lunes, 8 de junio de 2015

Wystan Hugh Auden -España, 1937

Wystan Hugh Auden, York, Reino Unido, 21 de febrero 1907–Viena, 29 de septiembre 1973
Versión Patricia Ogan Rivadavia-Esteban Moore



España, 1937

Ayer todo el pasado. El lenguaje del tamaño
extendiéndose hacia la China por las rutas de comercio,
la difusión del ábaco y de los dólmenes;
ayer el reconocimiento de las sombras en los climas soleados.

Ayer el avalúo de los contratos de seguro mediante fichas,
los augurios y profecías del agua; ayer la invención
    de las ruedas de carro y los relojes, la doma de los potros;
ayer el bullicioso mundo de los navegantes.

Ayer la abolición de las hadas y los gigantes;
la fortaleza como un águila inmóvil vigilando el valle,
         la capilla erigida en el bosque;
ayer el tallado de ángeles y de atemorizantes gárgolas.

El juicio, entre columnas de piedra, a los herejes;
    ayer la discusión teológica en las tabernas
            y la cura milagrosa en las fuentes;
ayer el Sabath de las brujas. Pero hoy la lucha.

Ayer la instalación de dínamos y turbinas;
la construcción de ferrocarriles en el desierto colonial;
          ayer la clásica conferencia
sobre los orígenes de la humanidad. Pero hoy la lucha.

Ayer la fe en el valor absoluto de la lengua griega;
la caída del telón sobre el cadáver del héroe;
        ayer la plegaria dedicada al atardecer,
y la adoración de los locos. Pero hoy la lucha.

Mientras tanto, el poeta susurra, asombrado entre los pinos
o,  allí donde canta libre la cascada, compacta o enhiesta
      sobre las  rocas junto a la torre inclinada:
'Ah, sí, mis visiones. Oh, sí, enviame la suerte del marinero'.

Y el investigador espía a través de sus instrumentos
 el territorio las provincias inhumanas, el bacilo viril
                 o al enorme Júpiter acabado:
'Pero y las vidas de mis amigos. Yo indago, indago'.


Y... los pobres en sus hogares sin fuego dejan caer las páginas
     del diario vespertino: " Nuestro día es nuestra pérdida.
 Oh, Historia mostranos al operario, al organizador, que el tiempo
         nos guiará hacia el río refrescante.

Y las naciones  combinan cada grito, invocando la vida
  que da forma al vientre individual y ordena
  en la noche los terrores privados:
'¿ No fuiste vos el que fundó la ciudad-estado de la esponja,

el que erigió  los vastos imperios militares del tiburón
y del tigre, y fijaste la atrevida residencia  del petirrojo?
   Intervení. Sí, descendé como una paloma o
un papá furioso o un manso ingeniero: pero descendé.'

Y  la vida, si acaso responde, contesta desde el corazón
y los ojos y los pulmones, desde los comercios y plazas de la ciudad.

'Ah... no, yo no soy tu energía,
al menos en el día de hoy, no para vos. Para vos soy
'el obsecuente, el compañero de copas, ese al que engañan con facilidad:
yo  soy cualquier cosa que hagas; soy tu promesa
    de bondad, tu anécdota humorística:
soy la voz de tus negocios; soy tu matrimonio.

'¿ Cuál es tu proposición ?  ¿Construir la ciudad de los justos ? Lo haré.
Estoy de acuerdo. ¿O es el pacto suicida, la muerte
       romántica? Muy bien, acepto, porque
yo soy tu elección, tu decisión: sí, yo soy España.'

Muchos lo han oído en penínsulas remotas,
en llanos adormecidos, en las aberrantes islas de pescadores,
        en el corrupto  corazón de la ciudad;
han oído y emigrado como las gaviotas o las semillas en flor.

Se aferraron como clavos a los largos trenes que se sacuden
a través de las tierras injustas, a través de la noche, a través del túnel
                                                                                         / alpino
                                flotaron sobre los océanos;
caminaron sobre los pasos de montaña: vinieron a ofrendar sus vidas.

