miércoles, 18 de marzo de 2020

Lucía Estrada -Clara Rilke

Lucía Estrada, Medellín, 11 de julio 1980


Clara Rilke 

Qué cercanas y distintas
las hojas de un mismo árbol.
Crecen silenciosas
en la contemplación de sí,
de sus bordes,
en el trabajo minucioso del insecto
que las hiere.
Apenas unidas por un hilo de savia
eternamente
a la corteza del mundo,
a su naturaleza vegetal.
El viento las obliga a inclinarse
sobre su propia sombra
y en el misterio único
de ser Sauce o Avellano,
se adhieren, se compenetran
sin perturbarse.
Así, recibirán a un tiempo
su gota de lluvia,
el beso ígneo del verano.
Caerán también bajo la misma luz,
rodearán como sílabas diversas
de un mismo alfabeto
la profundidad de las raíces,
la grieta oscura del tronco
que las vio levantarse
y permanecer.

domingo, 15 de marzo de 2020

Claudia Bernazza -Hungría

Claudia Bernazza, La Plata, 12 de junio 1960


Hungría

Después, viajé a la última fotografía.
A las palabras que nadie pronunciaba.
A la llanura. A la guerra.

Furias galopes tribus caballos alas
una polvareda de montañas
en la mañana de las tierras bajas.

Álmos, padre de Árpád.
Előd, padre de Szabolcs.
Kend, padre de Kurszán.
Ond, padre de Ete.
Tas, padre de Lehel.
Huba.
Töhötöm, padre de Horka.

Ellos guardan en su boca
el nombre de los montes
lo protegen del olvido
del viento en la cara y de este viaje.

Sobreviene
una planicie
una fogata
un cansancio sin bordes.

Se abandona el viento
al costado del camino
se aceptan las rutinas.

Dicen que para ser Europa hay que pedir permiso.
Esteban negocia dioses a orillas del Danubio.

Reyes espadas turcos guerras cuchillos
La furia es un galope
que no cesa.
En el corazón del continente
extranjeros.
Los gitanos los eligen:
esta es nuestra gente.

Inventores de lenguas y palabras
han imaginado un río.
En su orilla
fundan dos ciudades
frente a frente.

Austria los necesita mansos.
Alemania más obedientes.
Rusia más disciplinados.
Estados Unidos más capitalistas.
Ningún bombardeo los detiene.
Detrás de la bruma y la ceniza, crece un puente.

Si les preguntan quiénes son
ellos responden:
Álmos, padre de Árpád.
Előd, padre de Szabolcs.
Kend, padre de Kurszán.
Ond, padre de Ete.
Tas, padre de Lehel.
Huba.
Töhötöm, padre de Horka.

Somos el huracán de esta llanura
somos dos ciudades y sus puentes.
Somos magiares en el sitio equivocado
somos Budapest
galopando eternamente a los Urales.


