sábado, 6 de septiembre de 2014

Leopoldo María Panero -La canción del croupier del Mississipi

Leopoldo María Panero, Madrid, 16 de junio 1948 - Las Palmas, 5 de marzo 2014


La canción del croupier del Mississipi

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
Que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
—ginebra y cerveza, por ejemplo—
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en «Dulce pájaro de juventud»
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre «Le livre des masques» de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas
«Fifteen men on the Dead Man's Chest
Fifteen men on the Dead Man's Chest
Yahoo! And a bottle of rum!»

jueves, 4 de septiembre de 2014

Jules Laforgue -Solo de luna

Jules Laforgue, Montevideo, Uruguay, 16 de agosto 1860 - París, Francia, 20 de agosto 1887
Traducción Daniel Fara



Solo de luna 

Yo fumo, instalado cara al cielo,
en el imperial de la diligencia,
mi esqueleto traquetea, mi alma baila
como un Ariel;
sin miel, sin fiel, mi bella alma baila.
Oh rutas, costas, oh vapores, oh valles,
mi bella alma, ah, recapitulemos.

Nos amamos como dos locos,
nos separamos sin una palabra.
Una depresión me tuvo exilado,
y esa depresión me venía de todo. Bien.

Sus ojos decían: "¿Me comprendés?
¿Por qué no me comprendés?"
Pero ninguno quiso dar el primer paso,
tanto queríamos caer juntos de rodillas.
(¿Comprenden?)

¿Dónde está ella ahora?
Tal vez llore...
¿Dónde está ella?
¡Oh!, por lo menos cuidate, te lo suplico.

¡Oh, frescura de los bosques a lo largo de la ruta!
¡Oh manto de melancolía, todas las almas en vilo
porque mi vida
puede darles envidia!
Este imperial de diligencia tiene magia.

Acumulemos lo irreparable.
Excedamos nuestra suerte.
Las estrellas son más numerosas que los granos de arena
de los mares donde otros han visto bañarse a su cuerpo.
Nada se mueve, salvo hacia la muerte.
no hay ningún puerto.

Pasarán los años,
ella y su marido se endurecerán,
cada uno por su lado,
y a menudo cada uno se dirá:
"Si hubiera sabido..."
Pero, marido y mujer al fin, no podrán decirse
uno al otro:
"Si hubiera sabido..." "Si hubiera sabido"
¡Ah, encuentro maldito!
¡Ah, mi corazón sin salida!
Qué mal me he manejado.

Maníacos de felicidad.
Entonces, ¿qué hacemos, yo con mi alma,
ella con su falible juventud?
¡Oh, pecadora que envejeces!
¡Oh, por las noches me volveré infame
en tu honor!
Sus ojos se entornaron: "¿Comprendés?
¿Por qué no me comprendés?"
Pero ninguno dio el primer paso
por caer juntos de rodillas. ¡Ah!...

La luna sube.
Oh ruta en pleno sueño...

Hemos dejado atrás las hilanderías, los aserraderos,
pero no los bordes kilométricos
de las nubes en rosa de confitería,
mientras una fina medialuna se eleva,
oh ruta de ensueño, música inútil...
En estos bosques de pinos,
donde es de noche
desde el comienzo del mundo,
¡qué de habitaciones limpias y profundas!
¡Oh, una noche de licencia!
y yo las pueblo, todas, ya me lo imagino:
una buena pareja de amantes
accionanando fuera de la ley.

Y yo paso y las abandono,
y me recuesto cara al cielo.
La ruta dobla. Soy Ariel.
Nadie me espera, no voy a la casa de nadie.
No tengo amistad sino la de los cuartos de hotel.

La luna sube.
Oh ruta en pleno sueño.
Oh ruta sin final.
Llegamos a una posada
donde se encienden linternas,
donde tomamos un vaso de leche.
Restalla el látigo del cochero
entre el canto de los grillos,
bajo las estrellas de julio.

Oh, claro de luna,
fiesta de luces de Bengala perturbando mi infortunio.
Las sombras de los álamos sobre la ruta...
El arroyo que se escucha...
que se escucha cantar...
en esta inundación de la corriente del Leteo.

Oh, Solo de Luna,
desafías a mi pluma.
Oh, esta noche en la ruta;
Oh, Estrellas que me asustan
todas, todas.
Oh fugacidad de esta hora...
Oh, que haya un medio, por favor,
para esconderle mi alma al otoño que se acerca...

Hace fresco, mucho fresco.
Oh, si a esta misma hora
ella estuviera también atravesando los bosques,
perturbado su infortunio
por las fiestas del claro lunar
(Le gusta tanto caminar de noche...)
Ella habrá olvidado su bufanda,
se enfermará, vista la belleza de esta hora...
Oh, cuidate, te lo suplico.
Oh, no quiero escuchar esa tos.