Sobre ese pedazo árido, ese fragmento arrancado del África
caliente, pegado tan crudamente a la Europa ingeniosa,
        sobre aquel altiplano rayado de ríos
las formas amenazantes de nuestra fiebre se hallan precisas y vivas.

Mañana, tal vez, el futuro: las investigaciones acerca de la fatiga
y los movimientos de los empacadores; la exploración gradual de todas las
                       octavas de la radiación;
mañana el engrandecimiento de la conciencia con dietas y ejercicios             
                                                                                /respiratorios.          

Mañana el redescubrimiento del amor romántico,
tomarle fotografías a los cuervos;  toda la diversión bajo
           la sombra dominante de la libertad;
mañana la hora del director y del músico.

Mañana, para los jóvenes, los poetas explotando como bombas,
las caminatas junto al lago, el invierno de la perfecta comunión,
              mañana las carreras de bicicletas
en los suburbios en la tarde de verano: pero hoy la lucha.

Hoy el inevitable aumento de la probabilidad de muerte;
 la aceptación consciente de la culpa en hechos criminales;
        hoy el derroche de los poderes
en el chato efímero panfleto y la reunión aburrida.

Hoy el consuelo provisorio; el cigarrillo compartido;
los naipes en el granero iluminado por una vela, el concierto malo,
        las bromas masculinas, hoy el
manoseado e insatisfecho abrazo antes de herir.

Las estrellas están muertas, los animales no desean mirar;
estamos solos con nuestro día, el tiempo es corto
        y la Historia a los derrotados
podrá decirles  ¡ Que pena!, pero no podrá ayudarlos, mucho menos perdonarlos.




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sábado, 6 de junio de 2015

Osias Stutman -Texto

Osias Stutman, Bs. As., 4 de junio 1933


Texto

                                       No trobo la foscor en la paraula nit (O.Stutman)


Tejo textil texto
con trama de adverbios
y siento ser mi jefe carpintero
de lápiz azul, señor de tinciones

y colores sordos como el tejido
del texto que antes tejí.
Pero esta pasión no emociona.
El lector mira el tejido

y dice: - Esto sólo arde
en el fuego del incendio
y no quema alma ni

recuerdo de otros fuegos.
Quemar al lector no es difícil.
Pero escribir no es fácil.

Escribir es difícil. Quemar
o tejer es creer que se escribe
porque la trama urde su existencia.




jueves, 4 de junio de 2015

Carlos Drummond de Andrade -La máquina del mundo

Carlos Drummond de Andrade, Itabira, 31 de octubre 1902–Río de Janeiro, 17 de agosto 1987
Traducción Renato Bacigalupo


La máquina del mundo

Y como recorriese vagamente
un camino de Minas, pedregoso,
y al atardecer una ronca campana

se mezclase con el ruido de mis zapatos
que era pausado y seco, y aves se cerniesen
en el plúmbeo cielo y sus formas negras

lentamente fuese diluyendo
en la oscuridad mayor, venida de los montes
y de mi propio ser desengañado,

la máquina del mundo se entreabrió
para quien rompiéndola ya se esquivaba
y solo de haberlo pensado se dolía.

Abrióse majestuosa y circunspecta,
sin emitir sonido que fuera impuro
ni resplandor mayor que lo tolerable

por las pupilas gastadas en la inspección
continua y dolorosa del desierto,
y por la mente exhausta de mentar

toda una realidad que trasciende
la propia imagen suya dibujada
en la faz del misterio, en los abismos.

Se abrió en calma pura e incitando
a cuantos sentidos e intuiciones quedaban
a quien habiéndolos usado ya los perdiera

y ni desearía recobrarlos,
si en vano y para siempre repetimos
los mismos sin rumbo tristes periplos,

invitándolos a todos, en cohorte,
a aplicarse sobre el pasto inédito
de la naturaleza mítica de las cosas,

así me dijo, no obstante voz alguna
o soplo o eco o simple percusión
declarase que alguien, en la montaña,

a otro alguien, nocturno y miserable,
en coloquio se estaba dirigiendo:
“Lo que buscaste en ti o fuera de

tu ser restricto y nunca se mostró,
aun fingiendo darse o rindiéndose,
y empero a cada instante retrayéndose,

mira, observa, ausculta: esa riqueza
que sobra a toda perla, esa ciencia
sublime y formidable, mas hermética,

esa total explicación de la vida,
ese nexo primero y singular,
que ya no concibes, pues tan esquivo

se reveló ante la búsqueda ardiente
en que te consumiste… ve, contempla.
abre tu pecho para agasajarlo.”

