Sí, esto es nostalgia, mi amigo,
quisiera volver a los cafés, a aquel
azúcar en terrones, a la madera,
al tango, a la lentitud.
Luego avanza como un turbión
la realidad
y me aferro a unas ondas sonoras,
llenas de aire, de vacío, de libertad
que son presente eterno.
La radio, las dalias en el fondo de la casa,
unos limones sobre la mesa
cubierta por el mantel de hule.
Usted llamará a eso estupidez,
y estoy de acuerdo.
Nada más inútil que la nostalgia:
un simulacro de eternidad pero siempre en el pasado.
Me adiestro en el manejo de mis zapatos,
en la maldición de la muerte convertida
en bendito abandono, desapego,
olor de plantas o flores
que llega a través de la ventana,
como una dicha nunca sucedida.
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Y cómo pasa el tiempo Bonturo, vea usted.

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