sábado, 18 de marzo de 2017

Howard Phillips Lovecraft -El Pozo

Howard Phillips Lovecraft, Rhode Island, 20 de agosto 1890-EEUU, 15 de marzo 1937 
Versión: Santiago Espel


El Pozo

Set Atwood, el granjero, tenía más de ochenta años
cuando trató de agrandar el viejo pozo que había junto a su puerta
con la ayuda inestimable de Eb, para cavar bien hondo.
Al principio nos reímos por su extravío, y esperamos
que recuperara pronto su juicio.
Pero lejos de eso el joven e imberbe Eb también enloqueció.
Lo internaron sin dilaciones en el manicomio del pueblo.
Entonces Seth tapó con ladrillos la boca ancha del pozo
y luego se cortó una arteria del brazo izquierdo.
Después del entierro fuimos en procesión al pozo
y sacamos la montaña de ladrillos:
Sólo vimos una parrilla de acero que cerraba la entrada
de un pozo tan profundo como la demencia.
Así que volvimos a poner los ladrillos donde estaban
porque el pozo nos pareció tan pero tan hondo y negro
que ninguna plomada podría sondearlos con éxito.



jueves, 16 de marzo de 2017

Tom Paulin -Arthur

Tom Paulin, Reino Unido, 25 de enero 1949
Versión Gerardo Gambolini


Arthur

Todo el mundo tenía alguien que le obsequiaba naranjas,
soberanos o florines lustrosos,
que usaba sacos verde-botella, que fumaba
una pipa de arcilla el día de St. Swithin*
y que calentaba su cerveza metiendo un atizador al rojo vivo
en la jarra de litro.
Pero tú, tú eres distinto.
Tú partiste antes de que millones se calzaran las polainas
y huyeran al mar, alas praderas, a New York,
donde te arrojaban a una celda cuando le decías a alguien
que el pelo rubio te hacía espía de Alemania.
Después del telegrama solicitando
tu certificado de nacimiento,
nadie en la isla supo nada de ti
hasta que el Armisticio trajo una carta de una esposa
de la que nadie nunca había escuchado.
La dejaste con el niño.
Ella quería dinero.
Tú estabas en algún lugar de Sudamérica
en la mayor libertad, la libertad
de desde-entonces-nunca-más-se-supo-de-él.

Así’ es que te veo a veces
remontando el Orinoco o el Río de la Plata
con rifle, mestizo fiel y una querida nativa,
atravesando ciudades de estuco derruido y cubierto
de lianas y anacondas,
pasando por sus teatros abandonados
donde solía cantar Caruso entre un millón de botellas
de espumante importado.
O te veo si no en las repúblicas de abasto,
tomando ron por el puerto en Buenos Aires,
esperando que te cambie la suerte;
las noches cálidas y pegajosas, las noticias de Europa,
los criminales de guerra anidando como murciélagos
en la pringosa oscuridad.

Tu hermana creyó ver tu rostro una vez en una escena,
entre el gentío. Fue al cine toda una semana,
aguardando tu opaca aparición. Ella piensa
que estás vivo, sentado en la galería de tu hacienda,
mi tío abuelo perdido, el rubio temerario indestructible
que andaba siempre haciéndose la rabona y saltando
del muro del puerto.

Lo que yo quiero saber es
cómo lo hiciste,
cómo te libraste de una prudencia heredada
o si es que sencillamente nunca la conociste.
Creo que tu tumba está perdida
en la espesura de un continente tropical.
Eres un recuerdo que dejó de emitir señal.
Y aunque te pusieron el nombre por el rey que supuestamente
despertará y regresará algún día,
yo sé que si te aparecieras en mi puerta,
un viejo lobo de mar con un cinturón de cuero gastado
y un rostro que he visto antes en otra parte,
no serías bienvenido.
Querría que te fueras.

* Santo irlandés en cuyo día los curas bendicen las gargantas de los fieles.

martes, 14 de marzo de 2017

Ed Sanders -Creeley como terapia

Ed Sanders, Kansas City, 17 de agosto 1939
Versión Esteban Moore


Creeley como terapia

Publicó un aviso en la sección Salud
del periódico local:
“Cure sus crisis mentales con Creeley”

Y sabés qué
doce personas pagaron  c/u 175 dólares
para asistir a un taller durante ocho semanas

Suma suficiente para hacer algunos arreglos en la casa!!