martes, 10 de marzo de 2020

César Calvo -Ciudad de los reyes

César Calvo, Perú, 26 de julio 1940 – Lima, 18 de agosto 2000 


Ciudad de los reyes 

Pero esta noche Clayton es tan solo una carta,
entre cuyos renglones deambulan tres o cuatro carajos,
referencias más o menos precisas al porqué y para qué,
y la sueco rumana descarada que hizo de mi vida
el paraíso más negro de que tengo memoria.
Ingenuamente Clayton quema sus naves en la quinta página,
y habla de la vida que puede terminar en el amor,
aunque supone que hemos de estar en pie toda la noche
para alcanzar esa aurora.
Carta la suya que no leí antes debido me imagino
a un sorprendente instinto de conservación
y también, aceptémoslo, a que ignoro el inglés
Ya que se insiste en ella sobre lo que subyace debajo de los muertos,
el arte no es el mar sino tan solo lo que sostiene al mar y flota en él,
y me pregunta Clayton, se pregunta,
¿porqué nos es tan duro vivir en este mundo?
y luego de maldecir la reputación Maidenform de las limeñas
a fin de cuentas, que sentido tiene, porqué debo morir.
Entre tanto, es de noche, no hace frío y han pasado tres años.
Puedo decir que vivo, que he vivido como un condenado,
que escribí dos poemas aceptables
y mandé traducir el postergado y largo mensaje del buen Clayton.
Tres años han pasado, se han pedido refuerzos,
distintos personajes dicen las mismas cosas,
la sueco rumana fornica en la platea,
alguien grita y se arroja desde un palco, llueve en el escenario,
el público cansado de aplaudir y pifiar
se entretiene en desvestirse mutuamente, como quien no quiere la cosa
y yo dale que dale, impenitente, cubierto de basura,
preguntando porqué debo morir.
Cosa grave dirás, cuando ya no se busca el famoso sentido de la vida
y se rastrea en cambio una razón para irse al otro mundo
de allí que esto no sea sino una piedra para romper semáforos,
una señal de alarma, nada de soluciones,
aunque alguna palabra por su cuenta se lance a quitar hierbas del camino
puesto que no hay camino, puesto que mi camino son mis pies
y tus pies son el tuyo.
Aquí entiendo porque te hablé al comienzo de Clayton y su carta,
todo este ansioso tiempo que pase sin leerla
he caminado sobre el mismo sitio,
como suele decirse, estuve cavando mi propia tumba,
y la inmovilidad no es precisamente la razón que buscaba.
Tú podrás explicarme
como fue que concebimos la peregrina idea de vivir,
la pendejada del amor eterno, toda esa gran fachada de cartón,
con destinos reducidos más tarde a tu saliva.
Séame permitido recordar ya en escena,
la platea colmada de verdugos oír sus manos rotas aplaudiendo
la caída del telón sobre nuestras cabezas, la triunfal seda de la Guillotina.
Séame permitido recordarte antes de ello,
largo gemido de oro en hoteles cubiertos por la nieve
y recordarme, verme, zapato desconfiado dibujando tu nombre
entre las hojas de la Place de Pepluie.
Creía, entonces, cosas, buscaba una palabra para sobrevivir.
Era Paris entonces un altillo del Hotel des Nations
y el amor como un pozo que cavamos a golpes en las noches feroces
sin saber que la vida requiere de la muerte, muriendo sin morir.
O es que una sola vez, bajo mi cuerpo
me viste tras de un vidrio humedecido, ordenaste llorando mis cabellos.
Si alguien ahora nos preguntara que cosa es un altillo, una moneda,
Frank Sinatra cantando por un franco en la Gallerie de L´Odeon
sonara tu memoria como una casa sola
y yo envejecería estoy seguro en algún aeropuerto de esta tierra, esperándome.
Clayton tiene razón,
las únicas estrellas nos aguardan en el fondo del pozo
y solo son posibles cuando ya no lo son.
Nadie durmió jamás en un altillo,
Paris no existió nunca.
¿Que cosa es una noche frente al mar?
No hay mas ciudad que esta ciudad vacía
ni más sueño dorado que el insomnio,
estos papeles húmedos y vanos.
En las Casas de Cita, a estas alturas del verano
se insiste mas que nunca, hay buenos tragos.
Y si no hacemos el amor este año,
al menos, mirando hacia otro lado, haremos el amor.
No estaremos en pie toda la noche esperando la aurora
no por ello, querida, seremos más amargos,
no por ello seremos menos ágiles,
acaso así encontremos una buena razón para morir
y dejemos de ser, como dice Clayton
el cuerpo solitario en la ribera,
para ser la ribera, el río mismo,
dos cuerpos abrazados que al hundirse, se salvan.