Los más soberbios puentes y edificios,
lo que en los talleres se elabora,
lo que pensado fue y pronto alcanza

distancia superior al pensamiento,
los recursos de la tierra dominados,
y las pasiones, impulsos y tormentos

y todo lo que define al ser terrestre
o se prolonga hasta en los animales
y llega a las plantas para abrevar

en el sueño rencoroso de los minerales,
da vuelta al mundo y vuelve a hundirse
en el extraño orden geométrico de todo,

y el absurdo original y sus enigmas,
sus verdades más altas que todos
los monumentos erigidos a la verdad;

y la memoria de los dioses, y el solemne
sentimiento de muerte, que florece
en el tallo de la existencia más gloriosa,

todo se presentó en ese instante
y me llamó a su reino augusto,
el final sometido a la visión humana.

Pero como yo me resistiese en responder
a llamado tan maravilloso,
pues la fe había declinado, y aun el ansia,

la esperanza más mínima –ese anhelo
de ver desvanecida la tiniebla espesa
que entre los rayos de sol aún se filtra,

como difuntas creencias convocadas
rauda y vibrantemente no se produjesen
para teñir de nuevo la neutra faz

que voy por los caminos demostrando,
y como si otro ser, ya no aquel
habitante de mí hace tantos años,

pasara a controlar mi voluntad
que, ya en sí voluble, se cerraba
semejante a esas flores reticentes

en sí mismas abiertas y cerradas,
como si un don tardío ya no fuese
apetecible, más bien despreciable,

bajé los ojos, incurioso, laxo.
desdeñando tomar la cosa ofrecida
que se abría gratuita a mi ingenio.

La tiniebla más densa había ya caído
sobre el camino de Minas, pedregoso,
y la máquina del mundo, rechazada,

se fue poco a poco rehaciendo,
mientras que yo, evaluando lo perdido,
seguía vagaroso, sin hacer nada.

martes, 2 de junio de 2015

Wislawa Szymborska -Tomando vino

Wislawa Szymborska, Kórnik, Polonia, 2 de julio 1923 – Cracovia, 1 de febrero 2012
Traducción Abel Murcia



Tomando vino

Me miró, me dio belleza,
y yo la creí mía.
Feliz, me tragué la estrella.

Permití ser pensada
a imagen del reflejo
producido en sus ojos. Bailo, bailo
al compás de repentinas alas.

La mesa es una mesa, el vino, vino
en una copa, que es una copa
y está estando en la mesa.
Y yo soy imaginaria,
imaginaria hasta la médula.

Le hablo de lo que quiere, de las hormigas
que mueren de amor
bajo la constelación del diente de león.
Juro que una rosa blanca
salpicada de vino, canta.

Me río, inclino la cabeza
con cuidado, como si comprobara
un invento. Bailo, bailo
en una sorprendida piel, en un abrazo,
que me crea.

La Eva de la costilla, la Venus de la espuma,
La Minerva de la cabeza de Júpiter
eran más reales.

Cuando él no me mira,
busco mi reflejo
en la pared. Y sólo veo
un clavo del que han descolgado un cuadro.

sábado, 30 de mayo de 2015

Enrique Molina -Go Home

Enrique Molina, Bs. As, 2 de noviembre 1910 – Bs. As, 13 de noviembre 1997


Go Home

¿Pero acaso no te hundes en el mutismo viscoso de una ciénaga que gira lentamente sin fin
un estallido de luciérnagas fúnebres un burbujeo de sangre que fermenta
y ese silbido de serpentario del sol sobre tu alma…?

Y esa carcajada del gallo en la aldea arrasada un estertor un espasmo de relámpagos del alba
esa sonrisa del gallo en la paja del techo en llamas semejante sonrisa de cráneo a la intemperie.