Los hacía sentarse cómodamente
las sillas en un círculo
cada uno de ellos sosteniendo en su manos
la Poesía Completa de Robert Creeley 1975-2005
luego los hacía abrir  el volumen
                              / en una página cualquiera
leer en voz alta
                                                              y discutir
                                                              la sensación curativa
                                                              de las palabras
y cómo éstas se relacionaban
con la crisis personal del lector
                               
Y funcionó!
Las sonrisas resquebrajaban el círculo
y algunas veces las lágrimas!

Le rogaron  que repitiera el taller
especialmente en esas fechas en que el año
se arrastra hacia
una triste Navidad








alpialdelapalabra.blogspot.com

domingo, 12 de marzo de 2017

José María Pemán -Entre los geranios rosas

José María Pemán, Cádiz, 8 de mayo 1897 – Cádiz, 19 de julio 1981


Entre los geranios rosas

¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!
Así me gritó la niña,
la de las trenzas doradas:
-corre a verla, corre a verla,
que se te escapa.
Por los caminos regados
del oro nuevo del alba,
corrí a los geranios rosas,
¡y ya no estaba!
Volví entonces a la niña,
la de las trenzas doradas.
«No estaba ya», iba a decirle.
pero ella tampoco estaba.
A lo lejos, ya muy lejos,
se oían sus carcajadas.
Ni ella ni la mariposa;
todo fue una linda trama.
El jardín se quedó triste
en la alegría del alba,
y yo solo por la sola,
calle de acacias.
Y esto fue mi vida toda:
una voz que engañó el alma,
un correr inútilmente,
una inútil esperanza...
¡Entre los geranios rosas,
una mariposa blanca!

viernes, 10 de marzo de 2017

Julio Cortázar -El encubridor

Julio Cortázar, Bélgica, 24 de agosto 1914 – París, 12 de febrero 1984


El encubridor

Ese que sale de su país porque tiene miedo,
no sabe de que,
miedo del queso con ratón,
de la cuerda entre los locos,
de la espuma en la sopa.
Entonces quiere cambiarse como una figurita,
el pelo que antes se alambraba
con gomina y espejo lo suelta en jopo,
se abre la camisa, muda de costumbres,
de vino, de idioma.
Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor,
y duerme a pata ancha.
Hasta de estilo cambia,
y tiene amigos que no saben su historia provinciana,
ridícula y casera.
A ratos se pregunta como pudo esperar
todo ese tiempo
para salirse del río sin orillas,
de los cuellos garrote,
de los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves.
A fojas uno, si, pero cuidado:
un mismo espejo es todos los espejos,
y el pasaporte dice que naciste y que eres
y cutis color blanco, nariz de dorso recto,
Buenos Aires, septiembre.
Aparte que no olvida,
porque es arte de pocos,
lo que quiso,
esa sopa de estrellas y letras que infatigable comerá
en numerosas mesas de variados hoteles,
la misma sopa, pobre tipo,
hasta que el pescadito intercostal
se plante y diga basta.
Antes, después
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio

aunque no haya huella ni presagio
como la caricia a la mano
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede el amor
pero inevitablemente
el amor sobrevive al amante
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna

como la caricia a la mano
aunque no haya huella ni presagio
el amante precede al amor
el perfume dibuja el jazmín
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente

miércoles, 8 de marzo de 2017

Kathleen Raine -En una desierta orilla

Kathleen Raine, Reino Unido, 14 de junio 1908 – Reino Unido, 6 de julio 2003
Traducción Rafael Martínez Nadal


En una desierta orilla

Las evanescentes estrellas dijeron:
“Nuestras nocturnas distancias,
Estos espacios desiertos,
La vista puede en un instante recorrer,

Pero el que pasó
En oscuro vuelo del alma
Viaja más allá
Del destello de nuestra luz.”