Ah, por qué no caí a tus pies de rodillas.
Ah, por qué no desfalleciste en mis rodillas.
Yo hubiera sido un esposo modelo,
como el frufrú de tu ropa es el modelo
de todos los frufrús.







martes, 2 de septiembre de 2014

Dante Alighieri -Infierno, Canto XXXII

Dante Alighieri, Florencia, 29 de mayo 1265 - Ravena, 14 de septiembre 1321
Verisión Jorge Aulicino

Infierno, Canto XXXII


Si yo tuviese las rimas ásperas y roncas,
como convendría al triste buco
al que apuntan todas las otras rocas,

yo exprimiría de mi concepto el jugo
más plenamente, pero como no las tengo,
no sin temor a hablar yo me encamino;

que no es empresa de tomar a burla
describir el fondo de todo el universo,
ni de lengua que babea "mamá" y "papá";

pero aquellas mujeres ayuden a mi verso,
que a Anfión ayudaron a cerrar a Tebas, *
tal que del hecho el decir no sea diverso.

¡Oh más que todas mal creada plebe,
que está en el lugar del que hablar es duro,
mejor hubiesen sido aquí cabras y ovejas!

Cuando llegamos al pozo oscuro,
de los pies del gigante mucho más abajo,
y todavía yo miraba el alto muro,

me dije a mí mismo: "Cuidado al pasar:
camina de modo que no patees las cabezas
de los míseros hermanos desdichados."

Por lo que me volví, y vi delante
y bajo los pies un lago que por el hielo
tenía apariencia de vidrio y no de agua.

No hizo a su paso tan grueso velo
de invierno el Danubio en Austria,
ni el Tanáis allá, bajo el frío cielo,

como era aquí; si el Tambernic
le hubiese caído encima, o el Pietrapana,
no habría logrado a la orilla hacer crujir.

Y como a croar se pone la rana
con el hocico fuera del agua, cuando sueña
solamente en espigar la aldeana;

lívidas, hasta donde aparece la vergüenza,
estaban las sombras dolientes en la escarcha,
batiendo los dientes a modo de cigüeñas.

Hacia abajo inclinaban el rostro:
del frío, la boca, y del triste corazón,
los ojos, rendían testimonio.

Cuando hube alrededor un poco visto,
volvíme a los pies y vi a dos tan juntos
que el pelo de la cabeza habían mezclado.

"Digan ustedes, apretados por el pecho",
dije yo, "¿quiénes son?" Torcieron el cuello,
y luego que hubieron la vista a mí elevado,

sus ojos, que eran antes blandos,
gotearon sobre los labios, y coaguló el hielo
las lágrimas entre aquellos, cerrándolos.

Leño con leño, grampa jamás ciñó
tan fuerte; y como dos carneros
se toparon, tanta fue su rabia.

Y uno que había perdido las orejas
por el frío, siempre mirando para abajo,
dijo: "¿Por qué así nos examinas?

"Si quieres saber quiénes son estos,
el valle donde el Bisenzo declina
de su padre Alberto fue, y de ellos. **

"De un cuerpo vienen; y en toda la Caína
podrás buscar, y no encontrarás sombra
más digna de ser puesta en esta helada;

"no aquel a quien rompió el pecho y con él
la sombra, un golpe de la mano de Arturo; ***
no Focaccia; no este que tanto me tapa

"con la cabeza, que no veo más allá,
y se llamó Sassol Mascheroni:
si eres tosco, bien sabrás ya quién fue.

"Y para que no me metas en sermones,
sabe que fui el Comicion dei Pazzi,
y a Carlino espero, que me excusa."

Después vi mil rostros amoratados
por el frío, por lo que me estremecen,
y lo harán siempre, los helados charcos.

Y mientras íbamos hacia el centro
en el que toda gravedad se suma,
y yo temblaba en el oscuro frío,

si lo quiso el destino o la fortuna
no lo sé, pero pasando entre las cabezas,
fuerte el pie golpeó el rostro de una.

Llorando me gritó: "¿Por qué me pisas?;
si no vienes a engrosar la venganza
de Monteaperto, ¿por qué fastidias?"

Y yo: "Maestro, ahora espérame,
hasta que me saque éste de una duda;
luego, cuanto quieras me darás prisa.

El duca se paró y yo le dije a aquel
que blasfemeaba duramente aún:
"¿Quién eres, que así a otros imprecas?"

"Tú quién eres, que va por la Antenora ****
golpeando", repuso, "la mejilla a los demás,
tanto que, si vivieras, sería demasiado."

"Vivo soy, y grato puedo serte",
fue mi respuesta, "si demandas fama,
con poner tu nombre entre mis notas."

Y él a mí: "Por lo contrario bramo;
¡vete de aquí y no me fastidies más,
que mal sabes alabar en este lodo!"

Entonces lo tomé por los pelos de la nuca,
y dije: "¡Más conviene que te nombres,
o no te quedará sobre ésta ni un cabello"!

De donde él a mí: "Aunque me deshojes,
no te diré quién soy, ni te lo mostraré
aunque mil veces la cabeza me sacudas."

Yo tenía sus cabellos envueltos en la mano
y le había arrancado más de un mechón,
mientras él ladraba con los ojos hacia abajo,

cuando otro gritó: "¿Qué te pasa, Bocca? *****
¿No te basta atronar con las mandíbulas
sin ladrar? ¿Qué diablo ahora te toca?"

"Ya", dije yo, "no quiero tus palabras,
malvado traidor; que para tu vergüenza
llevaré de ti noticia verdadera."