domingo, 8 de marzo de 2020

Zabuzhko Oksana -Carta desde la casa de verano

Zabuzhko Oksana, Ucrania, 12 de agosto 1960
Traducción Azucena Calletini


Carta desde la casa de verano

Querido:
La tierra esta ocre de nuevo
lluvia ácida: nuestras enredaderas de pepino ennegrecidas,
sobresaliendo de la tierra como un cable chamuscado.
No sé que va a pasar con la orquídea este año
le hace falta una buena limpieza.
Pero tengo miedo de esos árboles. Cuando camino
entre ellos parece que voy a pisar
algún cadáver pudriéndose en los pastizales,
algo cubierto de gusanos, algo que sonríe
enfermizo al calor del sol
me ponen nerviosa los sonidos:
anteayer, en los matorrales, maullando
el crujir monótono de un árbol,
el parloteo contenido de los gansos: todos esforzándose,
constantemente para alcanzar la misma nota. ¿Te acuerdas
del olmo seco, al que un rayo transformó
en un gigante hueso carbonizado el verano anterior?
A veces creo que señorea
el jardín infectando todo con rabiosa locura
¿Cómo actúan los árboles locos?
Tal vez corren en todas direcciones,
como tranvías descarrilados
Igual,
guardo un hacha bajo la cama, por si acaso,
Al menos las mariposas se aparean: tendremos
orugas pronto. Oh si, la hija del vecino,
dio a luz: un varón, un poco pasado de fecha. Tenía pelo y dientes ya y podría ser un mutante
porque ayer, con solo nueve días, grito
"¡Apaguen el cielo"!,y no ha dicho una palabra desde entonces
Mas allá de eso, es un bebe sano.
asi que bueno. Si puedes escaparte
el fin de semana tráeme algo para leer
preferentemente en un idioma que no conozca
los que digo que son míos están agotados
Besos y abrazos. O.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Antonio Requeni -El vaso de agua

Antonio Requeni, Bs As, 8 de septiembre 1930


El vaso de agua

Cuando me acuesto, desde que era niño,
pongo a mi lado un vaso de agua.
Al apagar la luz, si lo contemplo
brillar en la penumbra, me imagino
que el agua es otro nombre de mi madre
y estoy seguro de que, ya dormido,
alumbrará el acuario de mis sueños.
Sombra, misterio, música nocturna
que bebo a lentos sorbos o me bebe.
¿Eres tú quien me sueña en ese extraño
país donde algún día nos veremos?
¿Dormir es un ensayo de la muerte?
Por las mañanas, cuando me recuerdo,
muchas veces el vaso está vacío.
Y vuelvo, desganado, a la rutina
de calles y de rostros, mientras llega
la oscuridad, el rito silencioso
de llenar nuevamente el vaso de agua
para ponerlo al lado de mis sueños
y saber que allí estás, que me proteges,
que hay algo puro en medio de la noche.



domingo, 1 de marzo de 2020

Iris Kiya -a lo dijo mi padre

Iris Kiya, La Paz, Bolivia, 20 de enero 1990


a lo dijo mi padre
la soledad me permite habitar un grano de mostaza
mi soledad es la gula
-q-u-e- siento por aquellas semillas.
Cada mañana recojo un puñado,
saludo el retrato de Williams Carlos Williams
o el que imagino que es Williams Carlos Williams
(quien quiera que sea el hombre de la foto)
y pienso en la carretilla roja
en la pestilencia plumífera de las gallinas.
Todo cambió hasta hace un par de meses,
me condicionaron un personaje
un b-o-x-e-a-d-o-r-
un f-r-e-a-k-
un g-i-g-a-n-t-e-
pero a mí no me importa el susodicho personaje
solo deseo habitar los granos de mostaza
              mirar la foto de Williams Carlos Williams
                                          rezar(le),
pedir(le) que cuide a las gallinas
y la irrisoria figura de Evelyn
ella me ignora cada vez que arrojo puñados de mostaza al criadero de gallinas
y pienso en la lejanía de su cuerpo,
de su mente.
La noche me sirve para enredarle a Evelyn (la pendenciera)
granos de mostaza en sus cabellos almidonados de estiércol
Ella se dejaba caer en la noche,
como un sembradío de mostaza.
Me gustaba verla en aquella cama carcomida por los abetos
empapada en sudor por la cantidad de mantas viejas
-q-u-e- cubrían su cuerpo
Evelyn,
la mujer más irrisoria,
más que todas las gallinas de aquella finca
más que todos los pedazos de colillas que escondía bajo su almohada.
Odiaba la mostaza.
Odiaba la foto de Williams Carlos Williams.
Odiaba mi carretilla roja.
El olor que despedían las gallinas
y todas las veces que la gente me condicionaba un personaje
un b-o-x-e-a-d-o-r-
un f-r-e-a-k-
un g-i-g-a-n-t-e-
Ya lo dijo mi padre
la soledad me permite habitar un grano de mostaza
y olvidar la irrisoria sonrisa
de Evelyn combatiendo con las gallinas
en el estiércol.