Ese país sale desnudo de entre los pantanos echa sal en la herida balancea
esas tiernas muñecas de la jungla que hacen vibrar entre las cañas
la lenta desgarradura de su risa como una larga hoja brillante y fría hasta los huesos.

Deja atrás la pelambre suicida de esa tierra de helechos mortales
llena de cosas tan antiguas que flotan en sueños y se desvanecen para aullar
con el humo y la sentencia que te sigue como una flor caníbal entre los tizones de la noche.

La bala verde de las hojas la bala negra de la tierra la bala líquida del agua la bala de los astros
y del viento y la bala de la fiebre y de los perros que ladran alrededor de tu cadáver
la bala del pantano y el niño asesinado la bala del loro y la tortuga y del polen de cada planta
y la bala del té y de la negra olla de barro y de las ropas y la bala del pájaro
y de la escolopendra hasta la bala insomne de la luna hasta las mismas balas
de ese pueblo de sombras invencibles todas buscándote con tu latido
y ese incesante sol de dolor y de eterno retorno.

Escucha los fantasmas de esa luz excesiva que hace traslúcidos tus huesos
cada oleada de sangre exiliada de un mundo de alimentos envasados
jarros de cerveza el movimiento de tu raza y ahora tan sólo ese murmullo de hojas
esas manos impunes que destapan las cloacas de la muerte.

Y dónde esos cuerpos de aceite dulcísimo que huyen como un perfume ese linaje
de sonrisas altivas se cierra con una dentellada de caimán en la alienación del fuego.
¿Y qué haces allí con tu industria de momias frenéticas con tu pisada
de verdugo ignorante bajo la maldición de esos dioses bajo
la misteriosa mirada de tus víctimas vociferando en la camisa de fuerza del follaje…?

Vete.




jueves, 28 de mayo de 2015

Joaquim Namorado -¿Hombres o ratas?

Joaquim Namorado, Portugal, 30 de junio 1914 – Coimbra, 29 de diciembre 1986
Versión Santiago Espel



¿Hombres o ratas?

Callados, mudos, escondidos
en nuestros agujeros
sin coraje para movernos
aterrados de miedo
con los cinco sentidos en alerta
por si nos llegan señales o ruidos
de la masticación de afuera
migajas caídas de las mesas,
agradeciendo a toda hora
como si la vida fuera una limosna
apenas permitida.
Así no se puede vivir.
Esto no es vida.






martes, 26 de mayo de 2015

Héctor Álvarez Murena -Homenaje a las lenguas

Héctor Álvarez Murena, Bs. As., 14 de febrero 1923 – Bs. As., 6 de mayo 1975


Homenaje a las lenguas
                                                                  diverse lingue, orribili favelle
                                                                                                             Dante

Humos con que el hombre trazó el nombre de su estirpe,
las lenguas
llegan en su viaje por la tierra al sortilegio del sur,
se desmoronan,
descienden como reyes heridos
sobre el seno de silencio de estas playas del sur.
Olvidan sus delicias, el demente poder que les dio el amor,
las simples melodías con que fueron inmortales
y se levantaron inmensamente hasta las cúpulas de la creación
arrastran el linaje descompuesto de sus pueblos,
de su estirpe,
sobre estas largas y fragantes tierras no tocadas.

Desde reinos tan australes que quizá estén fuera del mundo
viene el silencio, con ese aire.
El silencio es el agua que los corroe, los conmina.
Esa áspera piedad de los dioses los empuja,
los prepara para alquimias incomprensibles,
y los lenguajes, como animales untados por la peste de la muerte,
se estrechan entre sí, muestran el pus,
ostentan obscenamente miembros enfermos,
se enredan en vano entre sí.

Hasta mi habitación suben en el crepúsculo
como turbias imágenes del hombre: los idiomas deformes,
el rumor de la fiesta sexual, los gemidos del tango,
el son monótono y cruel de las manos, todos los dialectos del mal,
me asedian,
y entre la triste algazara que sube
y el silencio que se cierne
yo tengo que pronunciar con pasión mi nombre,
para saberme,
y entre las dos sombras darme luz, confirmarme.