"Vete", repuso, "cuenta lo que quieras;
pero no calles, si sales de aquí adentro,
sobre este, que tuvo rápida la lengua.

"El llora aquí de los franceses el dinero:
'yo vi', podrás decir, 'a aquel de Duera,
allá donde están al fresco los que pecan.'

"Si te preguntan quiénes más estaban,
tienes al lado a aquel de Beccheria
al que le cortó Florencia la garganta.

"Gianni de' Soldanier creo que está,
más allá, con Ganelón y Tebaldello,
que abrió a Faenza cuando dormía."

Habíamos partido ya de ellos,
cuando vi dos congelados en un hueco,
tal que una cabeza de la otra era sombrero;

y como el pan por hambre se manduca,
el de arriba le ponía al otro el diente,
allí donde el cerebro se une con la nuca.

No de otro modo Tideo le roía ******
las sienes a Menalipo por desprecio,
como aquél el cráneo y las otras cosas.

"Oh tú que muestras de tan brutal manera
el odio hacia éste que te comes,
dime el porqué", dije yo, "y convengo

"que si tú con razón de él te quejas,
sabiendo quién eres y tu pecado,
en el mundo de arriba te compenso
si esta con la que hablo no se seca."


* El músico que con el poder de su lira acercó las piedras a su hermano Zeto para que construyera el muro de Tebas. Dante invoca a las musas que lo inspiraron

** Caína es la primera zona de la región central del Infierno en la que entran los poetas: están allí los traidores a su sangre - Cf. Canto Quinto: Caina attende: "la Caína espera" al asesino de Paolo y Francesca, pues era el hermano de Paolo

** Los hijos del señor del valle entre Florencia y Luca, Alberto degli Alberti. Napoléon y Alejandro -con tales nombres- disputaron entre ellos, aunque eran herederos de la misma riqueza y se mataron entre sí, en 1286. Además uno era güelfo y el otro gibelino

*** En la saga artúrica, Mordrec emboscó a su padre, Arturo,y éste le hizo pasar un rayo de luz a través del pecho, de un lanzazo. Se mencionan a continuación otros crímenes parentales: Vanni dei Cancellieri, llamado Focaccia (hogaza), le cortó la mano a un primo y mató a otro; Sassolo Mascheroni, de Florencia, mató a un primo que era su tutor para quedarse con la herencia; Comicion dei Pazzi, de Valdarno, espera a Carlino dei Pazzi, de quien insinúa que cometió un crimen más grande, pues excusa el propio

**** Antenora se llama la segunda zona de este Noveno Círculo, por Antenor, quien quiere la tradición que traicionó a los troyanos cuando abrió la puerta al famoso caballo de madera

***** Este Bocca, Bocca degli Abati, fue el que precipitó la derrota de los güelfos en Monteaperto, ya mencionada, y de la que la sangre de Alighieri no se olvida. Bocca fue traidor a su partido: militó con los gibelinos en la batalla y aun más: cortó la mano del portaestandarte güelfo, lo que decidió a los del partido del aún no nacido Dante a abandonar el campo en el que llevaban la peor parte. Esto explicaría la insólita violencia de Dante, quien ha dialogado respetuosa, aunque duramente, con el líder gibelino en aquel combate, Farinata degli Uberti, en el Canto Décimo. Bocca larga la lengua y menciona a todos los traidores que lo rodean, entre ellos al cardenal Don Tesauro da Beccheria, de Pavía, al que los güelfos de Florencia le cortaron la cabeza en 1258, bajo el cargo de urdir traición con los gibelinos, cuando éstos fueron arrojados de la ciudad. Hay testimonio de su inocencia, y también de su culpabilidad. Dante cree esto último. Gianni de' Soldanier traicionó a los gibelinos: está junto a Ganelón, un traidor mítico: el que entregó a Roldán a los sarracenos, y junto a Tebaldello de' Zambriasi, quien le abrió a los boloñenes las puertas de Faenza, en 1280. En esta parte del relato se hace patente la prescindencia de Virgilio de cuanto sucede, pues no dice palabra en todo el Canto

****** Otro héroe violento de los que asaltaron a Tebas. Bebió los sesos de su enemigo Melanipo

 







domingo, 31 de agosto de 2014

Gustavo Sánchez -Últimas preguntas del Marqués de Sade

Gustavo Sánchez, CABA, 30 de abril 1967


Últimas preguntas del Marqués de Sade

¿Alguien
mirada
nada
y horror?

¿Alguien
por las dudas
en la rima
soplo
y vida?

¿Alguien
en la letra
de la sed
y la piel?

¿Alguien
todavía
niño
y aire?

¿Alguien
sin la guía
del espanto
del otro
en la risa?

¿Alguien
en los tres
puntos suspensivos
y después?

¿Alguien
en la sombra
de la cereza
alumbra
y nombra?

¿Alguien
tan distante
cerca
de lo extraño
humano
o no?