miércoles, 26 de febrero de 2020

Daniel Salzano -Ultima nota

Daniel Salzano, Córdoba, 22 de mayo 1941 – 24 de diciembre 2014
 
 
Última nota

Si esta fuera la última nota / la final / la escribiría lo más larga que pudiese / ocuparía la página de los taxistas / los colectiveros / el Suoem / la página de Mafalda / y saldría a la calle con la fuerza de un Scania Vabis / ahí viene la última nota de Salzano / buáááááámmmmmmmm.
Si esta fuera la última nota / la haría brillar como una cucharita / aullaría como un perro / una nota curtida como un poste de la luz / una nota tan vieja como los sueños / un mensaje para los vivos / otro mensaje para los muertos / mi última nota será suave como el cachete de un bebé / una nota de luna llena / una nota –como mi mamá– con la cabeza envuelta en un pañuelo / que su corazón lata rápido / una nota sobrada de óvulos y espermatozoides / fecunda / ¿quieren un dulce clamor? / ahí lo tienen / ¿se acuerdan cuando murió Mestre / el padre de Mestre / y la gente salió a la calle para despedirlo? / bueno / me gustaría que a mi última nota la saludaran como a él.
Quienes no olvidan a los muertos / no necesitan que se los recuerden.
Si esta nota fuera la final / la del abismo / antes de entregarla me detendría a rezar delante del finado cine Novedades / iría al Observatorio para darle una última ojeada a Saturno / volvería a Grimoldi para preguntar si recibieron los zapatos de gamuza azul / abriría la boca frente al sol poniente para tener una dentadura de oro / y a la noche pasearía hasta el Coniferal / donde está la estatua de José Gervasio Artigas / vengo a despedirme / cuídeme la luna, general.
A la última nota / la llevaría sujeta entre los dientes / como a un cachorro / y antes de entregarla le pasaría la lengua por el lomo / por las orejas / y le rascaría el morro / como a ellas le gustan / con la yema del meñique.
Si esta fuera la última nota / emplearía palabras de 800 gramos para arriba / por ejemplo: narizgargantayoídos / pondría pocos puntos / pocas comas / algunas letras rojas / el polen de la literatura es más viejo que el de las flores / la última nota que escriba medirá 50 de alto por 30 por 26 centímetros / lo mismo que el corazón de los osos.
Si esta fuera la última nota / la dejaría para después / para más adelante / faltando dos líneas para terminarla me detendría / no la escribiría / ahí viene la última nota de Salzano / dirían / tranquilos / no es nada más que el rugido de un camión Scania Vabis.





domingo, 23 de febrero de 2020

Noémia de Sousa -Súplica

Noémia de Sousa, Mozambique, 20 septiembre 1926-Potugal, 4 diciembre 2002
Traducción Renato Sandoval Bacigalupo