Dije yo, “De allí a donde camina
Que ningún dolor mío
Atraiga un solo pensamiento
Hasta estos velados cielos,

Ni lágrimas humanas
Empapen esas alas que pasan
Liberadas del peso de la tierra
y de la rueda de las estrellas

lunes, 6 de marzo de 2017

Thomas MacGreevy -Homenaje a Hieronymus Bosch

Thomas MacGreevy, Tabert, 26 de octubre 1893 – Dublín, 16 de marzo 1967
Versión Gerardo Gambolini


Homenaje a Hieronymus Bosch 1

Una mujer sin rostro caminó hacia la luz;
un chico con un traje norfolk marrón,
agarrándose
sin manos
a su supuesta falda.

La mujer se detuvo.
Y él se detuvo.
Y yo, aterrado, me detuve, mirando.

Entonces vi un grupo de figuras espectrales detrás de ella.

Era una mañana salvajemente húmeda
pero el pequeño mundo seguía girando.

De alguna forma, sin mover los labios, la mujer dijo:
El libro debe ser abierto 2
y el parque también.

Me habría reído
pero mis dientes castañeteaban
y vi que las palabras, a medida que caían,
quedaban, retorciéndose, en el suelo.

Hubo una ráfaga de viento húmedo
y las figuras sombrías empezaron a agitarse
cuando una que yo creía muerta
se despegó lentamente de su gran efigie en una tumba cercana
y todas se estremecieron
se inclió como para hablarle a la mujer
pero el director de la guardería salió volando del pozo de San Patricio 3,
confiscado por su querida 4,
y, la cabeza inclinada,
mirando por encima de los anteojos
y retregando la grava furiosamente,
le advirtió, siseando —
las palabras hicieron pingg como balas,
hacia arriba, delante de los anteojos —
¡No diga nada, le digo, no diga nada!
y el que había parecido estar volviendo a la vida
resolló,
comenzó a reír y llorar histéricamente
y, con un gesto de impotente y casi irritada desesperación,
volvió a su efigie.

Por encima del Banco de Irlanda 5
se oía una música sobrenatural,
alejándose al oeste.

Entonces, de las alcantarillas,
salieron pequeñas ratas de albañal.
Eran cientos de cientos, decenas, miles.
Cada una saludaba obsequiosamente a las figuras sombrías
luego se iba y se unía en una danza del vientre con sus hermanos y hermanas.
Siendo una multitud, bailaban de modo irregular.
Había risa de rata,
más fuerte aquí y allá,
y por momentos los gritos de las ratas hembras se volvían histéricos.
Las figuras espectrales contemplaban, agonizantes.
La mujer sin rostro dio un grito y se desplomó.
Las ratas bailaban encima de ella
y de las palabras convulsionadas
sonriendo afectadamente.
El director de la guardería volvió al pozo
con la pequeña figura sin manos en ropa marrón.


NOTAS
Las notas que siguen son gentileza de Susan Schreibman, estudiosa y editora de la obra de MacGreevy.
1 El poema es una alegoría basada en el fracaso del rector del Trinity College de Dublín
para responder al pedido de la comunidad estudiantil que le solicitó interviniera ante las autoridades en favor de Kevin Barry. un estudiante republicano del University College de Dublín, capturado por los black and tans y colgado en 1920.
2 Posible referencia a la apertura del libro de los siete sellos [Apocalipsis 5: 2-5]. Esta fue una de las lecturas bíblicas durante la misa del 31 de octubre, víspera de Todos los Santos y de la ejecución de Kevin Barry. La frase también podría referirse a1 resentimiento de algunos nacionalistas contra el Books of Kells que se conserva en el Trinity College.
3 El pozo de Saint Patrick, situado en los terrenos del Trinity College, se usó antes de la Reforma o hasta la época isabelina como Abadía de Todos los Santos.
4 Referencia Isabel I, fundadora del Trinity College.
5 El antiguo parlamento irlandés, ubicado enfrente del Trinity College, fue disuelto en 1800 y su edificio, convertido en el Bank of Ireland. El sueño de todos los nacionalistas del siglo XIX era ver establecido otra vez en dicho inmueble un parlamento irlandés independiente.

sábado, 4 de marzo de 2017

Rodolfo Godino -Estado de reverencia

Rodolfo Godino, San Francisco, Córdoba, 3 de marzo 1936 – Bs As , 14 de enero 2015



Estado de reverencia

1

Sujeta, impedida
mantuve en mi boca la palabra
que nos hubiera convertido,
la que debió orientar,
                                         conducir
hasta los cuerpos desmañados
agua de unión.

