierde su juguete de aire,
el placer que solloza desposeído.
Danzabas las seis butacas bermejas
más perspicaz que seis cerebros de filósofos,
mientras el patíbulo de marfil sombreaba en la lava
de lo oscuro,
la risa del polvo,
la noche del mediodía y sus canciones de grillos.
Danzabas el adiós.

lunes, 30 de abril de 2018

Gerardo David Curiá -Sobre el equilibrio del agua...







































Gerardo David Curiá, San Pedro, pcia de Bs As, 24 de diciembre 1968


                                                                    blanco sólido, el cumplimiento
                                                              de un extremista en un ejercicio…
                                                                                           Wallace Stevens

Sobre el equilibrio del agua
no hay huellas

oscilación
apenas
oscilación


                  el cuerpo es proporción en el sentido       
                   indicio del paisaje

música de los peces
en los huesos del pescador


Tiende la red
hacia el limo húmedo y sin forma
vislumbra en lo oscuro
los signos
               de su presa
que es una
      y es innumerable


asume
las velocidades del espacio


desde la más remota inminencia
sentado en su bote
                        espera                               
y el Paraná
                  ola sobre ola
de viento frío
salpica a lo largo y a lo ancho             
     levanta el horizonte
curva
       otra forma del mundo
                               
el río es el mismo


El  agua es silencio
resiste y desafía
al filo de la luz

lo irreal
sueña lo real

la canoa está quieta en la corriente
la distancia se mueve


Húmedo perfume de camalotes
la respiración y el paisaje se unen

pureza inmóvil
ni siquiera
el temblor de la advertencia

de pronto el cuerpo
carece de cuerpo

el azul de la mañana lo atraviesa




Dibujo del pintor sanpedrino Jorge López

sábado, 28 de abril de 2018

Javier Robledo -Antepasados

Javier Robledo, Bs As, 10 de marzo 1962


Antepasados

Quien olvida su origen
olvida su destino.

En mil heridas abrían la tierra
cicatrizaban con granos
el quedar del paisaje
latente
hasta que
tizas las gotas
dibujaran brotes sobre la pizarra del valle.

Luego
caminaron los pies sobre el agua
y la nave desgarró la trenza de los cabos.
Se abrieron como dos labios las costas:
cúmulo de venas espectro
y de carnes una esperanza.
Se habrán atado al mayor para resistir el canto de esas sirenas
y con quilla como arado a-hora habrán surcado quién sabe cuánto.

Ojos abiertos, ojo planeta,
asteroide minúsculo interiormente poblado de geografías,
           de flora y de fauna extrañísimas.
Ojos abiertos, al continente.

Y llego, también grano, cúmulo potencial, y pongo
oreja en tierra
sobre el rastro de los rostros.
Mire que ir y pararse justo ( ante mi comparecen...) sobre la marca en el roble que el tiempo profundiza ( siendo el año mil ochocientos...) surco, surco en dirección opuesta y escarbo con la pluma como una sonda ( de profesión labrador...) descubrir con mi asteroide el astroluz ( declaro el nacimiento de...) y resurgir brote de tronco
( hijo de Don...) refrescar la conciencia ( y de Doña ) a ellos ( acta número, de esta burgueña tierra... ) los inmateriales ahora ( sin mas que declarar ).

Los que pusieron antes pie en tierra
labraron el ser de mi nombre
pintaron el niño que palpita en mis yemas.
Los que en soga trenzada de coraje, crearon y amaron.
Los que en la punta de una península habrán grabado:
Un grano más soy
y sin embargo
un mar
se orienta hacia mí.

Fueron tiempo tendido,
y en la trama, punto cruz
   como yo.
Son este vuelco de corrientes y cataratas de relámpagos
que me atropella
esta guerra civil de razones y sentidos
este pulular de fantásticos
este ser ahora y otro en un segundo.

Olas de visión empujan como motores antiguos e invisibles.
El niño mirando al oso, ya no verá partírsele la nave.
Vibración añeja busca su fin y su origen:

y llego ahora
soy y descifro
la Vuelta
escondida en el reverso de aquel
      pasaje.


jueves, 26 de abril de 2018

Niní Bernardello -Homenaje a la isla de los Estados

Niní Bernardello, Cosquín, Córdoba, 18 de marzo 1940


de Homenaje a la isla de los Estados

Cuando digo belleza te veo
cercano Mar en el roce
de mis manos te veo
encendida en gris y plata
cubriéndome con tu oleaje
tan fantasmal como cierto.
Cuando digo belleza
te busco bajo las estrellas
heladas de la Cola del Dragón
y siempre estás ahí fluyendo
como la palabra, como la vida
derramándose en tus aguas verdaderas.
Cuando escribo belleza
sólo ansío verte para
regresar al borde blanco
de esa llanura de espejo
líquido donde dejo mis sueños.