Súplica

¡Quítennos todo,
pero déjennos la música!
¡Quítennos la tierra en que nacimos,
donde crecimos
y donde descubrimos por primera vez
que el mundo es así:
un tablero de ajedrez…
Quítennos la luz del sol que nos calienta,
su lírica de xingombela*
en las noches mulatas
de la selva mozambicana
(esa luna que nos sembró en el corazón
la poesía que encontramos en la vida),
quítennos la choza – la humilde barraca
donde vivimos y amamos,
quítennos la machamba** que nos da el pan,
quítennos el calor del fuego
(que nos es casi todo)
-pero no nos quiten la música!
Vendernos como mercancía, encadenarnos
a la tierra, de sol a luna y de luna a sol,
¡pero siempre seremos libres
si nos dejaran la música!
¡Allí donde estuviera nuestra canción
aun esclavos, señores seremos;
y aun muertos, viviremos,
y en nuestro lamento esclavo
estará la tierra donde nacimos,
la luz de nuestro sol,
la luna de los xingombelas,
el calor de fuego,
la choza que vivimos,
la machamba que nos da el pan!
Y todo de nuevo será nuestro,
aun con cadenas en los pies
y aun azotes en la espalda…
¡Y nuestra queja
será una liberación
derramada en nuestro canto!
-Por eso pedimos,
de rodillas pedimos:
¡Quítennos todo…
pero no nos quiten la vida,
no se lleven nuestra música!



* “xingombela”: danza tradicional para jóvenes, originaria de Mozambique.
** “machamba”: campo de cultivo.


miércoles, 19 de febrero de 2020

Felicia Fuster -No me desnudéis

Felicia Fuster, Barcelona, 7 de enero 1921 - París, 4 de marzo 2012
Traducción Carlos Vitale


No me desnudéis

Antes
de que el gran compás me paralice
con la geometría de la muerte
no me desnudéis.
No me desnudéis del tiempo
ni de aquellas palabras
que, incluso escarchadas, yo hacía cálidas.
Sé que mi canto
hoy
no llegará
ni a las órbitas bajas
y el mundo me pesará. Tanto da.
Dejadme.
Dejadme el hormigueo
de esta cabeza llena de fiesta
y las alas de los puentes. Dejadme blanca,
cal apagada, encendida, poca cosa,
nada,
con los pies desnudos.
Sé caminar descalza. Y más.
Y también sé:
solo lo que se borra
tiene importancia.

domingo, 16 de febrero de 2020

Santiago Sylvester -Café Bretaña

Santiago Sylvester, Salta, 24 de abril 1942


Café Bretaña

EL tiempo cobra peaje a todo lo que ha nacido para durar.
Peaje a la belleza, al porvenir, al odio;
peaje a ese montón de pelo atado en la nuca de la mujer,
a la mirada del hombre,
a las palabras que se dicen, al sentido:
                peaje aún sin saberlo,
                como existen caminos aunque no vamos a ninguna
parte.

Ellos se han sentado allí, mesa de por medio, con la
intención de eternidad que aturde a todo lo transitorio:
solos y a la vez acompañados,
en estado de mudanza;
condenados a buscar cómo se sale de la contradicción.

El tiempo cobrando peaje es infalible;
y yo mismo, a mi pesar, sin ser el tiempo cobro peaje:
                no soy el tiempo, pero soy el que mira.


UN golpe en una mesa,
y el hombre mira alrededor, sin éxito ni culpa, sólo con
el asombro del que, repleto de whisky, no encuentra qué decir.

La palabra, una autopsia: un corte transversal en el
cerebro;
y de este menoscabo del lenguaje se alimenta un época que cesa, no por agotamiento, sino por crispación:
                               el psicoanálisis concluye en epilepsia,
                               la semiótica esconde su abuso en la trastienda,
                               la fanfarria de la ciencia no logra descifrar sus
propósitos;
                               ¿y qué haremos con la actividad de la palabra?

Un hombre ha golpeado la mesa, torpe la lengua y la
Mirada idiota,
y ha marcado el arranque de una nueva era:
                él es su profeta,
                una trompada en una mesa su huella digital.


NO tiene brillo ese hombre,
ni siquiera cuando toca el violín:
descascarado, pulcro, con la edad ya insegura: una pared caleada que muestra a su pesar las noticias del tiempo.

Ni brillo ni resolución: sólo un resultado.
Se acerca a cada mesa y deja allí flotando la mano con
que pide: la misma mano que sostiene el arco y
suelta ante nosotros fragmentos de Paganini,
aproximaciones y retazos.
Mano experta que, al aunar dos gestos, conoce la
distancia entre ilusión y derrumbe: mano que actúa
como si no supiera que esa distancia es ella.