¿Alguien
como la luz
o viceversa
oscura
la luna?

jueves, 28 de agosto de 2014

Dolores Etchecopar -9

   Dolores Etchecopar, nació en Buenos Aires 4 de julio 1956


9

¿de dónde sopla el viento que abre
las pequeñas jaulas
de la memoria?
el mar está prohibido dijo una voz
que salía del mar
el mar de las desapariciones
vivíamos allí
¿se puede?
a ciegas tanteo esa sustancia oscura
que atraviesa mi cuerpo día tras día
¿dónde estoy?
ahora levanto uno de sus miles de brazos
y para esa mano más fría que el mar
que me tienden desde la costa
sólo tengo la mascarilla
de la Madonna de los gritos


martes, 26 de agosto de 2014

Alfredo Veiravé -Nunca Más

Alfredo Veiravé, Entre Ríos, 29 de marzo 1928 - Resistencia, Chaco, 22 de noviembre 1991


Nunca Más

Nunca más los gordos caballos de la muerte entrarán a la plaza
a destrozar los canteros de plantas y de flores (amarillas)
de las tipas asustadas; nunca más los bastones
golpearán con esa furia las cabezas ensangrentadas de los que ahora corren
bajo las nubes cirros, estratos, cumulus o nimbos; nunca más estas flores
de lapachos temblarán en la noche su color rosáceo al oír los aullidos;
nunca más esos aullidos cruzarán la calle subiendo desde el sótano
en el subsuelo de la madrugada.
Nunca más esos gritos terribles descarnarán la corteza de los murales
de la plaza desnuda, nunca más explotarán entre los intestinos
o las bocas del cuerpo / las convulsiones de la electricidad violenta;
(nunca más llamarás gritando a tu mamá en la violácea oscuridad lila
y azul que oyeron solamente los jacarandaes florecidos de la plaza)
Solamente?
Nunca más? No lo sé
porque hoy he visto a un tigre de Bengala correr a una gacela por la
llanura, a una boa constrictora devorar a una ranita saltarina,
a una araña correr sobre la tela al oír un zumbido.

domingo, 24 de agosto de 2014

Mariel Monente -El metal se conduele


Mariel Monente, Buenos Aires, 5 de junio 1961 


El metal se conduele

                                               Una niña luna
y una constelación bizarra de luz de mercurio,
De autopista

Niña,                    se agita la caña y tambalea

El metal discierne
gira la moneda
                           finge ser plata el estaño

y la niña clavando la plana lasitud de su espalda
alfileres, agujas de acero en un vientre, más allá
su corazón de arcilla en la jaula
pendiendo en el rellano las agujas.

Gozne
falleba                         chirrido
Pendiendo en el rellano
una constelación de mercurio
una niña luna.


Una constelación de alambre dice: lávame la sombra,
                                                      retuerce el paño.
                                                      gima la gata sin nombre.

La niña del corredor,
el alambre,
la jaula,
en un postigo de madera blanca
de celosías de chapa.

Detrás la reja
Detrás el gozne
Detrás la niña luna
                                                      tejiendo el alambre,
encerrando el magneto de su corazón de arcilla.


La inocencia roba un rojo
quiebra una luna
sube al patíbulo una vez más.


La niña se deshace en los jolgorios de su tintineo
de su bronce vibrando
                                            puede tomar varillas
y agitar su clavicordio de llantos por el pecho.
Como un castillo de notas agudas
los gemidos se esfuerzan
                                                moran la cumbre
                                                rozan el cielo raso
se cuelgan de las telas de araña en lo alto.
En los tubos de gas fluorescente zumbidos,
gemidos                          en la habitación desnuda.



Los cubiertos dan otra vuelta a su tuerca de hambre
La moneda no gira, no es plata
La luna es un menguante en la autopista
La constelación de neón se apaga
                                        en una danza de alambre.

viernes, 22 de agosto de 2014

Victor Redondo -Los jóvenes maestros

Victor Redondo, CABA, 8 de enero 1953


Los jóvenes maestros

Uno

Una vez más frente a frente.
Pero ahora el miedo
ha quitado de las palabras el ropaje de las palabras
y ahora las palabras, pero no las palabras,
son palabras finalmente, y no aquellas.

Hay mucha exageración en todo esto
y una pequeña parte de verdad, “tengo
ciertos miedos que pertenecen al futuro”.
No se halla nunca el comienzo
y es tan difícil terminar. Un poema
quisiera extenderse como un pecado nuevo,
siempre insuficiente. ¿Para quién se escribe?
La ficción comienza antes del primer acto,
antes de entrar en la sala de los enigmas, antes
de sentarnos frente a la hoja, enjoyados por el hastío,
y antes de ser los animales jóvenes en busca del deseo.
No me mires así, sobre esto debo hablar.
Deja que destierre en paz estas almas que recuerdo
en cenizas, en trampas, en las noches donde vierto
la triste espuma de un vino inacabable.

Hemos nacido para el éxtasis seco,
para la furia de no comprender,
para tener cadenas por necesidad de cadenas y gozar
la lujuria de la rebelión. Deja que hable.
Pero no me dices que no hable: no me escuchas.
Hablo a la fría lucidez de los muertos
que no creen necesario contestar.
Ser o no ser son dos espejos ausentes.
Sobre esto es inútil hablar.
Tengo las palabras cubiertas de polvo.
Necesito que me respondas, ese silencio enloquece.
Necesito enfrentar palabras para oponer palabras.
Necesito creer en el mal para vencer lo irremediable.
El veneno de la serpiente
nos defiende de la serpiente. Y estamos hablando
de las involuntarias víctimas de un antiguo mal. Eso creo.
Quizás estamos hablando de otra cosa
y yo esté demasiado solo esta noche.