Yo, proveniente de una raza antigua como el tiempo,
que alguna vez alzó sólo el profundo zumo de la dicha en su canto,
yo, doctor ahora de amarga sabiduría,
conozco también los idiomas aciagos,
entiendo y hablo estas lenguas sin fe.
Entiendo sus cifras, frecuento sus sumidos laberintos,
oigo ofrendas y propuestas siniestramente buenas,
pronuncio también pactos manchados,
oh, pero estas voces,
estos lenguajes cuyo sordo y fatal andar no aguarda milagros
inundan en un momento con su monstruosa inocencia
los ojos, los árboles, la dulce noche,
la entraña de esta tierra y el mismo viento altivo,
todo, todo lo que mereció salvarse,
y entonces brota en mí una doctrina desolada:
invoco al silencio para que caiga con sus armas
sobre los idiomas agonizantes, sobre mi nombre,
para que caiga sobre nosotros con su orden
de una música sin pausa, piadosa, igual.

Como el humo de un mito malo
sube en la tarde vieja hasta mí
la algarabía, el espasmo de los idiomas perdidos.
Sobre ellos, sobre esas ruinas,
asentará sus alas el misterioso pájaro invisible del silencio
de cuyo pico sale la voz nueva
como de algunas muertes otra vida.



domingo, 24 de mayo de 2015

Vincenzo Cardarelli -A la muerte


Vincenzo Cardarelli, Tarquinia, 1 de mayo 1887 – Roma, 18 de junio 1959
Versión Pablo Anadón


A la muerte

Morir, sí,
no ser avasallados por la muerte.
Persuadidos morir
que un semejante viaje sea el mejor.
Y en ese último instante estar alegres
como cuando se cuentan los minutos
en el reloj de la estación
y cada uno vale un siglo.
Porque la muerte es esa esposa fiel
que suplanta a la amante traidora,
no la queremos recibir
como a una intrusa, ni escapar con ella.
¡Tantas veces partimos
sin una despedida!
Cuando llegue la hora de cruzar
en un instante el tiempo,
cuando se esfumará
aun la memoria de nosotros mismos,
oh Muerte, déjanos decir adiós
al mundo,
concédenos quedarnos todavía
un poco más.
Que el desmedido paso
no sea precipitado.
Se me hiela la sangre
cuando pienso en la muerte repentina.
Muerte, no me arrebates,
anúnciate de lejos
y tómame amistosa
como uno de mis hábitos, el último.

viernes, 22 de mayo de 2015

Patrick Kavanagh -A la mierda con el sentido común

Patrick Kavanagh, Irlanda, Inniskeen, 21 de octubre 1904 – Dublin, 30 de noviembre 1967
Versión Santiago Espel



A la mierda con el sentido común

Más golpes que propinas
obtenemos del sentido común.
En su puerta una sentencia:
“Abandona toda esperanza”.
Es un banco capaz de renunciar
a un cheque firmado por el Espíritu Santo.
Por eso a la mierda
con todo lo razonable,
incluidos los poemas.
No queremos ningún tipo de saber
amasado por concienzudos sabelotodos.
No encontrarás ni siquiera musgo
en las piedras rodantes.
Ningún pensamiento
modificará el aleteo de la luz.
Dejá que desgasten los nervios
y la osamenta
aquellos que eligen ese camino, al final,
al despertar sacudidos, se quedarán sin nada.
Yo tengo una sensación:
a través del buraco del techo de la razón
podemos alcanzar el conocimiento
sin haber pasado siquiera por la universidad.






miércoles, 20 de mayo de 2015

Edgard Allan Poe -El cuervo

Edgard Allan Poe, Boston, 19 de enero 1809 – Baltimore, 7 de octubre 1849
Traducción Julio Cortázar 



El cuervo

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” — exclamé —, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! — exclamé —, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!




lunes, 18 de mayo de 2015

Walter Iannelli -Retrato de un tipo odioso


Walter Iannelli, Haedo, Bs As, 26 de febrero 1962 – CABA, 14 de marzo 2014



Retrato de un tipo odioso

Un tipo odioso, cuando va al almacén
pide 200 de jamón y 100 de queso
porque el queso es placer y el jamón alimento.