ESTE sitio, como todos, es una excepción: mezcla de
estilos, huída de la naturaleza al sucedáneo, y saber
que esto (una excepción sumada a otras) es todo lo que podemos esperar.

La cerveza de ese hombre junta bilis;
una falsa rubia detiene demasiado su mirada;
ese codo en la mesa supone una teoría: soledad por puro
método, y un campo de realización que ha fracasado hace años.
Alguien cerca tose, cuenta monedas o juega con las
llaves;
alguien descubre un axioma imprevisto: con las mismas
personas se habla siempre de las mismas cosas;
alguien mira hacia fuera.

He aquí una amplia escena: elija usted el nombre, péguele
el rótulo, envíe el paquete a donde quiera; y por favor no agite el frasco, deje en paz el contenido.


DESPUÉS, ya veremos: por ahora
lo que conocemos del futuro es el presente.

Ese hombre afirma que nunca se irá de la ciudad;
su amigo, lo contrario: su tendencia a la huída.
Una joven, desdeñosa, se niega a perdonar.
Un hombre saca del bolsillo una entrada para el teatro.
Una muchacha, deslizada hacia la desgracia, sorbe un
café con la mirada en otra parte,
y en la mesa vecina un estudiante anticipa su porvenir.

Es fácil conocer el futuro: con sólo oír a esta gente, ya
sabemos su trama,
que no es sino una cita colectiva:
                cuándo, dónde, con quién,
                ese es todo el problema.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Elvira Sastre -Yo no quiero ser recuerdo

Elvira Sastre, Segovia, España, 12 de junio 1992


Yo no quiero ser recuerdo

A la mierda el conformismo:
Yo no quiero ser recuerdo
Quiero ser tu amor imposible,
Tu dolor no correspondido,
Tu musa más puta,
El nombre que escribas en todas las camas
Que no sean la mía,
Quien maldigas en tus insomnios
Quien ames con esa rabia que solo da el odio.

Yo no quiero
Que me digas que mueres por mí,
Quiero hacerte vivir de amor,
Sobre todo cuando llores,
Que es cuando más viva eres.

Yo no quiero
Que tu mundo se dé la vuelta
Cada vez que yo me marche,
Quiero que darte la espalda
Solo signifique libertad
Para tus instintos más primarios.

Yo no quiero
Quitarte las penas y condenarte,
Quiero ser la única
De la que dependa
Tu tristeza
Porque esa sería
La manera más egoísta y valiente
De cuidar de ti.

Yo no quiero hacerte daño,
Quiero llenar
Tu cuerpo de heridas
Para poder lamerte después,
Y que no te cures
Para que no te escueza.

Yo no quiero
Dejar huella en tu vida,
Quiero ser tu camino,
Quiero que te pierdas,
Que te salgas,
Que te rebeles,
Que vayas a contracorriente,
Que no me elijas,
Pero que siempre regreses a mí para encontrarte.

Yo no quiero prometerte,
Quiero darte
Sin compromisos ni pactos,
Ponerte en la palma de la mano
El deseo que caiga de tu boca
Sin espera,
Ser tu aquí y ahora.

Yo no quiero
Que me eches de menos,
Quiero que me pienses tanto
Que no sepas lo que es tenerme ausente.

Yo no quiero ser tuya
Ni que tú seas mía,
Quiero que pudiendo ser con cualquiera
Nos resulte más fácil ser con nosotras.

Yo no quiero
Quitarte el frío,
Quiero darte motivos para que cuando lo tengas
Pienses en mi cara
Y se te llene el pelo de flores.

Yo no quiero
Viernes por la noche,
Quiero llenarte la semana entera de domingos
Y que pienses que todos los días
Son fiesta
Y están de oferta para ti.

Yo no quiero
Tener que estar a tu lado
Para no faltarte,
Quiero que cuando creas que no tienes nada
Te dejes caer,
Y notes mis manos en tu espalda
Sujetando los precipicios que te acechen,
Y te pongas de pie sobre los míos
Para bailar de puntillas en el cementerio
Y reírnos juntas de la muerte.