martes, 24 de abril de 2018

Claudio Portiglia -Bella y transitoria

Claudio Portiglia, Junín, Bs. As., 13 de enero 1957



de Bella y transitoria

1

Hay días que son duros y el esqueleto cruje y también cruje el alma si es que acaso estuviera
trepada en algún sitio filtrada en la corriente que elabora el cerebro y que todo lo cuestiona
si es que acaso estuviera
tendida sobre el pasto donde juegan los niños o en las camas amantes de amores a destajo
yo no sé si hay un alma si no es todo materia si no somos finitos si el destino es el tránsito si no somos de polvo si vivimos de prepo si un volcán nos contiene y un agua nos redime si un viento nos devuelve si no es todo energía si son ondas o planos o meras percepciones si valemos por algo si por alguien latimos
yo que todo lo pienso sé que hay algo que pienso de modo diferente
yo que no creo en nada sé que creo que hay algo que me habita a escondidas
y en días como éstos cuando todo nos cruje
uno le mete manos a cosas que no entiende y a rezos que no sabe y atolondrado y todo
sabe que al menos sabe que cree que está vivo que crujir lo demuestra



2

Para el día crucial tengo otros planes
ni me iré de viaje ni saldré de gira
ni habré de encontrarme con alguien que me espere en ningún lado
aunque nunca muy lejos he viajado bastante y no tengo reclamos por hacer
demasiado con la carga que les deje a quienes algo pude haberles dado vivo
lo que quede se irá consustanciando con lo que quede de otros
con lo que otros dejaron para que yo disfrute
con la tierra y el agua y el aliento y el fuego
y ese gen que circula para todos llamado humanidad
más o menos rayamos a la misma altura
el único poder que he respetado será el mismo que me aseste el golpe
y sería incoherente de mi parte torcer esa opinión
bien muertos estamos los mortales el día que morimos
esperar otras cosas no permite que vivamos siquiera
y en lo que a mí compete
si supe del amor me doy por pago
y mis deudas en fin que la poesía se encargue de saldar



3

Un día vino
 se sentó frente a mí
 cruzó las manos sobre la mesa y apoyó el mentón
 alzó los ojos y esquivó el flequillo
 yo intenté sortear con una broma la intensidad de esa mirada
aunque supe que me había penetrado para siempre
 tal vez fue la tarde que lloró o tal vez fue otra tarde no interesa
 se sucedieron risas y proyectos
 confesiones tan hondas que lastiman hasta la risa misma
 ansiedad de chiquilla que se afianza en la vida y la pelea
 serenidad en la zozobra
 peso de un par de convicciones certeza y decisión
 le dije que la amaba con vergüenza desde estos años casi envilecidos
 noté cierta extrañeza
 en adelante el tiempo ya no pudo medirse
 elástico y neutro se derrama
 por canales de historia sin asunto
 y transcurre nomás en un continuo de presencia y ausencia inacabado




domingo, 22 de abril de 2018

Muin Basisu -Tres muros para la sala de tortura

Muin Basisu, Gaza, 29 de marzo 1927-Londres, 23 de enero 1984
Traducción María Luis Prieto


Tres muros para la sala de tortura

Al alba
Yo resistiré...
Mientras haya en el muro una página en blanco
y no se derritan los dedos de mi mano.
Aquí, alguien pulsa
un mensaje a través del muro.
Nuestros hilos se han convertido en nuestras venas,
las venas de estos muros.
Toda nuestra sangre se derrama
en las venas de estos muros...
Un mensaje a través del muro:
Ellos han cerrado una celda,
han matado a un prisionero,
han abierto otra celda
y han llevado a un prisionero...

A mediodía
Ellos me han puesto delante el papel,
me han puesto delante el lápiz,
me han puesto en la mano la llave de mi casa.
El papel que han querido manchar
ha dicho: ¡Resiste!
El lápiz cuya frente han querido mancillar en el barro
ha dicho: ¡Resiste!
La llave de la casa ha dicho:
En nombre de cada piedra
de tu humilde casa ¡Resiste!
Un golpe en el muro
es el mensaje de una mano rota
que dice: ¡Resiste!
Y la lluvia cae
golpeando el techo de la sala de tortura.
Cada gota grita: ¡Resiste!

Al ponerse el sol
Nadie está conmigo,
nadie oye la voz de este hombre,
nadie lo ve.
Cada noche, cuando los muros
y las puertas se cierran...
él sale de mis heridas sangrantes
y camina por mi celda.
Soy yo.
Es como yo.
Le veo de niño
y con veinte años.
Es mi único consuelo,
mi único amor.
Es la carta que escribo cada noche
y el sello para el amplio mundo
y el pequeño país.
Esta noche lo he visto
saliendo de mis heridas
sombrío, torturado, triste,
caminando en silencio, sin decir
nada, como si dijera:
No me volverás a ver si confiesas,
si escribes...