Dos

Oye si es que no cantan
los peces de la noche en sus negras aguas.
Mira, si es que no sabemos ver sino pasiones sagradas,
los pájaros que beben junto a los melancólicos animales.
Huele las botas, el lodo de los reyes guerreros,
si es que no tenemos más que palabras en la mano.
No puedo darte nada que te salve,
y si arrojo hacia ti una cuerda, veré, sufriré sonriendo,
una cuerda en tu cuello, una mano pálida buscando el horizonte.
Y más allá nada. Pero más acá
la trama de oscuras cabezas bajo la lluvia,
paraísos perdidos en un mar borrado.
Y conducidos ante la alta sombra sin respuestas
Cenaremos como desenfrenados, tendremos dientes de abismo.

Ahora esta palabra te recuerda por no haberte conocido.
Ahora esta palabra, hecha de polvo y de ciudades,
vendrá con su horrible aliento a envejecer estas páginas,
y tú seguirás sin estar.
Entre la mierda de los perros y la basura de los edificios
pasarán las aguas como un espejo
y no tendrán tu rostro
hecho de infinitas armonías desesperadas, ni tus manos,
ni tus piernas, ni tus ojos de ahogado.
Mas pasarán de boca en boca,
pesarán en los nervios, serán una cruz
poemas de tan corta vida.
Cernuda, lo hemos leído hasta olvidarnos los ojos,
nos hablaría de ilustres efebos sin nombre,
de prados donde el silencio crece entre los cuerpos,
y nos perdería en su voz, fuente del deseo.
Pero seríamos igualmente tres náufragos en la noche,
sin nadie que nos oyera. Pero si alguien nos oyera
¿nos salvaría? Por los labios
cruza una estrella, una primera canción de rumores de almendro,
un misterio abierto para los ojos abiertos.
Y no, no era la luz lo terrible del amanecer.
No eran las sombras que cantaban frente a tu vista
lo que yo he mirado. Eran rostros de espuma
en una noche sin fin, un terrible peso
más poderoso que el amor.
Para estar realmente solos fue necesario habernos conocido.

Y yo te hablo a ti pero tú a nadie hablabas.
Eras más sabio que yo, escribías desde la muerte.
Otoño tras otoño, a orillas del mismo mar,
buscábamos alguna señal de los ahogados, alguna palabra
que arrojada contra las piedras aún cantara
bajo la sal de sus cuerpos podridos.
Y volvíamos desnudos, solitarios en la intemperie,
a nuestro hogar terrestre donde la ropa
temblaba en la cuerda como un fantasma
que clama ser poseído. Y no teníamos
un cuerpo para ofrecer. Sólo palabras, triste amigo,
besando la brisa de los mares, una eterna soledad.

Tres

Y he creado tu nombre
para inventarme uno propio. Cortinas de humo
para despertar palabras que nadie vea.
¿Y si me vieras cantando, solo, melancólico como un perro viejo,
frente al espejo de mi única herencia,
me seguirías viendo? ¿Dirías: frutos prohibidos?
¿Dirías: victoria del polvo? Y no has de regresar.
Esa fue la primera certeza del poeta. Nadie puede regresar
del país oscuro o claro donde canta la sombra o la luz.
Pero veremos –somos viejos hechiceros-
el beso de los espíritus entre las mismas palabras.
No será un triunfo claro,
apenas alquimias del alma errante
que busca labios que la nombren
entre fríos y cadenas deshabitados.
¿Quién lee ahora lo que no has escrito?
Te he soñado, te pido responder. Debes ser mi ficción, mi fe.
¿Quién ha hecho de la noche el verdugo sin rostro?
¿Quién nos ha hecho creer que la luz nos salva?
Si no lo supimos, nunca lo sabremos. Si no lo sabremos
esta vida
un goce de palabras
una desnudez sin cuerpo.

Toda noche tiene su música oculta.
Es necesario crearse oídos para oírla.
Y eso, nuestro cuerpo y nuestra sangre lo saben,
ya nos ha costado demasiada vida.
Somos héroes de un ejército perdido.
Somos peregrinos y por ahora
la inmensidad vence. Volveremos a nacer
con el lenguaje de los cuervos. Tornaremos a las felices lágrimas
luego del falso vino de los templos. Y ya no será necesario
ocultar los fantasmas que poseen nuestra razón.
Comprenderemos que jamás, jamás,
jamás, como si no tuviera importancia.

Este es nuestro daño, tiene deseos y soberbia,
pero pide la clemencia de las manos ardientes.
Son insectos de mujeres en el sueño,
son silencios de dioses muertos que retornan,
son bestias de silencio, o bestias de palabras,
son nada, triste amigo,
pero es nuestra creación.

Y la literatura no tiene importancia
cuando tus ojos nadan extraviados en el océano de los continentes.
Y tus ojos son nada frente a los continentes sin forma
que han marcado tu cruel partida. Todo es el hombre
y nosotros -¡fantasma, fantasma, fantasma!-
ya no somos sino fantasmas
de lo que hubiéramos podido ser.