Un tipo odioso jamás va a tener un auto que en relación resulte
más importante que la casa
y fumará de garrón sus propios cigarrillos
si es plata que ahorró de evitar el taxi.

Un tipo odioso podrá portar una barbita triangular
como esos sátiros intelectuales
que de noche salen a corretear jovencitas.
Pero si no tiene barba será de más cuidado:
a la luz querrá todo de la carne
y cuando aquella se apague saldrá a hacerse el intrigante
con una valija colgada al hombro requisada en una tienda
de coreanos.

Un tipo odioso no entenderá ninguna discusión importante
ni alocución que merezca términos abstractos.
Sin embargo contestará a cada una de las requisitorias
con el aplomo del que se regocija de no tener certeza de nada.

Se preguntará cómo todas las mujeres
son hermosas y los tipos sabios.
Cómo catzo un protón se convierte en luz
cómo la luz viaja tan rápido
cómo el rápido a Liniers tarda tanto
cómo lo tanto nunca alcanza a ser el todo
cómo el todo es tanta nada junta
y mantendrá la mirada entre un horizonte imposible
y el borde de la mesa
con la esperanza de que ciertas señoras se mojen un poquito
y los hombres crean que está pensando en algo definitivo
e insoslayable.

Sin embargo es casi seguro que el tipo odioso
sólo sufre.
Le preocupan la moratoria de Arba
el coste de la carne
el viagra y el ibuprofeno
el premio Nobel
el concurso de poesía de Villa Ortúzar
el asesino de la esquina y la minifalda de la panadera
la basura que acaba de dejar en el tacho.
Y si tiene hijos llorará todas las noches
porque aún no cree en este mundo.

La gente lo verá por la calle para señalarlo con el dedo:
Acreedores, ex amigos, clientes de viejos rebusques
compañeros ocasionales de tuca, sauna y billar a tres bandas.
El no reconocerá a nadie, no por falta de memoria.
Un tipo odioso es despistado, egoísta y camorrero.
Está más interesado en ponerle el pie al mundo que
en pararse a charlar con el diariero de la esquina.
Sin embargo odia el panfleto
y se la pasa diciendo que es capaz de doblar al medio cada palabra
para ver si adentro tienen
otro jugo
para ver si saltan como conejitos sus corazones de mentira.

Un tipo odioso parecerá Impresentable
Aparatoso
Irresistible
Irreductible
Y amará a los animales que copulan en la calle
ellos le recordarán cuánta mierda le ha caído encima
como para necesitar aire acondicionado
y música de Air Suplair
para echarse un polvo.

Un tipo odioso
finalmente
espiará por la ventana del cuarto piso soñando con el césped
puteará al césped por tener que cortarlo
cortará el pastito añorando los sillones de estilo
y se levantará del capitoné ecológico  con cariátides del siglo XVIII
para suspirar en la ventana
por el yuyal del linyera de planta baja que
matea en camiseta en una reposera oxidada.
(deseo desplazado, que le dicen)

Un tipo odioso arreglará siempre sus propios instrumentos:
los rulemanes del lavarropas
los cables pelados
el piano desafinado
los estantes del baño
la estufa
el calefón
con la convicción de que Dios ha pecado
por hacerlo tan perfecto.
Y cuando acepte al fin al service del televisor
o el plomero evite que la inundación de su baño ahogue al cocker del vecino
los sacará poco menos que a patadas en el culo
por querer cobrar 50 pesos por lo que a él le hubiera llevado
apenas
14 años en la facultad de ingeniería.

Un tipo odioso siempre estará al pedo
o tendrá veinte veces ocupado el mismo horario un mismo día.
Su agenda será como una tabla ouija o un viejo papiro deshilachado.