                       Casi no existíamos,
la lenta sabiduría
apenas tomaba espacio
en la historia desierta.

2

Fuiste el centro
de los poemas oscuros,
                                 los que creían
alcanzar revelaciones
en los rastros aún tibios,

quizás un brazalete
sobre los mosaicos húmedos
de la terraza
que tu aura me prohibía:

temeroso
                     de la belleza fluyente
sólo rozaba el círculo,
las huellas de tus pies tempranos.

3

Estás ahí.
                           El arco excéntrico
de tu brazo todavía recorre
el pelo encrespado.

                                          Estás ahí,
con el fondo doméstico
de lomas abiertas por la cal,

trabajando en el tumulto
de mi garganta, imagen
que se ordena para volar
o ceder el alma.

4

Nada merece
sus despojos, ningún milagro
su evaporación, ningún jardín
vientos del sur
o una lengua de fuego.

                                             Te miro,
una más entre la gracia
de agapantos y estrellas federales,
ganando luz y perdiendo realidad:

te doy otra vez
                                 aire imaginario
sin rozar tu cuerpo verdadero.

Te miro,
                             tanta destrucción
y sin embargo estás viva.
¿Hubieras durado
más allá de sueños
                                    sin la defensa,
sin el molde de las palabras?

5

En el paraíso, en las rondas
de mi cabeza fiel
todo es claro.
                                             Mañana
como hoy volveré a cavar
según tus límites:
la máscara de una fotografía
o un pectoral quebrado
no te muestran, no hablan de ti,

sí el movimiento amarillo
que fuiste un instante
al ir desde las columnas
a la escalera
de cortar racimos,
                                          eso quedó
en el ojo virgen
para siempre,

                                esa es la puerta
por la que entras y sales
del fino pincel,
pequeña en el tiempo
y apenas iniciada,
sin compartir la comunión
porque signos y descensos
frenaron al espíritu
en el fondo de mi boca.

6

Nada me ayudó.
Todavía ignoro
si al menos el ruido, la cáscara
del amor ahogado
                                      fue percibida
sobre los continuos
dones solares.

                                      Las palabras
no dichas cercan al mundo
y dañan después, arden
en sus ruinas:

                                 ¿cuánto pagaré
por haber negado el alma?

7

Lo que te guarda vive
en el amanecer.
                                             Te alejas,
encerrada
al otro lado del vidrio
                                            y otra vez
el perfume apagándose
anuncia el viaje,

acaso el fin de los años nocturnos
donde lo arruinado
corre hacia atrás
esperando del sueño
remedios de fondo.

                                               Te alejas
del que quiso servir
sin poderes, sin cuerpo,
                                     del que hunde
la cara en la tenaz imagen
de aquella casa musical
que ya no guarda de ti
la voz ni el porte,
de mí solo atriciones y averías
y sobrevuelos
                                          de un canto
que vibra en el vacío, que siempre
recomienza.





jueves, 2 de marzo de 2017

Jorie Graham -Mente

Jorie Graham, Nueva York, 9 de mayo 1950
Versión Jonio González


Mente

La lenta obertura de la lluvia,
cada gota se rompe
sin romperse dentro
de la siguiente, describe
la mente implacable, sincopada.
No de modo diferente de
los colibríes,
que imaginan que sus alas
son su corazón, y de las golondrinas,
que creen que el horizonte
es una línea que levantan
y dejan caer. ¿Qué
buscan? Los álamos,
avanzando o retirándose,
pierden su estatura
de todos modos, y sin embargo permanecen firmes
y hacen lo necesario
para volverse
imaginarios. La ciudad
dibuja la mente en las calles,
y las calles la obligan
desde sus intersecciones
donde un poco
no pertenece a nadie. Es
lo que se conduce a través
de todas las porciones inmóviles
del mundo, el papel
de la gravedad en las cosas, las hojas,
apretadas contra la fría y húmeda
ventana del suelo de noviembre,
continúan siendo inoportunas
hasta que se transforman, piezas
de un rompecabezas irresoluble
hasta que los bordes ceden un poco
y se ablandan. Mirad entonces
el modo en que el dibujo de vuelve claro,
la mente que en trozos
entra en la tierra con mayor facilidad,
y es más fértil por ello.