Sí, falta el amor, el peligro, la aproximación,
faltan paisajes donde el Sol se alce y nos recorra
y nos vuelva a crear hijos de la Luz.
Derrochamos muerte, nos falta pasión. Volvemos siempre
al pensamiento que se muerde la cola
y muere en las estériles tierras sedientas
donde se estremece la codicia del conocimiento.
  












miércoles, 20 de agosto de 2014

Pier-Paolo Pasolini -La glicina

Pier-Paolo Pasolini, Bolonia, Italia, 5 de marzo 1922 – Ostia, Italia, 2 de noviembre 1975
Traducción Delfina Muschietti


La glicina

¿Eso es, estaba muerto?, sobre
los bastiones del Vascello - irreales
como este aire que no conozco desde niño,
o esta lengua de itálicos
paganos o siervos de clérigos- los oscuros
festones de las glicinas. El barrio rico
está lleno de ellas, por todos lados. Sobresalen
violeta sobre el violeta de las nubes y las avenidas.
Absurdo milagro, para un alma
para la cual cuentan los años
que han sido para ella siempre inmortales.
Estas que ahora nacen son
las glicinas muertas, no sus hijas bárbaras
-digo bárbaras si oscuramente nueva
es su existencia, muda su admonición.


Pero lo repito: no son vírgenes
en la vida, son moldes funerarios,
que imitan la barbarie del decir
sin poseer todavía
palabra alguna, puro violeta sobre el verde...
Yo estaba muerto, y entretanto era abril
y la glicina estaba aquí, floreciendo otra vez.
Qué dulce es este color del cadáver
que cubre los murallones de Villa Sciarra,
predestinado, prefigurado, hacia
el fin del tiempo que se vuelve siempre más ávido...
¡Malditos mis sentidos,
que son, y han sido muy hábiles
pero no lo suficiente para que las floraciones antiguas,
aunque nuevas, no los tienten!

Maldigo los sentidos de aquellos vivos,
para los cuales, un día, en los siglos volverá abril:
con las glicinas, con estos granos lilas,
temblorosos en sus filas carnales,
casi sin color, casi, diría, lívidos...
Y tan dulces, contra sus muros de arcilla
o travertino, misteriosos como la manzanilla,
tan amigables para los corazones que nacen con ellos.
¡Maldigo esos corazones, que tanto amo,
porque no sólo no conocen aún
la vida: ni siquiera el nacimiento!
¡Ah, la vida verdadera sólo es aquella
que será: virgen deja
sólo a los que han de nacer, la glicina, su encanto!

Y yo aquí, con esta astilla
inmaterial en el corazón, esta involuntaria
conciencia de mí, que se reaviva en el instante
de la estación que cambia.
¿Insuficiencia hormonal en la que desvarían
los sentidos? ¿Debilitamiento de los latidos
del corazón, o exceso de los actos vitales
de la inteligencia? Ah, seguro alguna cosa
que se echa a perder. Esta flor es signo
en lo más íntimo, del reino
de la caducidad - de la religiosa
caducidad- nada más.
La suya es una alegría dolorosa,
y en el dolor de esa lila casi blanca
se exalta el corazón del llanto.

¡Pero es ridículo, no puedo
atormentarme aquí sobre esta pálida
aunque sobrecargada de espasmos,
esta ligera onda
lila que borda el murallón rojo
con la impúdica ingenuidad, la afásica
fiesta de los eventos salvajes!
No puedo: yo que desde hace años predico
que todo esto no existe, que es sólo acto
de una voluntad alienada,
de ceguera que no conoce otro remedio
que morir en el corazón
del mundo que se tiene como don al nacer,
de inconsciente posesión de la historia,
de conciencia solamente retórica...

Y ahora, por una mísera glicina
florecida en las esquinas de Monteverde
estoy aquí hablando de derrota.
¿Pero qué es lo que me pierde?
¿Dios redicico, la culpa felíz?
Sí, me siento víctima, es verdad, pero víctima
¿de qué? De una historia apocalíptica,
no de esta historia. Me contradigo.
Vuelvo ridícula mi eterna pasión
de verdad y razón.
Pasión...Sí, porque hay un corazón antiguo,
preexistente al pensamiento:
y un cuerpo- o floreciente o herido,
pobre vida nunca segura realmente
de poder resistir a la vida informe de los nervios.

De este inexpresable roce
surge la primera larva de la Pasión:
entre el cuerpo y la historia, hay esta
musicalidad que desentona,
estupenda, allí lo que ha terminado
y lo que empieza es igual, y queda así
por los siglos: dato de la existencia.
La frontera entre la historia y el yo
se hiende torcida como un abismo ebrio
más allá del cual, a veces, escindido,
a la deriva, está el glorioso rumor
de la existencia sensual
llena de nosotros: delante de esta física
miseria no puede sino retornar
cada histórico acto irracional...

Yo no sé qué es
esta no-razón, esta poca-razón:
Vico, o Croce, o Freud, me socorren,
pero con la sola sugestión
del mito, de la ciencia, en mi abulia.
No Marx. Sólo aquello que ahora es palabra
su palabra muda, no el claror,
no la oscuridad que hay primero, ¡pobre glicina!
Cuanto en ti vive-y en mí por ti tiembla-
permanece gemido reprimido
del que no se sabe, del que no se dice.