Un tipo odioso dará siempre en el clavo
porque el clavo está en la punta del martillo
y no en su mano.



sábado, 16 de mayo de 2015

Jorge de Sena -Nociones de Lingüística

Jorge de Sena, Lisboa, 2 de noviembre 1919 – California, 4 de junio 1978
Versión Santiago Espel



Nociones de Lingüística

Escucho a mis hijos hablar en inglés
entre ellos, y no sólo a los más chicos,
también a los mayores cuando conversan
con los más pequeños.
No nacieron acá, se criaron todos
con la música de la lengua portuguesa.
Sin embargo hablan en inglés,
y no sólo serán americanos
sino que ya se han disuelto, y siguen
disolviéndose en un mar ajeno.
No me vengan con los misterios de la poesía
ni de las tradiciones de una lengua,
de una raza, no me digan que hay cosas
que sólo pueden expresarse desde la experiencia
de un pueblo y una lengua.
Idioteces: las lenguas
que duran siglos y apenas sobreviven
fundidas en otras, mueren todos los días
en el balbuceo
de aquellos hombres que las heredaron
y son tan inmortales que en pocos años
las suprimen de la boca disuelta,
en favor de otra raza y de otra cultura.
Tan metafísicas, tan intraducibles
que se derriten, no en los altos cielos,
sino en la mierda cotidiana de las otras.







jueves, 14 de mayo de 2015

Alejandra Mendé -De que pague el sí mismo el correlato de su historia

Alejandra Mendé, CABA, 14 de mayo 1956


De que pague el sí mismo el correlato de su historia

No me colonizó Berlín, ni Munich,
no me gustan las hamburguesas y me complica
la escuela de Frankfurt.
No mide las palabras, el habitante de Nuremberg.
Me espantan las diéresis y el temblor de tu mano. La estrechez.
Tu palabra caída de tanto justificar... y no hay perro
que muerda tu hueso de culpa. Y no es mi nombre
tu arcano, ni tu talento. Aquí estoy gato, pétalo,
esponja en una o varias noches en las que te creí.
Cielo ausente. Cielo imbécil y desprevenido que
te ahogas, que te sé y te puedo responder aún y más,
pueblo extranjero de historias bélicas, no veo muda,
te abstengo de tu nacionalismo informe, mentiroso,
embriagado de vos. De lo que digan de vos,
de lo que cuelgue en cada puerto de tu gesto,
desorientado y fofo. Porque tengo un talento
asombroso para devorar fragmentos.
No me colonizó tu esquema, ni tu artillería de muerte.
No me gusta la colonia de Koln, ni las estancias de Mainz,
ni el puerto dónde los viejos usan bermudas descoloridas.
La belleza, ay, ay, ay, su belleza no tiene lugar
en tu boca, ni hoy, ni ayer, ni todavía.

martes, 12 de mayo de 2015

Raúl Gustavo Aguirre -Por último

Raúl Gustavo Aguirre, Buenos Aires, 2 de enero 1927 – Buenos Aires, 18 de enero 1983


Por último

Haber dejado una moneda de fuego en la mano de otro,
haber atado ciertos hilos de amor y resplandor,
haber perdido algo
al salir de la casa vacía.
Haber estado. Haber acompañado,
haber estado complicado con el viento que siempre tiene razón,
con la tierra y el agua y con la hierba que siempre tienen razón.
No haber cumplido años lejos de sí mismo,
no importa si de rodillas o en medio del pantano pero cerca de sí,
o entre asuntos pendientes o torcidos desde el comienzo,
pero masticados con tus dientes.
No importa ser un objeto más o menos clasificable despreciable por los que deciden,
no importa ser superado, masacrado, tergiversado, desmentido,
con todo eso se hace la verdad.
No importa ser interrumpido
si estás al pie del árbol gigante en el día sin fin,
al pie del árbol de piedras preciosas del sueño que sólo pertenece a los hombres,
y si has podido hablar con esas piedras
y acompañar hasta su casa a alguien
en un momento duro de la noche (y vivía tan lejos).
No importa que no haya solución para nadie ni perdón para nadie,
ni si al fin estás solo en las salinas de la madrugada
haciendo todo lo posible para que salga el sol,
para que esos rostros queridos no se hundan en los rápidos de la nada
que acecha tanta maravilla.