martes, 28 de febrero de 2017

Javier Heraud -Krishna o los deseos

Javier Heraud, Lima, 19 de enero 1942 – Madre de Dios, Perú, 15 de mayo 1963 


Krishna o los deseos

                                                                                 A. C. B., interminable amigo.

                                                                         Keshava, ¿con qué objeto mataría 
                                                                         a los míos? No deseo la victoria, 
                                                                         los reinos ni los placeres. 
                                                                                               Bhagavad-Gita. I, 31


I
No deseo la victoria.
La victoria es siempre pasajera,
no queda después sino la muerte,
el regocijo, el gozo falso de la vida:
una hierba caída sobre el hombro,
un refugio que aguarda su retorno,
un escondido llanto después de la
batalla y la victoria.
Un vaso palpitante,
un cuerpo en perpetuo movimiento,
un cenicero vacío eternamente
son más efímeros quo la victoria,
efímera y vana, cansada y agotante.
Difícil es remar a remo suelto,
difícil llenar el vaso lleno,
difícil cambiar el tiempo ajeno.
No deseo la victoria ni la muerte,
no deseo la derrota ni la vida,
sólo deseo el árbol y su sombra,
la vida con su muerte.

II
No deseo los reinos.
Un reino es siempre mensurable:
tantos metros y distancias,
tantos bueyes y caballos lo
separan de otros reinos pasajeros.
No deseo ningún reino:
mi único reino es mi corazón cantando,
es mi corazón hablando,
mi único reino es mi corazón llorando,
es mi corazón mojado:
mi reino es mi seco corazón (ya lo dije)
mi corazón es el único reino
indivisible,
el único reino que nunca nos traiciona,
mi reino y mi corazón,
(ya tengo el corazón)
no deseo los reinos si tengo mi
pecho y mi garganta,
no deseo los valles ni los reinos.

III
No deseo los placeres.
No existe el placer sino la duda,
no existe el placer sino la muerte,
no existe el placer sino la vida.
(El mar lavará mi espíritu en las arenas,
lo lava todos los días en el recuerdo,
lo ha lavado con palabras,
el mar no es un placer sino una vida).
El mar es el reino de la soledad y el naufragio.

IV
No deseo sino la vida,
no deseo sino la muerte.

V
Descansar en el valle
que baña el río todas las tardes,
en las arenas que cubre el. mar
todas las noches,
en el viento que sopla en los ojos,
en la vida que alienta ya sin fuego,
en la muerte que respira el aire lleno,

domingo, 26 de febrero de 2017

José María Arguedas -Temblor

José María Arguedas, Andahuaylas, 18 de enero 1911 – Lima, 2 de diciembre 1969


Temblor

Dicen que tiembla la sombra de mi pueblo;
está temblando porque ha tocado la triste sombra del corazón
de las mujeres.
¡No tiembles, dolor, dolor¡
¡La sombra de los cóndores se acerca!
—¿A qué viene la sombra?
¿Viene en nombre de las montañas sagradas
o a nombre de la sangre de Jesús?
—No tiembles; no estés temblando;
no es sangre; no son montañas;
es el resplandor del Sol que llega a la pluma de los
Cóndores
—Tengo miedo, padre mío.
El Sol quema; quema al ganado; quema las cementeras.
Dicen que en los cerros lejanos
que en los bosques sin fin,
una hambrienta serpiente,
serpiente diosa, hijo del Sol, dorada,
está buscando hombres.
—No es el Sol, es el corazón del Sol,
su resplandor,
su poderoso su alegre resplandor,
que viene en la sombra de los ojos de los cóndores.
No es el Sol, es una luz.
¡Levántate, ponte de pie; recibe ese ojo sin límites!
Tiembla con su luz;
sacúdete como los árboles de la gran selva,
empieza a gritar.
Formen una sola sombra, hombres, hombres de mi pueblo;
todos juntos
tiemblen con la luz que llega.
Beban la sangre áurea de la serpiente dios.
La sangre ardiente llega al ojo de los cóndores,
carga los cielos, los hace danzar,
desatarse y parir, crear.
Crea tú, padre mío, vida;
hombre, semejante mío, querido.