¿Pero es posible amar
sin saber qué quiere decir esto? ¡Felíz
de ti, que eres sólo amor, gemelo vegetal,
que renaces en un mundo prenatal!

Prepotente, feroz
renaces, y de golpe, en una noche, cubres
una pared entera recién levantada, el muro
proncipesco de un ocre
resquebrajado al nuevo sol que lo cuece
caduca trepadora, para volverme limpio
de historia como un gusano, como un monje
y no quiero, me revuelvo - árido
en mi nueva rabia,
apuntalando el revoque descascarado
de mi nuevo edificio.
Algo ha profundizado
el abismo entre cuerpo e historia, me ha debilitado,
me ha hecho árido, reabriendo las heridas.

Gimo de desilusión, impúdica planta
de un día: lo sé.
La incomprensión, el odio son más
fuertes de cuanto puede
soportar una existencia cansada:
que, por lo demás, ni el amor -ni la muerte,
su gemela- sabe definir: la llevan
a disgregarse esos mismos viejos sentidos
otra vez agudizados por mi debilidad.
Así frente al violeta que jaspea
los muros anunciando abril y los tiempo inmensos,
yo querría solo morir...
Mi vida ya no tiene recompensas:
no le basta la vitalidad de abril,
le parece vana la voluntad de comprender...
Un monstruo sin historia,
feroz con la ferocidad bárbara
que cumple sus persecuciones
en a prensa libre, en los mitos confesionales,
que quema pasiones, purezas, dolores,
que acepta la muerte con crueldad casi irónica,
a su pesar estoica, que no tiene religión
sino aquella de imponer una legalidad
con sus propias reglas, que no tiene amor
sino aquel que quiere
la igualdad de todos, en el bien y en el mal,
que no conoce piedad,
porque para cada uno conquistar
la vida es una tácita apuesta que lo vuelve
ciego dueño de todo lo que sabe:
todo esto encontré
al nacer, y enseguida me dio dolor:
pero un dolor glorioso casi, tanto
me ilusionaba que el corazón
pudiera transformar cada dato,
adentro, en un amor unificador:
de Cristo a Croce, ¡qué camino reconfortante!
Y después, la esperanza de la Revolución.
Y ahora aquí: recubre la glicina
las superficies rosadas
de un barrio que es tumba de toda pasión,
acaudalado y anónimo, caliente
al sol de abril que lo descompone.
El mundo se me escapa ahora, no sé ya dominarlo,
se me escapa, ah, una vez más es otro...

Otras modas, otros ídolos,
la masa, no el pueblo, la masa
decidida a dejarse corromper
ahora se asoma al mundo,
y lo transforma, se sacia
en cada pantalla, en cada video,
horda pura que irrumpe
con pura avidez, informe
deseo de participar de la fiesta.
Y se asienta allá donde el Nuevo Capital quiere.
Cambia el sentido de las palabras:
quien hasta ahora ha hablado con esperanza, se queda
atrás, envejecido.
¡No sirve, para rejuvenecer, este
disgustado angustiarse, este desesperado
rendirse! Quien no habla, es olvidado.

Tú que regresas brutal
no rejuvenecida, sino directamente renacida,
furia de la naturaleza, dulcísima,
me quiebras porque ya estoy quebrado
por una serie de días miserables,
te asomas a mis abismos reabiertos,
perfumas virgen sobre mi eclipse,
antigua sensualidad, disgregada, piedad
asustada, deseo de muerte...
He perdido las fuerzas;
no conozco ya el sentido de la racionalidad;
caída se enarena
-en tu religiosa caducidad-
mi vida, desesperada de que el mundo
sólo tenga ferocidad, y mi alma, rabia.












lunes, 18 de agosto de 2014

Jorge Brega -Juegos

Jorge Brega, Buenos Aires, 16 de agosto 1949


Juegos

Mi hijo juega en la casa vecina.
Regresa empapado de barro.
El patio de sus amigos es de tierra.
Si llueve no hay reparo para todos.
La casa tiene dos habitaciones.
Al frente un cerco de ligustro.
El portón de alambre vencido deja ver
el adobe que antaño ha perdido el estuco.
Sus amigos no meriendan ni cenan.
Desayunan con pan y almuerzan en la parroquia.
Hermanos y primos comparten la cama.
Y el cuarto con los adultos.
Por la noche mi hijo medita en el porche.
Impulsa sobre el mosaico
un diminuto automóvil con mecanismo de fricción.
Sin levantar la vista
parece dirigirse a mí cuando refiere
alguno de estos datos.

Ha sucedido así
este verano de vez en vez
desde principios de enero.

sábado, 16 de agosto de 2014

Joseph Brodsky -Me dicen que hay que partir

Joseph Brodsky, San Petersburgo, Rusia, 24 de mayo 1940 - Nueva York, 28 de enero 1996
Traducción Natalia Litvinova


Me dicen que hay que partir

Me dicen que hay que partir.
Sí, sí. Gracias. Me estoy preparando.
Sí, sí. Entiendo. No hace falta
que me acompañe. Sí, no me voy a perder.