Yo no quiero
Que me necesites,
Quiero que cuentes conmigo
Hasta el infinito
Y que el más allá
Una tu casa y la mía.

Yo no quiero
Hacerte feliz,
Quiero darte mis lágrimas
Cuando quieras llorar
Y hacerlo contigo,
Regalarte un espejo
Cuando pidas un motivo para sonreír,
Adelantarme al estallido de tus carcajadas
Cuando la risa invada tu pecho,
Invadirlo yo
Cuando la pena atore tus ojos.

Yo no quiero
Que no me tengas miedo,
Quiero amar a tus monstruos
Para conseguir que ninguno
Lleve mi nombre.

Yo no quiero
Que sueñes conmigo,
Quiero que me soples
Y me cumplas.

Yo no quiero hacerte el amor,
Quiero deshacerte el desamor.

Yo no quiero ser recuerdo,
Mi amor,
Quiero que me mires
Y adivines el futuro.

domingo, 9 de febrero de 2020

Fernando Pessoa -El guardador de rebaños

Fernando Pessoa, Lisboa, 13 de junio 1888 – 30 de noviembre 1935
Heterónimo Alberto Caeiro
Versión Lino Mondino


El guardador de rebaños

Desde la ventana más alta de mi casa,
con un pañuelo blanco digo adiós
a mis versos, que viajan hacia la humanidad.
Y no estoy alegre ni triste.
Ése es el destino de los versos.

Los escribí y debo enseñárselos a todos
porque no puedo hacer lo contrario,
como la flor no puede esconder el color,
ni el río ocultar que corre,
ni el árbol ocultar que da frutos.

He aquí que ya van lejos, como si fuesen en la diligencia,
y yo siento pena sin querer,
igual que un dolor en el cuerpo.

¿Quién sabe quién los leerá?
¿Quién sabe a qué manos irán?

Flor, me agarró el destino para los ojos.
Árbol, me arrancaron los frutos para las bocas.
Río, el destino de mi agua era no quedarse en mí.
Me resigno y me siento casi alegre,
casi tan alegre como quien se cansa de estar triste.

¡Irse, irse de mí!
Pasa el árbol y se queda disperso por la Naturaleza.
Se marchita la flor y su polvo dura siempre.
Corre el río y entra en el mar y su agua es siempre la
que fue suya.

Paso y me quedo, como el Universo.