viernes, 24 de febrero de 2017

Robert Frost -Miedo a la tormenta

Robert Frost, California, 26 de marzo 1874 – Boston, 29 de enero 1963
Versión Gerardo Gambolini


Miedo a la tormenta

Cuando el viento nos ataca en la oscuridad
y bombardea con nieve
la ventana que da al este en el cuarto de abajo,
y susurra, el monstruo, con un sordo ladrido,
“¡Sal! ¡Sal!”,
no es ninguna lucha interna no salir,
¡oh, no lo es!
Cuento nuestras fuerzas,
dos y un niño,
aquellos de nosotros no dormidos, limitados a ver
cómo entra el frío cuando el fuego se apaga finalmente,
cómo se va acumulando la nieve,
el jardín y el camino indistinguibles,
hasta que incluso el granero consolador
se agranda a la distancia
y mi corazón tiene una duda:
si está en nosotros levantarnos con el día
y salvarnos sin ayuda.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Henri Michaux -Nosotros dos aún

Henri Michaux, Namur, Bélgica, 24 de mayo 1899 – París, 19 de octubre 1984
Versión Silvio Mattoni


Nosotros dos aún

Aire del fuego, no supiste jugar.
Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es esa opacidad por todas partes? Es la opacidad
que ha tapado mi cielo.
¿Qué es ese silencio por todas partes? Es el silencio que hizo callar mi canto.

*

De esperanza, me hubiera bastado un arroyito. Pero te llevaste todo. El sonido que vibra me fue quitado.

*

No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste tocar. Lo destrozaste todo en seguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para formar un horrible pantano de sangre.

*

Su felicidad reía en su alma. Pero todo era un engaño. No duró mucho esa risa.

*

Ella estaba en un tren que rodaba hacia el mar. Estaba en un cohete que enfilaba hacia las piedras. Se abalanzaba aunque inmóvil sobre la serpiente de fuego que iba a consumirla. Y de pronto estuvo allí, sorprendiendo a la confiada mientras peinaba su cabellera y contemplaba su dicha en el espejo.

*

Y cuando vio que esa llama subía hacia ella, oh...

*

Al instante, la copa le fue arrebatada. Sus manos ya no sostuvieron nada. Ella vio que la encerraban en un rincón. Se demoró en ello como en un enorme tema de meditación para resolver antes que nada. Dos segundos más tarde, dos segundos demasiado tarde, huía hacia la ventana pidiendo auxilio.
Toda la llama entonces la rodeó.

*

Se despierta en una cama donde el sufrimiento sube hasta el cielo, hasta el cielo, sin encontrar a ningún dios... donde el sufrimiento baja hasta el fondo del infierno, hasta el fondo del infierno sin encontrar a ningún demonio.

*

El hospital duerme. La quemadura despierta. Su cuerpo, como un parque abandonado...

*

Desalojada de sí misma, busca cómo volver. El vacío en donde maniobra no responde a sus movimientos.

*

Lentamente, en el granero, su trigo arde.

*

Ciega, a través de la larga barrera de sufrimiento, durante un mes remonta el río de la vida, navegación atroz.
Paciente, en lo innombrable tumefacto vuelve a trazar sus formas elegantes, teje de nuevo la camisa de su fina piel. Es la curación. Mañana caerá el último vendaje. Mañana...

*

Aire de la sangre, no supiste jugar. Tampoco tú supiste. Arrojaste súbitamente, estúpidamente tu necio coágulo obstructor en medio de una nueva aurora.
En ese instante, ella no encontró más un lugar. Tuvo que dirigirse hacia la Muerte.
Apenas si llegó a ver la ruta.
Un segundo abrió el abismo. El siguiente la precipitó en él.