Ah, qué es lo que dice – un largo viaje.
Cualquier próxima parada.
Ah, no, no se preocupe. De alguna manera.
Voy ligero. Sin equipaje.

Sí, sí. Es hora de salir. Gracias.
Sí, sí. Ya es hora. Y todos lo entienden.
Los árboles levantan sobre la patria
el triste amanecer del invierno.

Todo terminó. No discutiré.
Juntaré las manos - y adiós.
Ya no estoy enfermo. Hay que partir.
Sí, sí. Agradezco la despedida.

Taxi, llévame por toda la patria
como si no recordara la dirección.
Llévame hacía los campos silenciosos,
yo, sabes, dejo mi tierra.

Como si no recordara la dirección:
me pegaré a la ventanilla empañada,
y sobre el río, que amé,
lloraré y le gritaré al barquero.

(Todo terminó. Ahora no tengo prisa.
Regresa tranquilo, por Dios.
Voy a mirar el cielo y a respirar
el viento frío del otro lado.)

Y bien, este es el viaje tan esperado.
Regresa, no te sientas triste.
Cuando pises la entrada a la patria,
yo tocaré la abismal orilla.


jueves, 14 de agosto de 2014

Paul Celan -Fuga de la muerte

Paul Celan, Rumania, 23 de noviembre 1920 - París, 20 de abril 1970
Traducción Ricardo Ibarlucía



Fuga de la muerte

Leche negra del alba la bebemos de tarde
la bebemos al medio día y de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en los aires ahí no hay estrechez
Un hombre vive en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarita
lo escribe y sale de la casa y relampaguean las estrellas silba a sus perros aquí
silba a sus judíos allá manda cavar una tumba en la tierra
nos ordena ahora toquen música de baile

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Un hombre vive en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarita
tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una tumba en los aires ahí no hay estrechez

Grita hinquen más profundamente en el reino de la tierra los otros canten y toquen
echa mano del fierro en el cinto lo agita sus ojos son azules
hinquen mas profundamente las palas los otros sigan tocando música de baile

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y de mañana te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarita
tu cabello de ceniza Sulamita juega con las serpientes

Grita toquen mas dulcemente a la muerte la muerte es un maestro de Alemania
grita tañan mas sombríamente los violines luego ascenderán como humo en el aire
luego tendrán una tumba en las nubes ahí no hay estrechez

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania
te bebemos de tarde y de mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul
te dispara con bala de plomo te dispara certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarita
azuza sus perros contra nosotros nos regala una tumba en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro de Alemania

tu cabello de oro Margarita
tu cabello de ceniza Sulamita





martes, 12 de agosto de 2014

Héctor Ramón Cuenya -Marihuana octubre

Héctor Ramón Cuenya, Río Gallegos, provincia de Santa Cruz, 22 de agosto 1963


Marihuana octubre

Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros
y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río.
                                                         R. Scalabrini Ortíz

fenómeno maldito
el de la pobreza y su mal olor
turbas borrachas
conglomerado aullante
patas en las fuentes con olor
por la calor y la caminata

no hubo violencia
solamente quemamos alguna que otra cosa
y alguna que otra patada a gente insoportable
y hubo unos tiros
no se ahorquen con sus trajes
dijo una vieja

a una cita de amigos sólo se lleva armas cortas

la partera de la historia viene a tomar unos vinos al bar

la negrada tuvo su síndrome juana de arco

los cuchilleros del sur mueren de amor por el coronel 


domingo, 10 de agosto de 2014

María Belén Aguirre -Electra baila la danza coral


María Belén Aguirre, Tucumán, 11 de marzo 1977 


Electra baila la danza coral

Pude a través
de la cámara ver
a mi madre por primera vez
me confesó. Primero no era

ella ese manojo
de nerviosas imposturas.

Después
sí. Después

ella

emergió de entre ella
como supongo lo harán
durante la tempestad
del mar los desechos
de un navío naufragado.

Soy cruel con ella
para que otro no,
me aclara.

Una madre sabe
supongo cuando
un hijo va
a nacer. Se estremece
como un sismo en la tierra
se abre y da
paso a eso
nuevo
que de sí
ha procedido.

La estructura ósea cede.
Duelen las caderas
como bueyes tirando hacia los lados.

Mater sempre certa est.

¿Pero el pater?

El pater bebe
a varias cuadras de ahí
ignorante
de su engendro.

Bebe no ya
para celebrar.

(Bebe por si acaso.
Bebe por las dudas.
Bebe ya sin sed.)

¿Y la mater?
Pare en soledad
a la hija diminuta.

¿Me odia por eso?

No. El odio vino
después.

Todo el blister vacío
y la jarra.

Todo el cuerpo dormido
y los brazos.

Ella sacudiéndote.

Gritándote
Tanita.

Ella cargándote en sus brazos camino al hospital.

Una madre sabe
supongo cuando
su hijo va a morir.

Le duele el útero.
Le carcome
el vientre
y sabe que no es
la vida esta vez.

Pude verla por la cámara
me repite. Mediada
por la cámara.

La ralentizo.
La acelero.

Hago

lo que quiero.

Mi madre es la mujer que camina hacia mí
de camisón por el pasillo de la casa
mientras sus sueños duermen.