miércoles, 5 de febrero de 2020

Jonas Rolsted -Flex Death 10

Jonas Rolsted, Dinamarca, 22 de noviembre 1980
Traducción Daniel Sancosmed


Flex Death 10

Sol. Pero hay oscuridad. El viento y la lluvia toman los árboles. Pronto llegará el invierno con toda su fuerza. Puede empezar contigo. Igual que en la foto imagen. Que yo te ponga un nuevo nombre. Me baño con agua fría. Empieza a ser de noche, pero el aire sigue siendo suave. Hago como que no he visto la alondra. Espero a que venga una imagen clara en el lienzo. Para echar una mirada a su cara. ¿Me despertó un sueño? Ella me rozó con la mirada. El sol es derecho. Por qué dejarse iluminar por una ley. Los pájaros son reglas. Las reglas son voces que están como cristal en la hierba. Las manzanas son bultos. Cruces de luz desgastados. Una barra de gogó. Amarillo claro. Palabra. De maneras distintas. El vestido está mojado de pis. Plástico rosa oscuro. Mi saco de dormir que estaba frío y empapado de rocío. Rojo claro y azul. Verde claro y naranja. Una rueda de carro quitada. La estrecha pradera. Buena señal. Los párpados mastican su clara carga. Cuando estoy bajo el roble mirando hacia arriba. Pero es tu cabello lo que el sol acaricia. Como un árbol que ha crecido en una alambrada. Un nivel condensado. Él no para de aparecer en los reflejos. Máquina del deseo. Ganas de guerra. La identificación de la ciudad con el fuego. Medio ambiente sin bosque. Papadas enormes. Él es consciente de la vida. Sprechgesang. Un árbol naranja. Un árbol amarillo. Un torrente de hojas amarillas y una frontera donde empiezan a volverse verdes. Es difícil cuando uno ha caminado y mirado hacia delante. Comparativo. Casi podría ser un niño. Punto de acoplamiento. El envés sucio de los árboles. Un anorak azul claro. Los árboles, el viento. Es uno de mis helicópteros favoritos. Un hombre corta una rama con bayas de un árbol y está esperando con paciencia su escalera hasta que yo haya pasado, el rostro consigue cambiar de parecer, antes de que él la vuelva a tirar al asfalto. Los mismos miran, los mismos miran lo mismo. Miro a través de una manga. El sol está muy bajo y blanco. Un árbol transparente (por no tener hojas) una tarde del temprano invierno. Manzanas amarillas brillan en una red de relaciones ininteligibles. Hojas oscuras, sesudas, desnudas en los árboles. Las últimas. Tú usas la palabra tiempo. Hay algo revolucionario en el invierno. El invierno lo revoluciona todo. Tú, tú, tú. Sentido y contrasentido. No hay contrasentido. No hay contrasentido entre algunas cosas. Las hojas están como una luz cercana en las ramas. La próxima vez reino yo. Hojas en un círculo increíblemente amplio con las raíces de los árboles como centro de la elipse. El destino quiere saber. El viento y la lluvia toman los árboles. Privada señal. Kingsplay chess in fine grained sand. No sé qué es más oscuro. Se crea mucho significado en el eje de la profundidad. Hay sol en las hojas. Tienes que estar callado. Tu piel nunca olvida. Abrir una puerta con la espalda. Vida dormida y despierta. Yo si. Está oscuro. A veces la profundidad también puede ser simplemente oscuridad. Él no puede leer a través de mí. Campos brillantes. Ritual y sueño. Está en sus ADN. La gota está abierta. Conflicto entre realidad interior y exterior. Punto de tiempo. El tiempo hace que las repeticiones nos sean comprensibles. Personal mente. Cohorte. Sol. Serie de golpes. Hora de cambio. Flex Death.

domingo, 2 de febrero de 2020

Mihály Ladányi -En esta cantina

Mihály Ladányi, Hungría, 12 de febrero 1934 – 29 de septiembre 1986
Versión Isabel Pérez Montalbán

 
En esta cantina

Como quien viajó y guarda
su pasaje de nave, escondido en un libro viejo,
y a veces se lo lleva a la nariz y recuerda
el nombre de la ciudad,
de donde al otro día salió para seguir su camino
solamente llenando el corazón
con recuerdos
y al otro día salió para seguir su camino.

El cartero tira a veces una carta
para que uno medite a veces
sobre la vida.
Como una moneda lanzada hacia arriba
brilla y resuena.

En esta cantina a donde entro ahora
para unas palabras y un trago
la conversación no es tan delicada
como -por ejemplo- en las noches del Club Pen.

En el suelo las huellas de los escupitajos fangosos,
el maestro del naturalismo
suelta una broma y brindamos
por el amor a la carne firme y
por los recuerdos de corazones de polvo de carbón.

Ahora
saliendo de los pozos de los días
y quitándome el día como un mono sucio
en el olor de lámpara de carbón reprimido,
lejos del escaparate con olor de humo y café,
del arte,
             aquí donde
bajo en una nueva galería de mi suerte
se me ocurre una mesa de cafetería
donde estaba sentado para encontrar la salvación.

La vagoneta del minuto se vuelve
y saca sus recuerdos al suelo fangoso
y hacemos un brindis gesticulando felizmente,
y el viejo maestro de la mina empieza de nuevo
y recorro los pozos de su vida
como en momentos de la explosión abajo: temblando.

En esta cantina
de un modo raro
me inunda el agradecimiento por la suerte
de no haber llegado a ser el campeón
fino, elegante y exaltado de las palabras
y cayendo en el seno sudoroso del mundo
con dedos sangrientos tengo que cavar hoy también
mis canciones de las piedras rugosas.