*

De este lado quedamos aturdidos. No tuvimos tiempo de decir adiós. No tuvimos tiempo para una promesa.
El la había desaparecido de la película de esta tierra.

Lou
Lou
Lou, en el retrovisor de un breve instante
Lou, ¿no me ves?
Lou, el destino de estar juntos para siempre
en el que tanto confiabas
¿Y entonces?
No vas a ser como las otras que ya nunca más hacen señas, sepultadas en el silencio.
No, no debe bastarte con una muerte para quitarte tu amor.
En la pompa horrible
que te distancia hasta no sé qué milésima disolución
todavía buscas, nos buscas un lugar
Pero tengo miedo
No hemos tomado bastantes precauciones

Debimos haber estado mejor informados,
Alguien me escribe que serás tú, mártir, quien velará por mí ahora.
¡Oh! Lo dudo.
Cuando toco tu fluido tan delicado
demorado en tu cuarto y tus objetos familiares que aprieto entre mis manos
ese fluido tenue al que siempre había que proteger
Oh, lo dudo, lo dudo y tengo miedo por ti,
impetuosa y frágil, ofrecida a las catástrofes
Sin embargo, voy a las oficinas en busca de certificados
derrochando momentos preciosos
que más bien debería emplear para nosotros, precipitadamente mientras tiritas
esperando con tu maravillosa confianza que yo llegue y te ayude a salir de allí, pensando “Seguro que vendrá.
Habrá tenido algo que hacer, pero no se va a demorar
Vendrá, lo conozco
No me va a dejar sola
No es posible
no va a dejar sola a su pobre Lou...”

*

Yo desconocía mi vida. Mi vida pasaba a través tuyo. Se volvía simple este gran asunto complicado. Se volvía simple a pesar de la preocupación.
Tu debilidad, cuando se apoyaba en mí me sentía fortalecido.

*

Dime, ¿de verdad no volveremos a encontrarnos nunca más?

*

Lou, hablo una lengua muerta ahora que ya no te hablo. Tus grandes esfuerzos de liana en mí, lo ves, han tenido éxito. ¿Lo ves al menos? Es verdad que nunca lo dudaste. Hacía falta un ciego como yo, le hacía falta tiempo, le hacía falta tu larga enfermedad, tu belleza resurgiendo de la delgadez y las fiebres, hacía falta esa luz en ti, esa fe, para horadar al fin la pared caprichosa de su autonomía.

*

Tarde lo vi. Tarde lo supe. Tarde aprendí “juntos” lo que no parecía estar en mi destino. Aunque no demasiado tarde. Los años pasaron para nosotros, no contra nosotros.

*

Nuestras sombras respiraron juntas. Debajo de nosotros las aguas del río de los acontecimientos fluían casi en silencio.
Nuestras sombras respiraban juntas y todo era cubierto por ellas.

*

Tuve frío con tu frío. Bebí sorbos de tu pena. Nos perdíamos en el lago de nuestros intercambios.

*

 Rico con un amor inmerecido, rico que ignoraba serlo con la inconciencia de los poseedores, perdí ser amado. Mi fortuna se consumió en un día.

*

Árida, se reanuda mi vida. Pero no me repongo. Mi cuerpo sigue estando en tu cuerpo delicioso y unas antenas plumosas en mi pecho me hacen sufrir con el soplo de la resaca. La que ya no está, aferra, y su ausencia devoradora me invade y me corroe.

*

Añoro los días de tu sufrimiento atroz en la cama del hospital, cuando yo llegaba por los pasillos nauseabundos, surcados de gemidos hasta la momia gruesa de tu cuerpo vendado y escuchaba de pronto emerger como el “la” de nuestra alianza, tu voz, suave, musical, modulada, resistiéndose con orgullo a la fealdad de la desesperación, cuando a tu vez escuchabas mis pasos y murmurabas, liberada “Ah, aquí estás”.
Apoyaba mi mano en tu rodilla por encima de la frazada sucia y entonces todo desaparecía, el mal olor, la horrible indecencia del cuerpo tratado como un barril o como una alcantarilla por unos extraños atareados y cuidadosos, todo quedaba atrás dejando que nuestros dos fluidos se reencontraran a través de las vendas, uniéndose, mezclándose en un aturdimiento del corazón, en el colmo de la desgracia, en el colmo de la dulzura.
Las enfermeras, el médico de guardia sonreían; tus ojos llenos de fe apagaban los de los otros.

*

El que está solo, de noche se vuelve hacia la pared para hablarte. Sabe lo que te animaba. Viene a compartir el día. Ha observado con tus ojos. Ha escuchado con tus oídos. Siempre tiene cosas que decirte.

*

¿No me responderás algún día?

*

Pero acaso tu persona se haya vuelto como un aire de época de nieve que entra por esa ventana que uno vuelve a cerrar presa de temblores o de un malestar vaticinador de un drama, como me sucedió hace unas semanas. El frío cayó rápido sobre mis hombros y me tapé precipitadamente, me aparté cuando tal vez eras tú y lo más cálida que podías ponerte, esperando ser bien recibida; tú, tan lúcida, ya no podías expresarte de otro modo. Quién sabe si en este mismo momento no esperas ansiosa que yo al fin comprenda y vaya, lejos de la vida donde ya no estás, a reunirme contigo, pobremente, de verdad pobremente, sin medios, pero nosotros dos aún, nosotros dos...





lunes, 20 de febrero de 2017

Jorge Medina Vidal -Elogio de la melancolía

Jorge Medina Vidal, Montevideo, 4 de marzo 1925 – Montevideo, 17 de junio 2008


Elogio de la melancolía

Acodados los hombres en la ciudad dialogan
mientras cruza una barca de podre, silenciosa.

Nos vestimos con flores de granate, amarillas
y las túnicas cubren la penetrante herida.

Para tactar objetos cotidianos, los guantes
simulan imposibles epidermis sin nervio

y el rugido y la mueca, por la ciudad se mueven,
buscando los oídos y los ojos cansados.

Somos tus elegidos noble melancolía.
Somos tus elegidos noble melancolía.

Abandonados, vamos entre tanto abandono,
el eco del silencio, es el último eco.

Se busca la fatiga en los pisos más altos
del acero que crece sudores para nada.

Los signos más opacos, las palabras sin vuelo
y este acordarnos leves entre piedras calladas.

El Hastío asesino, nos visita por días
junto al fuego, en el centro, disfrazado o desnudo

y sin nadie que pueda reclamar ser primicia
apagamos las puertas y cerramos el fuego.

Ha crecido el silencio como acacia en la arena
en el pecho del hombre y este mundo inmediato.

Pero el cosmos que grita encontró en los radares
un perfume de oído, ya que estamos cansados.

¿Será este el momento de luchar, como vino
la adolescencia triste, enfermiza, gritona?

Y la nunca pasada edad del titubeo
se clausura ese día, súbitamente infame.

Y debemos pasearnos como rojos fantasmas
de los que somos, fuimos, cloqueantes de delicias.

Las puertas de los altos jardines se han cerrado
y el olor de la carne masticable es sombrío.

Sonidos de urna crecen por las calles de espuma
mientras el astro ambiguo ilumina las frentes.

En la plaza desierta, arriba, los emblemas
plurales, se estremecen, significando cosas

y el movimiento queda resuelto en una estela
que por un tiempo dice “nada más” y se esfuma,

desembocando en playas sin agua y sin alciones,
infestadas de humores, podredumbres y gritos.

Si el atabal se oyera, o un timbal, un rasgueo,
la ilusión vencería tanta urna creciente,

pero Pus nos asedia, irrumpió en la llanura
trazando su dominio con límites de frío.

Estamos en silencio, como todo, en fracaso,
ni gritamos ni huimos, no ofrecemos ni vamos,

cada uno en su gesto displicente, acodados
en grupos que dialogan la inevitable herida.

¿Vendrá el algo a ofrecernos otra melancolía,
otro mundo sin pausa, pesado como el sueño?

Todo se lo volaron en humo y fantasía
y trajeron silencio a la negra mañana.

¿Esto es lo que tenemos, mirarnos largamente
y ver sólo miradas?